[R-P] Declaración de la Mesa Nacional de Patria y Pueblo - 30 de noviembre, Argentina
Juan María Escobar
escobar45 en infovia.com.ar
Jue Dic 4 00:50:47 MST 2008
DECLARACIÓN DE LA MESA NACIONAL DE CONDUCCIÓN
DEL PARTIDO PATRIA Y PUEBLO - IZQUIERDA NACIONAL
La Mesa Nacional de Conducción del partido Patria y Pueblo, reunida en la
ciudad de Buenos Aires el 29 y 30 de noviembre, ha emitido la siguiente
declaración:
Los anuncios de medidas económicas del gobierno nacional en respuesta a la
crisis del sistema capitalista mundial son muy auspiciosos. La creación de
un Ministerio de la Producción (que es de esperar mantenga fluidos vínculos
con el de Ciencia y Tecnología, también creación de este gobierno), junto a
la inyección de 71 mil millones de pesos en obras públicas demuestran
claramente que se busca preservar el nivel de actividad económica, los
puestos de trabajo y los ingresos de la población. Revelan una clara
intención de blindar la economía doméstica contra la recesión mundial,
independizándola de la volatilización de valores especulativos que venían
dominando al capital imperialista en los últimos treinta y cinco años.
Este rumbo se contrapone a la práctica de los sucesivos gobiernos
posteriores a 1976 (e incluso a 1955), de pagar con hambre argentina las
alternativas bajistas del ciclo de reproducción global de los grandes
capitales. En lugar de importar crisis ajenas, se procura asegurar la
continuidad del crecimiento encarado a partir de 2003.
Se revela así cuán acertada fue la renacionalización del fondo de salarios
diferidos en el sistema previsional, eliminando la gestión privada
(mayoritariamente extranjera) del mismo. La masa de riqueza que se ahorra
para asegurar las jubilaciones, en lugar de aceitar los engranajes oxidados
del sistema especulativo, pasa a fomentar la industrialización y la creación
de más riqueza en el seno de nuestra Patria sin pagarle peaje a una gavilla
de ladrones de guante blanco sobre los cuales nadie ejercía autoridad
alguna. Fue, por lo tanto, un acto elemental de soberanía económica que
ahora muestra toda su potencialidad.
Los anuncios se refieren a aspectos preliminares de una solución global. A
nadie puede escapar, por ejemplo, que los beneficios para blanqueo de
capitales evadidos son apenas una señal de buena voluntad de parte del
Estado y el pueblo argentino. Ni siquiera bajo la amenaza de pérdida de su
valor en el mundo central cabe esperar un retorno masivo de los 130 000
millones de dólares que exportaron de nuestro país durante las últimas
décadas. Quienes los extrajeron no los devolverán, salvo en caso de crisis
metropolitana aguda. Y si viniera ese caso, serán los estados imperialistas
los que romperán las reglas que aplican a otros y se negarán a permitir su
salida.
La moratoria impositiva y el blanqueo de los trabajadores en "negro" (o sea,
explotados fuera de la ley) tendrán seguramente mayor eficacia. No dejan de
ser, sin embargo, un paliativo que en modo alguno puede sustituir la
reinversión de la riqueza acumulada por un empresariado que ha atravesado un
largo lustro de bonanza espectacular. Este esfuerzo no tendrá lugar sin una
decidida orientación de la actividad económica por el Estado.
Entendemos estas medidas por lo tanto como la antesala de un proceso de
reconstitución de la capacidad interventora del Estado central, para guiar
efectivamente el destino de la riqueza producida por el trabajo mancomunado
de toda la Nación. Solo serán efectivas si los trabajadores y pequeños y
medianos empresarios de la ciudad y del campo encuentran en el Estado un
poder articulador de su efectiva movilización en defensa del interés de la
Patria. Caso contrario, se pondrá en riesgo la efectiva realización de tan
plausibles intenciones.
Un porcentaje sustancial de la economía argentina se encuentra en manos de
firmas imperialistas. Áreas fundamentales como la minera, energética,
petroquímica y agroquímica, comercio exterior, finanzas, etc., siguen aún en
manos de intereses que no consultan en lo más mínimo las necesidades de
nuestro pueblo y, por el contrario, en manos de sus actuales administradores
sirven como mecanismo extorsivo privilegiado frente a todo intento de
encauzarlas hacia el bien común. "Educan", además, al capital local en este
Credo menos "liberal" que antiargentino. Esta aberrante herencia sigue
poniendo un fuerte interrogante sobre la posibilidad de gestionar nuestra
vida cotidiana en función de nuestras grandes masas.
Los intentos de cerrar líneas de producción y reducir personal vuelven a
demostrar que en la estrategia mundial de esos pulpos la población argentina
es mera variable de ajuste. Patria y Pueblo propicia que el Estado
intervenga en cualquier establecimiento que cierre debido a esos motivos
para garantizar la continuidad de su funcionamiento, dándole si es necesario
un tratamiento equivalente al recibido por los estafadores del grupo Marsans
en el caso de Aerolíneas Argentinas. No debería descartarse, en esas
situaciones, la coadministración junto a sus trabajadores, único sostén
inquebrantable de la voluntad nacional.
Está hoy más vigente que nunca la propuesta del General Juan Perón, en mayo
de 1974, de no detenerse hasta que todas las palancas principales de nuestra
vida económica se encuentren bajo efectivo y firme control argentinos, a
través de la intervención estatal. La seguridad jurídica del gran capital no
puede prevalecer sobre el derecho de los argentinos a una vida digna.
Patria y Pueblo afirma también que el fortalecimiento de nuestra
independencia económica, punto de partida de cualquier política soberana
ante el derrumbe del esquema monopólico imperialista, depende de la
participación activa y la movilización del pueblo argentino. Para ello se
requiere que se sienta partícipe del esfuerzo nacional. No se trata de
redistribuir productos que aún no se han elaborado, sino de asegurar que las
grandes masas populares sientan en su propia vida los efectos benéficos del
rumbo elegido y asuman su defensa a rajatabla.
La división del campo del pueblo conspira contra este objetivo. La reciente
transformación mediática de un acotado fallo de la Suprema Corte en punto de
partida de una supuestamente "necesaria" marcha hacia la "libertad sindical"
se opone a su consecución. En el mismo momento en que se unen las
patronales, cuya responsabilidad en la evasión de capitales es indiscutible,
esta algarabía del estáblishment denota la intención de dividir a los
trabajadores.
La "libertad sindical" nada tiene que ver con la muy necesaria
democratización de la vida interna de las organizaciones gremiales de los
trabajadores. Por el contrario, al dividir a los explotados frente a los
explotadores favorece la "dictadura patronal". La segmentación de las
representaciones laborales en torno a cuestiones secundarias, justo cuando
es más necesaria la unificación de la capacidad de lucha del movimiento
obrero, es una pésima consigna. Más allá de las buenas intenciones de muchos
compañeros que sostienen la conveniencia de este camino, jamás en la
historia de nuestro movimiento obrero se había propiciado la "libertad de
elección" del sindicato representativo: la afiliación a una estructura de
defensa de los salarios no sigue la lógica de un consumidor ante la góndola
del supermercado.
Otra limitación, que no es exclusiva de la Argentina pero que en la medida
que nos toca debemos señalar, es que cada país de América Latina y de la
UNASUR enfrenta la crisis mundial en forma individual. La única defensa real
de nuestros mercados internos y de la capacidad de generación de puestos de
trabajo, el único mecanismo de consolidación monetaria, la única defensa
sistémica a la crisis sistémica, pasa por la coordinación de esfuerzos entre
todos los países involucrados.
Se impone a la Argentina el deber de articular los esfuerzos, hasta ahora
aislados, de toda América del Sur, colaborando estrechamente, en primer
lugar, con sus vecinos hispanoparlantes. De ese modo se podrá concertar
luego políticas conjuntas con el Brasil, ofreciéndole al gobierno de este
último país tanto un interlocutor válido como un punto de apoyo contra la
rapaz burguesía bandeirante de San Pablo, que desde 1964 actúa más como
socio interno del capital imperialista que como verdadero núcleo de
unificación nacional.
La crisis mundial obliga a las grandes potencias imperialistas a
concentrarse en sus propios problemas y sus disputas internas. Se abre una
oportunidad única en los últimos setenta años. Es nuestro deber aprovecharla
al máximo. Los socialistas de la Izquierda Nacional, organizados en Patria y
Pueblo, convocamos a todos nuestros compatriotas a ser lo que debemos ser y
utilizar en nuestro provecho las inmensas fuerzas que se han puesto en
movimiento, para no ser aniquilados por ellas.
Buenos Aires, 30 de noviembre de 2008
Mesa Nacional de Conducción:
Néstor Gorojovky, Secretario General
Rubén Rosmarino, Baylon Gerez, Ricardo Solohaga, Elmira Cisneros de Lara,
Gustavo Battistoni, Juan Mª Escobar, Hugo Santos, Pablo López y Lorena
Vazquez
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