[R-P] [R. Wiener] Lima: Conversación en el Palacio

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Feb 4 13:06:58 MST 2008


Conversación en Palacio de Gobierno
por Raúl Wiener
03.02.08

En 1990, el Perú vivió un terremoto político. Con la mesa servida: (a)
un candidato fuerte que era uno de los orgullos internacionales del
país; (b) el APRA sobreviviendo a duras penas del llamado "peor
gobierno de nuestra historia"; (c) la izquierda estúpidamente
dividida; la derecha peruana perdió la elección que no se podía
perder.

Como Fujimori no tenía ningún mérito propio, los derrotados hicieron
un balance que decía que el problema había estado en algunas
cualidades del candidato escritor que llevadas al campo de la política
resultaban graves defectos: demasiado sincero (decir que iba a
realizar un shock); demasiado principista (hacer ascos a la política
tradicional); demasiado honesto (poner barreras a los que consideraba
corruptos); etc.

Claro, una mayoría del fallido FREDEMO y del también errático
Movimiento Libertad, sacó la conclusión de que había que hacer lo
opuesto y sin ningún recato empezaron a emigrar hacia Fujimori a las
pocas semanas de haber gritado golpe en las calles en el último
desesperado intento por salvar sus esperanzas e inversiones en la
opción de Vargas Llosa.

Fue entonces que el ex candidato trazó la línea y puso en un lado a
los traidores, rechazando como explicación las cercanías de propuesta
con el nuevo presidente, que se evidenciaron después de las
elecciones. Además estaba la cuestión García, que para el escritor era
el modelo opuesto al suyo: mentiroso, sin principios y corrupto, y que
era el verdadero responsable de la victoria de Fujimori. Ese es el
sentido del libro "El pez en el agua", que en realidad debió llamarse
"el pez que se quedó sin agua".

Ciertamente, uno hubiera podido suponer que Mario Vargas Llosa hablaba
en serio cuando afirmaba que se retiraba de la política y volvía a su
papel de escritor, de donde nunca debió haber salido. Pero tan sincero
no era. Como que hubiera creído que no volvería a asociarse con la
política profesional y los partidos tradicionales, que fue uno de los
errores que reconoció en su libro. Pero tan principista no terminó
siendo. Y que no transigiría con alguien al que consideró corrupto por
veinte años y para el que pidió la cárcel. Y esto es lo que acaba de
hacer con García, demostrando que tan honesto tampoco era.

Hildebrandt tiene razón cuando establece la probable ecuación de la
política peruana de los 2000, que cierra el agitado período político
80-90: primero, está el abrazo García-Fujimori, al que le ha seguido
el de García-Vargas Llosa. Falta que otra vez estemos ante el peligro
de un siniestro populismo para que el escritor admita la conveniencia
de abrazarse con el odiado fujimorismo (que ya no sería tan odiado).
Que en el camino se declare que se hace las cosas por el bien del
país, con las narices tapadas, sin renunciar a principios (?), es
intrascendente. Ya se vio en el patio de Palacio, cuán identificados
pueden terminar estando los enemigos de hace veinte años. ¿Por qué no
se aplicaría este mismo criterio al chino o sus descendientes si hay
que "salvar a la democracia"?

Para los mortales comunes y corrientes esto sabe a politiquería, a que
todos son iguales y a que nos han tomado el pelo escenificando peleas
para concluir abrazándose, Y es verdad que nada hace más daño a la
democracia, es decir a la confianza de la gente en instituciones, que
hayan tan pocos políticos capaces de mantener una política coherente.
Ni siquiera en el caso de escritores metidos a la política, que se
asquean de sus métodos, pero los practican.


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