[R-P] Juicio Historico - Cobertura especial multimedia de LA GACETA
Alberto Clérici
albertoclerici en yahoo.com.ar
Jue Ago 14 06:39:06 MDT 2008
“Nunca tendré un lugar para ir a celebrar la memoria de mi papá”
Guillermo Vargas Aignasse, hijo del desaparecido senador, afirma que el proceso en marcha sirve para cerrar una etapa. El abogado recordó que la noche del secuestro su padre lo palmeó y le dijo que se quedara tranquilo. En algún momento temió por su madre. El dolor familiar.
Aunque profundamente afectado, el abogado Guillermo Vargas Aignasse no se quebró cuando tuvo que recrear la madrugada del 24 de marzo de 1976, cuando sujetos con los rostros enmascarados se llevaron a su padre (se llamaba igual que él), el senador provincial. “Tenía nueve años -aseveró- y, entonces la vida transcurría para mí con la inocencia propia de un niño”. El estaba de frente a los vocales del Tribunal Oral en lo Criminal Federal, en el sillón reservado para los testigos. Como consecuencia, no podía ver la emoción que su relato causaba especialmente en sus dos hermanas (María Marta y Mariana), que estaban sentadas en la primera fila, a menos de un metro del legislador Ricardo Bussi.
Como pocos días antes habían entrado a robar a la casa en la que vivían los Vargas Aignasse en el barrio Obispo Piedrabuena, cuando esa madrugada escuchó fuertes ruidos y una discusión, pensó que se trataba de lo mismo. “Por eso me quedé quietito en la cama”, manifestó. Aunque aún no sabía bien qué pasaba, escuchó que alguien le decía a su padre que lo acompañara. “En un momento, él les dijo: ‘déjenme que salude a mis hijos y volvió. Siempre acompañado por una persona, cuando entró a mi pieza, como mi papá vio que yo estaba despierto, me palmeó y me dijo que me quedara tranquilo”, recordó.
Luego, vio cómo su madre, Marta Cárdenas, y Angélica del Valle Tula (ver
“Una...”), que vivía con su familia, miraban por la ventana del frente de la casa cómo el senador era secuestrado. “Algo me explicaron, que lo llevaban preso. Esa noche dormí con mi madre, como muchas otras después”, confesó.
En otro momento muy emotivo cuando el abogado contó que una semana más tarde estaba jugando en la calle, en los charquitos que se formaban (no había asfalto entonces), con renacuajos. Entonces, vio que en una camioneta del Ejército iban a buscarla a su mamá (para que viera a su padre en la cárcel de Villa Urquiza).
“Estuve muy angustiado, porque tenía miedo de que ella no volviera tampoco”, expresó.
En todo momento, destacó que espera que la zozobra que desde entonces lo
acompaña -como a muchos- termine con el juicio contra Antonio Bussi y Luciano Benjamín Menéndez. “Celebro que hoy todos estemos aquí; habrá algunos que no están muy contentos. Este viaje que no quise comprar está por terminar. Lo que faltaría es un lugar para ir a celebrar la memoria de mi padre. Creo que eso no lo voy a conseguir nunca. Pero a él lo recuerdo bien, siempre”, recalcó.
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“Dantur recordaba permanentemente los ayes de dolor de Vargas Aignasse”
La declaración de Alejandro Sangenis.
El ya fallecido médico César René Dantur, yerno del ex gobernador peronista Amado Nicomedes Juri, depuesto por el golpe militar del 24 de marzo de 1976, fue un preso político alojado en Villa Urquiza. Cuando estuvo allí, escuchó a un hombre quejarse de dolor por un hombro fracturado y pedir a gritos asistencia médica. Esa persona se identificaba como el senador Guillermo Vargas Aignasse.
El testimonio consta en la declaración que el 10 y el 17 de abril de 1984 brindó Dantur a la Comisión Bicameral de Derechos Humanos de Tucumán. Y ayer el ex legislador Alejandro Sangenis, que presidió ese organismo, fue citado como testigo de la Fiscalía para que dijera si eran suyas las firmas al pie de las actas donde constan los dichos del facultativo. El referente del Movimiento Popular Tres Banderas dijo que sí y que los documentos se ajustaban fielmente a lo que Dantur declaró entonces. “Recordaba permanentemente los ayer de dolor de Vargas Aignasse”, aseveró el testigo.
Sangenis narró, también, el caso del médico aguilarense Alberto Augier. Según dijo, fue secuestrado por militares que le advertían que en Tucumán mandaba Antonio Bussi, porque Augier le había escrito una carta a Luciano Benjamín Menéndez, criticando la política azucarera de la época.
La Fiscalía solicitó que se leyera sólo una parte de las actas de la Comisión Bicameral, pero la defensora de Bussi, Amalina Assaf, pidió la lectura completa. Entonces se consignó que Dantur mencionaba a Horacio Guerineau, defensor de Menéndez, como un juez de instrucción que en los 70 no quiso investigar el secuestro ni los apremios ilegales que sufrió. El abogado lo desmintió y reivindicó su tarea. En el desagravio lo acompañaron el titular del Tribunal Oral, Gabriel Casas y el fiscal Alfredo Terraf, quien hizo hincapié en que él, precisamente, había pedido que se leyera otra parte del expediente para no rozar el honor de Guerineau.
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Un ex guardiacárcel podría ser detenido por falso testimonio.
Décima, único testigo vivo del secuestro de Vargas Aignasse, se contradijo en su relato. El fiscal Terraf pidió que fuera procesado, pero el Tribunal Oral Federal postergó su resolución hasta que finalice el proceso.
El guardiacárcel (jubilado con el rango de sargento), Carlos Antonio Décima, es el único protagonista vivo del momento en que fue secuestrado Guillermo Vargas Aignasse, ocurrido en la noche del 5 de abril de 1976. Hace 32 años y cuatro meses, como custodio, acompañaba al ex senador provincial y al dirigente comunista Pedro Rubio hacia una supuesta libertad; pero desde ese momento están desaparecidos.
La versión oficial, sobre la que se asientan las defensas de Antonio Bussi y Luciano Benjamín Menéndez, sostiene que cuando se trasladaba a los presos a sus casas, la estanciera rural IKA de la Dirección de Institutos Penales fue interceptada por un auto, del que bajaron militantes de grupos subversivos que se los llevaron con rumbo desconocido. La hipótesis se debilitó a partir de las distintas declaraciones que formuló el testigo entre ese día y ayer. El otro custodio era un chofer de apellido Oviedo, quien falleció tiempo atrás.
Décima quedó a las puertas de la detención por falso testimonio. Una larga lista de contradicciones entre las numerosas exposiciones que brindó en sede policial, de la Justicia Militar, de la Justicia Federal y ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOF), en la audiencia matutina de la víspera, impulsaron que el fiscal federal Alfredo Terraf pida que se lo procesara; lo mismo hizo contra José Víctor Gerez (Ver “Su libertad depende...”). Luego de deliberar, el TOF resolvió que se pronunciará sobre estos dos planteos al finalizar el juicio. En unas 40 oportunidades, cada vez que le marcaban una diferencia en sus propios dichos en las distintas instancias, Décima respondió que no se acordaba o que no recordaba los hechos. Sin embargo, admitió que nunca antes ni después vivió o conoció que otro efectivo haya atravesado una situación excepcional como la suya: llevar a una persona hasta su casa para liberarlo; de noche; en un auto
oficial sin identificación y sin armas. Menos aún que el auto haya sido
interceptado; los trasladados, secuestrados, y los guardias, abandonados ilesos en medio de un cañaveral.
“Fue algo especial”
“Estaba de guardia en el muro. Cuando bajé, Gerez me ordena que custodie a dos detenidos que los llevaban a su casa para liberarlos, yo no los conocía. Le pedí armas, pero me dijo que no hacían falta, que íbamos y volvíamos. Incluso, tuve que dejar mi fusil. Primera vez que vi eso; lo normal era que los espere la familia afuera. Fue algo especial y salimos a las 21.30, sin firmar ningún documento ni nada”, relató.
Décima señaló que en avenida Mitre casi Corrientes se le cruzó imprevistamente un auto. “Yo estaba atrás. No nos dieron tiempo de nada, se apoderaron de la rural en un segundo, nos tiraron al piso y me pusieron una bolsa en la cabeza.
Nadie dijo absolutamente nada ni nos resistimos. Luego nos tiraron en un
cañaveral y nos dijeron: ‘ya volvemos por ustedes’. Al rato, Oviedo se desató, me desató a mí, y salimos corriendo cada uno por su lado”, sostuvo. Después de varias peripecias, volvió al penal entre las 5 y las 5.30, donde lo recibió el entonces titular de la unidad, Marcos Fidencio Hidalgo, le preguntó qué había ocurrido (a él le dio la capucha y la soga con que lo habían atado) y le ordenó que terminara el turno y fuera a su casa.. Aseguró que descansó los dos días de franco y que no estuvo en ninguna comisaría.
Terraf le señaló varias situaciones contradictorias. En la cronología de los hechos, determinó que todo el recorrido desde la salida hasta la llegada al penal demoró unas 2 horas (cerca de las 23.30), por lo cual hay un bache de cinco horas entre los relatos. Agregó que figuran dos declaraciones policiales en momentos en que dijo que estaba descansando (cuyas firmas reconoció, pero aseveró que no se acuerda por el tiempo transcurrido) y que el mismo episodio es contado de formas radicalmente distintas ante el juez militar Roque Ramón Cabral y el juez federal René Padilla, durante 1984.
“¿Secuestraron muchos detenidos de esta forma?”, preguntó al testigo el
presidente del TOF. Gabriel Casas. “No que tenga conocimiento -admitió Décima-.
En mis 22 años de servicio, nunca me volvió a pasar algo así ni supe que le haya ocurrido a otro”.
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