[R-P] [E. Lacolla] Los cañones de Agosto
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mar Ago 19 11:25:05 MDT 2008
Los cañones de Agosto
Por Enrique Lacolla
El estallido de la crisis en el Cáucaso y la acumulación de nubes en
torno de Irán, están indicando un crecimiento exponencial de los
riesgos de conflicto armado en el mundo.
La historiadora norteamericana Bárbara Tuchman escribió, casi medio
siglo atrás, un apasionante libro detallando el engranaje que había
llevado a la primera guerra mundial. Lo tituló Los cañones de Agosto,
por el mes en que estalló ese conflicto. Como se ha dicho en un
artículo anterior, la situación actual que se perfila en el vasto arco
que va del Cáucaso al Asia Central, pasando por el Medio Oriente,
contiene muchos de los elementos del mecanismo de desencadenamiento
que actuaran hace exactamente 96 años. Para comenzar, el sistema de
alianzas automáticas y de contrapesos que pueden entrar en juego si
las cosas se agravan. El problema se hace mucho más siniestro si
tomamos en cuenta que estamos frente a la posibilidad no sólo de una
guerra convencional (lo cual sería ya gravísimo) sino también de la
eventualidad de un desastre nuclear. Los medios masivos de
comunicación, sin embargo, hasta ahora no han reaccionado con la
alarma que sería de esperar, y dan la impresión de seguir el juego
confusionista de la usina de poder ubicada en Washington, verdadero
deus ex machina del explosivo momento que está viviendo el mundo.
Poner a este ante el hecho consumado, podría ser el juego de suma cero
que se está montando entre el Pentágono, la CIA y la Casa Blanca. Con
la diferencia de que, aunque esos organismos no lo admitan, en este
caso no se trataría de que los jugadores de la partida la acabasen con
un mismo balance de pérdidas y ganancias, sino de que ambos terminasen
igualmente muertos.
No queremos oscurecer en demasía el panorama, pero la verdad es que se
circula por un andarivel riesgoso. Siempre dijimos que los meses
finales de la gestión Bush serían peligrosos. Los acontecimientos
parecerían darnos la razón, por desgracia. Simultáneamente al ataque
georgiano contra Osetia del Sur, concebido de acuerdo a los esquemas
de una limpieza étnica que no podía dejar indiferentes a los rusos y
que provocó la contundente reacción de estos, se está produciendo un
despliegue naval masivo en el Golfo Pérsico y en el Mar Rojo orientado
contra Irán y que podría tener como primer objetivo establecer un
bloqueo efectivo contra esa nación, aunque de momento a toda esa
movilización se la describa como "maniobras conjuntas".
Un sector del gobierno ucraniano, por su parte, solicita acelerar el
ingreso de este país a la Otan, "para prevenirse de situaciones como
la suscitada en el Cáucaso". El gobierno de Georgia clama por la misma
medida. De acuerdo a las regulaciones de la Otan, cualquier ataque a
uno de sus países miembros de parte de una potencia ajena a la
organización, debe determinar la solidaridad automática de los
restantes miembros para con el país atacado y la asunción de las
medidas efectivas para concurrir a su defensa. Para redondear la
ecuación, hace menos de 48 horas Estados Unidos y Polonia llegaron a
un acuerdo para estacionar en territorio de este último país las bases
misilísticas norteamericanas dirigidas a "interceptar eventuales
ataques de los "Estados delincuentes". Todo el mundo sabe –o debería
saber- que esas bases no están dirigidas a prevenir ataques
provenientes del Medio Oriente, sino apuntadas contra Rusia, en la
medida que otorgan a la Otan una superioridad excepcional, según la
doctrina de la Primacía Nuclear. Esta entiende que la disposición de
una cohetería desplegada en las fronteras de un eventual enemigo
brinda una ventaja decisiva contra este, si el bando que posee el
mecanismo interceptor decide atacar primero. Una fuente rusa reaccionó
de inmediato indicando que Polonia sería el primer blanco en caso de
un conflicto en el cual el escudo antimisiles jugase un papel. Pues
todos estos acontecimientos están dejando a Rusia arrinconada y casi
sin otra capacidad de respuesta que la amenaza de una retaliación
nuclear en gran escala y de resultado incierto.
Distraer la atención
La acumulación de efectivos navales de Occidente en aguas del Golfo
Pérsico, el Mar de Arabia y el Mar Rojo es impresionante. Después de
realizar ejercicios conjuntos en el Atlántico, alrededor de 40 buques
norteamericanos, británicos, franceses, italianos y
tal vez hasta uno brasileño (¡!) se están sumando a las fuerzas ya
estacionadas en el área mesoriental y se están poniendo en condiciones
de estrangular a Irán, cosa que configuraría para este último país un
auténtico casus belli. La coincidencia de este despliegue con la
conflagración estallada en el Cáucaso, más la inauguración de los
Juegos Olímpicos de Pekín, suministran una cortina de humo que puede
distraer provisoriamente la atención del público respecto del objetivo
final de estas movidas.
Ahora bien, ¿cuáles son los principales riesgos que encierra este
curso de acción? Por un lado está la respuesta iraní, que podría
convertir al estrecho de Ormuz y al Golfo Pérsico en un cementerio de
barcos. Pero lo más importante sería la réplica aliada a una
eventualidad semejante, que podría poner en escena una guerra nuclear
preventiva (principio admitido por la "Gran Estrategia para un Mundo
Incierto", que la Otan habría elevado ya al grado de doctrina), guerra
basada en el empleo de armas atómicas tácticas de impacto circunscrito
y dirigidas sobre todo a blancos situados bajo tierra. Como estos
proyectiles en cualquier caso tienen un poder destructivo que
multiplica al de la bomba de Hiroshima, la posibilidad de una masacre
sin precedentes entre la población iraní es un peligro real, sin
hablar de lo que implicaría la ruptura del tácito tabú que existía
respecto del uso de armas atómicas contra contrincantes que no
dispusiesen de ellas.
No hay movimiento alguno que se oponga de forma consistente a esta
intoxicación doctrinaria y, de hecho, los medios occidentales
invierten la verdad cuando insisten en los riesgos emergentes del
terrorismo musulmán, siendo que los primeros y más auténticos
terroristas son las naciones de Occidente, con Estados Unidos en
primer lugar, pues ellas son las que han desatado una política de
agresión, apropiación de recursos naturales y expansionismo
estratégico que sólo puede estar motivada por el deseo de establecer
un patrón hegemónico en un mundo que necesita de planteos muy
distintos para escapar a su creciente crisis.
De verificarse este escenario de pesadilla, ¿podrán China y Rusia,
aliadas de hecho con Irán y objetivos últimos de de las políticas de
coerción militar de Occidente, mantenerse al margen de semejante
conflicto? Es de observar que Rusia no fue invitada a la última
reunión del G8 para tratar el conflicto caucásico, con lo que este
grupo de naciones desarrolladas ha vuelto a comprimirse en un G7, y
que Irán ha vuelto a insistir el mes pasado en su deseo de
incorporarse como miembro pleno del Grupo de Shangai, que vincula a
Rusia, China, la India y a varios estados del Asia Central.
La vieja maldición china –"ojalá te toque vivir en una época
interesante"- parece estar resultando cada vez más apropiada para
describir nuestro presente.
(www.enriquelacolla.com)
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Néstor Gorojovsky
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