[R-P] El Divino Sigmund
Boletín Bambú
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Mie Feb 13 19:47:14 MST 2008
Druida: tengo el borrador de un guión para una telenovela.
La idea, tomada de datos reales, es más o menos así...
El neurólogo y psiquiatra austriaco Sigmund Freud
(1856-1939) siente un enorme –y bastante extraño– cariño
por su colega Ernst von Fleischl-Marxow. Tan desmedido es
ese afecto que intenta convencer a su propia novia, Martha
Bernays, de que su amigo es el hombre ideal para ella.
Fleischl-Marxow padece una neuralgia crónica. A causa de
esa dolencia, ha comenzado a inyectarse morfina como
anestésico hasta que finalmente se transforma en un adicto.
Freud llega a decirle a Martha: “Su destrucción me
conmoverá como habría conmovido a un hombre de la Grecia
antigua la destrucción de un templo sagrado”.
El investigador del ego, los sueños y el sexo ha probado la
cocaína el 30 de abril de 1884 y es autor dos ensayos
acerca de sus propiedades: Sobre la
Coca (1884, es decir el estupefaciente, no la Sarli) y
Contribución al Conocimiento de los Efectos de la Cocaína
(1885).
“La persona que toma la cocaína se siente segura de sí
misma, vigorosa y activa, pero no con la excitación mental
que producen la cafeína, la teína y el alcohol, sino
simplemente con una fuerza normal y una gran capacidad de
trabajo”, escribe Freud en Sobre la Coca (el enervante, no
la Sarli), donde relata su propia experiencia. “Estos son
los efectos más maravillosos de la coca. Es posible,
habiéndola ingerido, llevar a cabo los más prolongados,
persistentes e intensos trabajos mentales o musculares sin
sentir fatiga. El hambre y el sueño, tan imperativos
generalmente, dejan de sentirse y tenerse en cuenta”. El
psiquiatra la recomienda “en las guerras, viajes largos,
escaladas de montaña”. Sin embargo aclara que “la única
objeción es su alto costo”.
El mismo año en que se publica el segundo libro, Albrecht
Erlenmeyer (1848-1926) le sale al paso y advierte al mundo
científico de la época que el estupefaciente es “el tercer
azote de la humanidad” después del opio y las bebidas
alcohólicas.
A pesar de todo, con ese “azote” como ingrediente, en 1886
hace su aparición la Coca-Cola, presentada como “tónico
medicinal”.
Freud tiene apenas 29 años pero ya es un hombre difícil de
convencer. ¿Quién es, comparado con él, ese anciano
advenedizo de Erlenmeyer? Así que le recomienda al querido
Fleischl-Marxow que pruebe la cocaína –producida entonces
por los laboratorios Merck y Parke-Davis– con el argumento
de que le anulará la dependencia a la morfina. Aunque al
principio el amigo siente alguna mejoría, termina víctima
de una doble adicción que lo lleva al delirium tremens y
una espantosa muerte en 1887.
Desde entonces, “el padre del psicoanálisis” no escribe más
sobre las virtudes del derivado de la coca (la droga, no la
Sarli). Seguramente siente el peso de un “templo sagrado
griego” desmoronado sobre su espalda. O, lo más probable,
sobre su ego.
En 1903, la cocaína deja de ser ingrediente de la
Coca-Cola.
Fin de la narco-telenovela austriaca.
Frase en la pantalla, antes de comenzar a pasar los nombres
de actores y técnicos, con fondo musical de un vals
interpretado por Los Gauleiters de Viena: “Circulan miles
de biografías sobre Freud, pero es casi imposible encontrar
datos acerca de Erlenmeyer, un científico especializado en
toxicomanía al que la mayoría de los psicoanalistas
desconoce. Y quienes lo conocen, lo detestan o
desautorizan”.
Roberto Bardini
http://bambupress.wordpress.com/
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