[R-P] [Daniel Samper P.] La hecatombe social colombiana

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Feb 21 03:24:17 MST 2008


Gentileza de Bob Weiss

[Daniel Samper P. es una persona que se acercó al corazón de los
argentinos cuando escribió su libro sobre Les Luthiers, probablemente
lo mejor que se haya preparado en el mundo sobre la susodicha gavilla
de locos lindos y geniales que nos dan risas a todos y no le hacen mal
a nadie]


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CAMBALACHE

La otra hecatombe: la social
Daniel Samper Pizano. Columnista de EL TIEMPO.

El presidente Álvaro Uribe adivina en los ataques de Hugo Chávez la
hecatombe necesaria para su tercer gobierno. Los colombianos
deberíamos adivinar en la re-reelección una hecatombe social que
invita a oponerse a ella. Para muestra, dos casos recientes: el
fallecimiento, por una cadena de errores, de una recién nacida en la
clínica San Pedro Claver, de Bogotá, y el frustrado intento de
entregar a empresarios particulares el predio de Carimagua,
originalmente destinado a desplazados por la violencia.

El caso de la niña muerta por una inyección equivocada destapa el
desplome de la ya precaria protección social de los colombianos de
bajos ingresos. Desde que el Gobierno cedió el servicio de salud a los
particulares, los enfermos se pierden en una selva de siglas -las ESE,
las EPS, las ARS- y deben a menudo acudir a un juez para conseguir
ciertos remedios. En teoría, se ha ampliado el cubrimiento. En la
práctica, no puede decirse que los colombianos estén mejor protegidos
que antes.

En cuanto a Carimagua, es apenas una nueva expresión del tradicional
despojo a los campesinos. Ya en 1594 el rey de España ordenaba que
"las tierras que se dieren a los españoles sean sin perjuicio de los
indios". No se cumplió. Hace algo más de medio siglo, los labriegos
desplazados por la persecución laureanista denunciaban que "en la
pobreza más extrema tuvimos que huir de nuestras tierras, víctimas de
la más implacable violencia" y, un año después, seguían en el abandono
mientras que de sus predios "se han adueñado personas amparadas en
determinado rótulo político". Entre esos campesinos atropellados había
uno que hoy conocemos como 'Tirofijo'.

La tragedia se repite, aunque la violencia tiene ahora otro origen.
Los campesinos quieren tierra, pero primero se la quitan, luego se la
dan a un poderoso y después -como en Carimagua- les ofrecen
convertirlos en jornaleros explotados por los nuevos dueños de esa
tierra. Con el pretexto de que las 17.000 hectáreas destinadas a los
desplazados no eran buenas para ellos, pero sí para los empresarios
particulares, el Gobierno intentó entregarlas en concesión a una
compañía de la que es socio, entre otros, Mario Escobar Aristizábal,
delegado presidencial en la junta que -ojo a la ironía- se instituyó
para proteger a quienes perdieron sus parcelas. Como lo ha denunciado
la prensa, este empresario aportó dinero a las campañas de Uribe y del
director de la junta de marras y del Ministro de Hacienda, del cual es
pariente.

Cuando alguien dijo al Ministro de Agricultura que el terreno era
ácido, al prepotente personajito no se le ocurrió formar una
cooperativa campesina ni vincular a un laboratorio científico de los
que estudiaron la región. Ya había excusa para entregar la tierra de
los desplazados a unos palmeros que encajan en el sueño oficial de
convertir al Llano en un gran emporio empresarial. La Procuraduría y
la denuncia de EL TIEMPO frenaron el abuso.
Lástima que los desplazados no sean empresarios ni tengan amigos en el
Gobierno...

Todo es producto de la mentalidad neoliberal de un régimen que
favorece a los capitalistas fuertes porque cree que así desarrolla el
país y les vende por cuatro pesos las entidades que el dinero público
construyó durante décadas. Tal ocurre, por ejemplo, con las
electrificadoras de cinco departamentos, a punto de ser privatizadas
en una feria que afortunadamente atajaron a tiempo la Contraloría
General de la República y una batería de tutelas.
También sucedió con dos multinacionales petroleras, a las que extendió
graciosamente sus concesiones en La Guajira y Cravo Norte.

Mucho debemos a Uribe en materia de seguridad, estabilidad económica y
restitución de la fe y el optimismo nacionales. Pero él mismo ha
reconocido los limitados alcances de su proyecto social. Cuatro años
más de esta receta engordarían a muchos empresarios, pero enterrarían
a miles de pobres.

Daniel Samper Pizano

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Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría


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