[R-P] [E. Lacolla] Aerolíneas: ¿el primer paso?
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Sab Ago 23 13:15:40 MDT 2008
Aerolíneas: ¿el primer paso?
Por Enrique Lacolla
/Algo está pasando en la política argentina. El revés de la 125 parece
haber abierto una instancia democrática en el Congreso que podría ir
en definitiva en contra de quienes rechazaron aquel proyecto./
"No hay mal que por bien no venga" dice el refrán y quizá sea este muy
aplicable a la peripecia política argentina que se ha precipitado
después del rechazo por el Congreso de la resolución 125, que
establecía las retenciones móviles al agro. Lo que fue un triste
despliegue de intereses sectoriales, puede estar transformándose en
una revitalización del Parlamento, por demasiado tiempo aherrojado en
una obediencia mecánica a los dictámenes del Poder Ejecutivo,
cualquiera este fuera.
La introducción, por tres grupos de diputados, de reformas de carácter
muy positivo al proyecto de ley por que el se reestatizan Aerolíneas
Argentinas y Austral, da prueba de lo que decimos. El bloque
kirchnerista, el bloque del Solidaridad e Igualdad y el único
representante del Proyecto Sur acordaron una serie de variaciones al
texto original que consolidan el carácter nacional de la iniciativa
oficial. De hecho, si el texto consensuado entre estos tres grupos se
impone también en el Senado, nos estaríamos aproximando a una virtual
expropiación de una de las empresas sobre las cuales las
privatizaciones del menemato trabajaron con mayor desvergüenza. La
línea de bandera fue, en efecto, vaciada por los capitales españoles
que la adquirieron a vil precio en 1991, iniciando una peripecia
calificada por el saqueo practicado por Iberia, primero, y proseguido
por American Airlines, la Sepi del Estado español y el grupo Marsans.
Aviones, simuladores de vuelo, rutas aéreas internacionales y otras
aun más importantes para mantener las conexiones entre las diversas
regiones de nuestro país, desaparecieron como por arte de
birlibirloque, tragadas por las operaciones de los nuevos dueños,
sobre los cuales los gobiernos de Menem y de De la Rúa jamás
intentaron ejercer el control. El mercado como único regulador del
tráfico aerocomercial y la piratería ínsita en el principio de la
maximización de las ganancias como único condicionante de la
explotación de una empresa, redundaron en la cuasi liquidación del
prestigio internacional ganado por la aerolínea de bandera fundada
durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón; y en el no pago de
aportes al personal, en retrasos en los sueldos y en un descalabro
operacional connotado por la "jibarización" de la flota, los atrasos
en los vuelos y la bronca de los usuarios.
Revertir o comenzar a revertir esta situación sería una señal de que
el gobierno comienza a encontrar un camino. Es probable que, para
profundizar en esa dirección, tenga que realizar varios relevos en su
seno, pero por algo se empieza. La actitud de la oposición de centro
derecha en torno del tema da toda la sensación de ser frívola, cuando
no maligna, y en el mejor de los casos aparecería aferrada a un
negativismo que reproduce los peores efectos del juego de masacre
–superficial, pero devastador para los intereses de la sociedad- que
consiste en objetar lo que propone el otro por el simple hecho de que
es el otro quien lo propone. La ocurrencia de rechazar el proyecto
oficial y en su lugar proponer la quiebra lisa y llana de la empresa
–para no hacerse cargo del pasivo doloso dejado por el grupo Marsans-
implicaría, en opinión de todos los expertos, la pérdida de 9000
puestos de trabajo y la pérdida de todas las rutas y la de los
permisos de vuelo a aeropuertos internacionales. Amén de dejar el
espacio aéreo del país a merced de las compañías extranjeras, que las
explotarían de acuerdo a los criterios mercadotécnicos que privilegian
la ganancia y se despreocupan de la integración estructural del país.
El lapso que requeriría formar una nueva aerolínea de bandera dícese
que sería de dos años (durante los cuales podría pasar cualquier cosa)
y podría también estirarse indefinidamente en el tiempo.
La aceptación por el gobierno de las modificaciones propuestas a su
proyecto por los diputados que lo perfeccionaron, deja de lado los
peligros mayores que existían en la forma original de la propuesta.
Las modificaciones estipulan que el Estado mantendrá siempre la
mayoría accionaria en las empresas, y que la compra de acciones se
realizará tomando como base de la tasación los valores a la fecha de
la intervención. Y se considera probable que si el grupo español no
acepta el arreglo, se procedería a la compra de las acciones de parte
del Gobierno de manera unilateral. Es decir, a la expropiación.
Esperemos que el proyecto fragüe bien y que obtenga el respaldo de
ambas Cámaras del Congreso. Pero asimismo no puede entendérselo como
un final sino apenas como un principio. La rentabilidad de las líneas
aéreas y, en realidad, de todos los servicios básicos que hacen a la
gestión de la nación, no puede pasar por el mero balance de caja, sino
por el cálculo global que resulta de poner en relación su trabajo con
el crecimiento estructural del país. En este sentido sería oportuno
que la iniciativa para recuperar a Aerolíneas sea seguida por un
proyecto integral de readecuación del transporte ferroviario y
caminero. La privatización de los ferrocarriles y el concesionamiento
de las rutas no han redundado en absoluto en un mejor servicio. De
hecho, en especial en el primer caso, se ha asistido a una devastación
sin límites, que ha incomunicado a gran parte del país y a la que no
se puede paliar con proyectos faraónicos al estilo del proyectado tren
bala.
La decadencia argentina en todos los ámbitos arranca de 1955. Las
falencias del régimen derrocado en ese momento eran obvias, pero eran
sobre todo de carácter político. El conjunto del quehacer nacional
estaba bien orientado y fue sólo el reaccionarismo feroz de la minoría
oligárquica y la subordinación inconsciente de parte de las clases
medias a la narración distorsionada de nuestra historia, lo que
determinó el derrumbe. Desde entonces el país tuvo altas y bajas, pero
a partir de 1976 la pendiente de pronunció y se convirtió en una caída
libre, que terminó en la ciénaga menemista y delarruísta, hasta que en
diciembre de 2001 un saludable eructo popular desplazó a los
exponentes más ostensibles del sistema e inauguró la fase actual de
nuestro desarrollo: vacilante, débil, contradictoria, pero animada por
una difusa voluntad de no volver al pasado. Que ahora haya quienes
intentan aprovechar la coyuntura abierta por la sedición del "campo"
(esto es, por la rebelión de los productores ahítos de dinero), para
reinstalar el modelo de explotación neoliberal, es una pretensión
absurda. Comulgar con ésta sería suicida para los sectores medios; los
populares, por cierto, están en otra cosa y no se tragan las ruedas de
molino que la partidocracia quiere seguir sirviéndoles.
La asechanza sigue en pie, sin embargo. No hay otra manera de
combatirla que seguir hacia delante, profundizando el camino abordado
con energía en el plano continental, pero de forma irresoluta en el
interno. Para esto hace falta renovar, al menos en parte, a los
cuadros del actual gobierno y rendir las materias que están pendientes
en materia de radiocomunicaciones y de reforma fiscal. Sin olvidar,
por cierto, el combate a las serias amenazas que se ciernen sobre
nuestro mar austral y frente a las cuales una diplomacia hesitante y
el desguace de las fuerzas armadas nos pone en una situación en
extremo difícil.
Es un hecho, las "ironías de la historia" no tienen fin. Lo que
comenzó siendo una farsa calificada por la estampida de los
legisladores sojeros y por las piruetas indefendibles del
vicepresidente Cobos, puede terminar siendo un punto de partida para
el fortalecimiento de una gestión más democrática del Parlamento, para
la limpieza del gabinete y para el reemplazo del autoritarismo del
Ejecutivo por una autoridad real, que hasta ahora no era creíble,
aunque generase el servilismo de los legisladores más preocupados por
la adherencia a las bancas que por su deber hacia el país.
(www.enriquelacolla.com)
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Néstor Gorojovsky
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