[R-P] Lugones, Borges, Shakespeare et al. El complejo arte de narrar (3)

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Dom Feb 24 17:54:28 MST 2008


3. Entre la desconfianza y el desdén

Luis Cernuda, en su prólogo de 1961 a la edición española
de Cosecha Roja, sostiene que Dashiell Hammett “escribe en
la época cuando la ley seca y las bandas de gangsters daban
a la vida norteamericana un carácter especial” y que “supo
ver y expresar aquel ambiente con su vacuidad singular,
dotándolo, por la reticencia y la aguda notación
psicológica con que lo expone, de un valor novelesco
indudable”.

Bien, dejemos de lado eso de “vacuidad singular” y “aguda
notación psicológica” y disculpemos a Cernuda, a quien
apreciamos mucho. Después de todo él era poeta, fue
profesor de Literatura en Cambridge y en universidades de
México y Estados Unidos, estuvo exiliado luego de la Guerra
Civil de España y no frunció la nariz ante la novela
policial. 

“Nuestro escrúpulo excesivo nos está llevando a esperar de
Dashiell Hammett cosas que él, probablemente no pretendía
ni buscaba; ya es bastante lo que nos da: realidad,
consistencia, interés”, escribe Cernuda. “La obra de
Hammett posee siempre la facultad de entretener
poderosamente al lector. ¿Cuánto tiempo durará en ella
dicha facultad? Nadie puede responder a eso. Los tiempos
cambian y las diversiones humanas también; lo único que no
cambia es la sempiterna necesidad humana de
entretenimiento”.

Y sí, los tiempos cambian y también las diversiones. Ahora
hay gente que lee menos y va más al teatro o al cine, o
prefiere ver videos en su casa o se apasiona por los
jueguitos en la computadora. Ricardo Garibay tiene tanto
derecho a que no le guste la novela policial como cualquier
persona que después de haber asistido a ochenta
representaciones teatrales o haber leído noventa poemarios
o haber escuchado cien conciertos, concluye en que no le
gustan ni el teatro, ni la poesía, ni la música.

Claro que esta gente me recuerda un poco al episodio del
“macho probado” en Boogie el Aceitoso. Sí, aquel hombrote
moreno y de grandes bigotes, que para estar absolutamente
seguro de que no le gustaba una preferencia sexual poco
viril, probaba y probaba y probaba. Y para estar
absolutamente seguro, hacía veinte años que probaba
sistemáticamente.

Luis Cernuda falleció en 1963 y no conoció a Boogie. Pero
como era poeta y profesor de literatura, él recuerda que
Miguel de Cervantes ya antaño sabía algo de
entretenimiento, como indica el prólogo a sus Novelas
Ejemplares: “Que no siempre se está en los templos, no
siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste a los
negocios por calificados que sean: horas hay de recreación
donde el afligido espíritu descanse”.

Más entusiasta, André Guide escribe en su Diario el 12 de
junio de 1942: “He podido leer con asombro bien cercano a
la admiración, Cosecha Roja (a falta de La Llave de
Cristal, tan recomendado por Malraux)”. Y el 16 de marzo de
1943 apunta: “He leído con vivísimo interés (¿y por qué no
atreverme a decir que con admiración?) El Halcón Maltés, de
Dashiell Hammett... En lengua inglesa o, por lo menos,
norteamericana, mucha de la sutileza en los diálogos me
pasa desapercibida; pero en Cosecha Roja esos diálogos,
conducidos con mano maestra, con cosa para enfrentarla con
Hemingway y hasta con Faulkner”.

El teórico trotskista Ernest Mandel, de cierta notoriedad
en los años 70, logró sustraerse a muchas de las
desviaciones del capitalismo, pero –ay, pobre de él–
también sucumbió ante la novela policial. Culposamente, es
cierto, pero se dejó envolver en sus redes. En Crimen
Delicioso – Historia Social del Relato Policiaco (editorial
de la UNAM, 1986), Mandel se pregunta, atormentado: “¿Soy
sólo una víctima de la ideología burguesa absorbida por el
remolino junto con millones de otros desafortunados?”. Por
un momento parece que Mandel “pacta con la masa y baja a la
calle”. Pero no: como buen trotskista europeo no se puede
permitir la más mínima duda terrenal, rápidamente recupera
su ortodoxia y cruza a la acera de enfrente. La novela
policial, dice, es “socialmente inútil a las mayorías”.
Siempre es bueno que a uno lo esclarezcan, ¿verdad?

Pero, claro, probablemente Sciascia, Cernuda, Guide,
Malraux y Mandel pertenecen a la clase de “eruditos que
hablan doctamente de autores banales”, en la categorización
de Garibay. Posiblemente sean algunos más entre aquellos
que tienen “un cerebro alimentado con divagaciones
groseras”, a los que hay que considerar con “desconfianza y
desdén”. O quizá simplemente habría que ignorarlos y
devolver el libro al estante correspondiente a “la forma
literaria de la estupidez” representada por ochenta o
noventa ejemplares que parecen “algodones de azúcar, que no
dejan nada en la boca ni en el estómago”.



   
  Roberto Bardini 
  http://bambupress.wordpress.com/




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