[R-P] 300(trescientos)...otra mirada

juan maría escobar escobar45 en infovia.com.ar
Lun Feb 18 14:25:14 MST 2008


Hay otra interpretación a la de Ismael a la película 300 que hace ya
tiempo enviara a la lista el actual ¿moderador? de los angeles arcabuceros.
Ahí va para refrescara la memoria.

Juan María Escobar

La verdadera izquierda de Hollywood

El filósofo esloveno Slavoj Zizek analiza las implicancias morales
e ideológicas de la película "300", que narra la
historia de los trescientos espartanos que se
sacrificaron para impedir la invasión del ejército
persa.

Contrariamente a las interpretaciones que el film
suscitó, Zizek cree ver que la trama pone a los
espartanos - con su disciplina y espíritu de
sacrificio - más cerca de los ejércitos de resistencia
árabes que del espíritu chauvinista estadounidense.

Por Slavoj Zizek*
16.05.2007

"Los pobres, los que carecen de poder, lo único que
tienen es su disciplina".

La película 300 de Zack Snyder, la saga de los
trescientos soldados espartanos que se sacrificaron en
las Termópilas para impedir la invasión del ejército
persa de Jerjes, fue atacada como el peor tipo de
militarismo patriótico, en una obvia alusión a las
tensiones recientes con Irán y los sucesos en Irak.

¿Pero en realidad son tan claras las cosas? Más bien,
habría que defender la película a toda costa contra
esas acusaciones.

Hay dos puntos que debemos considerar; el primero
tiene que ver con la historia misma. Se trata de la
historia de un país pequeño y pobre (Grecia) que ha
sido invadido por el ejército de un Estado mucho más
grande, y más desarrollado en esa época, que además
cuenta con una tecnología militar de avanzada. ¿No son
acaso los elefantes persas, los gigantes y las enormes
flechas de fuego la antigua versión de las armas de
alta tecnología?

Cuando el último grupo de sobrevivientes espartanos y
su rey Leónidas mueren bajo los cientos de flechas,
¿no son de alguna manera bombardeados a muerte por
tecnosoldados que manejan armas sofisticadas a
distancia, al igual que los soldados estadounidenses
que oprimen botones de cohetes desde lejos, en barcos
de guerra bien protegidos en el golfo Pérsico?

Además, las palabras de Jerjes cuando pretende
convencer a Leónidas de que acepte la dominación persa
no parecen de ningún modo el discurso de un fanático
musulmán fundamentalista; trata de someter a Leónidas
a través de la seducción, pues le promete la paz y los
placeres sensuales si se une al imperio global persa.

Lo único que le pide es el gesto formal de
arrodillarse ante él, de reconocer la supremacía
persa. Si los espartanos hacen esto, se les otorgará
autoridad suprema sobre toda Grecia. ¿El presidente
Reagan no le exigió lo mismo al gobierno sandinista de
Nicaragua? Sólo tenían que decirle "Hola, Tío" a los
Estados Unidos...

¿Y no muestran la corte de Jerjes como una especie de
paraíso multicultural abierto a diferentes estilos de
vida? Todos participan en orgías, diferentes razas,
lesbianas, gays, tullidos, inválidos, etcétera.

Entonces, ¿los espartanos, con su disciplina y
espíritu de sacrificio, no están mucho más cerca de
los talibanes que defienden Afganistán contra la
ocupación estadounidense (o, de hecho, de la unidad de
elite de la Guardia Revolucionaria Iraní, dispuesta a
sacrificarse en caso de una invasión estadounidense)?

El arma principal de los griegos contra la
avasalladora superioridad militar es la disciplina y
el espíritu de sacrificio...

Y para citar a Alain Badiou:

"Necesitamos una disciplina popular. Diría incluso...
que 'aquellos que nada tienen sólo tienen su
disciplina'. Los pobres, los que no cuentan con medios
financieros ni militares, los que carecen de poder, lo
único que tienen es su disciplina, la capacidad de
actuar en conjunto. Esa disciplina ya es una forma de
organización."

En esta época de permisividad hedonista como ideología
imperante, ha llegado el momento de que la izquierda
se (re) apropie de la disciplina y del espíritu de
sacrificio: en estos valores no hay nada
intrínsecamente "fascista."

Pero esa identidad fundamentalista de los espartanos
es aún más ambigua. Una declaración programática hacia
el final de la película que define la agenda griega
como "contra el dominio de la mística y de la tiranía,
hacia el brillante futuro," detallada más adelante
como el imperio de la libertad y la razón, parece un
programa elemental de la Ilustración, ¡incluso con un
sesgo comunista!

Recordemos, también, que al comienzo de la película
Leónidas rechaza de pleno el mensaje de los "oráculos"
corruptos, según los cuales los dioses prohíben la
expedición militar para detener a los persas. Como nos
enteramos después, los persas habían sobornado, en
efecto, a los "oráculos" que, al parecer, recibían
mensajes divinos a través de un trance extático, al
igual que el "oráculo" tibetano que, en 1959, le
transmitió al Dalai Lama el mensaje de que debía salir
del Tíbet, y que -como sabemos hoy- ¡figuraba en la
nómina de la CIA!

¿Y cómo entender el aparente absurdo de la noción de
dignidad, libertad y razón, basada en la disciplina
militar extrema, que incluía la práctica de eliminar a
los niños débiles? Ese "absurdo" no es otra cosa que
el precio de la libertad: la libertad no es gratuita,
como aparece en la película. Se reconquista a través
de una lucha ardua en la que es necesario estar
dispuesto a arriesgarlo todo.

La despiadada disciplina militar espartana no es
simplemente lo contrario de la "democracia liberal"
ateniense; es su condición inherente y constituye sus
cimientos: el sujeto libre de la razón sólo puede
emerger a través de una cruel autodisciplina. La
auténtica libertad no es la libertad de elegir que se
ejerce a prudente distancia, como optar por una torta
de frutillas o por una torta de chocolate; la
verdadera libertad es inseparable de la necesidad.

Hacemos una auténtica elección libre en el momento en
que la elección pone en juego nuestra propia
existencia... y la llevamos a cabo porque,
sencillamente, "no podemos hacer otra cosa."

Cuando nuestro país se halla bajo ocupación extranjera
y nos convoca el líder de la resistencia para que nos
unamos a la lucha contra los invasores, la razón que
nos da no es "eres libre de elegir," sino "¿no te das
cuenta de que esto es lo único que puedes hacer si
quieres conservar tu dignidad?."

No sorprende, pues, que todos los radicales
igualitarios y precursores de la modernidad, desde
Rousseau hasta los jacobinos, admiraran a Esparta e
imaginaran la República Francesa como una nueva
Esparta: hay un núcleo emancipatorio en el espíritu
espartano de disciplina militar que se mantiene y
perdura, aun cuando le restemos toda la parafernalia
histórica del régimen de clases, la explotación brutal
de los esclavos sometidos al terror, etcétera.

Mucho más importante es, quizás, el aspecto formal de
la película: se filmó en su totalidad en un depósito
de Montreal; el paisaje y varios de los personajes y
objetos fueron construidos digitalmente. El carácter
artificial del fondo parece contagiar a los actores
"reales", que a menudo parecen personajes de
historieta (la película está basada en la novela
gráfica 300 de Frank Miller).

Además, la naturaleza artificial (digital) del
ambiente genera una atmósfera claustrofóbica, como si
la historia no sucediera en la realidad "real", con
horizontes infinitos e ilimitados, sino en un "mundo
cerrado", una especie de mundo en relieve de un
espacio cerrado.

Desde el punto de vista estético, la película es
superior a La guerra de las galaxias y la serie de El
señor de los anillos: a pesar de que también en esas
series varios objetos y personas fueron creados
digitalmente, la impresión que causan es, no obstante,
la de actores digitales (y reales) y objetos
(elefantes, Yoda, Urks, palacios, etcétera.) ubicados
en un mundo "real"; en 300, por el contrario, todos
los protagonistas son actores "reales" ubicados en un
fondo artificial; la combinación produce el efecto de
un mundo "cerrado" mucho más siniestro, una mezcla
"cyborg" de personas reales integradas en un mundo
artificial. Pero sólo en 300 la combinación de actores
"reales", objetos y fondo digital llega a crear un
espacio estético autónomo y nuevo de verdad.

La práctica de combinar artes diferentes, de incluir
en un arte la referencia a otro, tiene una larga
tradición, en especial con respecto al cine; por
ejemplo, en muchos de los cuadros de Hopper, cuyo tema
es el de una mujer detrás de una ventana abierta que
mira hacia afuera, es clara la mediación de la
experiencia del cine (muestra un plano sin su
contraplano). Lo que hace notable a 300 es que, en
esta película (y no por primera vez, por supuesto,
pero de un modo mucho más interesante desde el punto
de vista artístico, que, digamos, el Dick Tracy de
Warren Beatty), un arte técnicamente más desarrollado
(cine digitalizado) remite a uno menos desarrollado
(la historieta o cómic). El efecto logrado es el de la
"verdadera realidad" que pierde su inocencia y aparece
como parte de un universo artificial cerrado, es
decir, la figuración perfecta de nuestra problemática
socioideológica.

Los críticos que sostienen el fracaso de la "síntesis"
de las dos artes en 300 están, pues, equivocados, y
precisamente porque tienen razón: por supuesto que
falla la "síntesis", por supuesto que el universo que
vemos en la pantalla está atravesado por un profundo
antagonismo y una gran inconsistencia, pero ese mismo
antagonismo es el signo de la verdad.




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