[R-P] [Luis Rappaport] Economía argentina, a la defensiva
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Feb 27 08:54:34 MST 2008
[Luis Rappaport, hace un tiempo, defendió la experiencia del Plan
Trienal de 1974 y recomendó retomar la línea de Gelbard y volver a
planificar el desarrollo económico y social. Forma parte de una
consultora que tiene en la presidencia a Rogelio Frigerio (h). Enseña
en la Universidad de San Martín. Y dice algunas cosas como para
pensar.
Afirma, por ejemplo, que el origen de la inflación argentina está en
los ingresos de cuenta corriente por aumento de precios
internacionales de los alimentos: entran dólares y lo lógico sería que
caiga su precio. Pero no cae por la política cambiaria. Entonces, en
vez de haber revalúo del dólar por abandono del "tres a uno" hay
aumento de precios internos, con lo cual aquello que antes se compraba
con los "tres" no es ya lo mismo, porque el "uno", medido en productos
reales, vale "uno veinte". Antes se revaluaba haciendo caer el dólar,
ahora se revalúa por inflación.
[Claro está que todo esto exige la libre disponibilidad e intercambio
de divisas (o sea, la convertibilidad). Con otro sistema, no tendría
que suceder necesariamente.]
Rappaport plantea que esto vuelve a ponernos ante el viejo problema de
las competitividades diferenciales de los distintos sectores de la
economía argentina ante el mercado mundial, y sobre lo difícil que es
sostener en el largo plazo la competencia abierta con los productos
asiáticos en la rama industrial, etc.
Es entonces cuando se empieza a entender lo que significa "plan de
desarrollo económico y social", y cómo se hace cada vez más urgente
salir de la convertibilidad, "uno a uno" o "tres a uno", no importa.
Hay que ir a cambios diferenciales, defensas paraarancelarias de todo
tipo, y subsidios cruzados. Y al que no le gusta, que mejor se apriete
el gorro y se vaya con viento fresco. La industrialización de la
Argentina no puede seguir estando al servicio de los parásitos que
controlan y drenan sus fuentes de financiación internacional.]
tina, a la defensiva
MIE 27/02/08 11:30 | La respuesta a la crisis global es tratar de
despegar los precios locales de los alimentos y la energía. Es una
forma de evitar mayor presión sobre los salarios, pero inconsistente
desde el punto de vista macroeconómico e insostenible en el largo
plazo.
¿Hasta qué punto nuestro país es inmune frente a la crisis internacional?
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Por Luis Rappoport |
En un reciente artículo publicado en esta sección, el doctor Héctor
Gambarotta se pregunta hasta qué punto nuestro país es inmune frente a
la crisis internacional.
Con buen criterio, no se limita a la reflexión sobre la explosión de
la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos. Se concentra en los
movimientos estructurales que se están desarrollando en el sistema
internacional. En su análisis menciona la significación del
crecimiento asiático en el sistema económico mundial y la precaria
respuesta que dio nuestro país en otros momentos en que procesos
globales condicionaron nuestro desempeño. Pocos debates tan
sustantivos como el que propone Gambarotta.
El crecimiento asiático, sustentado en la incorporación masiva de
grandes masas humanas a la producción y al consumo, está suscitando
aumentos en los precios de los alimentos y los commodities. Por el
otro lado, enormes escalas productivas, mano de obra barata y monedas
asiáticas devaluadas, gigantescas ofertas de productos industriales
baratos y de escasa -aunque creciente- sofisticación.
El aumento en los precios internacionales de los alimentos produce
ingresos en nuestra cuenta corriente y también provoca una persistente
revaluación de nuestra moneda. Por el tipo de política macroeconómica
elegida, esa revaluación se está operando por vía inflacionaria y no
por vía de una caída nominal del precio del dólar.
Mientras el uno a uno de Cavallo se sostuvo con el ingreso de capital
financiero, la actual revaluación se está sosteniendo con el ingreso
masivo de divisas comerciales.
El problema de fondo es que parte de nuestra estructura productiva
-las actividades exportadoras de productos agropecuarios y mineros- se
complementa con el crecimiento asiático, y otra parte -la actividad
industrial- compite con él.
Pero las actividades que compiten con Asia son las que sostienen el
empleo. Por eso un dólar barato, en términos de pesos, es incompatible
con el sostenimiento del tejido industrial y el equilibrio social.
Hacia fin de este año vamos a estar cerca del uno a uno de Cavallo
-apenas atenuado porque Brasil también revaluó su moneda aunque eligió
la estrategia de una revaluación nominal en lugar de una revaluación
inflacionaria.
La respuesta que estamos ensayando a este dilema es defensiva: tratar
de despegar los precios locales de los alimentos y la energía respecto
de su creciente valor internacional. Es una forma de evitar mayor
presión sobre los salarios. Pero esta solución es inconsistente desde
el punto de vista macroeconómico e insostenible en el largo plazo.
Es inconsistente desde la macroeconomía porque estamos pretendiendo
poner en caja los precios al mismo tiempo que estamos alentando
masivamente la demanda. Aun cuando consigamos desacoplar los precios
locales respecto de los internacionales, los estímulos a la demanda
provocan aumentos de precios. Esos aumentos de precios inciden en la
puja distributiva y en el retraso cambiario. En el mediano plazo, la
política elegida reduce los estímulos a la producción, en particular
de petróleo, gas y de algunos alimentos.
La Argentina ya no se autoabastece de combustibles y la continuación
del actual ritmo de crecimiento del consumo va a colocar al país en
una crisis del sector externo.
En el largo plazo, no es sostenible pretender producir productos que
compiten con Asia, pagando salarios sustancialmente mayores a los
asiáticos. La resolución de este dilema la tiene la política
productiva y tecnológica. Para pagar salarios superiores no alcanzan
las paritarias, es necesario producir bienes y servicios
tecnológicamente más complejos y sofisticados.
Tampoco estamos bien parados en este punto porque no es suficiente un
Ministerio de Ciencia y Tecnología para la envergadura del problema.
Este compromete a todos los ámbitos de gestión del Estado y del sector
privado y, particularmente, a los ámbitos de gestión local, tanto los
provinciales como los municipales.
Fuente: EX SUBSECRETARIO DE ESTADO, DOCENTE UNIVERSIDAD DE GENERAL SARMIENTO
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Néstor Gorojovsky
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