[R-P] [Carlos Pesce] La experiencia de un argentino en Venezuela
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Feb 20 11:16:59 MST 2008
[Carlos Pesce es reportero gráfico, peronista (y de Boca).
Cuenta cosas que le pasan.
Sin filtro, experiencia de un tipo como cualquiera en un país distinto
a la mayoría.]
Gentileza de Gabriel Fernández
Fijate el artículo que acaba de publicar Carlitos Pesce acerca de lo que me
preguntaste antes.
Infelices, disfrazados de revolucionarios
Por: Carlos Pesce
Fecha de publicación: 18/02/08
Confunden, es cierto, porque uno se los encuentra a cada rato,
en cualquier trámite, en cualquier gestión. Son fáciles de identificar,
porque son la caricatura personificada de la eficiencia, la última escoria
donde el capitalismo se ha instalado, y el oportunismo de la situación les
permite refugiarse… con su franela de marca y sus zapatillas Nike.
Contrastan claro, con el voluntarioso revolucionario de a pié,
mal comido y mal dormido, que acude temprano a la recontra antesala de su
oficina donde presentar un trámite, "un proyecto.." (como tanto le gusta
referirse a éstos burócratas, que esperan que otros piensen o hagan lo que
ellos mismos deberían estar resolviendo…).
Mal disimulan su fastidio, escuchando distraídamente las
humildes pero valiosas propuestas que los vecinos les acercan a sus
despachos, mientras atienden las múltiples llamadas simultáneas que reciben
en sus celulares… quizás ansiando el verdadero y certero llamado que les
proponga un negocio que les permita por fin forrarse los bolsillos… O seguir
forrándoselos…
De momento, se conforman con ejercer su soberbia… con lidiar con
choferes o guardaespaldas tan ineficientes, o disponer de una camioneta que
los lleve y los traiga de reunión en reunión, o a la visita a su madre
anciana.
Básicamente, se los reconoce, porque son infelices… Trasuntan en
su apresurada jornada, una infelicidad espantosa, que intentan disimular con
prisas o compromisos…
No tienen una pausa, para una broma, un gesto de sensibilidad
mínimo hacia una música, un crepúsculo, o una comida.
Todo lo refieren claro, a "con quién están.." (estuvieron o
estarán…) en el pervertísimo juego de la función, donde todos hablan mal de
todos, pero todos aparentan admirarse, con el secreto temor de ser devorados
en la jungla caníbal donde decidieron instalarse.
Con su máscara eficientista, siembran con eficacia el mal
ejemplo.
Se los reconoce, porque nunca tienen dudas. Saben y conocen
todo, y si hay apellidos importantes en el medio, no dudan en mencionarlos
por el nombre, como sus influyentes allegados de confianza.
El Presidente Chávez, es lógicamente nombrado pero casi con
desdén, donde y hasta secretamente confabulan en como le van a enseñar a
llevar adelante una revolución.
No son temibles, pero si peligrosos. Porque pertenecen
increíblemente una generación de recambio casi inevitable, que abrevan
impunemente y mientras les dure, de los descontrolados erarios del
presupuesto de la revolución.
Con un miedo infinito a ser descubiertos, casi paralelo a sus
particulares y misteriosas prisas
.
Son y serán básicamente, unos infelices.
Dan lástima, aunque crean que la pasan bién.
Porque saben que son unos traidores. Sabemos que son unos
traidores, y eso les incomoda. No como los viejos políticos de la cuarta
república, que robaban y estafaban sin culpas, no, éstos no… no la disfrutan
ni la pueden disfrutar, porque en el camino se les enrieda el billete, con
su discurso pretendidamente revolucionario.
Confiemos en que el tiempo haga lo suyo, y que las nuevas
generaciones de revolucionarios, vayan desplazando a éstos patéticos
eunucos.
Y entonces sí, podamos encontrarnos y reconocernos en la sonrisa
de los luchadores, con la de los dirigentes y los funcionarios públicos. La
simple felicidad que trasunta la tarea y que tanto nos identifica a los
revolucionarios de a pié, mal comidos, mal dormidos, pero felices de querer
y ser queridos, respetados en la comunidad a la que pertenecemos, con y por
la que trabajamos. No como el gordito de la esquina, que ni saluda, que
trabaja en el gobierno y lo lleva y lo trae una camioneta y que hasta la
mujer se fue con otro.
Néstor Gorojovsky
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