[R-P] "PICHOTO" Y SU OFENSIVO BOLAZO

Prensa Schiavoni prensaschiavoni en arnet.com.ar
Dom Dic 7 15:33:53 MST 2008


(La Palabra) "No estuvo muy feliz en sus declaraciones Miguel Pichetto, el 
jefe de la bancada oficialista en el Senado, en el debate en torno a la 
prórroga de la Emergencia Económica -un engendro que le otorga al Poder 
Ejecutivo poderes prácticamente omnímodos para centralizar los recursos 
tributarios en el Poder Ejecutivo y ejecutar el presupuesto nacional de 
manera discrecional- declaró que los argentinos "tenemos que pagar la deuda 
externa, no podemos caer en el default como Correa en Ecuador. No somos un 
país bananero, tenemos que pagar."

El docto Atilio  Borón, director del Programa Latinoamericano de Educación a 
Distancia en Ciencias Sociales (PLED), señaló que "con su exabrupto, 
Pichetto pasó a engrosar la larga fila de simpatizantes y partidarios del 
kirchnerismo que con sus dichos y sus acciones parecen diabólicamente 
empeñados en entorpecer la gestión de la Presidenta Cristina Fernández en 
vez de facilitarla"-

Consideró que "su torpe declaración demuestra también que la sabiduría y el 
tacto político no son precisamente las virtudes que caracterizan a la 
primera espada del oficialismo en el Senado"
"En primer lugar, el sólo hecho de hablar de 'país bananero' es de por sí 
repudiable y merece una enérgica condena: su uso significa no otra cosa que 
la asimilación del lenguaje racista y colonialista que inventó la derecha 
norteamericana desde finales del siglo diecinueve para justificar sus 
tropelías en el Caribe y Centroamérica. Lo que subyace a esa caracterización 
es la idea de que hay pueblos inferiores y pueblos de señores, y que las 
repúblicas que pretenden instaurar los primeros están fatalmente condenadas 
a degenerar en "bananeras" debido a la irremediable inferioridad racial de 
sus poblaciones.

Se trata, por lo tanto, de un error mayúsculo en labios de un representante 
de un gobierno que se esmera por aparecer como 'progresista' y, peor aún, 
cuando además lo refiere a un país cuyo gobernante, Rafael Correa, mantiene 
excelentes relaciones con la Casa Rosada que es de desear no se resientan 
por este lamentable comentario", entendió.

Borón manifestó que "hay otra consideración, tal vez más grave que la 
precedente: ¿cómo es posible que se descalifique tan groseramente a un 
gobierno como el ecuatoriano, que ha tenido la sensatez y la valentía de 
ordenar la realización de una rigurosa auditoría internacional de su deuda 
externa? Si Ecuador es una "república bananera", ¿cómo calificar a la 
Argentina, que la ha venido pagando a lo largo de veinticinco años sin que 
sus sucesivos gobernantes prestaran la menor atención a las numerosas voces 
que plantearon la insanable ilegitimidad de una deuda contraída en su gran 
mayoría por la más atroz dictadura de nuestra historia, y en la cual se 
conculcaron todas las libertades y garantías constitucionales? Tal como lo 
comenta un estudioso del tema, el ex diputado justicialista Mario Cafiero, 
ningún gobierno se atrevió a investigar la génesis de la deuda externa. El 
de Néstor Kirchner no fue excepción a esta regla porque la renegoció -es 
cierto que obteniendo una importante quita- pero aceptando tácitamente la 
legitimidad de la deuda generada por la última dictadura militar mediante 
toda clase de negociados y fraudulentas operaciones financieras".

Siendo riguroso con los términos "podría redefinirse el concepto diciendo 
que una 'república bananera' es la que obedece sin chistar al amo imperial y 
a sus acreedores, por más que éstos sean simples delincuentes de cuello 
blanco como los que controlan el sistema financiero internacional. Sin 
caracterizarse por un clima precisamente tropical gobiernos como los de la 
República Checa o Polonia son exponentes insuperables de esa forma de 
régimen político. En otras palabras, no es necesario producir bananas para 
ser una "república bananera". Lo esencial es la obsecuencia ante el 
emperador y la voluntad de ser su sirviente y su lamebotas. Otro ejemplo 
notable: la Argentina en los años de Menem, cuando se proclamó la insólita 
doctrina de que ese país debería tener no sólo buenas relaciones con la Casa 
Blanca. Tal cosa era insuficiente: para insertarse seriamente en la 
globalización neoliberal ¡debía tener "relaciones carnales" con Estados 
Unidos!

Resumiendo: una "república bananera" es la que actúa solícitamente ante los 
reclamos del imperio para aprobar en menos de lo que canta un gallo el 
emplazamiento de cohetes con ojivas nucleares apuntando a Rusia; o una 
legislación antiterrorista que en los hechos criminaliza toda forma de 
protesta social; o la que canceló de un plumazo la deuda con el FMI cuando 
este requería urgentemente de fondos frescos, operación ésta realizada al 
unísono por los gobiernos de Brasil y Argentina y presentada ante la opinión 
pública como un audaz "desendeudamiento" que, supuestamente, colocaría a 
estos países más allá del alcance del FMI y del dogma neoliberal".

"Una república digna de ese nombre, en cambio, actúa como lo ha hecho el 
Ecuador, que sin aspavientos ni estridencias exige y convoca a una auditoría 
internacional de su deuda externa y declara que sólo pagará lo que 
legítimamente se adeuda y ni un centavo de más; o que expulsa del país a una 
firma transnacional brasileña, Oderbrecht, porque construyó una planta 
hidroeléctrica con daños estructurales. Habría que recordarle al desatinado 
senador que una verdadera república no reforma la Constitución Nacional como 
lo hizo la Argentina en 1994: producto de un pacto sellado a puertas 
cerradas entre los dos principales líderes políticos del país y aprobando 
como ley suprema de la Nación lo que decidieron los convencionales sin 
someter el nuevo texto al veredicto final del pueblo, como sí lo hizo Correa 
con la nueva constitución ecuatoriana, abrumadoramente ratificada por la 
voluntad popular.

Por eso la de Ecuador no sólo es una de las más avanzadas del mundo sino 
también una de las más legítimas. Avanzada, no sólo porque entraña un 
largamente postergado reconocimiento de los derechos de los pueblos 
originarios y sus instituciones, lenguas y culturas sino también porque 
establece, entre muchas otras notables innovaciones, que la naturaleza es 
sujeto de derecho y no una mercancía que se puede utilizar y abusar sin 
ninguna clase de restricciones como se hace en la Argentina, que permite que 
los grandes oligopolios transnacionales devasten el bosque nativo, las 
cuencas acuíferas, los valles y los glaciares cordilleranos. Si como dice 
Pichettp Ecuador es una república bananera, ¿nosotros qué diablos somos?", 
concluyó. 




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