[R-P] Chávez, Lenin y la revolución nacional
carola chavez
tongorocho en gmail.com
Sab Ene 5 09:14:35 MST 2008
Comentando por partes mientras voy entendiendo:
Yo veo las cosas de esta manera, ya saben que veo como veo y luego voy
y digo lo que digo.
Un chavista que se aproveche de su cargo y cobre comisiones para
enriquecerse, simplemente no es un chavista, ni lo fue jamás.
Lo mismo pienso de los peronistas que no fueron fieles a sus
principios. No fue Menem un peronista, el era un oportunista que
encontró su espacio dentro de ese movimiento.
Mas allá, un cura pedófilo, no es cristiano aun cuando de misa el
domingo y lleve sotana, ¿no?
El 6/01/08, Néstor Gorojovsky <nmgoro en gmail.com> escribió:
> [Ayúdenos a financiar la lista, escriba a recpopmod en gmail.com.]
>
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
>
> El 5/01/08, carola chavez <tongorocho en gmail.com> escribió desde la
> Venezuela bolivariana y en torno a una yuxtaposición que hace Chávez
> de Lenin y el carácter nacional burgués de la revolución venezolana:
>
> >
> >
> > Una que es nueva en esto de la política suele estar llena de
> > preguntas. Y yo que soy preguntona se podrán imaginar.
> >
>
> Querida Carola, Hugo Chávez Frías está propugnando, contra quienes se
> muestran partidarios del clasismo abstracto y pretenden que un baño de
> sangre burguesa selle el destino socialista de la revolución
> bolivariana, una política de frente nacional. Esto es correcto,
> fundamental y decisivo. Ese baño de sangre burguesa que algunos
> exaltados pretenden llevaría a Venezuela (y con ella a toda América
> Latina) a una derrota trágica y de proporciones descomunales. La
> alianza entre los trabajadores y las clases medias (en el sentido lato
> que incluye al empresariado) es la garantía de consolidación de
> cualquier revolución nacional en nuestro tiempo y espacio concretos.
> Todas nuestras revoluciones nacionales latinoamericanas son, en ese
> sentido, "saintsimonianas", una alianza de las "clases productivas"
> contra las "clases parasitarias" [Seguramente, ahora hay que agregar a
> esta ecuación básica a los excluidos del sistema por la profunda
> restauración imperialista. Pero si ello es así, se debe a que los
> movimientos nacional-revolucionarios sudamericanos que han precedido
> al de Chávez (en Brasil, Argentina, Perú, etc.) no solo han sido
> impotentes contra esa restauración sino que incluso han engendrado los
> ejecutores de la restauración].
>
> Frente a la verborrea izquierdista abstracta, es fundamental que se
> empiece a aclarar bien cuál es el carácter real del movimiento en
> marcha, y a eso se refiere explícitamente Hugo Chávez Frías en el
> discurso que ha engendrado las preguntas de Carola. Pero, ante las
> consecuencias del resultado real de los movimientos que antecedieron
> al bolivarianismo, a las que acabamos de aludir y sobre las que
> volveremos abajo in extenso, también hay que delimitarse claramente de
> quienes, con su no menos abstracto "patriotismo revolucionario
> general", pretenden que olvidemos las sombras de nuestra propia
> experiencia latinoamericana y subsumamos en un difuso "nacionalismo
> revolucionario avanzado" el hecho elemental de que los frentes entre
> clases sociales se dan porque existen las clases sociales, y que es la
> lucha entre esas clases (dentro y fuera del frente) la que da sentido
> al combate revolucionario y dirime su destino final.
>
> Frente al clasismo barato de los antiguos socialistas prosoviéticos y
> prosocialdemócratas, Chávez afirma que la nuestra es una política de
> frente de clases sociales que asume la forma de un movimiento
> nacional. Y de ello se deduce que para que funcione este frente o
> alianza, hay que llegar a cierto consenso sobre los límites en los
> cuales se va a moldear la historia concreta del país que esa alianza
> dirige y por lo tanto sobre los límites que, en cada momento, tendrán
> las reivindicaciones sectoriales de cada uno de los componentes del
> frente nacional.
>
> Esto exige, por decirlo con un esquematismo tan necesario como en
> cierto modo empobrecedor, "sacrificios" de todos los sectores.
>
> Así como (a) los sectores más privilegiados, en sus figuras más
> esclarecidas, habrán de entender el carácter "popular democrático" de
> la "revolución nacional" y deberán tolerar, por ejemplo, una creciente
> afirmación de los derechos laborales de los trabajadores, por su parte
> (b) los sectores más explotados (que técnicamente, en una sociedad de
> clases, no dejan de estar explotados por el hecho de que el país lo
> dirija un gobierno nacional revolucionario) han de entender el
> carácter "nacional" (es decir, programáticamente burgués, de
> "acumulación" e incluso de "acumulación primitiva" -léase negociados y
> todo tipo de trujamanerías- del gobierno "popular democrático").
>
> Chávez está librando la batalla por aclarar a todo el mundo el punto
> (b), y lo hace en gran estilo, fiel a su propia forma de ser. Como
> gran síntesis nacional que es, está muy por encima de todos sus
> comentaristas, sean éstos "exaltados" socialistas o "desceídos" del
> socialismo, y es así porque cada uno de esos comentaristas interpreta
> a Chávez según UNA FRACCIÓN del frente policlasista, y no en función
> del conjunto como hecho vivo y concreto, como unidad de múltiples
> determinaciones (para decirlo en el lenguaje de Marx). Y a diferencia
> de Perón, que solia ser muchísimo más duro con los exaltados que con
> los descreídos, Chávez mantiene un equilibrio entre ambas alas que con
> toda seguridad encuentra su explicación última en la estructura y
> relaciones de clases de Venezuela, así como la política de Perón la
> encontraba en las de la Argentina.
>
> En este momento, Chávez les está diciendo a los exaltados que "somos
> un movimiento nacional (es decir una masa de combatientes con el mismo
> objetivo, desde las diversas perspectivas individuales o grupales)" y
> que se equivocan quienes quieren transformar la revolución bolivariana
> en un movimiento clasista antiburgués. Y está muy bien,
> recontrarréquetebien, que haga eso. Pero con esto no se anula la
> dialéctica entre exaltados y descreídos. Porque para dirimirla no
> basta con la necesaria reafirmación del carácter policlasista del
> movimiento revolucionario. Para dirimirla hay que saber cuál de todos
> esos grupos que constituyen el frente policlasista va a dirigir la
> revolución, o (lo que es lo mismo) a cuáles de todos esos grupos
> sociales representará en última instancia el comando general del
> combate revolucionario.
>
> Es en ese punto donde Chávez encuentra necesario (tal como le hubiera
> sugerido un hipotético Franzoia venezolano) citar al clasista Lenin
> -¡y recomendar su lectura!- en el mismo momento en que reafirma el
> carácter policlasista de la revolución bolivariana. No está "hablando
> para la gilada", que es la interpretación automática de los
> descreídos. Con igual derecho a quienes afirman que la cita de Lenin
> es un mero "argumento" contra los "exaltados" abstractos podrían los
> exaltados indicar que la propuesta de un rumbo policlasista es
> secundaria frente a la cita de Lenin (que es lo que dirán algunos
> "exaltados", seguramente para seguir mamando de la petrolera teta de
> PDVSA).
>
> Ambos parten el discurso de Chávez en dos, toman una parte y descartan
> la otra. Pero resulta que Chávez lo brinda unificado. Entonces, la
> verdad es que ambas posiciones parcializan el mensaje en función de
> sus propios intereses parciales. A no ser que se entienda el discurso
> de Chávez como integración de ambos componentes, no hay modo de salir
> de la esterilizante polémica entre "exaltados" y "descreídos". Aquello
> que los "descreídos" (no menos abstractos que los "exaltados")
> pretenden reducir a una cuestión de coyuntura (tal como los
> "exaltados" se harán los sordos ante la otra parte del planteo) es en
> realidad parte esencial del mensaje, que hay que entender como "unidad
> de lo diverso" y no como "yuxtaposición deformable según lo que más me
> gusta o creo que me conviene".
>
> Chávez es -y en este planteo que estamos comentando se reafirma como
> tal- el líder de un movimiento nacional-revolucionario, perfectamente
> integrado en la historia de esos movimientos en América Latina. Pero
> es el representante más audaz de una nueva generación dentro de la
> vieja línea general: al citar a Lenin como elemento fundamental de su
> concepción, Chávez dice algo que ninguno de los movimientos nacionales
> que lo han precedido en la historia de la América Latina del siglo XX
> llegó a decir jamás. La excepción parcial es la del movimiento
> nacional cubano, que no por casualidad, pese a enfrentar dificultades
> infinitamente superiores a las que enfrentaron, por ejemplo, Vargas y
> Perón, sigue en marcha y se va curando de sus estupideces
> sovietizantes mientras el peronismo y el varguismo se doblaron y
> quebraron ante la ofensiva imperialista de los 90 y, está a la vista,
> hasta ahora no pueden curarse de sus propias estupideces.
>
> Tomando muy en cuenta estas experiencias, Chávez afirma en ese
> discurso -y en su práctica, dicho sea de paso- que su movimiento
> nacional se considera explícitamente parte de un movimiento general de
> la humanidad, el de las revoluciones nacionales que a partir de la
> Rusia de 1917 entienden que para ser victoriosas tienen que superar
> los límites que les plantean los objetivos limitadamente burgueses de
> los sectores privilegiados del frente de clases. La consecuencia
> política inmediata es que el frente de clases integra a los de abajo
> con los de arriba, pero no deja en manos de los de arriba la
> conducción general del asunto. Así como la guerra es algo demasiado
> serio como para dejarla en manos de los militares la economía es algo
> demasiado serio como para que sea el mero interés empresarial el que
> determine las grandes opciones.
>
> Toda la experiencia histórica de América Latina le está señalando a
> Chávez que cuando los movimientos nacionales latinoamericanos se
> desarrollan siguiendo esencialmente la lógica de los intereses de "los
> de arriba" terminan poniendo en riesgo todo aquello por lo cual ha
> luchado la nación en su conjunto. Por decirlo dramáticamente, Chávez
> no ignora que detrás de Kirchner está Perón, y por eso lo apoya. Pero
> tampoco ignora que detrás de Kirchner estuvo Menem, y por eso cita a
> Lenin. Esta posición de Chávez supera por cierto las "enseñanzas" de
> los Dieterich, pero también las de los Ceresole y de quienes aspiran a
> sustituirlos con una versión menos fascistizante y antisemita de la
> realidad pero siempre antisocialista. Ceresole creía que al "enseñarle
> el peronismo" a Chávez estaba creándolo, y que Chávez tuvo que
> sacárselo de encima para seguir adelante. Pero quienes piensan como
> Ceresole en torno al tema "Lenin" (ya veremos qué significa, más
> abajo, el tema "Lenin") repreesentan fuerzas sociales reales, sus
> ideas no son producto de evanescentes delirios individuales, y por lo
> tanto vuelven a argumentar en ropajes distintos a los de este muchacho
> hoy difunto.
>
> Cuando Chávez, al citar como fundamento de su revolución nacional a
> Lenin, un socialista revolucionario, libra batalla tanto hacia el lado
> "exaltado" como hacia el lado "descreído". Dice a los primeros "esto
> es lo que nosotros somos", y a los segundos "Lenin es de los
> nuestros". En eso se distingue del Perón que solo le dijo a los
> militantes juveniles de 1974 que esperaban equivocadamente que
> siguiera un rumbo socialista "Esto es lo que nosotros somos". La
> situación lo lleva a Chávez afirmar la primera parte del discurso,
> pero él no olvida la segunda, o, mejor dicho, se distancia de Perón en
> que Perón no terminaba de creer, exactamente, que "Lenin fuera de los
> suyos"...
>
> Con su planteo, Chávez reconoce que la excepcionalidad latinoamericana
> no es tan grande como para que nuestra historia deje de seguir las
> leyes generales de la historia del género humano, en particular
> aquella según la cual el peso de las generaciones muertas "oprime como
> una pesadilla el cerebro de los vivos" (Marx). Especialmente, plantea
> en los hechos que si los movimientos nacionales no engendran
> concientemente su pensamiento a partir de toda la experiencia
> histórica vivida (incluidos los fracasos), quedan librados a la
> dictadura ideológica de las clases sociales cuya hegemonía ha
> engendrado las condiciones de sometimiento nacional que esos
> movimientos intentan liquidar.
>
> Si esto sucede, entonces el movimiento carecerá de un ala izquierda
> consecuente. Y como decía Jorge Spilimbergo, "si el movimiento
> nacional no genera su ala izquierda, la engendrará y aprovechará el
> imperialismo".
>
> Y esto es lo que determina que Chávez mencione a Lenin justamente
> cuando está tratando de convencer a los charlatanes "socialistas" de
> que el movimiento bolivariano no es "socialista" en el sentido
> soviético o cubano, es decir cuando menos a cuento parecería venir. Me
> parece que hay que tomar exactamente lo que Chávez hace y no lo que
> uno desearía creer que hace.
>
> No hay que suponer que la parte del discurso de Chávez que más se
> acomoda a nuestras tesis es importante y la que otra es secundaria.
> Hay que tomar ese discurso en su totalidad. La verdad es que un hombre
> que surge del patriotismo militar general ha venido pensando en Lenin
> en el curso mismo de su propia revolución, y que ahora, en el mismo
> momento en que enfatiza el carácter nacional y policlasista de su
> revolución, recomienda leer al más agudo pensador del marxismo
> revolucionario, al fundador del pensamiento socialista contemporáneo,
> a quien desentrañó la base de clases del régimen burgués imperialista.
>
> Sería faltarle el respeto a Chávez suponer que esgrime ese "nombre"
> (que, lo veremos, es muchísimo más que un "nombre", como lo es Perón)
> como "argumento circunstancial". Conviene, entonces, hacerse cargo
> ante todo de que el comandante bolivariano considera a Lenin"elemento
> fundante" de un pensamiento nacional revolucionario. Y de que lo
> menciona porque este asunto no tiene absolutamente nada que ver con el
> escolasticismo "marxista" que está atacando, y todo, absolutamente
> todo que ver, con el destino de la revolución nacional (en el caso de
> Chávez, de la revolución bolivariana).
>
> Chávez está tratando de recoger en beneficio de la revolución
> bolivariana la experiencia viva y descarnada de todas las revoluciones
> nacionales que en el mundo han sido desde la primera exitosa, que fue
> la holandesa de los siglos XVI y XVII: y de ese "trabajo" está
> extrayendo la vieja conclusión de los marxistas del Tercer Mundo, la
> de que en determinado momento, o esas revoluciones rompen con los
> fundamentos del poder material de las clases sociales que tienen que
> enfrentar, o son derrotadas, deformadas, liquidadas o sumidas en un
> triste olvido nimbado de nostalgias póstumas.
>
> Cuando, como es nuestro caso latinoamericano -sobre el cual, como es
> lógico y esperable, Chávez se inteesa natural y especialmente- la
> revolución nacional no tiene que enfrentar señores feudales o con
> comunidades aldeanas remisas a integrarse al mercado sino a clases
> sociales modernas, hijas y usufructuarias del modo de producción
> capitalista, para poder sobrevivir tiene que estar dispuesta a romper
> incluso con el régimen capitalista en algunos puntos cruciales, y para
> eso no hay mejor herramienta ideológica que el marxismo revolucionario
> (y por cierto nada "eurocéntrico") de Lenin. Ése es el motivo por el
> cual al mismo tiempo que defiende la necesidad de integrar al
> empresariado en el esfuerzo revolucionario integra a Lenin... al
> "empresariado".
>
> No se trata de que el socialismo sea orgánicamente antiburgués. Lo es
> en un sentido histórico general, en el sentido de que sospecha -y la
> experiencia no hace sino confirmar esa sospecha- de la capacidad de
> los burgueses oprimidos por el sistema imperialista para dirigir las
> tareas de "su" propia revolución, pero nada más. El socialismo postula
> que al no tener que enfrentar clases sociales heredadas del pasado
> sino producidas incesantemente por las condiciones de producción
> presentes, a una revolución nacional no le basta con las herramientas
> intelectuales que le brinda el pensamiento "nacional burgués"
> espontáneo.
>
> Esto se hace evidente casi por sí mismo cuando percibimos que nuestro
> enemigo central, el que ordena y fortalece a todos los enemigos
> adventicios, incluidas ante todo las oligarquías locales (ayer
> afrancesadas, hoy maiameras), es la más moderna de todas las clases
> sociales: la burguesía imperialista (o sea "capitalista realmente
> existente"), que utiliza los mecanismos del modo de producción
> capitalista para insertarse como factor interno en cada una de
> nuestras estructuras económicas, sociales, culturales e
> institucionales. Y es justamente porque debido a ello estas
> estructuras son "nacionales" solo a medias, que los movimientos
> nacionales son la característica esencial de la lucha política en
> América Latina.
>
> Pero la lucha contra el imperialismo (es decir, insisto, porque es
> fundamental, el capitalismo tal como existe realmente a nivel global)
> no es más que un avatar de la vieja lucha de las revoluciones
> nacionales. Nada ilustra mejor esto que la experiencia de revolución
> nacional en los dos países cuyo contrapunto marcó la política del
> siglo XX: EEUU y Rusia. A riesgo de que se me acuse de "eurocéntrico"
> o vaya uno a saber qué otra estupidez, trataré de usar la experiencia
> ajena para mejor comprender las necesidades de nuestra propia lucha, y
> exponer de paso porqué creo que Chávez encara esta última mejor que
> todos los que lo han precedido (incluyendo a Perón, pero cuidado,
> incluyendo también a Fidel) No discuto ahora si esto se debe a la
> coyuntura particular que dio origen a la revolución bolivariana o a
> algún otro motivo, solo estoy planteando lo que me parece una verdad
> empírica, sujeta por supuesto a discusión.
>
> Empecemos por reiterar que los EEUU contemporáneos no son tan hijos de
> Wáshington (1776) como de Lincoln (1861). Pues bien, Lincoln era
> partidario de una República agraria de honda raíz popular, pero no
> estaba en contra del modo de producción capitalista ni del régimen de
> trabajo asalariado que es su célula madre. Por lo tanto, consideraba
> que la propiedad privada era un aspecto cuasi sagrado de la
> constitución social. Sin embargo, en la vida real (y aquí su
> diferencia crucial con Washington), se vio obligado a librar una
> batalla contra la oligarquía sudista de EEUU para preservar la unidad
> del Estado central, lo que se llamaba por entonces "la Unión".
>
> Ahora bien, esta oligarquía NO ERA, como tampoco lo son las nuestras,
> una oligarquía feudal, supervivencia de un modo de producción antiguo
> que imponía al conjunto de la formación leyes ajenas a las necesidades
> del modo de producción capitalista. Por el contrario, obtenía sus
> ingresos como cualquier hijo de vecino en la sociedad burguesa A
> PARTIR de la existencia del régimen de trabajo asalariado, y el
> sistema esclavista era un modo particular de inserción en el régimen
> mundial de circulación de valores, que es a su vez causa y producto de
> la hegemonía del modo de producción capitalista y no de un "modo de
> producción esclavista". Pero la institución de la esclavitud hacía que
> el modo en que esta oligarquía se integraba al sistema económico
> burgués planetario la llevara a oponerse virulentamente al pleno
> desarrollo de todas las consecuencias de ese régimen en los EEUU. En
> esto, la oligarquía sudista y Lincoln tenían diferencias sustanciales
> que en tiempos de Washington aún no habían salido a la luz.
>
> La intrepidez de Lincoln radicó en que no se dejó engatusar por el
> hecho de que, en tanto defensora del derecho de propiedad privada,
> esta oligarquía compartía con él y sus seguidores un "punto
> programático" esencial. Lincoln fue contemporizador y flexible en
> todos los planos, pero a diferencia de su antecesor Henry Clay, la
> esclavitud no la aceptó jamás; no la puso en ningún congelador en
> nombre de la lucha por la revolución nacional. Toda la experiencia
> histórica de los EEUU del último medio siglo demostraba que sobre este
> punto no se podía dar marcha atrás.
>
> De allí la intentona secesionista del Sur. Se sabía que Lincoln podía
> intentar algún acuerdo (de hecho, lo siguió buscando incluso al inicio
> de la Guerra Civil), pero nadie ignoraba que ese acuerdo sería
> temporario y que Lincoln gobernaría inexorablemente en el sentido de
> abolir la esclavitud. Y nadie lo sabía mejor que la oligarquía
> sudista. Así es que, en determinado momento, y contra todo lo que su
> respeto por la propiedad privada le hubiera debido indicar (en este
> plano la línea argumental de los defensores de la esclavitud era
> impecable: la Constitución norteamericana garantizaba la propiedad
> privada, y los esclavos eran propiedad privada de quienes los
> compraban y vendían), Lincoln EXPROPIÓ a un sector de las clases
> dominantes estadounidenses al decretar la liberación de los esclavos.
>
> O sea: el hombre no se dejó llevar por la espontaneidad ideológica del
> statu quo, que siendo como era un statu quo burgués hacía de la
> propiedad -incluso la propiedad de ganado humano- un valor sagrado en
> sí mismo. Cuando vio que el respeto por ese "valor sagrado" ponía en
> peligro la existencia misma de la nación estadounidense, lo pateó al
> tacho de basura. No es ninguna casualidad que el Partido Republicano
> fuera fundado en una antigua comuna socialista de los Grandes Lagos, y
> que entre los principales líderes iniciales del movimiento de Lincoln
> figurasen tantos socialistas.
>
> Fue por su intermedio, entre otros, que Lincoln se aseguró de que su
> movimiento nacional, el que terminó pariendo los modernos EEUU,
> estuviera inoculado definitivamente contra ciertos rasgos de ese statu
> quo que debían cambiar para siempre si se quería mantener la unión del
> estado central. En particular, del respeto por las normas de
> funcionamiento del modelo burgués en lo que tuvieran de antinacional
> tomadas en abstracto.
>
> Hasta allí, los EEUU. ¿Y la experiencia soviética, que es la que surge
> justamente de la generación revolucionaria que encabezó el mentado
> Lenin?.
>
> Si la libramos de elementos adventicios, lo que vemos es que fue, en
> lo que tuvo de perdurable, una revolución nacional que buscaba impedir
> que el imperio de los zares se convirtiera en una especie de
> gigantesco Imperio Otomano eurasiático. Y eso lo logró. No pudo con
> Rusia, bajo la dirección de los bolcheviques primero y de quienes lo
> suplantaron después -traicionando la revolución en muchos aspectos
> pero manteniendo a rajatabla la defensa del Estado- ni siquiera el
> "siglo XX corto", la era de hostigamiento permanente a que la
> sometieron las grandes potencias imperialistas a partir de 1917 y
> hasta 1989 (y cabe señalar que ese hostigamiento incluyó varios
> holocaustos monstruosos, librados sobre el suelo mismo de ese país).
>
> Ahora bien, si esa específica revolución nacional antiimperialista
> pudo sobrevivir a todo lo que le pasó, incluso a la hondísima
> desmoralización de las masas ante la diferencia entre el sueño y la
> realidad cruel de la Rusia de las hambrunas de 1920, incluso a la
> ceguera criminal de quienes se hicieron con el poder del Estado tras
> la muerte de Lenin, ello se debe a que en su momento inicial se había
> apoyado hasta el hueso en la movilización de las masas y, al estilo
> jacobino, liquidó el poder material de las clases sociales que
> medraban en la condición precolonial de la Rusia de los zares y
> aseguró así que cualquier traidor a la patria que surgiera del seno
> del propio nuevo régimen tendría corta vida.
>
> Por lo tanto, y más allá de la polémica sobre el carácter del régimen
> soviético, es importante la lección rusa -en tanto experiencia
> semicolonial y por lo tanto equiparable, con todos los recaudos, a la
> nuestra- sobre el valor específico del marxismo revolucionario como
> herramienta para la revolución nacional. ¡Ni siquiera el partido de
> Lenin, el que más degeneró de todos los partidos socialistas
> revolucionarios (al punto de que a meros ocho años de la revolución de
> Octubre su viuda afirmaba que de haber estado vivo Lenin, Stalin lo
> hubiera encarcelado), pudo presidir la recolonización del país, como
> sí lo han hecho emtre nosotros todos los partidos y movimientos
> nacional revolucionarios que rechazaron el leninismo o lo consideraron
> una simple cuestión argumental!
>
> La historia es cruel. En nuestros días, muchos, abrumados por la
> magnitud de la victoria imperialista sobre el campo
> popular-democrático en el período que va de Reagan a Yeltsin, extraen
> de la adopción de una vía capitalista por la Rusia post-1989 la
> conclusión de que, tal como decían los socialdemócratas contra Lenin,
> no se debió haber intentado el asalto a los cielos y la implantación
> de un régimen socializante o socialista en 1917. Pero la verdad es muy
> distinta.
>
> La verdad, que podemos comprobar hoy día tras día, es que fue gracias
> a ese "desatinado" asalto a los cielos que el único Menem que tuvo
> Rusia, Yeltsin, tuvo que llegar al gobierno bombardeando el
> Parlamento, y 3000 personas murieron, incluso entre las filas de los
> más repodridos burócratas soviéticos, defendiendo aquello que Yeltsin
> venía a destruir. No se ha visto espectáculo semejante en ninguno de
> los movimientos nacionales de raíz no leninista (e incluso
> antileninista) en América Latina. Es más: hemos llegado a ver cómo
> Haya de la Torre, según describe en una de sus mejores páginas Jorge
> Abelardo Ramos, pasó de luchar por la unidad americana a ser un
> servidor de los EEUU. Y mejor no hablemos de cosas más lamentables y
> repugnantes, que nos han tocado más de cerca a muchos de los que
> participamos en esta lista desde la Argentina.
>
> Es más. No solo hubo de ejercerse en Moscú una violencia que estuvo
> ausente en Buenos Aires, Brasília, Lima o el D.F., sino que además, a
> diferencia de las grandes experiencias del peronismo, el varguismo, el
> aprismo y la revolución mexicana, no solo la experiencia
> norteamericana demuestra que yendo hasta el hueso se impide todo
> retroceso, sino que la de Rusia muestra que el jacobinismo permite a
> una revolución incinerada renacer de las cenizas. Y si esa revolución
> renació de sus cenizas es porque su revolución nacional tomó como
> propio a "Lenin" (de hecho, es producto del Lenin de carne y hueso),
> mientras que las nuestras hasta ahora no han podido o no han querido
> hacerlo.
>
> Y cuando digo "tomar como propio a Lenin" entrecomillo el apellido
> porque no estoy pensando en el "Lenin" específicamente ruso, que es el
> único que podía hacer esa revolución que fue, lógicamente,
> específicametne rusa. Ése se lo dejo a los escolásticos contra los que
> pelea Chávez ahora. El "Lenin" a quien hago referencia es al "Lenin
> latinoamericano" en tanto vocero universal de las necesidades
> generales de cualquier revolución nacional en el mundo oprimido por el
> yugo del régimen imperialista, que es la única forma en que puede
> existir hoy el capitalismo a nivel mundial.
>
> Entonces, "apoyarse en Lenin" en el mismo momento en que se está
> luchando contra el "izquierdismo abstracto", lejos de ser un recurso
> oportunista, es en realidad apoyar la idea de que la revolución
> nacional debe cuestionar las bases mismas del statu quo si quiere ser
> exitosa.
>
> Lincoln (y Lenin) eran como Chávez verdaderos realistas, y no eran
> ideologistas abstractos (como sí lo era Clay, que no por casualidad
> pasó sin pena ni gloria a ocupar las notas al pie de los libros de
> historia estadounidense). La diferencia entre el realista y el
> ideologista de cualquier signo es que aquello que para el segundo es
> mera argumentación ("Chávez habla de Lenin porque tiene que pelear
> contra unos dinosaurios marxistoides que solo sirven para hichar las
> pelotas"/ "Chávez habla de apoyar a la burguesía para engañar a los
> enemigos, pero lo importante es que menciona a Lenin"), para el
> primero es un tema de principios ("Chávez habla de Lenin porque su
> propia lucha le ha demostrado que hay en Lenin algo de lo que hasta
> ahora ha carecido todo el resto del pensamiento revolucionario
> latinoamericano en su práctica concreta, y que hay que apropiárselo
> creativamente si se quiere salvar la revolución y profundizarla: la
> necesidad paradojal de que no sea la burguesía la que dirija una
> revolución que la beneficia").
>
> Del mismo modo que Lincoln y Lenin, el realismo latinoamericano de hoy
> -encarnado por Chávez así como en otro momento lo encarnó Perón- tiene
> que saber muy bien que hay que ir a fondo con el bisturí para defender
> la revolución nacional. En ese sentido es que es importante la
> recomendación de Chávez ("lean a Lenin"). Sin Lenin, no existen
> anticuerpos contra la traición interna. Sin Lenin el propio movimiento
> nacional engendra sus traidores. Lenin, como lo demostró lo acontecido
> en la ex URSS, no es ninguna garantía de continuidad del régimen
> socialista, pero sí lo es de la consecuencia antiimperialista en el
> seno del movimiento nacional. Sin un jacobinismo socializante en la
> dirección, los gérmenes y pústulas de la contrarrevolución carecen de
> anticuerpos y pueden llegar a comerse desde adentro al movimiento
> nacional sin retorno posible. Menem también (sí, también) era
> peronista, así como era varguista Collor de Melo, el sobrino del gran
> Lindolfo Collor que no pudo llegar a ser el Menem de Brasil. Si no lo
> fue es porque la historia fue piadosa con él, y esa tarea le cupo al
> Angeloz brasileño, F. H. Cardoso: en Brasil se invirtió el fraude
> postelectoral argentino, porque mientras aquí Menem/Collor hizo propio
> el programa de Angeloz/Cardoso, en Brasil Cardoso/Alfonsín hizo propio
> el programa de Collor/Menem.
>
> La diferencia crucial, de la que Chávez parece hacerse cargo con su
> cita de Lenin, es que Yeltsin no pudo autodefinirse como leninista
> para hacerse con el poder, como sí pudieron decir de sí mismos Menem
> que heredaba a Perón y Collor a Vargas. Yeltsin tuvo que derribar a
> cañonazos el último resto del poder soviético, herencia pervertida y
> deformada de Octubre de 1917. Ni Menem ni Collor (o su alter ego,
> Cardoso) tuvieron que hacer demasiado gasto para terminar con la
> herencia varguista y peronista.
>
> Apoyar la revolución en los sectores más profundos y darles las
> herramientas para llevarla adelante contra viento y marea es el papel
> que cumple en toda revolución el jacobinismo revolucionario. Y el
> leninismo es el jacobinismo revolucionario de nuestros tiempos. Chávez
> lo entiende así, pese a las malas lecturas de quienes quieren
> limitarlo a una de las dos alas de su propia dialéctica.
>
> El legado de Lenin es en este sentido fundamental, y no adventicio.
> Chávez, entonces, no lo menciona por casualidad ni como mero artilugio
> retórico. Solo el leninismo (es decir, el marxismo revolucionario)
> permite entender cómo funciona el imperialismo, que es el enemigo
> central. Si Chávez lo recomienda, no es porque "tiene que lidiar con
> escolásticos y les habla en un idioma que puedan entender" (en todo
> caso no es solamente por eso), sino porque sabe que hay algo en Lenin
> que sirve de mucho a la revolución nacional.
>
> Ese algo es la comprobación de que si hoy un pequeño gobernante
> provinciano como el bielorruso Lukashenko, el pequeño dirigente de un
> país sin demasiado destino propio, puede hablar de "burguesía
> nacional" a diferencia de lo que sucede en Polonia, donde la
> "burguesía nacional" preside la recolonización de su país por
> Alemania, ello se debe simplemente al jacobinismo intransigente de
> Lenin y los marxistas que llevaron adelante hasta las últimas
> consecuencias esa revolución nacional que fue en gran medida la de
> Octubre de 1917; gracias a ese jacobinismo socialista hoy Lukashenko
> cuenta con una apoyatura, tanto en las estructuras del Estado como en
> la conciencia de las masas, que de otra manera no hubiera tenido.
>
> Y lo mismo cabe decir de Putin, quien, en muchísimos sentidos es hijo
> de Lenin. No lo es, por cierto, de los socialdemócratas o los
> burgueses (partido constitucional democrático) de 1917. La hostilidad
> que lo enfrenta desde el campo imperialista es prueba clarísima de
> ello. Por todo eso, y por mucho más, creo que es un error suponer que
> "Chávez usa a Lenin coyunturalmente". Chávez es muchísimo más grande
> que eso.
>
> Yendo más a la pregunta de Carola, diría que a mi entender es
> conveniente -no solo, ni siquiera esencialmente- "leer a Lenin", sino
> más bien estudiar el decurso de las revoluciones nacionales. Lo que se
> desprende de ese estudio (y de allí la importancia de ese librito de
> Spilimbergo, "La revolución nacional en Marx") es que en el momento
> clave a una revolución solo pueden salvarla quienes están dispuestos a
> todo para sostener la soberanía nacional y el control del Estado por
> las masas populares. Y viceversa, los dirigentes que están dispuestos
> a llevar la revolución hasta el final se ven forzados por las
> circunstancias de su combate a profundizar cada vez más el contenido
> social de la misma.
>
> Eso último lo explicó otro marxista revolucionario, un tal León
> Trotsky, que además fue el primero en vislumbrar desde el pensamiento
> marxista la necesidad de la unidad latinoamericana como eje de nuestra
> revolución (y si lo hizo, sin casi conocer a América Latina, que
> siempre fue para él una cuestión secundaria, es porque era un marxista
> revolucionario de la tradición que Lenin encabezó).
>
> Es que en el mundo moderno solo quienes están dispuestos a aceptar que
> el marxismo es bastante más que una mera "herramienta argumental",
> solo los que reconocen la validez del mensaje fundamental del marxismo
> y por lo tanto están dispuestos (incluso y si es necesario) a
> enfrentar el régimen de esclavitud asalariada para salvar cualquier
> revolución que encabecen, solo ellos están dispuestos a todo. Los
> demás, siempre pueden transar. Y las consecuencias de tales transas
> están a la vista en el panorama que nos dejó a los latinoamericanos la
> ola de transigencias que nos inundó tras la ofensiva imperialista de
> los 70, 80 y 90.
>
> Hay otro paralelismo histórico posible, y es con los acontecimientos
> de nuestra propia lucha por la emancipación, hace ya dos siglos.
> Creer, insinuar o tratar de hacer creer que Chávez "usa" a Lenin en un
> debate lateral, que argumenta según sus conveniencias como cualquier
> oportunista de cuarta, y que hoy "no tiene más remedio" que hablar de
> Lenin pero que hubiera preferido que "Lenin", a lo sumo, fuera el
> saber arcano de una élite de revolucionarios capaces de gobernar al
> modo del despotismo ilustrado, es proponer un Chávez dispuesto a
> gobernar "para las masas, con las masas, pero sin darle a las masas
> las herramientas de su emancipación intelectual". En otras palabras,
> es presentarlo precisamente como un mero "déspota ilustrado", como un
> cínico que quiere gobernar en función de Rousseau pero sin que las
> masas sepan que existe Rousseau.
>
> Pero Chávez no es un Carlos III. Entronca en la revolución de Bolívar
> y no en los acomodos conservadores de los primeros Borbones. Más que
> en Montesquieu se referencia en Rousseau. Y, como ese gran roussoniano
> que era Mariano Moreno (quien omitía la traducción de los capitulos
> referidos a la religión pero traducía a Rousseau para ilustrar a las
> masas de la América Hispánica en revolución), es un gran político, un
> hombre con visión de futuro. Como tal, entiende que que la visión de
> futuro solo puede expresarse en un realismo concreto (que INCLUYE una
> concepción teórica, que es donde ANIDA el futuro). Es por eso que al
> "yuxtaponer" a Lenin con una afirmación del carácter policlasista de
> la revolución bolivariana, Chávez no argumenta según sus
> conveniencias. Chávez sabe que las revoluciones las hacen las masas, y
> no los pícaros de ocasión ni, mucho menos, los tecnócratas o déspotas
> ilustrados. Y sabe que si se desea que la revolución no solo avance
> sino se consolide definitivamente tiene que convertirse en sentido
> común de esas masas. Para ello, las masas tienen que autoconstruirse
> ideológicamente en el curso vivo de la revolución.
>
> Entonces, si todo esto es cierto, Chávez no está preparando un "giro
> hacia Perón" sino un posible "salto con Perón". Chávez, sí, está
> tomando toda la experiencia peronista, con todas sus luces y todas sus
> sombras, así como está tomando toda la experiencia socialista de
> América Latina y del mundo. Tiene tan en claro en qué ha devenido el
> poderoso movimiento de Perón como en qué ha terminado el "socialismo"
> abstracto, tanto en la experiencia soviética como, especialmente, en
> su versión cubanista. Entonces, lo que dice no es "Soy Perón PERO
> recomiendo leer a Lenín" sino "la revolución bolivariana es Perón MÁS
> Lenin".
>
> Y no estaría mal que también dijera "Vargas MÁS Lenin", o "Haya MÁS
> Lenin". Es una buena manera de impulsar las cosas hacia adelante al
> mismo tiempo que se lucha contra los charlatanes seudoizquierdistas.
>
> A mi modo de ver, entonces, no vale la pena que nadie lea todo Lenin.
> Una de las cosas que hizo la burocracia stalinista con Lenin es
> ENTERRARLO en los casi cincuenta tomos de unas "obras completas" que
> nadie puede abarcar. Pero el folleto de Lenin sobre el imperialismo
> (de 1916) y lo que Lenin hizo y escribió a partir de 1917, eso sí que
> puede servir. En especial puede resultarnos de utilidad lo que
> escribió e hizo en torno a la Nueva Política Económica, que es en más
> de un sentido el mejor antecedente inmediato de una política de frente
> nacional en el plano de las relaciones productivas y de intercambio.
> También algunos capítulos de "El desarrollo del capitalismo en Rusia".
>
> Y si querés leer un leninista orgánicamente latinoamericano, Carola,
> leételo a Spilimbergo. Que no llegó al poder pero sí tradujo el
> leninismo (no solo el marxismo) al lenguaje del continente de los
> leones calvos... y por mantenerse fiel a esa comprensión leninista de
> la revolución nacional se mantuvo también inconmovible frente a la ola
> de reacción que se fagocitó a tantos grandes precursores en las
> fatídicas décadas del 80 y del 90.
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