[R-P] Los paracos siguen en pie
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Feb 18 05:16:21 MST 2008
[Nada que pueda asombrarnos excesivamente a los argentinos, que vemos
cómo los beneficiarios y herederos de los años de plomo se han
transformado en la cúpula dominante del nuevo empresariado local. Y
los participantes no enjuiciados ni descubiertos de los hechos de
sevicia, con casi plena certeza, son los propietarios de las empresas
de "seguridad privada" y "correo privado" que tan bien los sirven. De
todos modos, es significativo que hasta la prensa comercial colombiana
diga estas cosas...]
Gentileza de Bob Weiss
EL MONSTRUO SE TRANSFORMÓ
El paramilitarismo no se ha acabado
María Jimena Duzán. Columnista de EL TIEMPO.
El 6 de marzo saldré a marchar como lo hice el 4 de febrero: en contra
de todas las formas de violencia que azotan a este país -no solo en
contra del paramilitarismo- y honraré la memoria de todas las víctimas
de este conflicto, provengan de donde provengan.
Es probable que eso no sea políticamente correcto en esta Colombia
joseobduliesca, que cree a pie juntillas que las únicas marchas que
valen la pena son las que refuerzan la tesis gubernamental de que
Colombia no vive un conflicto, sino una amenaza militar, que son las
Farc, y que una marcha en contra de los paramilitares es una estupidez
porque, como nos lo han dicho una y otra vez, estos, los 'paracos', ya
no existen desde que este gobierno los desmovilizó con éxito y
encarceló a sus máximos jefes.
Nada más falso que esa premisa. El paramilitarismo en el país no se ha
acabado. Sigue vivito y coleando, pero transformado en otra
monstruosidad: en una mafia regional prácticamente legalizada y
aceptada socialmente, que ya no solo se nutre del narcotráfico, sino
del erario público, al estilo de la mafia napolitana y siciliana. Es
una mafia que ha aprendido a ganar las elecciones, que tiene a
senadores que representan sus intereses y que ahora es la gran dueña
de los puestos y de los contratos, la misma que lava sus dineros en
esas pirámides financieras que hoy se están derrumbando. Una mafia que
sobrevivió a la desmovilización y al encarcelamiento de algunos de sus
jefes militares debido a que este proceso se hizo de manera
incompleta, al dejar intactas las estructuras de poder de esas
organizaciones criminales.
Desde luego, tiene sus ventajas: es una mafia que no le incomoda mucho
al Gobierno; que no comete masacres, sino asesinatos selectivos,
porque, a diferencia de sus antecesores, ya tiene asegurado el control
territorial y el poder dentro de las instituciones del Estado que le
dejaron los narcoparamilitares, quienes recurrieron a las masacres de
campesinos, a las motosierras y al despojo de las tierras para
conseguir finalmente el control de territorios que desde el 2000
detentan.
Esa es la misma mafia que anda detrás del cultivo de la palma y de ese
embeleco presidencial en que se ha convertido el tema de los proyectos
agroindustriales y que se articula de maravilla con ese talante
terrateniente que tiene este gobierno a la hora de pensar en los
desplazados y en las víctimas del paramilitarismo.
Cuando esta mafia escucha al Ministro de Agricultura decir que la
mejor forma de ayudar a los desplazados es dándoles la tierra en
encomienda a los ricos que los han desplazado, para que de esa forma
los desplazados se conviertan en la mano de obra del encomendero, como
si el país hubiera vuelto a los tiempos de las encomiendas y de los
siervos sin tierra, se le debe hacer agua la boca. ¿En qué quedó,
pregunto yo, esa promesa presidencial del primer gobierno del
presidente Uribe de convertir a Colombia en un país de propietarios?
En materia de reparación de las víctimas también el Gobierno está en
deuda. La ley de justicia y paz, a pesar de que se quedó corta en sus
escenarios, tuvo de positivo que les propuso por primera vez a las
víctimas una oportunidad para la reparación. Sin embargo, después de
varios años de una aplicación de la ley llena de tropiezos, la
situación no es muy halagüeña: las víctimas siguen sin ser reparadas
económicamente, los jefes 'paras' siguen con sus fortunas intactas y,
según hemos sabido, muchos de ellos están en trance de negociar con
los norteamericanos su extradición hacia los Estados Unidos. Una ida
de 'Macaco' y 'don Berna' a los Estados Unidos significaría un golpe
de gracia para la ley de justicia y paz porque perderíamos hasta la
verdad, que es lo único que ha fluido medianamente en este proceso.
Uno puede no salir a marchar el 6 de marzo, como el Gobierno quiere
que hagamos. Lo que sí se cae de su peso es que nos traten de
convencer de que este monstruo que nos aprisiona, llamado
paramilitarismo, ya no existe.
María Jimena Duzán
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