[R-P] BATALLA DE SAN LORENZO

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Dom Feb 3 13:20:32 MST 2008


Asociación Cultural Sanmartiniana Filial Concordia
3 de Febrero de 1813, San Lorenzo

Los macizos claustros de San Carlos, el antiguo convento de franciscanos que 
descansa en una planicie inmediata a las empinadas barrancas del Paraná, 
fueron mudos testigos de la gloriosa jornada de San Lorenzo, el 3 de febrero 
de 1813.

Gloriosa porque el Coronel José de San Martín va a batirse por primera vez 
en su tierra natal con su flamante Regimiento de Granaderos a Caballo en una 
batalla decidida a liberar el Río de la Plata y sus afluentes del dominio 
enemigo, los marinos de Montevideo, que hostilizaban el litoral argentino, y 
llevar la paz a los pobladores de las orillas, quienes habían sufrido en sus 
bienes y en sus familias el asalto de las tropas de desembarco españolas que 
colmaban, así, las necesidades de su escuadra bloqueadora; una batalla que 
devolvería, también, los bayonetazos descargados sobre el corazón del 
suplicante presbítero Miguel Escudero.

  Los Granaderos, en éste su bautismo de fuego, demostraron disciplina, 
honor y táctica, y su jefe y creador sus grandes dotes de organizador, 
instructor y educador de un escuadrón de caballería.
  Todo lo realizado por el flamante Coronel San Martín desde la llegada a su 
patria, en 1812, hasta San Lorenzo fue en un ambiente reducido pero un claro 
anuncio de cuanto realizaría, después, en grande, en el inmenso ámbito de 
medio continente sudamericano, cuando su grandiosa cruzada libertadora.

  Las primeras luces del alba de aquel 3 de febrero, lo encontraron en el 
campanario del convento. Al toque de "a degüello"saltaron las dos columnas 
de caballería. Sumaban 120 hombres "bien uniformados" que, sable en mano, 
irrumpieron creando estupor y desconcierto en las tropas enemigas.
  Las primeras órdenes partieron de las columnas realistas, confusamente 
mezcladas por la desesperación de quienes las emitían con apuro y alarma. 
Para los españoles era impensable, hasta ese momento, la presencia de una 
fuerza tan organizada y con hombres perfectamente disciplinados.

  A pesar de un desconcierto total por la rapidez, el ruido y el empuje, los 
españoles hallaron tiempo para preparar sus fusiles, disparar cañones y 
enarbolar, todo lo alto que permitían los brazos del abanderado, el 
estandarte del Rey.
  San Martín encabezó un cuarto de cuadra de animales, hombres y sables que 
avanzaron "rompiendo la tierra con un solo golpe de manos, con un solo golpe 
de patas de caballos que corrían como si hubieran sido preparados para ese 
día, y sólo para esa acción".

  La victoria se consumó en menos de un cuarto de hora. Pocos minutos 
bastaron,  una bala de cañón impactó en el caballo de San Martín , que cayó 
muerto y aplastó con la pierna derecha al jefe. Un soldado español se 
dispuso a atravesarlo con la bayoneta cuando fue muerto por la lanza de 
Baigorria, uno de sus granaderos. San Martín habría sucumbido en ese trance 
pues seguía aprisionado bajo el cuerpo del animal si otro de sus soldados no 
hubiese venido en su auxilio.
Ese soldado, Juan Bautista Cabral, logró desembarazar a su jefe del caballo 
y recibió, en aquel acto, dos heridas mortales de un español sobre quien,de 
inmediato, cayeron sables y hundieron lanzas.
  Los españoles, desconcertados y deshechos por el doble ataque, abandonaron 
en el campo su artillería, sus muertos y sus heridos, y se retiraron 
haciendo resistencia sobre el borde de la barranca.

  San Martín ordenó recoger  tanto a patriotas  como a españoles y curar a 
los heridos. El, también, está herido, en el rostro, la pierna llena de 
magullones y un brazo inmovilizado. Pero es el vencedor. La sangre del 
cuello de su uniforme es suya; los manchones de los hombros y de la espalda 
pertenecen al granadero Cabral.

  A la sombra del pino que lo protege del fuerte sol del mediodía, el 
Coronel de Granaderos puede ver " el botín de guerra";41 fusiles en buenas 
condiciones y un montón más rotos o inutilizados, 1 cañón, 192 piedras de 
chispa, 8 espadas, 8 bayonetas, 8 pistolas.

  El parte del combate ha sido redactado y su escribiente, el teniente 
Necochea, tendrá el honor y la responsabilidad de llevarlo a Buenos Aires, a 
galope tendido, ese mismo día.
  El 5 de febrero, a la una y media de la tarde, la gran ciudad se conmovió 
por las descargas de la batería de la Fortaleza y el repique de las 
campanas. Necochea había arribado al mediodía y se celebraba la hazaña 
cumplida al servicio de la patria.
  Poco después, San Martínllegó a Buenos Aires y ordenó a Zapiola 
confeccionar la lista de los valientes caídos en San Lorenzo, pues entendía 
que "por esas cosas de los aturdimientos políticos de los gobiernos", la 
posteridad los olvidaría. Pero "él y todos los hombres que vistieran el 
uniforme de la patria se impondrían, como regla de honor, recordar a esos 
héroes".

  "Para San Martín, San Lorenzo ya era de esos queridos muertos que jamás 
olvidaría y pensaba que gracias a ellos la independencia podría comenzar a 
ensayar su primera sonrisa".

Prof. Lilian Monetta de Micucci
Pte. A.C.S.

Bibliografía:
Otero, José Pacífico. "Historia del Libertador Don José de San Martín".V.V.III- 
Círculo Militar 1978
Pérez Pardella, Agustín."El Libertador Cabalga"- Centro Cultural Gral. San 
Martín- Buenos Aires 1995 




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