[R-P] Soy un populista incurable

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Dom Ago 3 19:09:51 MDT 2008


Soy un populista incurable
Viernes, agosto 01, 2008
Fuente: http://lucascarrasco.blogspot.com

Nunca ganaría una elección una fuerza política que siguiera mis
consejos. Y es que, en el fondo, tengo la sospecha de que la derrota
persigue cierto encanto, cierto poder oscuro donde late el deseo. Qué
bolazo que dije, pero algo de eso puede haber. Algo así.

Pienso que una fuerza política que suba al palco a D'Elía, el terror
de la gente de adentro, un tipo que es gordo, morocho, del conurbano y
que está dispuesto a putear y pegar una piña, me cae bien. Me cae bien
que lo suban al palco. Me cae bien una fuerza política que enfrente, o
siquiera amague, o insinúe, prepotear a Clarín, a la jerarquía
católica, que se junte con Hebe de Bonafini, que reciba su pañuelo. Me
gusta ir a los actos y ver a las señoras gordas y pobres de Barrios de
Pie tomando gaseosas de segundas marcas, me gusta mirar a los jujeños
mascando coca de la Tupak, me caen bien –aunque extraños- los pibes de
barba y pelo largo de la JP Evita, me resulta agradable leer Página
12, acordarme del cuadro de Videla, de la primer ministra de economía,
de las mujeres en la corte, de Zafaroni, sí, Zafaroni ahí.

Me gusta acordarme del himno de Charlie García en la Esma, del
discurso de Victoria Donda –que ahora es diputada, diputada- de
Torcuato di Tella diciendo que le aburre el teatro y que no le importa
la puta que esté al frente del Museo de Bellas Artes, me cae bien todo
eso. Lo extraño a Ginés Gonzales García, ese personaje con pinta de
fiestero. Una mujer en el ministerio de defensa, poder hablar del
aborto, la deuda externa, el FMI, la legalización de las drogas. Poder
hablar de este modo.

Me gustó que Kunkel le dijera hijo de puta a Solá, y sí. Que Recalde
grabe a los coimeros, que no esté más Nina Juárez, que se haya hundido
en su mugre el progresismo berreta y conservador. Creo que nada de
esto sirve para ganar una elección, creo que esto por sí mismo no
alcanza para hacer un país más justo. Creo que se están apagando las
cenizas.

Ya veo las caras de los inteligentísimos avispados que, con gesto de
yo te dije, pasarán al frente para explicarnos que somos unos
estúpidos irremediables, que todo esto es un engaño, una fantasía.
Bien, pasen, adelante. Yo soy así: lo disfruté. Quizás quede algo más
por ver. Quizás no.

Pero si estuviese en Venezuela sería chavista, si estuviese en Bolivia
compraría las postales de Evo Morales, si estuviese en Ecuador
apoyaría a Correa, si estuviese en Brasil me vendría a la Argentina,
donde Kirchner cumple las promesas de campaña del PT, si estuviese en
Uruguay me sentiría un extraño, si estuviese en Chile tiraría piedras
contra los carabineros.

Soy un populista irremediable. Y Lozano me parece un pajero. ¿Porqué
nadie escribirá mi canción, mi ensayo, la parte que me toca por ser,
también, de clase media? ¿Por qué los que escriben sobre mí nunca me
tienen en cuenta, porqué no detenerse en que yo no trabajo con las
manos, no soy asalariado, compro más de tres diarios, escucho a Mozart
y voy al cine y al teatro y a los actos kirchneristas? Qué extraña
representación: un país donde todos somos clases medias, no existen
los empresarios –sino los camioneros, los productores, los
periodistas, pero nadie es empresario, parece- ni los trabajadores.

Existen las clases medias y los kirchneristas, que son esos negros que
viven de un plan social o trabajan en el estado y son fuerza de
choque, descerebrados que, perdónalos Jesús, no saben lo que hacen.

Tranquilos, ya les llegará su turno. Relean los dos primeros párrafos
que escribí y entenderán: estoy acostumbrado a ser minoría. Ya les
llegará su turno de hacer un país serio, con derechas e izquierdas y
con división de poderes. Ya les llegará, no se desesperen. Vendrán las
caras bonitas, los discursos con citas a Weber, los salvadores de la
Patria, los respetuosos de las instituciones, los que luchan por la
libertad y la dignidad, los restauradores de la democracia. Yo me
volveré al rincón.

A asustarlos, a ustedes que se asustan fácil, a asustarlos con que
cuidado, despacio, que siempre podemos volver. Que puede volver la
turba de sindicalistas, gordos del conurbano, pañuelos blancos,
pendejos faloperos, barbudos y barderos, señoras tomando gaseosas de
segundas marcas agarradas a una cuerda dentro de una columna
piquetera, y un muchacho, ahí a la izquierda, que escucha a Mozart y
en el fondo está contento con que la canción de las clases medias no
lo incluya.


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