[R-P] Lugones, Borges, Shakespeare et al. El complejo arte de narrar (2)

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Dom Feb 24 16:30:20 MST 2008


2. La “forma literaria de la estupidez”

En el artículo “La novela policial”, publicado en la
revista Proceso (Nº 824, 17 de agosto de 1992), el escritor
y profesor de literatura Ricardo Garibay relata una
decepción: “He leído, más o menos, ochenta o noventa
novelas policiales. He quedado masticando vacíos ochenta o
noventa veces en los últimos veinte años. Antes no las
leía, no entontecieron mi juventud. Las miré con original
desconfianza y desdeñaba a los eruditos en la materia,
sobre todo si eran de mi generación. Hablaban doctamente de
autores banales, de intrigas y asesinatos. Sentía en ellos
un cerebro alimentado de divagaciones groseras o
evanescentes, procuraba romper todo anuncio de amistad”.

Garibay extrae una primera conclusión: “Se parecen las
novelas policiales a los algodones de azúcar, que no dejan
nada en la boca ni en el estómago”.

Menciona que de cientos de páginas sólo recuerda la
descripción de una aldea por Georges Simenon y la de un
matón por Dashiell Hammett.

Agrega una segunda conclusión: “La novela policial es la
forma literaria de la estupidez, elaborada con maestría en
este siglo”.

Y remata con una tercera: “El autor de estas novelas es una
especie de destino sin salida, un diocesito un poco
mentecato”.

Cincuenta años antes y de manera casi premonitoria, Raymond
Chandler había escrito una respuesta anticipada a este tipo
de lectores decepcionados: “Como escritor, nunca supe
tomarme a mí mismo con esa enorme seriedad que es una de
las características más molestas del oficio. Y tuve la
fortuna de escapar de lo que fue llamado (creo que por
Punch) esa forma de esnobismo que puede aceptar la
Literatura de Diversión en el Pasado, pero sólo a la
Literatura de Esclarecimiento en el Presente. Entre el
humorismo monosilábico de la tira cómica y las sutilezas
anémicas de los literatos hay una amplia extensión de
territorio, en la cual el relato de misterio puede ser o no
un mojón importante. Hay quienes lo odian en todas su
formas”.

Garibay parece ser uno de ellos y, además, odia con fuerza.
El alto índice de ventas y de reediciones que desde los
años veinte y treinta caracteriza a las obras policiales,
desde Cosecha Roja y La Llave de Cristal, de Dashiell
Hammett para acá, es pulverizado con una sola frase en el
artículo de Garibay: “La gran popularidad no es garantía y
ni siquiera indicio de virtud ninguna; es pacto con la
masa, es bajar a la calle y ser leído en la media calle y
ahí mismo olvidado”.

Y luego viene el tiro de gracia: “Cuando me siento
suficientemente estúpido para no preocuparme por nada de
nada, voy a los libreros y saco una novela policial”.

Bueno, subamos al ring. Desde los trece o catorce años
jamás pude eludir una buena pelea, aunque esto siempre me
ha perjudicado más que beneficiado. Pero el señor Garibay
me recuerda nítidamente a algunos ciudadanos como él en mi
país –generalmente borgianos ellos, para nada arltianos o
marechalianos– y que como él opinan con la misma soberbia
acerca de Los Grandes Autores de la Gran Literatura Gran. Y
eso irrita un poco a las medianas inteligencias que, como
yo, sienten la irresistible atracción de la calle, lo
popular y, entre otra muchas cosas más, las novelas
policiales.

A todas las expresiones de Garibay en 1992 también se
adelantó Chandler. En el prólogo a algunos de sus cuentos
publicados entre 1934 y 1939, ya había detectado cierto
tipo de lectores que padecían un raro síndrome de inmuno
deficiencia literaria. En unas pocas líneas que también
parecen redactadas como una respuesta anticipada a los
paladares exigentes que en algunas ocasiones se sienten lo
suficientemente estupidizados –y hay quienes no tienen el
autoconocimiento necesario que posee Garibay para reconocer
que así es– Chandler escribió:

“Hay quienes creen que la ficción detectivesca es un
subgénero literario, y no tienen para ello mejores
argumentos que el de que por lo menos no se atasca en
oraciones subordinadas, complicada puntuación o subjuntivos
hipotéticos. Están quienes las leen cuando están cansados o
enfermos, y por la cantidad de novelas de misterio que
consumen deben estar muy enfermos o muy cansados”.


   
  Roberto Bardini 
  http://bambupress.wordpress.com/




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