[R-P] DESFILARON 16 TESTIGOS EN EL HISTÓRICO DEBATE

Alberto Clérici albertoclerici en yahoo.com.ar
Jue Ago 21 05:10:41 MDT 2008


Sólo restan los alegatos y la sentencia en el juicio a los represores Bussi y Menéndez.
El martes 26 de agosto el fiscal general Alfredo Miguel Terraf y los abogados defensores de los represores Antonio Domingo Bussi y Luciano Benjamín Menéndez expondrán sus alegatos. Y en el día más esperado, el jueves 28 de agosto, el Tribunal Oral dará a conocer la sentencia. En total desfilaron 16 testigos y ayer se incorporaron como pruebas instrumentales las declaraciones de ocho testigos fallecidos que habían sido propuestos por las partes. Hubo contradicciones en los dichos de Luis Oviedo, el chofer del vehículo del penal, en el que fue supuestamente secuestrado Vargas Aignasse. El detalle de las pruebas instrumentales que fueron incorporadas ayer en el juicio.
El histórico juicio oral y público que se le sigue a los represores Antonio Domingo Bussi y Luciano Benjamín Menéndez llegó a su recta final. En una semana, los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán, Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Josefina Curi, darán a conocer la sentencia a los militares retirados acusados por los delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del delito de genocidio contra el ex senador provincial Guillermo Vargas Aignasse durante la última dictadura militar.
Ahora el fiscal general Alfrego MiguelTerraf y los abogados defensores Amalina Silvia Assaf (por Bussi) y Horacio Guerineau (por Menéndez) ingresaron en la cuenta regresiva para exponer sus alegatos el próximo martes 26 de agosto, cuando se reanude el debate oral y público. Ayer finalizó el desfile de los testigos (fueron 16 en total luego de que la defensa de Bussi pidió que se desestimaran nueve propuestos con anterioridad) y se incorporaron como pruebas instrumentales las declaraciones de ocho testigos fallecidos (seis presentó el fiscal y el resto, los abogados defensores). En sus declaraciones que datan de 1984, Marcos Hidalgo, ex director del penal de Villa Urquiza cuando estuvo detenido Vargas Aignasse aseguró que la orden de su alojamiento y posterior libertad fue dada por el Comando de la V Brigada del Ejército, a cargo de Bussi. Lo que llamó la atención fueron las contradicciones e imprecisiones que mostraron las declaraciones que
 hizo Luis Oviedo (el chofer del vehículo en el que habría sido trasladado Vargas Aignasse y luego secuestrado en la noche del 5 de abril de 1976) a horas del hecho en las comisarías policiales y luego frente a la Justicia Militar.(ver más adelante).
 
Los testimonios de los testigos fallecidos incorporados:
Marcos Fidencio Hidalgo (director de Institutos Penales entre el 5 febrero de 1976 hasta el 8 de febrero de 1977): el 6 de febrero de 1984, ante el juez de Instrucción Militar Nº 76, Roque Cabral, declaró que Vargas Aignasse fue trasladado en carácter de incomunicado desde la Brigada de Investigaciones al penal por una orden del Comando V Brigada de Infantería. “Debía permanecer incomunicado por sospechas de realizar actividades relacionadas con el accionar subversivo”, dice el escrito, que fue leído por la prosecretaria Florencia Pero. Dijo que fue visitado por oficiales del Comando y la Jefatura de la Policía, que lo sometían a interrogatorios. También aseguró que la libertad de Vargas Aignasse fue una orden de la V Brigada de Infantería.. “Fue despedido con gritos, víctores y aplausos de otros detenidos”, declaró en ese entonces y sostuvo que tras el regreso de los guardiacárceles se enteró del secuestro de Vargas Aignasse..
 “Puede atribuirse a un acto de represalia, venganza o un ajuste de cuentas utilizada por la subversión y no se descarta un grupo de actuación extrema”, aseguró. En sus dichos insistió en que se trató de “un acto subversivo o de grupos de ideología extremista”. Confirmó que la libertad y la salida del político quedó registrada en el penal.
Luis Oviedo (sargento y chofer del penal): el 6 de febrero de 1984, ante el juez de Instrucción Militar Roque Cabral y su secretario Raúl Molina, declaró lo sucedido en la noche del 5 de abril de 1976. Según el escrito, declaró que esa noche, a las 21.15, fue llamado por un guardiacárcel (no recuerda su nombre), que le dijo que lo llevara a Vargas Aignasse y a Pedro Rubio en una estanciera a sus domicilios. Debía dirigirse a la avenida Alem y General Paz, por ello fue por calle México hasta la avenida Mitre y en la intersección con calle Corrientes fueron interceptados por una camioneta color blanca. Uno de los desconocidos condujo el vehículo y él y el otro guardicárcel (Carlos Décima) fueron puestos en la parte trasera. Al lapso de una hora, los dejaron encapuchados, atados al lado del camino. Luego, logró desatarse, al igual que Décima, caminaron sin rumbo. A las 4 de la madrugada llegó a una casa donde pidió que le indicaran el
 camino. Un señor le indicó que se dirija a San Pablo, donde tomó un colectivo, que lo dejó en avenida Colón y Lavalle. Llegó a su domicilio y luego fue a la comisaría novena, luego a la tercera y finalmente fue al penal, donde contó lo sucedido. Dijo que la orden de traslado se la dio Décima y aseguró que no pudo reconocer a nadie por la rapidez con la que actuaron. 
En la declaración que realizo en la comisaría, precisó que se trataba de seis personas jóvenes y dos en la cabina, y que tres de ellos se subieron al vehículo del penitenciario. Uno tomó el volante y el resto estaban vigilando. Los encapucharon con una bolsa del ingenio La Esperanza y los tiraron al piso a todos. A él y a Decima los tiraron en un cañaveral y les dijeron que iban a volver en media hora. Luego de desatarse, empezaron a correr, se extraviaron entre las cañas, se separaron y a las 5 de la madrugada salió a la ruta 38, en la localidad de San Pablo. Allí tomó el colectivo ETAP. En esta declaración no hace mención a la casa donde acudió para que le indicaran en el camino.
En otra declaración policial, del 6 de abril 1976, dijo que los sujetos que los interceptaron eran barbudos, malvestidos y rubios, cuando en sus dichos de 1984 dijo que no los había podido reconocer. Agregó que algunos portaban armas de fuego, como ametralladoras. Los golpearon la cabeza y encapucharon con una bolsa, obligándolos a tirarse en el piso de la estanciera. A Vargas Aignasse lo debían llevar al barrio Piedrabuena y a Rubio, a avenida Alem y General Paz. Dijo que supuso que la rural quedó en manos de los captores.
Ante el Juzgado Federal a cargo de René Padilla, el 24 de abril de 1984, declaró que fue llamado por el interventor del penal, para conducir la rural para el traslado de Vargas Aignasse y de Rubio (sentados atrás del vehículo). Allí dijo una vez que fue abandonado junto a Décima en un cañaveral, cuando empezaron a correr se separaron y aproximadamente a las 4 de la madrugada divisó a un rancho donde le indicaron el camino para llegar a San Pablo. Le preguntaron si ratificaba su declaración de la comisaría tercera, dijo que no pudo leerla porque había perdido sus lentes.
Juan Antonio Molina: (preso común) ante el juez federal René Padilla, el 10 de diciembre de 1984, declaró que estuvo detenido en el penal de Villa Urquiza desde 1973 condenado a cinco años de prisión por robo y que supo que el ex senador provincial Guillermo Vargas Aignasse estaba en el grupo de los funcionarios del gobierno que habían sido detenidos en la noche del golpe militar. También dijo que supo que los detenidos subversivos estaban en un pabellón especial y sufrían malos tratos. “Bussi visitaba periódicamente la cárcel y una vez le ordenó a Marcos Hidalgo (director del penal) que le dé de comer sólo soja a los detenidos y que si algunos se negaba, que sean castigados”, se leyó del escrito judicial que data de 1984. Por último, dijo que recuerda haberse enterado de la salida de Vargas Aignasse del penal durante la noche del 5 de abril de 1975.
Pedro Manuel Jofré: el 15 de noviembre de 1984 se constituye la Comisión Bicameral por los Derechos Humanos (dentro del marco de una ley provincial 5.599 ), presidida por Alejandro Sangenis, en el penal Allí le toma declaración a Jofré, quien manifestó que estuvo preso desde 1971 hasta 1984. Dijo que a los presos políticos se los golpeaba constantemente, los tiraban a los perros y los sacaban de noche para hacerles de todo, incluso tiros. Con respecto a Vargas Aignasse, aseguró que lo conoció cuando estaba en el Gobierno. Dijo que lo vio pasar cuando lo llevaron a la cárcel y al poco tiempo supo que lo mataron en el Pabellón “E” llamado pabellón de la muerte.
Julio César Reynas: ( inspector general del penal) En una constancia del penitenciario del 26 de marzo de 1984, certifica el libro de novedades de la cárcel. Allí consta que el 1 de abril ingresaron Guillermo Vargas Aignasse, Pedro Rubio, César Dantur, entre otros.
Juan Andrés Luján  (ex empleado de la Cámara de Senadores de la provincia) ante el juez federal René Padilla, el 13 de marzo de 1984, declaró que a fines de octubre de 1975 fue secuestrado en la vía pública, y que en la Jefatura de Policía sufrió apremios ilegales y malos tratos. Alli lo vió al teniente coronel Antonio Arrechea, que lo acusó de zurdo y lo escuchó decir que iban a desaparecer los legisladores Damián Márquez y Guillermo Vargas Aignasse por ser también comunistas.
Otras pruebas instrumentales incorporadas:
Denuncias y testimonios de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP); el informe de la Comisión Bicameral de Derechos Humanos de la Legislatura provincial referido al período 1974-1983; el anexo de declaraciones de ex comandantes y ex gobernadores (se dieron por leídas e incorporadas a pedido del fiscal general Alfredo Terraf)
A pedido de los abogados defensores: Anexo Menéndez, irregularidades de la CONADEP. Sólo se leyó una parte relevante del escrito sobre la declaración del ex gendarme Cruz del 23 de agosto de 1985. Dijo que no estaba de acuerdo con la denuncia que elevó la Bicameral tras sus dichos ante algunos de sus integrantes. Desconoció las declaraciones que mostró la Comisión.
Declaración de Antonio Manuel Vargas: el 14 de noviembre de 1985, frente al juez de Instrucción Militar, Roque Cabral, ratificó que en su finca (ubicado en Estación Muñecas) existían varios pozos con brocal, algunos se taparon y otros siguen abiertos, con una profundidad de entre tres y cuatro metros. Dijo que nunca tuvo conocimiento si alguna vez los militares arrojaron muertos en ese lugar, aunque no descartó que pueda haber sucedido.
Antonio José María Vargas, 18 de noviembre de 1985. Declaró que existe un aljibe y el pozo que mencionó su hermano en la finca de su propiedad desde 1977. También dijo que nunca tuvo conocimiento si alguna vez se arrojaron cuerpos humanos en ese lugar durante la última dictadura.
Diario de sesiones de la Cámara de Senadores de la provincia del 13 de junio de 1974; del 12 noviembre de ese año; y del 28 y 29 de octubre de 1975.
Archivo de los antecedentes confidencial y secreto de Guillermo Vargas Aignasse; los careos de Juan Antonio Molina con guardiacárceles de Villa Urquiza (3 de abril de 1984); declaración anexa de Antonio Domingo Bussi y ; una causa en la que Guillermo Herrera (fue uno de los testigos en el juicio) es denunciante contra Bussi.

Lo que pasó en la sala.

LIMANDO ASPEREZAS: En un cuarto intermedio, Marta Cárdenas, la ex esposa de Vargas Aignasse, tuvo un intercambio de palabras con la defensora pública oficial Amalina Silvia Assaf. Al parecer limaron asperezas después del escándalo que se desató el martes pasado cuando se leyó un anónimo –a pedido de Assaf- en el que se daban datos personales referidos a Cárdenas y a su actual pareja, el teniente retirado Ernesto Chávez. Esto provocó una crisis de nervios a Cárdenas y a su hija que le gritaban repudiando el planteo de Assaf (había pedido que sea leído por Chávez pero el Tribunal le dijo que por su pedido debía ser leído en la audiencia).
GERÓNIMO, AUSENTE. Por primera vez, en lo que va del juicio oral y público por la desaparición de su padre, el diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse estuvo ausente ayer en el debate. Sí estuvieron, como es habitual, su madre, Marta Cárdenas, y sus otros hermanos..
EN LA SALA CONTIGUA: Los represores Antonio Domingo Bussi y Luciano Benjamín Menéndez eligieron otra vez estar ausentes en la sala de audiencias y permanecieron en la sala contigua. Allí siguen la audiencia por medio de una pantalla de televisión que transmite el juicio a través de un circuito cerrado.
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