[R-P] Perfil Barbaro parte uno
Leonardo Cofré
lcofre en hotmail.com
Dom Abr 20 19:30:34 MDT 2008
En un estilo que se viene usando mucho, emparentado con hacer leña del
arbol
caido, pero no con los personajes a quien entrevistan sino con el horizonte
kirchnereano, Fontevechia intenta hacer leña no de, sino con, los arboles
que va talando la politica K. Asi por ejemplo Lavagna pasa de ser un
acerrimo enemigo cuando esta al frente del ministerio ekonomico y al dia
siguiente de dejarlo es ejemplo de rectitud, un aliado del reservoreo moral
democratico que hay que preservar.
COn este fin es entrevistado este Louis Amostrong de la politica, que suena
afinado en todas las bandas, y quiza esa cintura, ese conocimiento politico
lo haga esquivar y dejar mal parado al recto entrevistador. Es lo que hace
que me parezca que el reportaje valga la pena. El lejos de Barbaro sigue
siendo el mejor de los que han desandado el camino del funcionariato. Su
alejamiento deja en puerta la posibilidad de una decision que si se toma en
serio le podria servir a la radiodifusion toda. Los cuestionamientos y las
agachadas, las defecciones son oropeles que cualquier gobierno puede lucir,
el tema es el lustre que algunos le pretenden dar. De formas y maneras, de
eso tambien se trata. Y de desenmascarar este ruin fin que la oposicion, esa
que solo coincide en ir a un programa de Grondona, se abroquela detras de
las virtudes que solicitan y nunca tuvieron. Los conocereis por lo que piden
y nunca tuvieron, podria ser la consigna de estos tiempos.
Leo Cofré.
(con leer el titulo de la nota se advierte la mala leche)
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Reportaje a Julio Bárbaro
"Hoy ser peronista es nada"
La voz de Julio Bárbaro, titular del Comfer hasta hace días, es seguramente
la más autorizada para dialogar sobre las causas y los orígenes de esta
constante tensión entre el Gobierno kirchnerista y los medios. Por qué
Alberto Fernández era su amigo y hoy no se hablan. Kirchner y la pelea con
Clarín. Su relación con Magnetto y el grupo. Señales, contenidos y
monopolio. Su visión, como viejo militante, del futuro del partido al que le
entregó la vida.
Por Jorge Fontevecchia
Desgaste. "El Gobierno se sitúa en un lugar donde lo psicológico tiene más
peso que lo ideológico. Si a usted lo maltrato... pues eso tendrá más peso
que nuestros diferentes pensamientos."
-¿Leyó el reportaje a Feinmann del domingo pasado en PERFIL?
-Sí.
-Hasta hace pocos días usted era el funcionario de más alto rango del
Gobierno nacional con mayor trayectoria en el peronismo. Comenzó en los 70
en la línea Lealtad, cercana a la ortodoxia peronista, fue dos veces
diputado nacional: en 1973 y 1983. Secretario de Cultura de Menem entre 1989
y 1990 y desde 2003 hasta hace dos semanas, interventor del Comfer.
Participó en todos los gobiernos, con Isabel, con Menem, con Duhalde y con
Kirchner. Sobre la base de esa experiencia, ¿cuál es su propia
interpretación de la teoría desarrollada por Feinmann sobre la tensión entre
la clase media y el peronismo?
-No miro al peronismo como un problema de izquierdas y derechas, sino como
una pertenencia e identidad cultural. La izquierda nunca fue lo más
importante del peronismo. El ni yanquis ni marxistas fue muy fuerte, lo cual
no quita que haya un sector progresista que esté por encima de eso. En la
Argentina, para la clase alta y media, este país es horrible, se quedaron a
vivir acá de casualidad. Después están los de abajo, que están enamorados
del país. El peronismo es la expresión política de esa cultura nacional. El
Perón que viene es el que viene a hacer la paz. No lo entendimos y volvimos
a la agudización de la contradicción en la cual perdimos todos. La clase
media es parte de la sociedad; mi viejo, colchonero de máquina al hombro,
intentaba, como hijo de inmigrantes, formar parte de la clase media. Me
parece que la contradicción central es cultural; después, es una escuela de
cuadros. El peronismo tiene tanto poder porque es una escuela de
gobernadores, de intendentes, y aprender a gobernar es imprescindible, si no
te pasa lo que a De la Rúa y Chacho. Hay un aprendizaje. Hoy queda muy poco.
-Queda la organización, como decía Perón, solo ella vence al tiempo.
-Ni queda, porque en esa organización hay gente que aplaudió frenéticamente
a Menem y hoy aplaude frenéticamente a Kirchner. Ese es un cuadro del Estado
que adhiere al poder. Pero el partido como fuerza política necesita
pensamiento y rebeldía. Y falta.
-¿Coincide con la idea de que el antiperonismo es un sentimiento aún más
fuerte que el peronismo?
-No. El antiperonismo en la época de Perón era un pedazo de la realidad. Hoy
lo incitamos los peronistas para encontrar afuera la identidad que no
tenemos dentro.
-¿Hay antiperonismo o antikirchnerismo entre quienes se oponen al Gobierno?
-Las contradicciones que genera el Gobierno no son las históricas del
peronismo. Son las de una forma de moverse y una actitud. Pero muchos de los
que hace tres años negaban a Perón, ahora lo agarran para decir mirá dónde
estoy. Si éramos transversales antes, sigamos siéndolo ahora.
-¿Hay más antikirchnerismo que antiperonismo, entonces?
-El Gobierno tiene una actitud que es del Gobierno, como Menem tuvo una
actitud que era de Menem. Venimos del peronismo, pero estaba tan distante
del peronismo lo que era Menem como lo que es Kirchner.
-¿A qué atribuye la fractura entre una parte de la sociedad y una Presidenta
a sólo cien días de asumir?
-Creo que hay algunos desgastes y contradicciones lógicos y otros,
planteados psicológicamente. Yo no estoy de acuerdo con agarrarnos con la
clase media, hace muchos años que digo que la dirigencia política tiene que
hacer autocrítica y luego pensar por qué el otro se enoja. Me parece que
desenterramos todas las contradicciones sin a veces entenderlas.
-¿No es un Gobierno de cien días sino de cinco años?
-En algunas cosas le ha ido muy bien y en otras, tiene complicaciones y las
siente. Me parece que el Gobierno se para en un lugar donde lo psicológico
está teniendo más peso que lo ideológico. Si yo a usted le grito, lo
maltrato, eso tiene más peso que la diferencia que hay entre nuestros
pensamientos. Algunos de mis viejos amigos tienen la actitud de ser dueños
de una gesta, y entonces acá está el bien y allá está el mal, un maniqueísmo
que parte.
-¿Es cierto que antes de irse le advirtió a Alberto Fernández que el
Gobierno se estaba separando de la gente?
-Con Alberto Fernández tengo una distancia porque el poder delata, y si en
la relación personal que tenemos usted y yo, si mañana usted fuera el jefe,
o lo fuera yo, eso delataría la inmadurez que tenemos. Me acuerdo que
Malraux, en Antimemorias, le pregunta al capellán de guerra: "A usted que
vio morir tanta gente, ¿qué es lo que más le llama la atención del ser
humano?". Y el capellán le dice, en otras palabras, que no hay gente madura.
La madurez es lo que se pone a prueba en el cargo, porque o tenés el poder
adentro y no necesitás expresarlo, o sos un inseguro y necesitás agarrar un
palo y pegarle al otro para que ese poder se exprese. El conflicto está en
el equilibrio que los humanos tenemos entre la soberbia y el talento. Parece
que la soberbia la largamos todos los días, y el talento.
-Es más fácil la primera que el segundo. ¿Alberto Fernández en el poder
delató que es inmaduro?
-Es una persona de la que me sentí amigo y ahora no puedo serlo.
-Sucede habitualmente cuando una persona adquiere poder.
-Sí. Uno se da cuenta de cómo cambió la relación cuando le dicen que la
secretaria no lo puede atender. Este señor se metió el cargo para adentro.
Lo lindo es hablar con gente que por encima del cargo tiene la identidad.
-Usted, en lo personal, y el peronismo antes de Kirchner estuvieron más
asociados a la democracia cristiana. Ahora, Kirchner propone un peronismo
más orientado a la socialdemocracia. La democracia cristiana y la
socialdemocracia son dos partidos que se oponen, el PP de Aznar y Berlusconi
por los primeros y Rodríguez Zapatero y Ségolène Royal por los segundos.
Simplificadamente, unos representan a la derecha y otros a la izquierda. ¿El
peronismo es de centroizquierda, como sostiene Kirchner, o no tiene
ideología, como sostiene Feinmann?
-Estaría más cerca de la definición de Feinmann, pero no por el defecto que
le ve sino como virtud. La contradicción libros y alpargatas yo la explico
diciendo que las alpargatas entendieron a Perón en el 45, y a través de los
libros, la UBA llegó a entender a Perón en el 73.
-Esta aspiración de ordenar el esquema político entre centroderecha y
centroizquierda, ¿le parece irreal?
-Más importante sería acordar quiénes podemos convivir y quiénes somos
enemigos. Creo que sacados los militares y la violencia, somos una sociedad
en la cual hay posibilidad de convivir. He ido a ver al teatro a Peña y su
talento me deslumbra, y sé que D'Elía es la expresión dura de un sector de
la sociedad que dejamos afuera. La sociedad necesita de los dos y yo,
político, tendría que acercarlos.
-¿Para ordenar el sistema político, cuál sería el vector que separe y dé
identidad a dos sectores que compitan y alternen oficialismo y oposición?
-Centroizquierda y centroderecha, y el peronismo se fracturaría porque ya no
existe más. El peronismo estaría de los dos lados, y el radicalismo también.
Hay que reformular un pensamiento democrático que tenga centroizquierda y
centroderecha, y que no hablemos más del peronismo porque lo usamos como
excusa, no como expresión de identidad. Entonces, mi discusión con usted es
a partir de una concepción del mundo. Tenemos ideólogos extremos y lo que
tenemos que saber es instrumental: qué necesito del estatismo y qué de la
libertad para no terminar en una clientela o en un desfasaje que me deje a
la gente muerta de hambre.
-Para Ud. no es equivocada la idea de Kirchner de reformular el esquema
político sobre la base de un polo de centroderecha y otro de
centroizquierda; lo que pasó es que no lo pudo hacer y terminó volviendo al
peronismo.
-No sé, creo que van a seguir intentándolo.
-¿Cómo lo haría desde el peronismo, que tiene centroderecha y
centroizquierda adentro?
-No sólo desde el peronismo: desde el no debate. Me parece que el peronismo
durará lo que dure este Gobierno como expresión del sello.
-¿Cómo pronostica la evolución de los partidos políticos?
-Por primera vez la política, en lugar de ser la salvadora de la economía,
cambió la relación. La política caía porque la economía la arrastraba. Hoy
la política flota porque la economía la empuja.
-¿Y cuando la economía deje de empujar?
-No sé si dejará de hacerlo. Con Perón, el día de su último cumpleaños, nos
quedamos dos horas hablando, nos dijo: "La Argentina la va a pasar mal
porque no estamos entendiendo la realidad. Pero somos productores de
alimentos y el mundo va a necesitarlos, o sea que en el mediano plazo vamos
a volver a ser un país que transite la riqueza". Va a haber crisis política,
pero no estallido, porque la sociedad llega a tensiones pero no pasa nada.
Lo único que podemos mostrar como expresión violenta de una tensión enorme
es una piña. Hay mucha madurez en la sociedad.
-¿Se producirá esa reconstrucción de partidos políticos sobre dos polos o
no?
-Es difícil pronosticarlo porque cuando Alfonsín era gobierno, la clave era
que no había peronismo y un día se inventó Cafiero; cuando Menem era
gobierno, la clave era que no había alternativa: inventamos a Duhalde;
cuando Duhalde era gobierno, no había nadie y surgió una cosa que en ese
momento no era percibida.
-¿De dónde vendría ese invento?
-Básicamente, de la necesidad de la sociedad. Nosotros consumimos las
expresiones políticas. El que más puede ser respetado por todos es Alfonsín.
-¿Quién está mejor preparado para encarar en el futuro la nueva alternativa
que surja? ¿Alguno de los existentes, como Carrió o Macri, o imagina algo
nuevo desde dentro del peronismo?
-De adentro y de afuera. Carrió me parece que fue muy lejos en la agresión,
y que la sociedad no quiere eso como alternativa. Macri es una centroderecha
buena para la Argentina -antes teníamos a Alsogaray-, es mucho más lógica y
con la cual se puede convivir y hablar. Yo no me enojo con la gente que lo
vota. ¡Cómo van a ser fascistas!
-¿Macri podría ser peronista?
-Hoy puede ser cualquiera, porque hoy ser peronista es nada.
-Durante la dictadura militar Ud. estuvo secuestrado. ¿Cómo y por qué fue?
-Volví del exilio en diciembre del 78. Me metí a trabajar con Saadi, y a las
seis de la tarde me secuestró un grupo de militares y me llevaron a un campo
de General Villegas. Estuve tres días. Como había sido diputado, lo
publicaron los diarios y me soltaron.
-Hace algún tiempo, las Madres de Plaza de Mayo exigieron su expulsión del
Comfer porque lo acusaron de compartir una sociedad comercial encargada de
realizar las cobranzas a contribuyentes morosos en la ciudad de Luján con el
ex secretario de Hacienda de la última dictadura militar, Juan Alemann, hace
no muchos años. ¿Fue así?
-Me presenté a una licitación, y después me enteré de que uno de los socios
era Alemann. Es la típica acusación que dura diez minutos.
-En el portal oficial de Madres de Plaza de Mayo publican una biografía suya
donde lo vinculan con López Rega y la Guardia de Hierro; luego, de haber
colaborado con el almirante Massera cuando soñaba convertirse en presidente
por vía electoral representando al peronismo. ¿Son ciertas esas acusaciones?
-Nunca fui lopezreguista. A Massera lo vimos todos cuando éramos gobierno.
En la época de la dictadura estuve en el grupo Intransigencia, donde estaban
Saadi y Nilda Garré.
-¿Su relación con Massera es la misma que la de Nilda Garré?
-Idéntica, nunca lo vi. Es un invento. Pero sí odio en serio a Firmenich, es
de lo peor que le pasó a la sociedad; y esa pelea tiene consecuencias. Ellos
dicen que Perón tiene a López Rega, pero lo tuvo en su decadencia. Esta
estructura política elije a Firmenich de jefe en un exceso de lucidez.
Llegué como Guardia de Hierro a diputado... ¡Qué acusación! Yo respeto a las
Madres, después el juego político interno me importa un rábano.
-En uno de los tantos debates donde se discutía un nuevo modelo de ley de
radiodifusión, Hebe de Bonafini dijo: "Cambiar la ley de radiodifusión es
más fácil que sacar el cuadro de Videla de la escuela militar. No se cambia
porque en el Comfer está Bárbaro, que es un tipo de la dictadura, un hombre
de Duhalde".
-¿Vale la pena contestar? Respeto a Hebe de Bonafini por su historia, la
ideología es otra cosa. Un día le pega al Papa, al otro día apoya a la
ETA... Tiene ese aquelarre ideológico.
-¿Logró finalmente Hebe de Bonafini hacerlo echar del Comfer?
-No tiene nada que ver. Me parece que ni Hebe tiene que ver con la historia
del peronismo ni yo, con la de la derecha que ella inventa. El peronismo no
es Massera ni López Rega ni ellos son Cámpora y la revolución socialista.
Dejémonos de pavadas.
-¿El sentimiento de Kirchner por las Madres de Plaza de Mayo es genuino o
las soborna para usarlas cuando hay que atacar a quien no opine como el
Gobierno, endilgándole fallas morales durante la dictadura?
-No, creo que el Gobierno en el tema de derechos humanos puede terminar
haciendo de la estructura más respetable que tenemos un conflicto de ideas
complicado.
-En el libro "El Jefe. Vida y obra de Carlos Saúl Menem", de Gabriela
Cerruti, se cuenta que Ud. era el intelectual del grupo y le atribuye la
frase: "Hay que cambiar la pasión por la eficiencia". ¿Es suya esa frase y
fue el intelectual de ese grupo?
-Fui un tiempo. También la frase es cierta. En el menemismo duré sólo un año
y medio, y después vinieron las acusaciones de los menemistas.
-Se le atribuye uno de los mejores olfatos políticos del peronismo. Por
ejemplo, fue uno de los cinco primeros dirigentes que formaron el grupo
Calafate, cuando Kirchner medía un punto en las encuestas.
-También tengo la distancia y la experiencia. Elegí a Luder y le ganamos a
Cafiero. Elegí a Menem y me fui diciendo cosas que se cumplieron:
"Muchachos, no vamos a poder caminar por la calle". En este gobierno (de
Kirchner) hay una mística de gesta; allá no, era un jolgorio. Después elegí
a Duhalde y fui de su equipo chico... Fui de los cinco que fundó Calafate...
-¿La distancia crítica de todos ellos le permite perspectiva?
-Siempre digo que del cargo hay que saber bajarse y no caerse. Uno sólo es
dueño de lo que está dispuesto a dejar. Si no, es prisionero.
-Confucio decía que no se puede bajar quien va montado sobre un tigre.
- Pero éstos no van sobre ningún tigre. El problema es que hay inmadurez en
la relación con el poder.
-¿Cómo se produjo su acercamiento a Kirchner tan temprano?
-Vivía a cuatro cuadras y hasta tengo dos honorables cenas con Lilita
Carrió, Bravo, Héctor Timerman y Cristina Kirchner en el Vasco Francés.
-¿Qué le vio a Kirchner en ese momento?
-Le vi la posibilidad. Estuve todo un tiempo en que Alberto (Fernández) no
estaba y cuando volvió, Kirchner nos llevó a comer a Pedemonte y nos dijo:
"Quiero que no se peleen". Le contesté que no me iba a pelear porque no
quería ser funcionario. "Alberto sí quiere y va a ser tu jefe de Gabinete".
Cuando asumió Kirchner, me llamó, enojado: "No me viniste a ver más". "Y si
ya llegaste, para qué te tengo que ver", le dije. Me contestó: "Quiero que
hagas esto, aceptámelo". Muy bien durante bastante tiempo. Tanto que a
Néstor y Cristina Kirchner les llevé a comer a Beatriz Sarlo y a Tulio
Halperin Donghi, y almorzamos largo con una charla muy agradable. Esto era
todavía para más amplitud. La mirada era otra.
-Transversalidad.
-El gran acuerdo nacional, por qué no. Con Beatriz Sarlo no me peleo como
Feinmann porque nunca dudé de mi peronismo ni del no peronismo de ella, así
que no tengo por qué enojarme. Gorilas hoy son los que se irritan con los
pobres, no con el peronismo.
-¿Hay muchos gorilas en el peronismo?
-A patadas. Y hay muchos no gorilas fuera.
-¿Es cierto que tras su salida del Comfer le ofrecieron embajadas y que no
aceptó?
-Me las ofrecieron antes. Apenas asumió, el presidente me dijo: "Te doy
París". "Prefiero ver qué hacemos acá", le contesté. Después me llamó
Alberto Fernández y me ofreció Perú, Cuba y Suiza. Hasta ahí la relación era
excelente, salvo un distanciamiento mutuo. Yo no iba a los actos, dejé de ir
a las fiestas y a los cumpleaños. No quería ir más a ningún lado porque me
sentía distante de ellos.
-¿Qué lo distanciaba?
-Básicamente, la sensación de cerrazón y achicamiento del grupo. Sentí que
el pensamiento estaba reducido a tres o cuatro. No me invitaban a debatir, y
si yo no debato, ¿qué hago?
-A todo aquel que promueva el pensamiento único no le interesará el debate.
-Exactamente. Ellos creen que son peronistas porque se acuerdan sólo de la
frase: "Qué grande sos", que se la cantan. Me parece que la obsecuencia es
atroz.
-¿Intrínseca al poder?
-No, es intrínseca a la mediocridad. En Malraux enamorado de De Gaulle no
hay obsecuencia.
-¿Eso que llama mediocridad era igual con Menem?
-Es distinta la situación. Con Menem era por frivolidad, acá es por la idea
de ser propietario de un conjunto de verdades.
-¿Esta avanzada del Comfer y del Observatorio de Medios habría sido posible
con usted?
-Yo soy un dialoguista; para dar un paso, me sentaba con Clarín, con todas
las radios y con toda la televisión, todos los días y nos agarrábamos a los
gritos. Concebí siempre al Estado como alguien que tiene que escuchar hasta
el cansancio al privado para después resolver juntos, o si se impone, que
sea porque no le queda otra salida. Pienso que el que da contenido no puede
dar servicio. No estoy contra Clarín, estoy con una sociedad más
transparente.
-¿Llegó el tiempo en el que al Gobierno ya no le sirven los tibios como
usted o Alberto Abad de la AFIP y debe reemplazarlos por soldados de
Kirchner?
-Exacto. Es un error generar una guerra para fracturar y exagerar
distancias. Por ejemplo: ¿Es traición escribir en Noticias? (N.del R:
Barbaro escribió algunas columnas en la revista Noticias estando al frente
del Confer).
-Para el Gobierno, sí.
-Una vez le dije que poder escribir en todos los medios enriquecía su
gobierno, que no lo achicaba. Tengo asco por la lealtad en el sentido de la
obsecuencia. Creo que es una virtud de los perros, no de los hombres.
-El ex director del Departamento de Filosofía en Harvard, murió en 2002,
Robert Nozick, define la riqueza como diversidad en armonía. ¿La falta de
diversidad fue lo que lo alejó?
-Me aleja hasta de una pareja. No hay nada más aburrido que alguien que
piense igual que uno.
-Con esas ideas debió ser un extraño en la tribu K...
-Siempre pensaron que tenía una cuota de bohemia que me llevaba a no
aferrarme al poder con las cuatro manos. Vamos a salir de la crisis
política, pero la cantidad de frentes de guerra innecesarios me asustan.
-Describa detalladamente la relación Clarín-Gobierno desde 2003 hasta hoy, y
por qué la relación pasó de ser un matrimonio mutuamente conveniente a un
divorcio controvertido.
-La prensa es su espejo, y como todo espejo, un poquito deformante. Tenemos
más cable que Brasil, México y Chile juntos. Quiere decir que la televisión
gratuita no está: hay más de dos millones de hogares que no tienen
televisión, o ven un canal. Este es el drama, y no lo resolvimos, y eso
sería justicia distributiva, porque dejar a alguien fuera de la televisión
es generar una nueva marginalidad. Tendría que haber una especie de Direct
TV estatal, con la que comprando un decodificador se bajaran ocho señales.
No puede ser que la única televisión sea la paga. Acá, como el target
económico está circunscrito a quien paga cable, al otro que Dios lo ayude.
Esta era la concepción Cavallo-Menem. Nuestro gobierno es totalmente
distinto, pero en algunos temas, como éste, no lo resolvimos, entonces
salimos con cualquier cosa.
-Vuelvo con Gobierno/Clarín, ¿por qué pasaron de una relación satisfactoria
a una de enemistad?
-Porque en el fondo, después de la fusión que el Estado permite a Clarín...
Mire que yo la defendí, como también la prorrogación a diez años de las
licencias, porque todos los canales venían de la crisis muy mal parados
económicamente y no había nuevos actores. Estaba bien darle los diez años,
porque si se los sacaban no iban a venir revolucionarios de izquierda: eran
los mismos. En la Argentina los canales de aire dan pérdida, todos. El cable
sí es una masa de gran ganancia que tendríamos que normar. Clarín es duro,
como todo grupo grande. Son de mal gusto: con todo lo que me llevé bien con
ellos, renuncié a la una de la tarde y a las 10 de la mañana me cortaron el
cable, y era un regalo que me habían hecho.
-A usted se lo acusaba de ser hombre de Clarín.
-Cuando me peleé con Clarín, era el hombre de Moneta; cuando no estaba más
Moneta, era el de Clarín. Yo seguía la política del Estado. Esto es como si
nos pusiéramos a discutir quién conduce a Moreno.
-Este divorcio entre Clarín y el Gobierno, que justo se da cuando usted se
va, ¿fue motivado por el Gobierno o por Clarín?
-Mitad y mitad. Es un gobierno al que lo irrita la crítica externa e
interna: del partido casi no habla nadie, de los funcionarios, no escribe
ninguno, a la televisión no va nadie. Es un gobierno hecho desde una
centralización del poder de Kirchner, a quien respeto, pero con quien no
coincido. Con el tiempo, la centralización aumenta y hay mucho murmullo
opositor, hay un pataleo por abajo y pudre.
-¿Y cuál sería la responsabilidad de Clarín?
-El conflicto es cuál es su libertad cuando pide un favor. Si usted viviera
de la publicidad del Estado, ¿cuál sería su libertad? Clarín necesita que el
cable, como estructura, tenga la protección del Estado, cosa en la que
podemos estar de acuerdo, porque Clarín es un grupo nacional importante.
Después defiendo a los chiquitos que la gran empresa argentina pueda
aplastar. Pero Clarín no es el enemigo, es con quien necesito blanquear: yo
te dejo el cable, pero vos dejá los contenidos, no me pongas TN entre el 11
y el 13 y me pongas Crónica y el 26 en el 64 y el 65.
-¿Ud. dice que Clarín no puede pretender comportarse independientemente y al
mismo tiempo pedirle favores al Estado en su negocio del cable?
-Exactamente. Creo que cuando se hace periodismo independiente se tiene que
zafar de los grandes negocios donde el Estado tiene una influencia concreta.
Desde el punto de vista del liberalismo, habría que decir que entraran todos
los cables del mundo, y éste es nuestro problema como argentinos: somos
todos liberales, salvo en mi negocio, que es guardar el monopolio. Esa es la
situación. Clarín la pasó fea cuando, en alguna medida, nacionalizó los
cables que había vendido al extranjero, y lo defendimos.
-¿No se puede hacer periodismo independiente y tener negocios que precisen
del Estado?
-Exacto. Mi tesis sería que el que hace contenidos tiene que hacer
contenidos y es libre, y el que hace distribución (de TV por cable) como un
servicio público, la luz, el gas, es otra cosa.
-Contenidos usted lo asocia con periodismo independiente.
-Quienes crean contenidos no pueden ser juez y parte, si no, el que
distribuye se los come a todos.
-¿Las empresas que venden el abono al cable -y no los canales de cable- son
un servicio público, como la luz, el gas o el teléfono, a las que habría que
prohibirles producir contenidos?
-Exactamente. Mire como P&E desaparece y aparece Metro, que es de Clarín. Es
como si se fueran absorbiendo la señal.
-¿El error de Clarín fue no darse cuenta de que era una empresa de servicio
público?
-Eso es. Porque como empresa de servicio público tiene necesidades que
limitan su independencia.
-¿Cuál es su pronóstico sobre la evolución de ese conflicto? ¿Llegarán a un
acuerdo en el mediano plazo o, realmente, el Gobierno está dispuesto a
doblegar a Clarín al costo que sea?
-Es quizá la pregunta más pesada de la inteligencia argentina.Soy respetuoso
de Clarín y del Gobierno y creo que sería muy dañino que la pelea
desnacionalizara el cable, porque esto haría que nuestra impotencia de
rencores internos nos llevara a impedir la burguesía nacional. Como conozco
a Magneto, lo odio; como no conozco a Telefónica, que venga. Y esto ha sido
bastante largo en nuestra historia. Pienso que la necesidad de la realidad
hará dialoguistas aun a los que están en contra de dialogar. No por
principios, sino porque no tienen otra salida. Los del campo y los de Clarín
van a ir acercándose porque los dos son serios, los dos son importantes, y
esa pelea, que tienen raíces reales, puede terminar en agresiones
innecesarias.
-¿A su juicio la sangre no va a llegar al río?
-No. Y en todo sentido. Lo de los camioneros y el corte de ruta, lo de
D'Elía
en la plaza, en cualquier otro momento, era un desastre. Creo que la
sociedad tiene temor. Las sociedades entran en la madurez cuando no
encuentran otra salida.
-Tras su paso por el Comfer, ¿qué opinión le queda de los medios argentinos?
-Tenemos buena prensa, la televisión tiene cuatro dueños y son distintos,
los canales de noticias son una maravilla. Creo que hay mucho talento, mucha
producción, hay una cantidad monstruosa de canales argentinos que venden al
extranjero, los canales regionales.
-Ese balance es sobre la creatividad y la producción argentina. Respecto de
las empresas de la comunicación, ¿el balance también es satisfactorio?
-Sí, e incluyo a Clarín en eso.
-Me parece que el balance no estaría completo sin mencionar que a partir del
menemismo, muchos medios de comunicación fueron adquiridos por personas cuyo
fin no son los medios sino usarlos como mecanismo de presión para obtener
ventajas en otros negocios sumado a que medios conducidos por personas que
sí estan dedicadas a la comunicación prefieren ponerlos al servicio de
intereses, generalmente del gobierno de turno, para obtener ventajas
económicas que no provienen del éxito de su propio negocio. ¿Hay alguna
crítica que Ud. tenga para hacer sobre esta situación?
-Más que crítica, creo que hay una lógica del capitalismo, donde la prensa
está sentada en la mesa del poder. Esto es acá y es allá.
-Mirelo de esta forma: en todo el mundo los canales de televisión abierta
son muy rentables. Tanto en países grandes como en Italia, donde Berlusconi
antes de ser quien es amasó su fortuna inicial con la televisión abierta,
hasta en los más pequeños como Perú, incluso en Ecuador los canales de
televisión son negocios rentables. El ejemplo cercano es que en Chile hay
cuatro canales de aire y todos ganan mientras que en Argentina hay cuatro y
todos pierden. ¿No percibe que la televisión pierde dinero porque fue
adquirida por personas cuyo fin no es que ellas sean su medio de vida sino
que la utilizan para ganar mucho más dinero en otras actividades más
rentables?
-Es probable que la televisión sea un negocio marginal a la estructura. Para
Clarín, es más negocio el cable que Canal 13. Para Telefónica, es más
importante el teléfono que el 11. Porque aguantan la pérdida.
-Aguantar no es la palabra que mejor defina esa estrategia.
-Creo que olvida que la riqueza que en otros países se lleva la televisión
acá se la lleva el cable. La facturación de cable es monstruosa y es el que
en parte mantiene a la televisión.
-El cable no tiene que ver centralmente con lo que estamos hablando ahora,
Ud. mismo separaba antes distribución, como empresa de servicios públicos,
de producción de contenidos. Una cosa son las señales de cable, que son muy
modestos negocios, con la distribución de cable, donde sí se encuentra un
negocio de la magnitud de un servico público.
-Se lo doy vuelta. En alguna medida, lo que pasa es que como la televisión
no es negocio en sí misma va buscando salidas alternativas.
-En todas las disciplinas muchos análisis errados confunden causa y
consecuencia. Primero lo primero: lo importante es determinar primero por
qué la televisión abierta no es negocio siéndolo en todo el mundo. Esa es la
causa irreductible. Luego como consecuencia de ese contexto aparecerán
jugadores que no son los que crearon las causas y tampoco son determinantes
que, para sobrevivir en esa situación o para satisfacer sus expectativas
económicas que no pueden ser alcanzadas de una forma normal, vendan a la
abuela.
-Es posible que lo haya cambiado desde ahí. También es un hecho que el peso
del cable desarma todo. El cable factura 150 millones de dólares por mes.
-El cable es un servicio público.
-La publicidad se la está llevando el cable.
-Un 10% del total de la torta. Con ese criterio Internet es más amenaza para
la televisión abierta que el cable.
-Usted lo que plantea es que la estructura de algunos medios, el nervio, no
es la libertad de prensa sino el lobby.
-Eso no sólo modifica la televisión sino a todos los medios incluyendo la
gráfica y las radios porque las tarifas de publicidad de todos los medios
están interrelacionadas, y si en la TV abierta, que en todas partes del
mundo es el medio que concentra la mayor inversión publicitaria, son bajas,
también serán bajas las tarifas de la gráfica o la radio. Lo que genera que
también en estos medios aparezcan personas con prácticas y normas éticas que
no eran las habituales en los medios de comunicación.
-No lo tengo analizado así, pero la lógica que usted plantea es que el
negocio da pérdida, ergo, hay algo que lo desvirtúa. En eso estoy de
acuerdo.
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