[R-P] Declaracón de la Mesa Nacional de Patria y Pueblo - 30 de noviembre, Argentina

Juan María Escobar escobar45 en infovia.com.ar
Jue Dic 4 00:42:32 MST 2008


DECLARACIÓN DE LA MESA NACIONAL DE CONDUCCIÓN
DEL PARTIDO PATRIA Y PUEBLO - IZQUIERDA NACIONAL



La Mesa Nacional de Conducción del partido Patria y Pueblo, reunida en la 
ciudad de Buenos Aires el 29 y 30 de noviembre, ha emitido la siguiente 
declaración:

Los anuncios de medidas económicas del gobierno nacional en respuesta a la 
crisis del sistema capitalista mundial son muy auspiciosos. La creación de 
un Ministerio de la Producción (que es de esperar mantenga fluidos vínculos 
con el de Ciencia y Tecnología, también creación de este gobierno), junto a 
la inyección de 71 mil millones de pesos en obras públicas demuestran 
claramente que se busca preservar el nivel de actividad económica, los 
puestos de trabajo y los ingresos de la población. Revelan una clara 
intención de blindar la economía doméstica contra la recesión mundial, 
independizándola de la volatilización de valores especulativos que venían 
dominando al capital imperialista en los últimos treinta y cinco años.
Este rumbo se contrapone a la práctica de los sucesivos gobiernos 
posteriores a 1976 (e incluso a 1955), de pagar con hambre argentina las 
alternativas bajistas del ciclo de reproducción global de los grandes 
capitales. En lugar de importar crisis ajenas, se procura asegurar la 
continuidad del crecimiento encarado a partir de 2003.
Se revela así cuán acertada fue la renacionalización del fondo de salarios 
diferidos en el sistema previsional, eliminando la gestión privada 
(mayoritariamente extranjera) del mismo. La masa de riqueza que se ahorra 
para asegurar las jubilaciones, en lugar de aceitar los engranajes oxidados 
del sistema especulativo, pasa a fomentar la industrialización y la creación 
de más riqueza en el seno de nuestra Patria sin pagarle peaje a una gavilla 
de ladrones de guante blanco sobre los cuales nadie ejercía autoridad 
alguna. Fue, por lo tanto, un acto elemental de soberanía económica que 
ahora muestra toda su potencialidad.
Los anuncios se refieren a aspectos preliminares de una solución global. A 
nadie puede escapar, por ejemplo, que los beneficios para blanqueo de 
capitales evadidos son apenas una señal de buena voluntad de parte del 
Estado y el pueblo argentino. Ni siquiera bajo la amenaza de pérdida de su 
valor en el mundo central cabe esperar un retorno masivo de los 130 000 
millones de dólares que exportaron de nuestro país durante las últimas 
décadas. Quienes los extrajeron no los devolverán, salvo en caso de crisis 
metropolitana aguda. Y si viniera ese caso, serán los estados imperialistas 
los que romperán las reglas que aplican a otros y se negarán a permitir su 
salida.
La moratoria impositiva y el blanqueo de los trabajadores en "negro" (o sea, 
explotados fuera de la ley) tendrán seguramente mayor eficacia. No dejan de 
ser, sin embargo, un paliativo que en modo alguno puede sustituir la 
reinversión de la riqueza acumulada por un empresariado que ha atravesado un 
largo lustro de bonanza espectacular. Este esfuerzo no tendrá lugar sin una 
decidida orientación de la actividad económica por el Estado.
Entendemos estas medidas por lo tanto como la antesala de un proceso de 
reconstitución de la capacidad interventora del Estado central, para guiar 
efectivamente el destino de la riqueza producida por el trabajo mancomunado 
de toda la Nación. Solo serán efectivas si los trabajadores y pequeños y 
medianos empresarios de la ciudad y del campo encuentran en el Estado un 
poder articulador de su efectiva movilización en defensa del interés de la 
Patria. Caso contrario, se pondrá en riesgo la efectiva realización de tan 
plausibles intenciones.
Un porcentaje sustancial de la economía argentina se encuentra en manos de 
firmas imperialistas. Áreas fundamentales como la minera, energética, 
petroquímica y agroquímica, comercio exterior, finanzas, etc., siguen aún en 
manos de intereses que no consultan en lo más mínimo las necesidades de 
nuestro pueblo y, por el contrario, en manos de sus actuales administradores 
sirven como mecanismo extorsivo privilegiado frente a todo intento de 
encauzarlas hacia el bien común. "Educan", además, al capital local en este 
Credo menos "liberal" que antiargentino. Esta aberrante herencia sigue 
poniendo un fuerte interrogante sobre la posibilidad de gestionar nuestra 
vida cotidiana en función de nuestras grandes masas.
Los intentos de cerrar líneas de producción y reducir personal vuelven a 
demostrar que en la estrategia mundial de esos pulpos la población argentina 
es mera variable de ajuste. Patria y Pueblo propicia que el Estado 
intervenga en cualquier establecimiento que cierre debido a esos motivos 
para garantizar la continuidad de su funcionamiento, dándole si es necesario 
un tratamiento equivalente al recibido por los estafadores del grupo Marsans 
en el caso de Aerolíneas Argentinas. No debería descartarse, en esas 
situaciones, la coadministración junto a sus trabajadores, único sostén 
inquebrantable de la voluntad nacional.
Está hoy más vigente que nunca la propuesta del General Juan Perón, en mayo 
de 1974, de no detenerse hasta que todas las palancas principales de nuestra 
vida económica se encuentren bajo efectivo y firme control argentinos, a 
través de la intervención estatal. La seguridad jurídica del gran capital no 
puede prevalecer sobre el derecho de los argentinos a una vida digna.
Patria y Pueblo afirma también que el fortalecimiento de nuestra 
independencia económica, punto de partida de cualquier política soberana 
ante el derrumbe del esquema monopólico imperialista, depende de la 
participación activa y la movilización del pueblo argentino. Para ello se 
requiere que se sienta partícipe del esfuerzo nacional. No se trata de 
redistribuir productos que aún no se han elaborado, sino de asegurar que las 
grandes masas populares sientan en su propia vida los efectos benéficos del 
rumbo elegido y asuman su defensa a rajatabla.
La división del campo del pueblo conspira contra este objetivo. La reciente 
transformación mediática de un acotado fallo de la Suprema Corte en punto de 
partida de una supuestamente "necesaria" marcha hacia la "libertad sindical" 
se opone a su consecución. En el mismo momento en que se unen las 
patronales, cuya responsabilidad en la evasión de capitales es indiscutible, 
esta algarabía del estáblishment denota la intención de dividir a los 
trabajadores.
La "libertad sindical" nada tiene que ver con la muy necesaria 
democratización de la vida interna de las organizaciones gremiales de los 
trabajadores. Por el contrario, al dividir a los explotados frente a los 
explotadores favorece la "dictadura patronal". La segmentación de las 
representaciones laborales en torno a cuestiones secundarias, justo cuando 
es más necesaria la unificación de la capacidad de lucha del movimiento 
obrero, es una pésima consigna. Más allá de las buenas intenciones de muchos 
compañeros que sostienen la conveniencia de este camino, jamás en la 
historia de nuestro movimiento obrero se había propiciado la "libertad de 
elección" del sindicato representativo: la afiliación a una estructura de 
defensa de los salarios no sigue la lógica de un consumidor ante la góndola 
del supermercado.
Otra limitación, que no es exclusiva de la Argentina pero que en la medida 
que nos toca debemos señalar, es que cada país de América Latina y de la 
UNASUR enfrenta la crisis mundial en forma individual. La única defensa real 
de nuestros mercados internos y de la capacidad de generación de puestos de 
trabajo, el único mecanismo de consolidación monetaria, la única defensa 
sistémica a la crisis sistémica, pasa por la coordinación de esfuerzos entre 
todos los países involucrados.
Se impone a la Argentina el deber de articular los esfuerzos, hasta ahora 
aislados, de toda América del Sur, colaborando estrechamente, en primer 
lugar, con sus vecinos hispanoparlantes. De ese modo se podrá concertar 
luego políticas conjuntas con el Brasil, ofreciéndole al gobierno de este 
último país tanto un interlocutor válido como un punto de apoyo contra la 
rapaz burguesía bandeirante de San Pablo, que desde 1964 actúa más como 
socio interno del capital imperialista que como verdadero núcleo de 
unificación nacional.
La crisis mundial obliga a las grandes potencias imperialistas a 
concentrarse en sus propios problemas y sus disputas internas. Se abre una 
oportunidad única en los últimos setenta años. Es nuestro deber aprovecharla 
al máximo. Los socialistas de la Izquierda Nacional, organizados en Patria y 
Pueblo, convocamos a todos nuestros compatriotas a ser lo que debemos ser y 
utilizar en nuestro provecho las inmensas fuerzas que se han puesto en 
movimiento, para no ser aniquilados por ellas.

Buenos Aires, 30 de noviembre de 2008

Mesa Nacional de Conducción:
Néstor Gorojovky, Secretario General
Rubén Rosmarino, Baylon Gerez, Ricardo Solohaga, Elmira Cisneros de Lara, 
Gustavo Battistoni, Juan Mª Escobar, Hugo Santos, Pablo López y Lorena 
Vazquez 




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