[R-P] Un burgues nacional, defiende los controles aduaneros

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Vie Ago 15 10:58:39 MDT 2008


La lucha de clases, no solo existe entre proletarios y burgueses, existen tambien pujas entre burgueses que venden en el mercado interno, y otros burgueses, cuyos intereses materiales, estan ligados a importar lo que se fabrica afuera.

En estos dias, esos conflictos, esas dos visiones, estan confrontandose, abiertamente.

Quienes propugnamos una revolucion nacional, y tenemos como perspectiva el socialismo, o como guste llamarse a la edificacion de una sociedad solidaria e igualitaria, no debemos ser prescindentes ni menospreciar la importancia que estos debates, y la resolucion de los mismos, tienen
para el conjunto del Campo Nacional.

No sera lo mismo que triunfen los sectores proteccionistas aliados al gobierno, por tibios y confusos que sus aportes sean, a que lo hagan los de la UIA, partidarios en el pasado del menemismo.

Los argumentos con que desde "la defensa del consumidor", se ataca en estos momentos a la Aduana y al proteccionismo, son los mismos que usaba Juan B Justo, en el siglo pasado, y que Spilimbergo criticaba en su formidable estudio sobre esa tendencia politica en nuestro pais.


Rolo
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Los atletas de la evasión

Por Raúl Zylbersztein. Presidente de la Cámara de las Manufacturas del Cuero y Afines.

Las importaciones en condiciones desleales son un flagelo para la industria nacional y para sus trabajadores. Las importaciones subfacturadas, en el rubro marroquinería, como en otras actividades de mano de obra intensiva, han destruido gran parte de la industria del sector. 

En los noventa, la ideología -pregonada aún por muchos funcionarios- se profesaba la máxima de que "la subfacturación controla la inflación y beneficia al consumidor". Más allá de que la extravagancia de ese concepto como defensa de la evasión, en rigor, la importación bajo esas condiciones implica realmente una caída de la producción interna y, por consiguiente, del empleo y de la inversión. 

Este ilegal comportamiento de los importadores, en general, no fue abandonado luego de la Convertibilidad. El tipo de cambio sólo dio un respiro en los primeros años posteriores a la devaluación. De hecho, desde 2006 las importaciones superaban holgadamente el pico de la década pasada y los precios aún se subfacturaban. 

No obstante, desde 2005 las autoridades nacionales tomaron cartas en el asunto. La Aduana promovió el establecimiento de precios de referencia de importación denominados valores criterio. Tras la medida aplicada en marroquinería en octubre de ese año, los precios declarados de importación se dispararon: respecto de diciembre del mismo año, subieron un 110% en mochilas de campamento, un 141% en billeteras de textil y en bolsos crecieron un 311%. En 2006 los precios declarados aumentaron otro 45%. De ese modo, se logró revertir la tendencia, pero no erradicarla completamente. 

A pesar de la eficacia de la medida, la avalancha de importaciones se intensificaba. Evasión impositiva y subfacturación de costos en origen, falsas declaraciones sobre el peso de los artículos, importadores "fantasma" que importan mucho volumen una o dos veces y luego se esfuman eran algunas de las prácticas corrientes. 

En estas condiciones, la sana competencia ingresaba en una crisis, que sumada al aumento paulatino de los costos de la industria local, atentaba nuevamente contra la rentabilidad y continuidad de las empresas y sus trabajadores. Así, la competitividad de la industria dependía cada vez más sensiblemente del correcto funcionamiento de las instituciones que deben controlar las prácticas de quienes son verdaderos atletas, entrenados para saltar y eludir las normas, que con asistencia profesional en muchos casos, buscaban los recovecos del sistema.

En este contexto, el Gobierno debió establecer las licencias no automáticas de importación, que en la práctica representan permisos de importación que otorga la Secretaría de Industria. Los que importaban hasta ese momento eran 1.300 y sólo se anotaron 250 firmas. Pero los que se anotaron rápidamente solicitaron importar los volúmenes de los años anteriores. ¿Será que aquellas desaparecidas eran sus empresas satélites o que no dejan que ese mercado sea abastecido por la industria local?

Las industrias, a través de sus cámaras, realizan innumerables y costosos esfuerzos para defenderse, con presentaciones, análisis y personal verificando junto a los funcionarios aduaneros los despachos de importación. 

Y ahora, estos grupos de contrabandistas, que no son más que los grandes distribuidores y marcas que todos conocemos, comenzaron a hacer su campaña en contra de los controles y las políticas aplicadas para el desarrollo. Lamentablemente, algunos importadores decentes se sumaron, pensando equivocadamente que tienen más en común con aquellos que con los industriales locales. 

Las grandes marcas no les importa comprar trabajo esclavo; sólo les interesa comprar muy barato y vender muy caro y desprecian el trabajo que dejan de generar en la sociedad que viven.

Apelar a la defensa del consumidor para apañar estas prácticas no deja de ser una falacia. El ser consumidor es un momento, una acción en cuanto alguien compra algo, pero antes debe ser un trabajador; por lo cual disociarlo es un absurdo. No se beneficiar al consumidor atentando contra los puestos de trabajo. La industria no sólo produce bienes, también genera consumidores. 

Si las cosas deben mejorar, no lo haremos repitiendo los errores del pasado. Debemos tomar conciencia y no permitir ser engañados. La importación es necesaria y beneficiosa, pero aceptando las reglas de una competencia leal y las necesidades de nuestra sociedad, que aun tiene problemas de empleo y distribución de la riqueza. 

Todos los países controlan su comercio exterior, porque el mismo no responde a ninguna ideología en particular, sino a las necesidades y bienestar de su sociedad. 



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