[R-P] DOS MIRADAS OPUESTAS SOBRE EL POSICIONAMIENTO DEL GOBIERNONACIONAL

Leonardo Cofré lcofre en hotmail.com
Mar Abr 29 21:35:54 MDT 2008


Esto  de Boron es un completo desproposito y de una dslealtad a la historia 
y al presente qu enose puede dejar pasar por alto, y parte de una falacia, 
que es la de colocar solo como logro lo actuado en el tema derechos humanos, 
cosa que a alguien le puede parecer relevante pero no lo mas improtante, ni 
central de esta gestion y la anterior, creo que en ese terreno el gobierno 
avanzo mas no por las millas que no recorrio para ver a Fidel Castro, sino 
por el camino de acercamiento a Brasil y sobre todo a Venezuela ()gran 
motivo de esta embestida clarinficada), y por no verse seducido por los 
grandes embusteros del ambito financiero local.
Me parece que lo realizado con respecto al FMI y la deuda externa tiene mas 
valor, sin dejar de lado la cumbre en Mar del Plata, y gestos de integracion 
con la region que se podrian tener en cuenta mas que los que este escriba 
mira con un solo ojo. La deslealtad tiene que ver con la comparacion que mas 
alla de ser odiosas aqui son de mala leche, comparar un gobierno que hace 
18oo dias debatia con Menem, asumiendo con un 22 por ciento y despues de una 
de las mayores crisis, decia, verse escrutado con el mejor gobierno de 
nuestra historia, con el primer peronismo, es un desproposito.

No se trata de no creer en los puntos que Atilio Borombombon enumera, si no 
en que momento se dicen y se plantean, aqui y ahora solo pueden ser leidos 
como una disyuntiva. Esto puede ser leido como, ah!!!! si el gobierno no 
puede apagar un incendio (cosa que ya hizo) o no puede abastecer de monedas, 
o no gasta como vieja avara los fondos de reserva (cosa que le permitio que 
una hubiera una estampida cambiaria, vieja receta que todos conocemos) 
pareceira decir, esta disyuntiva: de que gobierno hablamos, que razon puede 
tener frente a la rapiña rural, o a los falsos dilemas morales en que la 
oposicion, esa calamitosa oposicion que si es de tinte radical no puede 
terminar un gobierno decentemente, y si es de tinte neoliberal nos sumerge 
en las peores crisis que imaginables, con sus consecuencias marciales.

La fuerza de toda esta perorata no es la razon, es la deslegitimizacion y la 
huida a granel de pseudointelectuales frente al poder establecido, ese que 
le hace decir a un tipo que este gobierno no es, por que no fue a Cuba.
Otra vez parte de la inteligenzia contandole las costillas a un gobierno 
popular, si se quiere vestido solamente con los harapos de popular.

Insisto a modo de humorada, prefiero este doble discurso que el discurso 
unico de los noventa.
LEO
----- Original Message ----- 
From: "jorge tribo" <jorgetribo en yahoo.com.ar>
To: "leo cofre" <lcofre en hotmail.com>
Cc: "Lucha de masas para recuperar la Argentina" 
<reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
Sent: Tuesday, April 29, 2008 10:18 AM
Subject: [R-P] DOS MIRADAS OPUESTAS SOBRE EL POSICIONAMIENTO DEL 
GOBIERNONACIONAL


[Ayúdenos a financiar la lista, escriba a recpopmod en gmail.com.]

CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN



LA MIRADA CRITICA DE ATILIO BORON PUBLICADA EN
PAGINA12:

Opinion
Burgués sí, pero, ¿reformista?
En el marco del desafío planteado por el lockout de
los empresarios agrícolas se planteó el debate sobre
los alcances políticos de la medida. En estas páginas,
el sociólogo Eduardo Grüner argumentó que estaba en
juego la legitimidad del Estado para intervenir en la
economía y alertaba sobre los peligros "si la derecha
gana". El politólogo Atilio Boron se suma a la
polémica cuestionando el "reformismo" del actual
gobierno.



Por Atilio A. Boron
Eduardo Grüner publicó un interesante y sugestivo
artículo con el título "¿Qué clase(s) de lucha es la
lucha del 'campo'?" (Página/12, 16 abril 2008) con el
cual tengo algunos acuerdos pero también bastantes
discrepancias. Quisiera tratar sólo una de éstas: su
definición, a mi modo de ver muy generosa, del
kirchnerismo como un gobierno "reformista-burgués".
Sin embargo, esta caracterización provocó pocos días
después la crítica de José Pablo Feinmann quien dijo
que sería infantil esperar que el gobierno de Cristina
fuera "revolucionario socialista". Y agregó, "hoy, un
gobierno reformista burgués es mucho más de lo que la
Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados
Unidos están dispuestos a aceptar en América latina.
Al reformismo burgués le dicen populismo y, para
ellos, es la peste".

Es cierto que el reformismo burgués sigue siendo tan
inaceptable hoy como en 1954, cuando el ensayo
tímidamente reformista burgués de Jacobo Arbenz en
Guatemala fue ahogado en un baño de sangre, y el Che
conoció muy bien esa historia como para sacar las
adecuadas lecciones del caso. Pero, ¿sobre qué base
califican tanto Grüner como Feinmann al gobierno de
los Kirchner como "reformista"? ¿Cuáles fueron las
reformas que impulsaron y ejecutaron? Por supuesto, no
es este el lugar para realizar un balance de lo
actuado en el período abierto con la asunción de
Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003. Digamos, eso
sí, que el mayor acierto del período fue la política
de derechos humanos, más allá de algunas
inconsistencias (entre otras cosas, expresadas en la
total incapacidad para proteger testigos como Julio
Jorge López, desaparecido como en los tiempos de la
dictadura) y que el otro logro de la gestión, menos
importante que el anterior, se produjo en el campo de
la política exterior, acompañando -no obstante sin
mayor protagonismo- el embate de Chávez en contra del
ALCA. No obstante, mismo en este terreno el panorama
no dejó de tener llamativos contrastes porque
simultáneamente Kirchner rechazaba reiteradas
invitaciones para visitar Cuba, se mantenía al margen
de la Cumbre de los No Alineados realizada en La
Habana y viajaba a Nueva York, en 2006, para
participar en la Asamblea General de la ONU rematando
su viaje con una insólita visita a la Bolsa de Valores
de Nueva York y declaraciones, a cuál más
desafortunada, sobre el futuro capitalista de la
Argentina. Para colmo, el año pasado cedió ante la
presión de Washington e impulsó la aprobación, con
fulminante rapidez, de una absurda legislación
"antiterrorista" que en manos de cualquier otro
gobierno puede ofrecer el marco legal necesario para
la completa criminalización de la protesta social y la
disidencia política.

Esos son los dos puntos fuertes del kirchnerismo, ayer
y hoy. Admitido. Pero, ¿dónde están las reformas que
excitan la generosidad de Grüner y la réplica de
Feinmann? No las veo. Para los incrédulos los invito a
comparar la gestión del kirchnerismo ya no con el
reformismo socialdemócrata escandinavo sino con las
del primer peronismo, el del período 1946-1950. En
aquellos años se fortaleció al movimiento obrero, se
aprobó una vasta legislación laboral sin parangón en
la periferia capitalista (vacaciones pagas, aguinaldo,
jubilaciones, estabilidad laboral, indemnizaciones por
despidos, tribunales de trabajo, accidentes laborales,
obras sociales, etcétera), se creó el IAPI, el Banco
de Crédito Industrial, la flota mercante del Estado,
Aerolíneas Argentinas, y se nacionalizaron el Banco
Central, los depósitos bancarios, los ferrocarriles,
los teléfonos, la electricidad y el gas. Durante su
exposición en la Cámara de Diputados, en 1946, Perón
pronunció, a propósito de la nacionalización del Banco
Central, unas palabras que es oportuno recordar en los
tiempos que corren en donde el pensamiento único no
cesa de alabar las virtudes de la supuesta
independencia de los bancos centrales. "¿Qué era el
Banco Central? -se preguntaba Perón-. Un organismo al
servicio absoluto de los intereses de la banca
particular e internacional. Por eso, su
nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida
financiera más trascendental de estos últimos
cincuenta años." Aparte de eso, el Estado pasó a
ocupar un lugar decisivo en la promoción de la
industrialización y sus obras públicas -caminos,
diques, escuelas, hospitales- cubrieron prácticamente
toda la geografía nacional. Además se sancionó una
nueva Constitución, en 1949, en la cual se establecía
una serie de derechos sociales a tono con las
conquistas que en ese terreno se estaban produciendo
en el capitalismo europeo.


Un Estado inexistente

¿Y ahora? El Banco Central está en manos de un Chicago
boy y la obra pública paralizada. El Estado, destruido
por el menemismo, sigue postrado: no puede apagar un
incendio de pastizales en una llanura porque carece
sea del dinero, o de la idoneidad, para adquirir un
avión hidrante canadiense que cuesta menos de veinte
millones de dólares y que hubiera acabado con el fuego
en un santiamén; no puede abastecer de monedas a la
población; no puede regular ni supervisar el
funcionamiento de las empresas privatizadas, y
entonces los usuarios del ferrocarril periódicamente
incendian estaciones y formaciones para hacer oír su
protesta; no puede cobrarle impuestos a Aeropuertos
2000 y entonces se asocia en calidad de "socio bobo" y
minoritario a la empresa en lugar de exigir el pago de
lo adeudado; no puede garantizar que los caminos y
rutas privatizadas estén en correcto estado de
mantenimiento mientras decenas de viajeros mueren a
diario en horribles (y evitables) accidentes; asiste
de brazos cruzados a la desintegración de la red
ferroviaria nacional y como única política propone un
"tren bala"; no exige a las aerolíneas privatizadas
que cumplan un diagrama de vuelos que sirva para
integrar las principales ciudades del país, que los
fines de semana se quedan aisladas; se muestra
indiferente ante el saqueo de los recursos naturales,
desde el petróleo y el gas hasta los minerales, y ante
el gravísimo deterioro del medio ambiente causado por
las explotaciones mineras; prosigue sumido en un
estupor catatónico ante el calamitoso derrumbe de la
educación y la salud públicas, sin que se le ocurra
poner un centavo para remediar la situación, al paso
que se ufana de los 50.000 millones de dólares
atesorados -al igual que Harpagón, el protagonista de
El avaro de Molière- mientras el pueblo pasa hambre,
no puede educarse ni cuidar de su salud. Pese a
disponer de una mayoría absoluta en ambas Cámaras del
Congreso -que vota a libro cerrado cualquier proyecto
que ordene la Casa Rosada-, Kirchner no envió una sola
propuesta para reformar la estructura tributaria
escandalosamente regresiva de la Argentina o para
establecer una legislación que posibilitase un combate
efectivo contra el desempleo, la exclusión social y la
pobreza. Tampoco iniciativa alguna para recuperar el
patrimonio nacional rematado durante el menemismo. Un
gobierno que, por otra parte, a más de cinco años de
inaugurado todavía no definió una política de
distribución de ingresos, consolidación del mercado
interno y desarrollo nacional. Es cierto que se
disminuyó la proporción de pobres e indigentes, pero
ésta aún se encuentra por muy encima de los valores
existentes al inicio de la actual fase democrática de
la Argentina, hace un cuarto de siglo. Con un
agravante: que este gobierno dispuso de una coyuntura
económica excepcional, como ningún otro en nuestra
historia, lo que torna aún más imperdonable que una
parte al menos de esa riqueza no hubiera llegado a
satisfacer las demandas populares. Y pese a sus
estentóreas denuncias en contra de la dictadura, dos
piezas maestras de ese régimen: la Ley de Entidades
Financieras y la Ley de Radiodifusión continúan en
vigencia hasta el día de hoy. La renta financiera
sigue estando libre de impuestos así como las
ganancias resultantes de la venta de sociedades
anónimas. Y el Gobierno sigue sin otorgarle el
reconocimiento oficial a la CTA y convalidando, de ese
modo, el control político de los sectores populares en
manos de una burocracia cuyo desprestigio es absoluto.
Esto explica, en gran medida, la indiferencia popular
ante la ofensiva del mal llamado "campo": el pueblo no
salió a la calle a defender su gobierno porque no lo
siente suyo. Y tiene razón. Sería bueno que el
Gobierno dedicara algún tiempo a reflexionar sobre la
génesis de esta alarmante pasividad popular.

La anterior es una lista incompleta y parcial, pero
suficiente para demostrar que bajo ningún criterio
mínimamente riguroso estamos en presencia de un
gobierno reformista. Es un gobierno "democrático
burgués" (con todas las salvedades que suscita esta
engañosa expresión), pero donde el componente
"burgués" gravita mucho más que el "democrático" y en
donde el reformismo sólo existe en el discurso, no en
los hechos. Es asombroso escuchar, como ha ocurrido
reiteradamente en los últimos años, las invocaciones
de los distintos ocupantes de la Casa Rosada
exhortando a los argentinos a redistribuir el ingreso
y a repartir de modo más equitativo la riqueza. En
fechas recientes la Presidenta volvió a insistir sobre
el tema, a propósito del paro agrario. Pero, si no lo
hace el Gobierno, ¿quién lo puede hacer? ¿Qué esperan?
Si por mí fuera emitiría un decreto de necesidad y
urgencia desde mi cátedra de Teoría Política y Social
de la UBA instituyendo una radical reforma del régimen
impositivo y utilizaría ese dinero para mejorar los
ingresos de todos quienes estén por debajo o un poco
por encima de la línea de pobreza, pero, ¿quién me
haría caso?, ¿qué juez atendería la demanda de los
eventuales beneficiarios?, ¿cómo podría obligar a los
contribuyentes más ricos y a las grandes empresas a
pagar el nuevo impuesto? El Gobierno debería
abstenerse de formular ese tipo de estériles
exhortaciones.


El posibilismo es inaceptable

Creo que lo anterior demuestra con claridad que no hay
"reformismo burgués". ¡Ojalá lo hubiera! No porque el
reformismo satisfaga mis esperanzas sino porque al
menos nos posibilitaría avanzar unos pocos pasos en la
construcción de una verdadera alternativa, es decir,
una salida post capitalista a esta crisis sin fin en
que se debate la Argentina, sea en el estancamiento
tanto como en la prosperidad económica (que llega a
unos pocos).

Por eso es que disiento de lo que plantea Grüner
cuando dice que "si alguien nos chicanea con que
terminamos optando por el 'mal menor' no quedará más
remedio que recontrachicanearlo exigiéndole que nos
muestre dónde queda, aquí y ahora, el 'bien' o su
posible realización inmediata." ¿Dónde queda el
"bien"? Eso lo sabe Grüner tanto como yo: el "bien" es
el socialismo. Pero mientras maduran las complejas
condiciones para su construcción es posible la
realización inmediata de algún "bien", de algunas
reformas que pongan fin a la escandalosa situación en
que nos hallamos. ¿O me va a decir que hará falta una
revolución socialista para aproximar la estructura
tributaria de la Argentina a la que tienen países como
Grecia y Portugal en la Unión Europea, para no hablar
de la que existe en Escandinavia? ¿Será preciso
asaltar el Palacio de Invierno para que las
retenciones al agro -totalmente justificadas en la
medida en que se discrimine entre los distintos
estratos del patronato agrario- se coparticipen con
las provincias y sean asignadas exclusivamente a
combatir la pobreza y a reconstruir la infraestructura
física del país y no al pago de la deuda? ¿Tendremos
que subirnos a la Sierra Maestra para que el Estado
regule cuidadosamente el desempeño de las privatizadas
y avance en un programa de "desprivatización" para
aquellas que se compruebe que han estafado al fisco y
a los usuarios? ¿Habrá que esperar el cañonazo del
Aurora para derogar la Ley de Entidades Financieras de
Martínez de Hoz? En suma: no es un tema de chicanas o
recontrachicanas, sino de exigirle al Gobierno que
haga lo que debe hacer. Que tenga la osadía de ser un
poquito reformista. Y si no hace lo que hay que hacer
es porque no quiere, no porque no puede. Y si no
quiere no veo la razón para que tengamos que apoyarlo
en contra de un fantasmagórico "mal mayor", espectro
invariablemente agitado por quienes quieren que nada
cambie en este país y que termina en el posibilismo y
la resignación. Como creo que estas dos actitudes son
inadmisibles, ética y políticamente, es que me opongo
a entrar en el repetido juego de "nosotros" o el "mal
mayor", que desde hace décadas viene empujando a la
Argentina hacia el abismo y hacia nuestra degradación
como sociedad. Tiene razón Grüner cuando dice que "no
estamos ante una batalla entre dos modelos de país; el
modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al
de la Sociedad Rural". Corrijo: es un solo modelo,
pero no es el de la Sociedad Rural, pobrecita, sino el
de los grandes ausentes de este debate y que los
compañeros del Mocase oportunamente trajeron al primer
plano en su nota del viernes 25 en Página/12: es el
modelo del gran capital transnacional, cuyas naves
insignia en materia agraria son Monsanto, Dupont,
Syngenta, Bayer, Nidera, Cargill, Bunge, Dreyfus, Dow
y Basf. Y si este modelo prosperó fue porque desde
Menem hasta nuestros días -aclaro, dada la
susceptibilidad ambiente, que me parece un disparate
decir como lo hace cierta izquierda trasnochada, que
este gobierno es igual al de Menem- no hubo un solo
gobierno, tampoco el de los Kirchner, que intentara
cambiar el modelo agrario-exportador y poner fin a la
sumisión de nuestro país a las transnacionales. Todos
facilitaron cada vez más las cosas para que la
Argentina se convierta en una especie de emirato
sojero, y si hoy el Gobierno se queja de la rapacidad
"del campo" sería bueno que se interrogue por qué no
hizo nada para impedir que lleguemos a esta situación.
Por lo tanto, lo de "reformista" es una concesión
gratuita a un gobierno que, por lo menos hasta ahora,
no ha hecho ningún esfuerzo serio para hacerse
acreedor de ese calificativo.




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