[R-P] Cosa Nostra, Kosher Nostra, Charro Nostra
Boletín Bambú
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Mie Feb 13 22:01:25 MST 2008
En los años 50, funciona en Hong Kong un cabaret llamado
“Badiraguato”. El nombre no es un vocablo cantonés ni
mandarín. Es la denominación de un poblado de la sierra
mexicana, ubicado a 80 kilómetros de la ciudad de Culiacán,
en Sinaloa, en la costa del Pacífico.
¿A qué se debe el honor? Con el estallido de la Segunda
Guerra Mundial (1939-1945), se desarticula el “Triángulo de
Oro”. Los traficantes turcos y asiáticos no pueden proveer
a sus clientes de Marsella, quienes a su vez no pueden
abastecer a sus distribuidores europeos y americanos.
Entonces las semillas de amapola llegan a través del océano
Pacífico a Badiraguato.
El cultivo se transforma en un nuevo modo de vida
campesino, que seguramente ignoran quién es Sigmund Freud y
quizá piensen que psicoanálisis es el nombre de una
enfermedad venérea. Las jugosas ganancias hacen correr
litros de sangre en tierra mexicana. Familias enteras se
enfrentan a tiros; aumentan las viudas y huérfanos. El
Se cree que el cultivo de la adormidera, base del opio, fue
introducido por inmigrantes chinos llegados a Sinaloa a
principios del siglo veinte. La flora del estado ya contaba
con opio y marihuana desde mucho antes. La demanda de la
droga es alta: entre 1888 y 1911 llegan a México, como
importación, cantidades que oscilan desde 800 kilos hasta
doce toneladas. El consumo de láudano –mezcla de opio,
alcohol de 30 grados, azafrán y esencias de canela y clavo
de olor– tiene fines “medicinales” y es legal en casi todos
los países. Se receta a niños y adultos contra el
raquitismo, la anemia, la senilidad y la neurastenia. La
poción se vende en todas las boticas, como de denomina a
las farmacias de la época.
Sólo hay un problema: los pacientes no se curan; se
convierten en adictos.
Las autoridades sanitarias de Estados Unidos y Europa
prohíben el consumo de láudano y opio. México se suma un
poco tardíamente: en 1920 establece unas “Disposiciones
sobre el cultivo y comercio de productos que degeneran la
raza”, que prohíben la siembra y venta de marihuana. Seis
años más tarde, la restricción incluye al opio.
Desde entonces los distribuidores y consumidores se
transforman en “traficantes” y “viciosos”.
Pero surge un nuevo problema: la distribución y consumo no
se detienen; al contrario, aumentan.
Durante la Segunda Guerra, el mafioso norteamericano
Benjamín “Bugsy” Siegel -un hombre que posiblemente
ignoraba la existencia del "padre del psicoanálisis"-
propone a sus colegas de la Cosa Nostra cultivar la
adormidera en el norte de México para proveer de heroína y
morfina a la clientela estadounidense.
Siegel, quien durante muchos años estuvo al servicio del
gángster ítaloamericano “Lucky” Luciano, pertenece a un
grupo de hampones de origen judío, establecidos en
Manhattan y agrupados en la llamada Kosher Nostra. En 1937
se había expandido hacia California: en Los Ángeles abrió
centros de juego y apuestas; en Hollywood, creó el
Sindicato de Extras de Cine para extorsionar a los magnates
de la industria cinematográfica. Los negocios marcharon
bien: adquirió una mansión en Beverly Hills y fue amigo de
estrellas de la época, como Jean Harlow, Clark Gable y
George Raft, un ex pistolero convertido en actor que nunca
hizo terapia.
Desde California, Siegel se lanza a otro estado: soborna a
senadores de Nevada que le ayudan a superar algunas trabas
legales para construir en pleno desierto el famoso Hotel
Flamingo, que da origen a ese emporio de los juegos de azar
conocido como Las Vegas. Hollywood, desde luego, le rinde
un tributo póstumo en 1991 a través de la película “Bugsy”,
protagonizada por el inexpresivo Warren Beaty, quien
posiblemente sí es "carne de diván".
El emprendedor “Bugsy” viaja a la ciudad de México,
organiza suntuosas fiestas para políticos y distribuye
enormes sumas de dinero. Poco tiempo después, el
delincuente es visto en Nayarit, Sinaloa, Sonora y Baja
California. Cuando en 1945 concluye la guerra, comienza el
tráfico en gran escala. El principal cliente, ahora, se
encuentra del otro lado de la frontera norte. Desde
entonces México es uno de los principales abastecedores de
droga para los Estados Unidos.
El 12 de julio de 1950, Román Millán, director de El Diario
de Culiacán, escribe: “Si México lograra del organismo
internacional que controla los estupefacientes la
autorización para producir opio y venderlo en toda la
América, tendría una fuente más, dentro de la ley, de
riqueza y de trabajo, y Sinaloa, que es el principal Estado
productor de este artículo ganaría mucho, porque sería otro
renglón más para robustecer su economía”.
Al año siguiente, Millán es designado procurador general de
Justicia de Sinaloa. Para decirlo en pocas palabras: de la
Cosa Nostra a la Kosher Nostra, y de ahí a la Charro
Nostra.
Roberto Bardini
http://bambupress.wordpress.com/
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