[R-P] [Alberto Franzoia] Despistados y oportunistas en los procesos de liberación latinoamericanos

Juan María Escobar escobar45 en infovia.com.ar
Vie Dic 12 16:12:02 MST 2008


Reflexiones sobre despistados y oportunistas en los procesos de liberación 
latinoamericanos

Por Alberto J. Franzoia

Los procesos de liberación latinoamericanos suelen encontrarse con diversos 
obstáculos. Habitualmente analizamos las fuerzas del enemigo más importante, 
es decir de la alianza constituida por las oligarquías nativas con las 
burguesías imperialistas del capitalismo desarrollado. Y está bien que así 
sea, porque allí se ubica la contradicción principal. Sin embargo no hay que 
descuidar otras fuerzas que  operan objetivamente contra los procesos  de 
liberación, independientemente de cuáles sean las intenciones expresadas. 
Ese es el caso tanto de grupos que se asumen como revolucionarios pero  por 
despiste terminan conspirando contra el cambio (integrando una franja mucho 
más heterogénea de despistados), como de oportunistas que operan desde 
adentro del proceso, supuestamente encolumnados con el mismo, pero 
incorporando gran parte de los valores que  conforman el sostén ideológico 
del statu quo que se intenta sustituir.

Despistados

En nuestra América Latina existen manifestaciones de  izquierda que objetiva 
y/o subjetivamente han terminado haciéndole el juego a procesos políticos de 
orientación oligárquico-imperialista. Uno ejemplo de esta tragedia se pude 
observar en el enfrentamiento ocurrido en Argentina entre el gobierno de 
Cristina Fernández y el colectivo agrario conducido por la oligarquía 
nativa. Como se recordará una de las expresiones más patéticas se dio cuando 
en El Monumento a los Españoles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la 
convocatoria hegemonizada por los terratenientes de la Sociedad Rural contó 
con el entusiasta apoyo de grupos trotskistas y maoístas que realizaban 
piruetas teóricas para justificar su presencia. Sin embargo semejante 
equívoco no constituye una novedad, ya que durante los años del primer y 
segundo gobierno de Perón (1946-1955) ocurrió algo similar con el Partido 
Comunista  y con los socialistas de Américo Ghioldi que engrosaron las filas 
de la oposición contrarrevolucionaria; aunque en este caso hay que incluir 
entre las variables interpretativas el papel jugado por la financiación 
externa, sobre todo de la Unión Soviética al PC.

Otros despistes recorren países hermanos de la Patria Grande, como ocurre 
con los  "izquierdistas" que cuestionan a Evo Morales bajo las enseñanzas 
del sociólogo estadounidense James Petras por una supuesta claudicación ante 
la oligarquía boliviana y el imperialismo (1). Mientras tanto en Venezuela, 
si el chavismo sufre algún percance electoral, y aún ganando elecciones como 
las de noviembre de 2008, surgen por "izquierda" acusaciones hacia Hugo 
Chávez por sus "debilidades burguesas".  También están las críticas que 
salen desde las propias filas revolucionarias por apoyarse en personajes 
cuestionados por las bases como es el caso del  derrotado gobernador de 
Miranda  Diosdado Cabello.  En este segundo caso son críticas pertinentes, 
sin embargo cuando el tono es provocador y no realiza aportes concretos para 
la construcción, lejos de constituir un aporte revolucionario para corregir 
errores sirve mucho más como leña para el fuego enemigo.

Las  "izquierdas" que se sitúan por afuera de los procesos de liberación 
suelen despistarse por falta de contacto real, orgánico y dialéctico con los 
sectores populares, ya que su práctica rara vez va más allá de las paredes 
de las facultades en las que cursan estudios buena parte de sus más activos 
militantes, o de trabajos barriales conducidos por una elite que no se 
retroalimente convenientemente con las enseñanzas populares del barrio. 
Posicionarse como una vanguardia esclarecida, que juzga desde torres de 
cristal aquellos procesos que ciertos científicos identificados con la 
"neutralidad valorativa" categorizan como "populistas", suele engendrar todo 
tipo de disparates. Mucho más si el discurso "vanguardista" toma al pie de 
la letra aquellos textos que teóricos lúcidos, y muchas  veces heroicos, 
gestaron para dar respuestas adecuadas  en contextos bien distintos. En 
América Latina esas respuestas construidas para dichos contextos suelen 
resultar muy útiles si se las asume como  guías para nuevas prácticas 
revolucionarias  (que deben gestar adaptaciones, correcciones y nuevas 
producciones propias),  pero nunca si se las incorpora como un compendio de 
verdades universales, es decir, como si fuesen la ley de la gravedad 
trasladada a la arena política. Esa izquierda que en otras ocasiones hemos 
denominado despistada (2),  comete un tremendo error al conducirse de tal 
manera y seguramente la única solución posible para el despiste consista en 
una relación realmente estrecha con las masas,  para  captar que la buena 
teoría sólo puede surgir de la relación dialéctica entre ellas y sus 
intelectuales. Ernesto Guevara nos enseñó que aún aquellos que se asumen 
como vanguardias (y el Che creía en esa forma de hacer política) deben 
sentir siempre el aliento del pueblo en la nuca (3), de lo contrario estarán 
perdidos o, retomando nuestro vocabulario: andarán permanentemente 
despistados.

Oportunistas

Ahora bien, más allá del problema  expresado,  no podemos dejar de advertir 
que en los procesos de cambio no todo obstáculo al mismo es producto de 
errores políticos personales o grupales, ya que un verdadero cáncer que 
suele actuar en forma devastadora contra ellos es el oportunismo. Sin 
embargo, a diferencia de lo que ocurre con los sectores de la izquierdista 
despistada,  el oportunismo no es un error de quienes lo practican sino un 
producto de la mala leche. Los oportunistas suelen actuar desde adentro del 
gobierno popular pero en realidad son sus enemigos;  sujetos que han 
internalizado a lo largo de toda su vida los valores de las clases 
dominantes y que no realizan el menor intento por revolucionar sus propias 
cabezas para poder ser útiles a un proceso de liberación. Del mismo sólo les 
interesa la posibilidad de conquistar un status (en el terreno económico, 
político e ideológico) que jamás pudieron alcanzar en esa  sociedad que 
dicen combatir, aunque nunca hayan renunciado a sus valores. En realidad 
suelen encolumnarse con el cambio más por resentimiento ante "una sociedad 
que no los jerarquizó por lo mucho que valen",  que por auténticas 
convicciones revolucionarias.

Somos conscientes que la lucha contra las ideas de las clases dominantes 
presenta dificultades, sobre todo para los integrantes de las capas medias 
que solemos ser sus víctimas más frecuentes. Este problema se agrava en 
aquellos países de nuestra América Latina donde  históricamente dichas capas 
encontraron un mayor desarrollo, como en Argentina, Chile o Uruguay. Aunque 
pretendamos ser revolucionarios vivimos en sociedades en las que esas ideas 
están al acecho con su canto de sirenas,  y eso no se termina sólo con la 
llegada al gobierno de los sectores populares.  Estamos impregnados por los 
valores dominantes aún después del inicio del cambio, ya que con ellos hemos 
sido socializados desde los primeros años de vida;  si el proceso se dio en 
familias de las capas medias mucho más. Los hemos incorporado en la escuela, 
en la universidad, con la televisión, en diversas instituciones y lugares de 
trabajo.  Quienes menos influencias han recibido son aquellos que se ubican 
precisamente en los márgenes de dicha sociedad. Por esta razón la lucha por 
forjar una cultura alternativa es una tarea compleja que requiere tiempo, 
trabajo consecuente, crítica y autocrítica permanentes. Pero hay que saber 
quiénes están dispuestos a dar esa lucha y quiénes no.

Oportunismo y valores dominantes

Veamos cuáles son los principales valores dominantes en los países inmersos 
en el  capitalismo dependiente. El individualismo, la competencia  entre 
pares, el abuso sobre los que cuentan con menos defensas (presentando dicho 
abuso como ejercicio de "desigualdades naturales") y la resistencia a la 
construcción seria de proyectos colectivos (aunque  dicha resistencia no se 
suele explicitar sino como una defensa de la iniciativa personal). Estos 
valores conspiran contra todo intento de cambio favoreciendo la 
fragmentación, dispersión y con frecuencia derrota de los sectores 
nacionales y populares. Con el agravante de que en la posmodernidad, y como 
sosteníamos en otro trabajo (4), la fragmentación ha sido naturalizada, 
percibida como algo natural de la especie humana, tan natural como el 
individualismo y la competencia. Estimular esos valores es tarea que con 
gran eficiencia llevan adelante los forjadores y difusores de ideas 
favorables a los intereses de las clases dominantes, y muchas veces desde 
adentro de los procesos de cambio. Por eso cada vez que un intelectual de 
las mismas pretenda seducirnos con las bondades de estos valores debemos 
dudar de las intenciones reales del mensajero. Sabemos  que no hay hombres 
libres en el seno de un pueblo oprimido. Pero a su vez, no hay posibilidades 
de superar esa situación si no es a través de la acción colectiva y 
democrática de todas las víctimas. Acción que necesariamente debe estar 
guiada por valores alternativos a los que el capitalismo semicolonial  suele 
difundir en nuestra tierra.

Por lo dicho resulta particularmente grave la práctica de ciertos dirigentes 
(o aspirantes a dicha condición) del campo nacional y popular que tras su 
discurso "liberador" intentan esconder prácticas que se rigen por los 
valores que estamos cuestionando. Es evidente que todos, en mayor o menos 
media,  estamos influenciados por dichos valores, pero si el desafío para 
superarlos no es cotidiano y sin concesiones nuestro triunfo será imposible. 
Los que conspiran contra los proyectos colectivos dentro del campo nacional 
y popular, los que priorizan con conciencia plena sus propios intereses, los 
que compiten con el compañero para desplazarlo y si es posible pisarle la 
cabeza cuando es visualizado como un obstáculo para la realización de los 
fines personales, son enemigos de la liberación  aunque se cuelguen el 
cartelito de "nacionales,  populares y revolucionarios". Por lo que quienes 
ocultan esta cuestión, so pretexto de no debilitar nuestra "política 
integradora", terminan actuando como cómplices  que impiden objetivamente el 
desarrollo de los anticuerpos necesarios. La enfermedad cuando se instala 
debe ser reconocida y combatida para que no termine matando al organismo que 
la padece. Es una metáfora, lo sabemos, pero vale más que una explicación 
teórica de varias páginas.

Es habitual que ese tipo de "revolucionarios" se desempeñen como dirigentes, 
no necesariamente por sus capacidades y aportes reales al cambio, sino 
porque han dedicado buena parte de su actuación política a escalar 
posiciones. No cabe en sus cabezas la posibilidad de llegar a veteranos en 
la condición de simples militantes, por eso toda la práctica diaria apunta a 
gestar las condiciones más propicias para:
1.      ascender en la pirámide del poder político,
2.      lograr la conquista del mayor bienestar económico individual 
posible;  y (si tienen algunas luces),
3.      figurar como ideólogos del proceso,  pero sólo como medio para 
incrementar el prestigio personal y obstaculizar los cambios más profundos 
que podrían arrasar con sus propios privilegios.

No queremos decir con esto que todo dirigente popular tenga esta 
característica por el simple hecho de dirigir; de ninguna manera. Muchos 
llegan por méritos reales: militancia honesta y consecuente, dotes para la 
conducción, capacidad para gestar ideas alternativas y el afecto general de 
sus compañeros. Para ello han privilegiado valores como solidaridad, 
colaboración, sacrificio.  Esos son los buenos dirigentes, aquellos de los 
que debe nutrirse el proceso transformador para llegar a buen puerto. Pero 
también están los otros y su presencia, en estos días de la posmodernidad, 
no es menor, para desgracia de la  liberación latinoamericana. Por  ello es 
necesario identificarlos y ponerlos fuera de acción.

Para identificar oportunistas

Los oportunistas son fácilmente identificables con sólo prestar atención a 
sus comportamientos diarios y a sus biografías comprobables (que 
generalmente no coinciden con las que ellos explicitan). Por lo tanto el 
sentido de la observación debe estar mucho más atento que el auditivo, ya 
que aquí no debemos juzgar las palabras que se emiten sino los hechos que se 
consuman. Lo primero que se debe tener en cuenta es que  estos políticos se 
caracterizan por una concepción maquiavélica, no siempre manifiesta pero de 
práctica constante: el fin justifica los medios. Con el agravante de que su 
verdadero fin resulta incongruente con el proceso de liberación. Se supone 
que si nos estamos refiriendo a un dirigente del campo nacional y popular el 
fin último es siempre el cambio revolucionario para acabar con las 
estructuras semicoloniales y socialmente opresivas del país en cuestión. Sin 
embargo, si observamos detenidamente veremos que para el oportunista no es 
así. El discurso de estos dirigentes en principio expresa que están luchando 
por eso, pero sus acciones van en la dirección contraria.  Por lo tanto es 
imprescindible estar atentos a ciertas contradicciones:
Dicen que no les interesa el poder personal, pero trabajan a diario para 
acumularlo y no dudan en transar con el enemigo si eso favorece sus 
objetivos. Observar la cantidad de cargos ejercidos  en extensos períodos y 
con qué resultados efectivos para el proceso de liberación.
Dicen aspiran a cambiar la vida del pueblo, pero sólo consiguen cambiar 
sustancialmente sus propias vidas. Observar la acumulación de bienes 
materiales, que eran inexistentes o significativamente menores a la hora de 
iniciar la actuación política,
Dicen ser nacionales  y populares, revolucionarios o socialistas, pero cada 
vez que actúan lo hacen contra los intereses de los sectores oprimidos y 
excluidos que supuestamente defienden. Observar comportamientos políticos 
concretos como el que se dio en el congreso argentino a la hora de votar a 
favor o en contra de  la Resolución 125 (de retenciones  a la renta 
oligárquica), o el de aquellos burócratas que impiden el avance de la 
revolución y debate popular en el seno del chavismo venezolano.

Por lo tanto, todo dirigente de un proceso popular que cae en estas 
lamentables contradicciones termina por convertirse en un verdadero enemigo 
interno aunque generalmente camuflado. Para sostenerse debe apelar a la 
mentira, la falta de escrúpulos y si es necesario a la destrucción de otros 
compañeros a los que percibe como enemigos para sus fines, siempre 
orientados por valores e intereses  propios de las clases dominantes. Un 
oportunista como el Vicepresidente argentino  Julio César Cleto Cobos, dice 
responder a lo que la  gente expresó en las urnas (triunfo de la (fórmula 
Fernández-Cobos) para justificar su permanencia en el gobierno después de 
haber votado en contra de la Resolución 125 impulsada por el poder 
ejecutivo. Sin embargo lo que hace es utilizar ese espacio conquistado 
gracias a los Kirchner (ya que tenía pocos votos propios) para conspirar 
contra el gobierno, intentando construir su propio futuro político.  También 
debemos considerar que la consolidación  de las burocracias suele ser caldo 
de cultivo para el oportunismo, y cuando esto ocurre en un partido 
revolucionario termina conspirando contra el cambio que conduce.  Con 
respecto al  PT de Brasil señala con acierto Emir Sader:
"El envejecimiento interno del partido es obvio, no solamente por la edad de 
sus miembros, sino también por la falta de iniciativas, de ideas, de 
creatividad, de alegría, para encarar los nuevos desafíos con un rico y 
pluralista debate interno" (5).

No es lo mismo el despiste que el oportunismo

Esta caracterización del perfil de un dirigente convertido en enemigo 
interno, consideramos que puede resultar útil para evitar decepciones en el 
militante novel o ingenuo, que a veces conducen al abandono definitivo de la 
política por la sospecha de que todos son más de lo mismo. De allí que 
ningún favor se le hace a la lucha revolucionaria cuando los integrantes 
(con experiencia) del campo nacional y popular, y mucho más cuando se 
identifican como socialistas (lo cual en la actualidad es más frecuente en 
países como Venezuela y Bolivia que en Argentina), hacen la vista gorda para 
no "debilitar o fragmentar" el proceso de liberación. Para que la política 
sea una actividad convocante para los jóvenes, a los más experimentados se 
les presentan varios desafíos por delante, pero uno de ellos, y nada menor 
por cierto, es devolverle a la política revolucionaria su credibilidad. Un 
gran paso en esa dirección es por un lado orientar a los despistados; por 
otro,  detectar, denunciar y poner fuera de acción a los oportunistas. 
Porque el despiste que describimos en los primeros párrafos es atribuible en 
la mayoría de los casos (sin descartar excepciones) a graves errores en la 
visión y ejercicio de la política,  mientras que el oportunismo no es un 
error,  es producto de la mala leche del que sólo busca su propio  interés, 
del que aprovecha la oportunidad para el beneficio personal, por lo que 
nunca ha renunciado a las ideas dominantes que dice combatir.  Tanto el 
despiste de cierta izquierda como el oportunismo de no pocos dirigentes del 
campo nacional y popular, son obstáculos significativos para el avance de 
los procesos de liberación que intentamos transitar en América Latina 
durante este siglo XXI.  Sin embargo, ponerlos en pie de igual no resulta 
justo ni conveniente. Del error que despista se puede volver, no es una 
fatalidad histórica, sobre todo si se reorienta la práctica  cotidiana hacia 
una relación cada vez más estrecha con los sectores populares y se aprende 
de ellos. Hay muchos ejemplos positivos al respecto, incluidos algunos 
amigos personales.   Mientras que la mala leche que guía el oportunismo 
suele ser un camino sólo de ida,  ya que quienes lo practican no tienen otra 
intención que el beneficio personal. No olvidarlo es un deber para todo 
revolucionario.

La Plata, 8 diciembre de 2008

(1)    http://www.constituyentesoberana.org/3/docsanal/032008/170308_1.html


(2)    Franzoia Alberto: Una respuesta a los grupos de la izquierda 
argentina despistada, publicado digitalmente el 4 de julio de 2008 (El 
Ortiba, Avizora, Catamarcaya, Reconquista Popular, Redacción Popular)

(3)    Guevara Ernesto: El socialismo y el hombre en Cuba. Editora Política 
La Habana en 1988

(4)    Franzoia Alberto: Dar batalla contra la derrota cultural es una 
prioridad, publicado digitalmente el 14 de noviembre de 2008 (El Ortiba, 
Avizora, Reconquista Popular, Redacción Popular)

(5)    Sader Emir: Brasil: el PT envejeció internamente y necesita 
revigorizarse,  publicado digitalmente el 30 de noviembre de 2008 (Cuaderno 
de la Ciencia Social-Novedades de diciembre)

 





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