[R-P] [E. Lacolla] Argentina indefensa
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Ago 21 01:06:48 MDT 2008
[Tenemos entendido que al menos todos los aspectos técnicos de los
estudios oceanográficos requeridos para las presentaciones de
extensión de la soberanía a las 350 millas, al contrario de lo
afirmado en el informe del Dip. Cafiero sobre el que se basa parte de
la argumentación de Enrique Lacolla, sí están concluidos
satisfactoriamente. Esto no invalida el conjunto de la argumentación
presentada aquí, pero nos pareció conveniente advertir sobre esta
posible desactualización de datos.]
Argentina indefensa
Por Enrique Lacolla
Se ciernen amenazas sobre el mar austral, que no encuentran hasta
ahora una respuesta de parte de la Argentina oficial. Pero todo es
parte de una batalla continental que debe librarse a la escala de
Latinoamérica.
Entre las muchas falencias del público argentino ante la realidad –la
mayor parte inducidas, otras hijas de cierta incapacidad para salir
del horizonte estrecho del propio interés individual- se encuentra la
curiosa predisposición a mirarse desde afuera y, a modo de refracción,
una cierta incapacidad para verse a sí mismo en el mundo.
Y la verdad es que los tiempos que corren requieren de una urgente
necesidad para mirar en rededor desde nuestro propio eje y juzgarnos
no como objetos de la admiración o, lo que es mucho más frecuente, de
la conmiseración de los otros, sino como seres capaces de forjarnos
nuestro propio destino, tarea para la cual el principal requisito es
entender las cosas desde aquí y ahora. Comprenderemos así que los
tiempos no están para bromas. La crisis mundial se agiganta, el
apetito por los recursos naturales, renovables o no, (de los cuales
nuestra tierra está bien provista) crece día a día y las políticas
agresivas de un expansionismo estratégico que protagonizan las grandes
potencias mundiales dejan poco tiempo para dilapidarlo en disputas en
torno de asuntos de mayor o menor interés, pero que en cualquier caso
no hacen al fondo de la cuestión. El cual no es otro que el de saber
si seremos capaces de determinarnos a nosotros mismos, de consuno con
otros países de América latina, o si naufragaremos en la bobería
mediática y en las riñas de gallinero que caracterizan a la casi
totalidad de nuestra clase política, experta en maledicencias,
valiente apenas para enfrentar a un león muerto cuando se trata de los
derechos humanos y activa sólo cuando tiene que alborotar en torno de
lo accesorio, mientras teje un espeso manto de silencio a propósito de
los temas fundamentales.
Es la percepción de estos defectos caracterológicos lo que nos hace
estremecer cuando leemos la denuncia del ex diputado Mario Cafiero a
propósito de la avanzada inglesa en la Antártida. Si bien no estamos
calificados técnicamente para evaluar el asunto en detalle, el informe
es abrumador. El tema de la soberanía sobre la plataforma continental
argentina, el Mar Argentino, las Malvinas y el sector antártico está
en entredicho y no se han tomado los recaudos jurídicos para
preservar, al menos legalmente, nuestros derechos sobre una reserva de
recursos minerales, pesqueros y biogenéticos en una "inmensa Pampa
sumergida" de 400 millones de hectáreas correspondiente a la
ampliación a 350 millas de la plataforma continental. Aunque la
ministra de Defensa y el Canciller de la República proclamaran que se
han delimitado los límites exteriores del Mar Argentino, de hecho, a
estar por el informe Cafiero, no ha habido ni presentación ante el
Congreso ni aprobación de parte de este de dato alguno. Sólo existiría
una recopilación de datos parciales y aun pendientes de procesamiento.
Las tareas de delimitación continental sólo terminarán cuando la
presentación argentina sea aprobada por las Naciones Unidas. La
cuestión surge en 1982 –el año de Malvinas-, cuando las Naciones
Unidas adoptan la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho
del Mar, conocida como CONVEMAR. En su articulo 76 la CONVEMAR fija un
límite mínimo de 200 millas a partir de la costa y permite su
extensión hasta 350 millas o más en casos excepcionales para los
Estados cuyo lecho y subsuelo marinos presenten ciertas
características geológicas y orográficas definidas en ese mismo
artículo. Por las características de nuestras costas la Argentina
podría incorporar a su territorio una superficie adicional de
alrededor de 4.000.000 de kilómetros cuadrados.
Pero –y aquí salta la madre del borrego- el plazo para presentar los
límites ante el organismo mundial vence en menos de un año, en mayo de
2009, y nuestro país no parece estar en condiciones (o en disposición)
de concurrir ante aquel, munido de la información correspondiente. Los
buques necesarios para realizar las tareas de relevamiento que son
indispensables se han hundido, se han incendiado o están obsoletos. El
caso del rompehielos "Almirante Irízar" es ejemplar al respecto. ¿Qué
se sabe de él tras el incendio que lo inutilizó y lo puso a dos dedos
de su pérdida en Abril de 2007? Pero lo más grave parecería ser la
falta de interés con que los escalones administrativos a los que les
corresponde ocuparse de la cuestión se plantan frente al asunto.
Los recursos de la inmensa cuenca marítima a que aludimos son enormes.
El único país sudamericano provisto de una conducta coherente en
materia de sus derechos continentales es Brasil. Cabría mencionar
también a Chile, pero este país arrastra una larga historia de
voluntaria insularidad política que lo pone lamentablemente un poco al
margen de la necesaria alianza que es preciso establecer en la región
para asegurar sus derechos en su plataforma continental. Cabe
preguntarse si la actual coyuntura no le suministra una oportunidad de
oro para apartarse de esa tesitura y abrazar el interés común.
Ahora bien, Brasil acaba de informar el descubrimiento de una
riquísima plataforma petrolera frente a sus costas. Y se afirma que el
gobierno brasileño ha comunicado a su par argentino, en las más altas
y decisivas instancias, que sus estudios sísmicos permiten determinar
que la magnitud del potencial petrolero submarino argentino es similar
y podría incluso ser mayor que el de la plataforma continental
brasileña.
Según expertos británicos el volumen del petróleo existente bajo el
agua sólo en la región de Malvinas ronda en los sesenta mil millones
de barriles de crudo. Este dato debería bastar para confundir a
quienes siguen creyendo que la guerra austral de 1982 fue lanzada por
la dictadura militar por una cuestión de prestigio. Fue más bien un
atrevido intento para reafirmar nuestros derechos en la zona. Ese
intento encerraba con toda probabilidad, sin embargo, una emboscada
fraguada por Londres y Washington, emboscada que permitiría consolidar
el poder de la alianza atlántica en el área. Nuestros gobernantes de
entonces se metieron así en la boca del lobo sin tener en claro las
relaciones de fuerza mundiales. Cosa que viene a comprobar el aserto
antes formulado en el sentido de que los argentinos tendemos a jugar
los papeles que nos asignan, en lugar de elegirlos nosotros mismos.
El caso es que hoy Gran Bretaña se plantea poco menos que anexarse el
Atlántico sur colindante con la Antártida. Sus reivindicaciones se
superponen con las que podría plantear nuestro país. Y como los
acuerdos negociados entre las cancillerías de ambos países a lo largo
de la última década no se conocen, o no se conocen plenamente, ello
podría inducir a suponer que Argentina podría estar renunciando a
buena parte de sus derechos.
La división del mundo
Procesos como el que señalamos indican la necesidad de replantear el
tema de las opciones que la Argentina tiene ante la actual coyuntura
mundial, caracterizada por una carrera desenfrenada hacia el control
de los recursos naturales y por unos planteos geoestratégicos que
ostentan ya características muy definidas.
De un lado, tenemos al bloque capitaneado por Estados Unidos y Gran
Bretaña, que arrastra tras de sí a la Unión Europea y al Japón, bloque
fundado en los criterios del neoliberalismo más desenfrenadamente
capitalista y que son propios de la sociedad de mercado. Es la
globalización entendida a la medida de los intereses del mundo
híperdesarrollado y armado hasta los dientes, cuyo activismo militar
se percibe ya a través de fenómenos como los conflictos que han
proliferado o proliferan en los Balcanes, el Medio Oriente, el Cáucaso
y el Asia central, y que se despliega también en la Europa del Este,
donde se está empujando la influencia de la Otan más allá del límite
de lo tolerable para Rusia.
Del otro lado se encuentran esta y China, exponentes de un capitalismo
de Estado que recoge muchos elementos del dirigismo y del centralismo
económico que distinguieron a los procesos revolucionarios de corte
socialista de los que esos países fueron protagonistas durante el
siglo pasado. Son hoy procesos capitalistas, en efecto, pero que, en
lo esencial, se apoyan sobre criterios que optimizan el reconocimiento
de la dignidad de la propia nación –cualquiera sea la fórmula
doctrinaria y el proyecto económico sobre la que esta se apoye.
Ahora bien, emancipación nacional y liberación social son las dos
plataformas sobre las cuales los países atrasados o relativamente
atrasados deben apoyarse para resistir los embates del imperialismo de
lo que el polítologo y economista egipcio Samir Amin llama la Tríada,
conformada por Estados Unidos, la UE y Japón. En este sentido el rol
positivo que implica la existencia de un contrapeso al poder del
bloque occidental debe ser tomado muy en cuenta por los países como el
nuestro. Pero siempre y cuando exista una clara conciencia de cuáles
son los límites dentro de los cuales se puede jugar esa carta.
Sujetos y no objetos de la historia
Por estos días, por ejemplo, empezaron a proliferar rumores en el
sentido de que Rusia se propondría contrabalancear la instalación del
sistema antimisiles norteamericano en suelo polaco replicándolo con
otro similar a implantar en Venezuela o en Cuba. Lo más probable es
que este tipo de hipótesis sea el fruto de las usinas de
desinformación que proliferan por el mundo y a las que no escaparían
ni siquiera algunos órganos de prensa rusos, que están fogoneando esta
noticia.
Una opción de esta naturaleza, por supuesto, es inadmisible no sólo
para Estados Unidos –que ya estuvo a un dedo de barrer a Cuba del mapa
y desencadenar una guerra nuclear global en 1962, cuando Nikita
Khruschev intentó asentar cohetes de alcance medio en la isla del
Caribe-, sino también y muy en especial para los países de América
latina, que no pueden olvidar su posición en el mapa y que deben
guardarse mucho de reproducir el error que están cometiendo hoy los
polacos, al ofrecer su suelo como base para una red misilística
norteamericana que en teoría protegería a Occidente de las amenazas de
los "Estados delincuentes", pero que de hecho amenaza a Rusia. Los
polacos en 1939 ya incurrieron en la estupidez de buscar un apoyo
lejano e inútil para cubrirse de un peligro inmediato y feroz, al que
excitaron precisamente con esa búsqueda de reaseguros inútiles. Y así
les fue.1
Es evidente que la seguridad de los países de América latina reside en
América latina misma. Se podrán buscar apoyos, se podrá permanecer
neutral en caso de un conflicto abierto entre las partes, pero es
obvio que la pertenencia al hemisferio occidental no puede ignorarse y
que la relación con Estados Unidos no puede jugarse a cara o ceca.
Pero, para mantener esa tesitura, se hace preciso que nuestros países
se hagan valer, tanto en el plano de la economía como en el de la
política y muy especial en el de la defensa. Unos países
latinoamericanos coaligados en un frente único contra las asechanzas
del mundo, en condiciones de explotar, industrializar y exportar sus
recursos y provistos de una capacidad de defensa que, obviamente, no
amenazaría a nadie pero que supondría un desafío muy difícil de
combatir en el caso de que el Norte desarrollado intentase hacer pie
firme en alguna parte de Sudamérica, son las bazas fundamentales de un
juego que, si bien ahora está apenas empezando, reconoce sus raíces en
la dispersión latinoamericana posterior a la Independencia. Esa
"balcanización" nos arrojó, inermes, a la conformación de una serie de
nacionalidades minúsculas, impotentes frente a los imperialismos
británico y norteamericano. En los estratos superiores de esas
naciones fictas –que vivían del connubio con el imperialismo- y los
sectores medios que eran sus clientes, arraigó una falsa conciencia
configurada por la admiración acrítica de todo lo extranjero, lo que
en forma automática los excluía de la comprensión de la naturaleza que
revestían los modelos adoptados y que habían crecido y se habían hecho
grandes gracias a su capacidad para pensar por sí mismos. Sólo las
masas marginalizadas de nuestros países, cuyo atraso económico las
preservaba de ese contagio, se erigían en reservorios del nacionalismo
latinoamericano.2
Después de casi dos siglos de verificado ese proceso y tras la
abolición, por el crecimiento demográfico y la expansión de los medios
modernos de comunicación- de gran parte de los obstáculos geográficos
que incomunicaban a nuestros países, la tarea pendiente es tomar
conciencia de este hecho y deshacernos de la rémora de lugares comunes
y de deformaciones de una historia fabricada en muchas de sus piezas.
No será tarea fácil, pero al menos los obstáculos más pesados que
impedían la toma de conciencia –las distancias y la compartimentación
de la peripecia de nuestros países en narraciones separadas- están
siendo removidos. Hacerse cargo de esta situación compete a todos,
aunque desde luego la mayor esperanza reside en la curiosidad de las
nuevas generaciones. Es importante que esta curiosidad no sea anulada
por el triste espectáculo de la politiquería y, en este sentido, la
batalla por los medios de comunicación –tanto convencionales como,
sobre todo, alternativos- es esencial.
NOTAS
1 Puestos a elegir entre la asociación con la Alemania nazi o la Rusia
Soviética, potencias enfrentadas entre las cuales Polonia oficiaba de
Estado colchón, los gobernantes polacos de aquel entonces prefirieron
buscar la protección de Francia y Gran Bretaña, diplomáticamente muy
importante, pero incapaz, en el plano militar, de aportarles una ayuda
útil e inmediata en el caso de una confrontación armada. El resultado
fue el pacto Ribentropp-Molotov y la invasión alemana del 1 de
Septiembre, seguida por la rusa lanzada el 17 del mismo mes, tras la
cual los futuros contendientes de la guerra mundial se repartieron el
país. La geografía, en estos casos, prevalece sobre los artilugios de
la política y los presupuestos doctrinarios.
2 Jorge Abelardo Ramos, Historia de la Nación Latinoamericana, Buenos
Aires, Edición del Senado de la Nación, 2006, página 335.
(www.enriquelacolla.com)
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Néstor Gorojovsky
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