[R-P] Luces y sombras de Juan Manuel de Rosas y su ideario político.-

Marcelo .:. El Kangrejo passarello.net en gmail.com
Mie Dic 31 09:09:29 MST 2008


Fuente: Arq. Marcelo Passarello (Cdad. de Bs. As) - Dic. 2008
Trabajo Monógráfico para Lic. en Ciencia Política
Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB)
Trelew - Chubut

Libre distribución citando la fuente.-


:: Juan Manuel de Rosas. El ejercicio del poder


Puede decirse que el primer gobierno de Rosas (1829-32) estuvo
caracterizado por el orden administrativo, la exaltación del partido
federal porteño y la represión a los unitarios golpistas (aunque no a
Lavalle, con quien Rosas había pactado). En líneas generales,
respondió bien a los intereses de terratenientes y comerciantes
bonaerenses, que integraron su gabinete. Por este desenvolvimiento se
lo declaró "Restaurador de las leyes" (que habían sido quebradas por
el golpe unitario).
Podemos también, considerar respecto a la sustentación económica del
gobierno de Rosas, quien esta emparentado con el más aristocrático y
rancio abolengo español, y fue beneficiario de los repartos de tierras
en la conquista, brindando su gobierno apoyo, a su vez, a la clase de
ganaderos latifundistas que ya eran fuertes en 1810. Además, debe
tenerse en consideración que respondió intachablemente y con extrema
fidelidad a los intereses de su clase social, y esta actitud va a
marcar todo su accionar en el campo de la política externa y externa
mientras duró su dominio en Buenos Aires.
A lo largo de su acción pública, Rosas dió acabadas muestras de la
importancia estratégica de la posesión de las tierras. Siendo esta, la
principal motivación para la expedición que dirigió en 1833, contra
los indígenas y que logró conseguir casi tres mil leguas cuadradas,
teniendo por finalidad excluyente la consecución de tierras
explotables por los ganaderos que necesitaban expandirse y fomentar la
base económica de su negocio.
Prueba de esto, es la ley promulgada en 1836, que permite vender las
tierras hasta entonces arrendadas en enfiteusis, y que ya acaparaban
grandes latifundistas. Así, la acumulación de tierras que acentuó la
enfiteusis de Rivadavia se vió confirmada con las medidas del
Restaurador, que colocó en el mercado vastas extensiones de tierras a
precios bajos, fácilmente accesibles a la oligarquía ganadera, contra
quien, por sus recursos, no se podía competir de ningún modo.
También, instauró como gratificación por los servicios prestados
frente a unitarios y demás opositores, un sistema de reparto de
certificados de tierras por cuestiones militares, reiterando una vieja
costumbre de carácter feudal, que ponía de manifiesto el carácter de
la tierra como único bien económico de categoría. Paradójicamente, no
van a ser los soldados los beneficiarios finales de estas concesiones,
dada la imposibilidad efectiva de acercarse a la capital para reclamar
los títulos o a las exigencias del propio servicio militar en que
reportaban. Finalmente, dichos certificados terminaban acaparados con
destino al latifundio y generalmente comprados por los especuladores
inmobiliarios a bajo precio.
Respecto al comercio agroexportador, este fué favorecido en todo
momento por los gobiernos rosistas, apoyado por la oligarquía
terrateniente, con incluso grandes picos hasta 1849, aún pese a los
bloqueos. De este modo, las medidas de carácter "proteccionista" de
Rosas, para nada van a contradecir sus relaciones estrechas con el
comercio inglés ni sus intereses feudales.
La política financiera tuvo como principal aporte el ingreso de
divisas aduaneras, aunque durante los periodos de bloqueo, recurrió a
contribuciones directas (muy ínfimas) de los terratenientes, o
simplemente a la emisión sin freno de papel moneda y bonos, provocando
una desvalorización del papel y una redistribución de los ingresos
perjudicial para los sectores populares, de por sí ya bastante
castigados, o al recorte de gastos en materia de educación y obras
públicas.
En 1835, el gobierno provincial, va a promulgar una ley aduanera que
marcará un cambio en la política ultraliberal del comercial exterior
para la región rioplatense. La misma, que más que proteccionismo,
estableció un "librecambismo mitigado", va a disponer un aumento
considerable en los derechos de importación o la prohibición de
introducirlos para variados artículos que ingresaban por el puerto de
Buenos Aires: manufacturas de hierro y hojalata, coches y ruedas para
estos, zapatos, ponchos, fajas, prendas de vestir, frazadas, velas,
peines, sillas de montar, legumbres, maíz, papas, harina y trigo,
azúcar, alcoholes, sidra, cerveza, etc., gravándoselas entre el 25 al
50%. Estas medidas serían bien recibidas por algunas provincias del
interior, que veían languidecer sus incipientes artesanías bajo la
arremetida de la producción masiva de ingleses y franceses, aunque si
la intención presunta era promover la industria, la aplicación de esta
ley no va a alcanzar los objetivos perseguidos debido a, entre otras,
las siguientes causas:
* Permite a los extranjeros, fundamentalmente a los ingleses, mantener
sus posiciones en el mercado interior y exterior del país, lo que no
facilita ningún criterio independentista.
* No prevé ningún plan de fomento industrial interno, manteniendo a
las artesanías en un nivel primitivo.
* Mantiene el exclusivismo del puerto y de la Aduana en manos de
Buenos Aires, continuando un reparto desigual entre las provincias de
la Confederación y afectando a las economías litoraleñas.
* Aplicación errática, con el tiempo el mismo gobierno rosista va a ir
mitigando sus alcances, hasta que en 1847 el comercio exterior va a
estar funcionando casi como en 1835.

Si bien esta ley pudo haber dado el puntapié inicial a una
industrialización incipiente, el mantenimiento del aislacionismo
provincial, el predominio de los terratenientes y la estrechez
localista de sus objetivos le impidieron un salto cualitativo que
pudiera impulsado una industria nacional, como sustento y proyección
de la independencia económica nacional.
Existían también, en el marco de la cultura rosista, ciertas
condicionantes sociológicas, de modo que las relaciones entre los
propietarios y los productores directos eran de carácter feudal,
basadas en la coerción extraeconómica, atenuada por un vínculo
paternalista, para lograr así como mantener al peón sujeto a la
estancia. En esto radica el carácter "populista" del rosismo, similar
al de otros caudillos federales tanto del interior como del litoral:
El, tuvo que "hacerse gaucho" como ellos, para conseguir influenciar,
contener y dirigir a este estrato social, siempre en interés y
beneficio exclusivo de los terratenientes latifundistas. Rosas, busca
utilizar así, una identificación cultural entre el peón del campo y el
patrón rural, que comparten ciertas tradiciones, formas de vestir y de
hablar, oponiéndolas a las costumbres y a la cultura del otro sector
de la élite: los unitarios, ilustrados, "doctores" de galera y
costumbres urbanas, que siempre habían despreciado a la población y
cultura rurales.

:: Ideario político rosista:
Rosas, efectuó en Octubre de 1820, una proclama que decía:
"¡Odio eterno a los tumultos! ¡Amor al orden! ¡Obediencia a las
autoridades constituídas!"
Esto, resume y, es suficientemente esclarecedor de su pensamiento
político como "el hombre del orden". Había llegado al gobierno de
Buenos Aires en 1829 y 1835 como el "defensor del orden", como el
"restaurador de las leyes", presunto garante de la paz y la
tranquilidad, que había que imponer a cualquier costo. Tanto si se
trataba de una revolución nacional de independencia (como la de 1810)
como de un golpe de estado como el de Lavalle en 1828, toda alteración
del orden social y económico normal podían afectar la "estabilidad
necesaria" para los negocios. En ambos casos, la movilización del
campesinado (a través de la leva forzosa, o de la sublevación contra
un gobierno como el de los unitarios) podía amenazar las jerarquías
"naturales" sobre las cuales se asentaba las relaciones de dominación
interpersonal de la fuerza laboral rural y las de propiedad
latifundista.
Por ello, atendiendo el mandato de su clase social, impulso un
ordenamiento y, sobre todo, control totales, para poder garantizar con
esta supervisión que los intereses de los estancieros no se vieran
perjudicados por ninguna situación "anárquica".
Según Andrés Carretero: "…Rosas concebía un ordenamiento social
dividido por estamentos, con mucho de raíz feudal, donde estaban los
muy ricos, los menos ricos y los pobres; los poseedores y los
desposeídos; los que mandaban y los que obedecían, los nacidos para
progresar y los que estaban destinados a vegetar. No era un orden
cerrado o arbitrario, pero sí muy difícil de violar."…
Acertadamente también, José Maria Rosa manifiesta que: "…Si Rivadavia
es sinónimo de reforma, Rosas es sinónimo de restauración.
Restauración de las leyes, restauración y consolidación de las
estructuras del viejo orden colonial del cual era heredero. Detrás de
la demagógica consigna "dorreguista", que pretendía restaurar el
gobierno legítimo de los federales porteños contra la usurpación
unitaria, se esconde la gran verdad: para él la revolución de mayo no
fue más que un "motín de porteños afrancesados", y extrañaba "aquellos
tiempos en los cuales el orden reinaba en las campañas". Él sería el
encargado de consolidar aquella tendencia inaugurada por el
saavedrismo en 1810: romper los vínculos políticos con las metrópolis
coloniales pero mantener intacto el orden socioeconómico feudal
preexistente.

:: A modo de conclusión:
Podemos inferir que:

.: Tanto la política de exterminio a los nativos aborígenes, matizada
por algunas "negociaciones" parciales, como la impronta política
paternalista y el aparato de terror implantado por la mazorca,
estuvieron dirigidas a mantener el statu quo imperante, manteniendo el
predominio político de la provincia de Buenos Aires, beneficiaria
directa del control aduanero, la diplomacia exterior y representación
institucional.
.: Todas las relaciones de producción estaban condicionadas en todas
partes por la coerción, cuando no directamente la coacción física, y
la sujeción de carácter feudal de las masas populares (peones,
gauchos, campesinos) por parte de la oligarquía terrateniente.
.: Rosas afianzó su poder gracias a los vínculos y pertenencia a la
clase de terratenientes latifundistas, bloque dominante en el país
desde tiempos de la colonia y usufructuaria de la Revolución de Mayo,
a la que dirigió en beneficio de sus propios intereses políticos.
.: Queda en el haber de la obra política rosista  la resistencia e
intransigencia frente a la prepotencia de la agresión colonial
extranjera, por lo cual representa esto el punto más alto de su
accionar, al compararlo con la defección en este aspecto de la gran
mayoría de sus acérrimos contrincantes políticos e ideológicos.

En este aspecto, es indudable que Rosas defendió la soberania y la
unidad territorial argentina de manera tenaz e inclaudicable, aspecto
que por sí solo, no debe olvidarse destacar, además que la injerencia
y el intervencionismo europeo, determinó que el pueblo argentino se
aglutinara, apoyándolo para repudiar el mismo.
Indudablemente, esta actitud, concitó y genero un vasto apoyo popular,
y aunque estuviera mediatizada por la condición de clase de Rosas y la
estrechez provincial de sus miras. Por ejemplo, por su defensa del
cierre a la navegación de los ríos y el puerto único, no podía lograr
la adhesión de las provincias del Litoral, lo que explica, aunque no
justifica de ningún modo, la intención de los gobiernos de estas de
lograr un acuerdo por separado, justamente con las potencias
agresoras.
Esto no hace más que resaltar el valor de la resistencia y el éxito
final en evitar la imposición extranjera por la fuerza. Aunque, la
defensa de la soberanía debió haberse colocado por encima de las
disputas internas para evitar que las potencias agresoras usaran luego
esas contradicciones para avanzar. Por lo tanto, no se puede
justificar la alianza de los propios argentinos con ingleses y
franceses.

Respecto a esto José de San Martín, se refería así, ya en 1839:
…"Pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un
indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su
patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en
tiempos de la dominación española. Una tal felonía ni el sepulcro la
puede hacer desaparecer."
Debido a esto, y en reconocimiento por la defensa contra la agresión
extranjera, San Martín legaría a Juan Manuel de Rosas su sable con el
que había luchado, años antes, en la guerra de la independencia, por
algún motivo valioso y muy respetable, consideró que por entonces, las
suyas eran las manos más dignas de recibirlo y sostenerlo.-




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