[R-P] [E. Lacolla] Bolivia en las vísperas

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Dom Ago 10 08:37:05 MDT 2008


Bolivia en las vísperas
por Enrique Lacolla

¿Qué irá a pasar después del referéndum de mañana en Bolivia,
cualquiera sea su resultado?

Mañana se vota el referéndum revocatorio en Bolivia, en medio de un
clima de desorden, violencia, provocación, inestabilidad y confusión.
Los factores que han contribuido a generar esta atmósfera son varios.
Por un lado las intrigas del Imperio, por otro una peligrosa vocación
del gobierno de Evo Morales, subyugado por la idea de un indigenismo
abstracto, que lo enreda en una contradicción difícil de resolver
entre el autonomismo y el centralismo. Y en el medio una constelación,
de veras horrible, de derechismo racista, conspiraciones
independentistas, ultraizquierdismo y negación cerril a aprender de
las lecciones de la historia.

El frente opositor al gobierno de Evo es siniestro. Se opone a todo lo
que huela a reforma social y agraria. Por otra parte es incapaz de
plantarse como una opción nacional contra el presidente Morales. Y
tampoco parece estar en condiciones de desequilibrar la balanza
electoral a su favor. Pero, ¿se plantea semejante cometido? ¿O más
simplemente pugna por efectuar una fragmentación del territorio que
deje, a los sectores oligárquicos de la media luna próspera del
Oriente boliviano, el usufructo de sus tierras y sus fabulosos
recursos naturales?

Lo segundo es lo más probable. Como consecuencia de la insurgencia
contra el gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada (un mandatario
neoliberal que hablaba español con acento inglés) y de las elecciones
generales de diciembre de 2005, en las que Evo Morales se impuso con
el 54 % de los sufragios, los detentores de la riqueza decidieron
destruir al gobierno no a través de una confrontación general, sino a
partir de los nacionalismos de campanario (cruceño, tarijeño, etc.).
Han podido usar a este fin no sólo a sus propias bases de clase media
y alta, sino también a la antaño gloriosa Central Obrera Boliviana
(COB), afectada hoy por ese ultraizquierdismo que una y otra vez se
alinea con los sectores que concentran la riqueza y se arroja en
contra de los gobiernos -imperfectos, deficientes si se quiere, pero
en cualquier caso populares-, que intentan un cambio redistributivo y
un control más eficaz de los recursos naturales, a fin de que estos no
sigan siendo saqueados y sean útiles al desarrollo interno.

Los ejemplos en este sentido son legión en Latinoamérica. El MIR
saboteando a Allende en Chile; los comunistas y socialistas en
1945-1955, y Montoneros y Erp en 1975, arremetiendo contra Perón en la
Argentina (el eco de este accionar cabe detectarlo en las payasadas de
Castells y Vilma Ripoll asociándose a la Sociedad Rural en ocasión del
conflicto del campo), el salvajismo con que sectores similares
arremetieron contra el gobierno del mayor Gualberto Villarroel en
Bolivia, colgándolo en la Plaza Murillo de La Paz, en 1946, son
algunos casos arquetípicos de una conducta fruto de una suerte de
anomia que resulta de comprender la historia no a partir de las
realidades que nos rodean, sino de los estímulos librescos que
provienen de circunstancias sin duda importantes y dramáticas, pero a
las que nuestros extremistas de pacotilla hubieran interpretado de una
manera asimismo torcida si les hubiera tocado vivirlas. Un alto
exponente de la COB, que fogonea los bloqueos y disturbios que se
cobraron la vida de dos mineros días pasados, aduce que Evo Morales es
"el único instrumento fiel del imperialismo internacional y servidor
sumiso del presidente de Venezuela, Hugo Chávez." Cómo compatibiliza
el acople del presidente bolivariano con George W. Bush es un
misterio, cuya clave habría que buscarla tal vez en una especie de
complacencia en la necedad más que en la política.

Por otra parte el gobierno de Morales se aferra a una consigna dudosa,
que puede conspirar contra la integridad del país: se empeña en
reconocer a 36 naciones indígenas, otorgando validez oficial a sus 36
idiomas, en el proyecto de la nueva Constitución propugnada por el
MAS. Es de imaginar el impacto que semejante ocurrencia puede tener en
una endeble unidad estatal, afectada por fuertes tendencias
centrífugas.

A pesar de todo se espera que el presidente Morales revalide mañana de
manera contundente su mandato. Pero se tratará, si se verifica, como
deseamos, de una reválida frágil, que es probable deje en pie el
control que la oposición ejerce en los departamentos más ricos de
Bolivia.

El hombre indicado en el lugar preciso

Como se ha dicho en anteriores ocasiones, la contraofensiva
imperialista levanta cabeza en América latina. El embajador
norteamericano Philip Goldberg, señalado con insistencia por el
presidente Morales como factor que aviva el fuego de las disidencias
regionales, tiene una bien fundada experiencia en materia de
separatismos. Fungió como "oficial de escritorio" del Departamento de
Estado en Bosnia, en la época de la desintegración de la ex
Yugoslavia, fue asistente del embajador en Belgrado Richard Holbrooke,
artífice de la destitución de Slobodan Milosevic y, tras ejercer
diversos cargos, entre los que se contó el de encargado consular y
político de la embajada de Estados Unidos en Colombia, volvió a los
Balcanes para dirigir la misión estadounidense en Prístina, Kosovo,
desde donde monitoreó la última etapa del descoyuntamiento de la ex
Yugoslavia.

No son estos, como es obvio, unos antecedentes casuales. Washington
pone al hombre adecuado para servir mejor sus intereses en cada lugar.
De modo que los riesgos que se ciernen sobre un país atrasado, pero
dueño de una gran plataforma de recursos minerales ubicado en el
corazón de América del Sur, son grandes. La pérdida del principio de
autoridad y la ruptura de la estructura jurídica son dos factores que
rondan a Bolivia, para derrotar a los cuales no bastan ni las buenas
intenciones ni las proclamaciones enfáticas sobre la democracia. A los
sectores que conspiran contra el gobierno de Evo Morales la democracia
les importa un bledo. Aunque la invoquen para justificar la defensa de
su propio sector y de sus privilegios.

Así las cosas, en algún momento el ejército boliviano puede quedar
como árbitro final de un proceso de disolución nacional. El rol de las
fuerzas armadas en los países subdesarrollados es otro factor de la
realidad que no se puede suprimir por decreto. La cuestión estriba en
saber hacia dónde van a apuntar los fusiles. Esta es una ominosa
incógnita, imposible de dilucidar para nosotros. De producirse ese
episodio una vez más no habrá que juzgar el proceso en base a
consideraciones abstractas referidas al purismo institucional, sino en
relación a la forma en que marchen los acontecimientos. De cualquier
manera, al menos en relación a la preservación de la integridad del
territorio, las fuerzas armadas bolivianas no deberían poder escapar a
su deber de mantenerla.

Esperemos que no se llegue a ese extremo, y que Evo Morales pueda
imponer sus razones, que son las del progreso y la liberación. No poco
dependerá de la actitud que tengan sus socios en el Mercosur.
Argentina y Brasil deben acordar sus políticas paso a paso, de acuerdo
a la evolución que puedan tomar los acontecimientos en Bolivia. El
respeto de la legalidad institucional y la continuación del actual
gobierno son una obligación impostergable. Si, a pesar de todo, esa
institucionalidad se vulnera, las conductas a seguir deberán ajustarse
al pragmatismo de la realpolitik. Este impone que la preservación de
las fronteras establecidas es imperativa. De lo contrario
ingresaríamos en América latina a una segunda etapa balcanizadora, más
frustrante aun que la primera, producida en las décadas posteriores a
la Independencia.


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Néstor Gorojovsky
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