[R-P] ....LOS GRIEGUITOS

maría Sola mariadelsola en gmail.com
Sab Dic 13 07:13:39 MST 2008


...desolador...No tienen herramientas para interpretar el mundo...

"Vamos a hacer lo posible para conseguir un futuro. Lo que nos enseñan
en clase no nos vale, ni nos interesa ni nos sirve. Tenemos que
despertar, y esta es una buena ocasión".

EL PAIS


"No tenemos nada que perder, ¿qué importa lo que queramos?"
Los jóvenes griegos se rebelan contra un sistema político y social
agotado, pero sus profesores dudan de que alguien logre capitalizar el
movimiento de protesta
M. A. SÁNCHEZ-VALLEJO (ENVIADA ESPECIAL) - Atenas - 13/12/2008


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"No tenemos nada que perder, ¿qué importa lo que queramos?". Con las
manos en los bolsillos -unos bolsillos repletos de piedras-, un chaval
encapuchado responde así, mientras aguarda el momento de atacar a los
antidisturbios, a la pregunta sobre sus propósitos. Junto a él forman
en orden de combate medio centenar de jóvenes, los mismos que
revientan a diario las manifestaciones para expresar, a su modo, la
rabia del presente y la falta de futuro. Muchos los comparan con los
protagonistas de mayo del 68, o con los antisistema de Seattle o
Génova, pero tras ellos, en el escenario de una Grecia perpleja,
parece no haber nada.


ATENAS, LA REVUELTA PERMANENTE
La protestas pacíficas toman el centro de Atenas
 Grecia
A FONDO
Capital: Atenas. Gobierno: República. Población: 10,722,816 (est. 2008)
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"Esto es un carnaval, y tras los fuegos de artificio no habrá nada",
dice un docente
Conforme pasan los días se impone la certidumbre de que, igual que en
ocasiones anteriores, el eco de la calle va a extinguirse hasta
enmudecer, aunque el calendario de protestas y ocupaciones de aulas se
prolongue hasta Navidad. Cada uno de los manifestantes que estos días
ocupan las calles se aferra a una razón, del nihilismo al entusiasmo
de los quince años, del escepticismo de los bien informados a la
necesidad inconsciente de actuar para vencer el impasse o minimizar el
impacto de la crisis.

Pero el trasfondo es de desesperanza, sobre todo entre los profesores.
"Esto no va a conducir a ningún sitio. Se va a apagar y no quedará
nada, como en Los Ángeles", apunta Vasilis Alexis, profesor de Teoría
Literaria de la Universidad de Salónica.

Desde hace años, la educación es un caballo de batalla en Grecia, y un
espejo que devuelve una imagen muy ajustada de la crisis social que
fermenta en la esclerosis del sistema. "Cada tres o cuatro años hay un
brote de descontento: una huelga general en 1987; otra en 1991,
durante la que perdió la vida por disparos de unos desconocidos un
profesor en Patras; manifestaciones contra la reforma del sistema de
acceso a la función docente, en 1997, o hace dos años, al intentar
reformar el Gobierno el artículo 16 de la Constitución, que establece
que la universidad griega debe ser pública", añade Alexis.

Protestas reiteradas, en suma, contra la amenaza de ruina de un
sistema deteriorado por cuyas rendijas asoma el sector privado; contra
un sistema que obliga a los docentes al pluriempleo "para llegar a fin
de mes, porque un maestro de primaria gana 1.200 euros al mes",
denuncia Manolis Papas, que acude a diario a las concentraciones.

Jóvenes y mayores protagonizan estos días en las calles un "verdadero
cisma" en la sociedad griega, según Vasilis Alexis. Los estudiantes
expresan "reacciones viscerales a un callejón sin salida, a un vacío
vital que les alcanza antes de tiempo". "Pero esto es como un carnaval
y, tras los fuegos de artificio, no habrá nada. Falta una fuerza
política que capitalice el descontento pero, pese a lo politizado que
está el país, nadie es capaz de hacerlo. Eso sí, seguro que algunos
partidos lo utilizan".

En efecto, las revueltas son ya un dardo envenenado en la escena
política, pero también pueden convertirse en bandera de conveniencia.
La instrumentalización de las protestas por intereses ajenos puede ser
el capítulo siguiente de esta crisis.

Al margen por completo de la batalla política, los jóvenes sacan pecho
como protagonistas imprevistos de esta tragedia nacional. "No somos
unos indolentes, no estamos de brazos cruzados", afirma un tanto a la
defensiva Mijalis, un estudiante de secundaria de 15 años. "Los
mayores nos acusan de pasotismo y de falta de iniciativa. ¿Qué más
necesitan para darse cuenta de que no es así? Aquí estamos, dando la
cara", dice, orgulloso de ese protagonismo imprevisto.

Todos los chavales consultados dicen de carrerilla que salen a la
calle contra la violencia -la policial, que costó la vida al joven
Alexandros Grigoropulos, y la de los encapuchados-, pero no es difícil
entrever en su actitud un intento de reafirmación adolescente, cuando
no de entusiasmo desatado por la novedad. Eleonora, de 16 años, afirma
"entender la rabia de los alborotadores, pero así podría parecer que
es una reacción de jóvenes airados, y esta protesta no tiene nada que
ver con la edad, es una respuesta común a un cúmulo de circunstancias
que explotaron con la muerte de Alexis".

"Nuestros padres creían que los jóvenes nos limitábamos a esperar a
que nos lo dieran todo hecho, la vida, el futuro, y estos días se han
dado cuenta de que no es así", insiste Eleonora, que estudia segundo
de secundaria. "Vamos a hacer lo posible para conseguir un futuro. Lo
que nos enseñan en clase no nos vale, ni nos interesa ni nos sirve.
Tenemos que despertar, y esta es una buena ocasión".



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