[R-P] [TercerTiempo] El policía, el pistolero, el periodista y... etcétera

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Mar Feb 5 20:10:12 MST 2008


Sucedió exactamente como lo voy a relatar. En la narración
puede variar un insulto, una interjección en cantonés, un
golpe a la cabeza o una cuchillada al aire, pero eso no es
determinante. Los tigres de la memoria no se pierden en
detalles; son implacables, y tienen colmillos afilados. No
los clavan en la garganta; los hunden en el cerebro de la
víctima, que queda herida de recuerdos para siempre.

Se lo conté a Raquel y a Víctor después de Año Nuevo,
mientras tomábamos té y jugos de frutas. Y ahora lo voy a
contar dedicado a Myriam, nuestra compatriota de la Banda
Oriental, y al Druida Celestino de Parque Yalta... digo, de
Parque Chas.

EL POLICÍA, EL PISTOLERO, EL PERIODISTA Y EL CASO DEL
TEMIBLE MATRIMONIO CHINO DEL HOTEL SIETE MARES

[Primera parte: El escenario y tres de los personajes]


Managua, noviembre de 1979. Sábado a la noche. Como
siempre, hace un calor húmedo, pegajoso, un calor que
podría llamarse “de jungla” en lo que podría llamarse “una
ciudad”. Los tres tipos están en Los Antojitos, un pequeño
restaurante mexicano al aire libre frente al Hotel
Intercontinental y la nada. 

Managua es una ciudad semidestruida: primero, por el
terremoto de 1972; después, por la guerra. Donde antes hubo
cuadras y manzanas, ahora hay baldíos y crece la hierba. En
esa zona que se podría llamar “el centro”, donde antes hubo
casas y comercios, ahora hay ruinas a ras del suelo. Lo
único que se yergue es la construcción piramidal del Hotel
Intercontinental y, cruzando la calle llena de baches y
morterazos, el restaurante Los Antojitos. Cinco o seis
calles hacia el sur, sobre una loma, está el ex bunker de
Anastasio Somoza. Una cuadra al este de Los Antojitos, está
el hotelito Siete Mares, una modesta construcción de dos
pisos y un pequeño comedor atendido por sus dueños chinos,
donde sirven platos orientales.

Los tres tipos son argentinos. Como es sábado a la noche,
beben ron Flor de Caña “Plate”. No le dicen ron “pleit”; le
dicen “pleito”. Ingerido en abundancia, induce a la gresca
a monaguillos costarricenses, a contempladores budistas, a
pacifistas hindúes y a cobardes de cualquier nacionalidad.

Los tres tipos visten de civil. En esos días de 1979 en
Nicaragua, que son días y noches de amor y de guerra, donde
uno piensa en la última mujer y el próximo combate, quien
no viste uniforme verdeolivo es un perejil. Y si no tiene
una pistola en la cintura, es un perejil con uniforme. Dos
de los tipos vestidos de civil tienen pistolas en la
cintura, ocultas por los faldones de las guayaberas.
También tienen algo que vale más que un par de uniformes:
tienen credenciales de oficiales del ministerio del
Interior. 

Uno de ellos, con aspecto de jugador de rugby, es asesor de
la Policía Sandinista. Tiene antecedentes que lo avalan. El
más notorio: viene muy recomendado por un servicio de
inteligencia amigo. El antecedente menos riesgoso en su
trayectoria es el asalto a la empresa Wells Fargo en
Estados Unidos, compañía que aún existe aunque ya no usa
diligencias sino camiones blindados. El antecedente más
divertido: cuando se infiltró entre los “gusanos” de Miami.
Por esas cosas de las revoluciones jóvenes ahora es El
Policía.

Otro de los tipos, muy alto y corpulento, se parece a
Humphrey Bogart pero a diferencia de Bogart mide un metro
ochenta. En su país, los compañeros le decían Boogie el
Aceitoso, le decían Rififí, le decían El Killer. A
comienzos de los años 60, era asaltante de bancos y de
cualquier local con caja fuerte o simplemente caja
registradora. A mediados de esa década se convirtió en
militante y siguió asaltando bancos. Ahora, por esas cosas
de los ministerios del Interior jóvenes, implacables en el
combate y generosos en la victoria, es instructor en la
Policía Sandinista. Lo llamaremos El Pistolero.

El tercero es un perejil sin uniforme, sin pistola y sin
credenciales, armado únicamente con una libreta de apuntes
y algunas ilusiones: convertirse en el John Reed de América
Central, el Hemingway de los trópicos, el Ernie Pike del
Caribe. Pobre tipo. Lo llamaremos El Periodista.

Los tres argentinos estás en Los Antojitos, se deshidratan
por el calor y beben ron “pleito”. Y suena el walkie-talkie
del Policía:

“[Bzzz bzzz...] Central a las unidades de la Zona Uno...
[Bzzz bzzz... crock crock]... Reportan un Cuatro Uno Cero
en el Hotel Siete Mares... Repito: ...ortan un ...atro
...ero uno en el ...tel ...ete ...ares [Plash plash... Crrr
crrr]”.

- Un Cuatro Uno Cero: bronca familiar, conyugal o
doméstica” -dice El Policía-. No falla nunca: sábado a la
noche, ron y pleito. Vamos.

Los tres se levantan al mismo tiempo. 

- Ya volvemos -le dice El Pistolero a una de las hermosas
meseras morenas, de escote largo y falda corta. Y a paso
rápido salen hacia el Hotel Siete Mares. 

Dos de ellos caminan como ojos, oídos y puños de la
Revolución, como guardianes de la Ley y el Orden en la
Consolidación de la Victoria Popular, como manos de hierro
en guantes de seda: disuadir antes que reprimir, reprimir
sin causar daños, dejar fuera de combate sin generar
heridas, herir sin provocar muertes... 

El tercer tipo va detrás de ellos, rezagado. Cree que es El
Cronista de la Nueva Era Verdeolivo y Generosa. Se imagina
que es el Testigo Privilegiado en el Lugar de los Hechos. 
Pobre tipo. Es El Periodista.

El trío comienza a trotar. Ninguno de los tres se da cuenta
de que han ingerido demasiado ron “pleito”. Cuando se den
cuenta, será demasiado tarde.


[Próxima y última entrega: Los chakos, el enorme cuchillo
de cocina y el abrazo de dos náufragos en la tempestad]


   
  Roberto Bardini 
  http://bambupress.wordpress.com/




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