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Dom Feb 24 13:37:03 MST 2008


Volviendo a 1914

La independencia de Kosovo es otro paso hacia la neocolonización del mundo.
En qué acabó la anterior?
 Enrique Lacolla
 Periodista

 Cuando no mucho antes de que se hundiera el bloque comunista, en
algunos países del Viejo Mundo comenzaron a precisarse y crecer los
reclamos de autonomía de parte de unas presuntas nacionalidades
"oprimidas", como vascos, catalanes, "padanos", croatas y escoceses,
hubo quienes pensaron que esa era la consecuencia inevitable de la
consolidación de la unidad europea: en ella tenderían a disolverse los
estados nacionales y sus partes se fundirían en una comunidad más laxa
y abierta.

 Bien pronto, sin embargo, se hizo evidente que no se trataba de eso,
sino apenas de los primeros escarceos de una movida global, pautada
por el núcleo anglosajón del sistema, para fomentar una fragmentación
universal que resquebrajase las capacidades de resistencia de cuanto
se opusiera a la libre penetración de la economía de libre mercado y
de la parafernalia bélica que la acompaña allí donde la oposición es
fuerte o donde el emplazamiento geoestratégico es muy valioso.

 Los ejemplos que evidencian esta tendencia son, entre otros, la
disgregación de la ex Unión Soviética, el desmembramiento de la ex
Yugoslavia, la casi irremediable partición de Irak en tres zonas y el
fogoneo de los particularismos fundados en la charlatanería que se
teje en torno de las "nacionalidades originarias" en América latina.

 Basta citarlos para comprender cómo y hasta qué punto el principio
del "dividir para reinar", de puro cuño imperial, está progresando en
el mundo, a menudo del brazo de los exponentes de dos concepciones
ideológicas antipódicas: la del progresismo, que convierte a los
derechos humanos en la base de su criterio de evaluación de las cosas
y no repara en el conjunto de las circunstancias históricas que las
determinan; y la de los fundamentalistas, cuyo accionar da la razón a
la hipótesis del "choque de las culturas", eje sobre el cual pivotea
la estrategia imperialista dirigida a crear un estado de guerra
permanente.

 Este estado de guerra permanente consiente el mantenimiento de las
dos coordenadas sobre las que el sistema basa su supervivencia: una
suerte de keynesianismo militar, que multiplica al infinito la
industria del armamento y sus afiladas puntas tecnológicas, activando
una economía capitalista de otro modo al borde del desastre; y una
aportación asimismo "infinita" de capitales al centro de la economía
mundial, para impedir que éste se hunda y arrastre a todos en un
desplome que podría ir acompañado por una convulsión sin precedentes.

 Kosovo. Es en este cuadro donde se inscribe la independencia de
Kosovo, decidida en forma unilateral el pasado domingo por el gobierno
asentado en Pristina bajo la salvaguarda de la Kosovo Force (Kfor) y
que viene a rematar la desmembración yugoslava.

 Hace ya 17 años, Estados Unidos y algunos países de la Organización
del Tratado del Atlántico Norte (Otan) favorecieron el estallido de la
Federación Yugoslava usando los viejos antagonismos confesionales, en
el marco del naufragio del comunismo.

 Hoy continúan en la misma línea, apoyando la independencia de Kosovo.
Como para marcar aún más su carácter históricamente regresivo, vuelven
a las mismas prácticas que señalaron a los Balcanes en vísperas de la
Primera Guerra Mundial, cuando el Imperio Turco fue repelido de la
zona y las nacionalidades oprimidas por él se enzarzaron en luchas
sangrientas, a través de las cuales se colaron los antagonismos
europeos hasta terminar en los pistoletazos de Sarajevo, que
prendieron la mecha de la Gran Guerra.

 Hoy, el escenario de este drama es el mundo. Desde los despedazados
Balcanes corren mechas que alcanzan al País Vasco, Irak, Taiwán y, por
qué no, las Islas Malvinas, sin olvidarse de las "nacionalidades
aborígenes" y las pulsiones centrífugas de Bolivia, para no hablar del
mundo árabe y del Asia central.

 Pero los Balcanes tienen una connotación especial. Es el punto en que
se tocan los intereses de Rusia y Estados Unidos. Moscú empezó a
recuperarse de "la terapia de shock" que le fue propinada luego de la
caída del comunismo, se está armando y empieza a mostrar los dientes.

 La independencia de Kosovo no va a dar la señal de una tercera guerra
mundial, desde luego, pero es un síntoma de que el modelo globalista y
neocolonialista patrocinado por Estados Unidos y la Unión Europea,
ésta con Alemania en primer término, está jugando con la tapa de la
caja de Pandora. No se abrirá hoy, pero si el curso que han tomado las
cosas en los Balcanes, Medio Oriente, el Cáucaso, Asia central y
América latina prosigue como hasta hoy, se perfilan los "tiempos
interesantes" de la maldición china.

 En un mundo en crisis, los países débiles no están para regodearse
con la autonomía de sus partes. La centralización del Estado nacional
es lo único que puede ampararlos.




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