[R-P] 3. Lo que hay y lo peor (hugopresman en yahoo.com.ar)
Aurelio Bujaldon
abujaldon en arlinkbbt.com.ar
Dom Abr 20 16:48:22 MDT 2008
Hugo,
Comparto bastante conceptos de la nota.
Gracias por publicarla
Salu-2
Aurelio
3. Lo que hay y lo peor (hugopresman en yahoo.com.ar)
Lo que hay y lo peor
Por José Pablo Feinmann
No hay debate de ideas. Lo que se expone sirve para propulsar intereses,
ocultándolos. Cuando uno cree que va a encontrar ideas se topa con textos de
relevante pobreza. Son tiempos devaluados. En ese aspecto. En otros, son
tiempos de furiosa beligerancia. Pocas veces -salvo en jornadas inminentes a
golpes de Estado-, el periodismo jugó un papel tan importante, tan brutal,
tan parcial como en estos momentos. Todo el periodismo -no sé cuál será la
excepción, seguramente este diario, al que todos agreden como oficialista o
directamente servil: vivimos en la época de los agravios, no de las ideas-
apunta sus dardos contra el Gobierno. El nivel de ideas, de conceptos, de
análisis es tan pobre, que no hay con quien polemizar. Si uno, hoy, dice:
"Las retenciones al agro, por medio de un Gobierno con tenues tendencias a
intervenir en la economía, son importantes para una paulatina redistribución
de la riqueza, aun cuando, como todos sabemos, ese Gobierno no quiere ir más
allá de un proyecto democrático, capitalista, con toques de
distribucionismo, de un keynesianismo que lo acerca, aunque levemente, al
Estado de Bienestar del primer peronismo, el que se explayó, sobre todo,
entre 1946-1952", uno pasa un lunes tranquilo, el teléfono suena poco, no lo
agreden en las radios, ningún medio de lumpen-periodismo le discute algo.
Primera causa: porque no entendieron casi nada. Segunda causa: si
entendieron algo, temen discutir en esos términos. Si uno, en cambio, dice:
"El llamado 'campo' es proto-golpista", lo llaman de todos lados, o no lo
llaman y lo agreden, lo insultan, a los diez minutos de "proto-golpismo" se
pasó directamente a "golpismo" y ahí están todos opinando, lengüeteando
palabras a diestra y siniestra, todos grandes profesores, grandes
opinólogos, grandes, en fin, formadores de opinión. Que eso, es cierto, es
en lo que se han convertido. Convencen a "la gente" de cualquier cosa. Todos
enemigos de un Gobierno que, en el mayor error que cometió, en un error
acaso suicida, les regaló los medios. Ese error puede ser grave -no sólo
para este Gobierno- sino para la democracia de este país. Porque lo que a
través de ellos se explicita es el racismo, el odio de clases, el odio a la
negrada, el odio a los inmigrantes, un machismo repugnante que late en todos
los agravios a la Presidenta (que se formulan, ante todo, agraviando su
condición de mujer, de aquí que se le diga "neurótica", "histérica" o "que
habla con un tonito que no se aguanta"), el apoyo a todos los que se
enfrentan a un Gobierno elegido democráticamente y cuya legalidad, aun en
medio de sus feroces ataques, debieran aclarar que respetan. Imposible: es
hablar en el desierto. Se trata de una cruzada sin retorno.
No tengo espacio aquí para entrar en la cuestión populismo-mercado (que es
la antinomia que hoy realmente está en juego), porque el tema es para ser
desarrollado extensamente. Hoy, en este diario, si alguien quiere leerlo,
ese tema está: en el suplemento que publico domingo tras domingo, hoy, sus
dos primeros parágrafos abordan esta cuestión. El primero lleva por título:
Pasado y presente de la batalla entre el intervencionismo estatal y el libre
mercado. El segundo: La palabra clave de la distribución del ingreso:
"retención". Mi contratapa, hoy, es ésa. No es casual. Le estoy dedicando un
amplio espacio al golpe de 1955 porque, en él, todo está prefigurado.
También lo que pasa hoy. En el plano económico, el golpe de 1955 vino para
destruir el intervencionismo estatal peronista (expresado, sobre todo, por
el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, IAPI) e implantar la
economía de la libertad absoluta del mercado respaldada por el apoyo
financiero externo, ya que es, en ese momento, cuando nuestro país ingresa
al Fondo Monetario Internacional.
Ante la pasmosa pobreza conceptual recibí con alegría una nota de Eduardo
Grüner, publicada en este diario. Admiro a Grüner y he leído con pasión sus
libros. Es profesor de Teoría Política y de Sociología del Arte en la
Universidad de Buenos Aires. La gente conoce más a Chiche Gelblung que a él,
desde luego. Pero así es "la gente".
Grüner señala que las medidas tomadas "por uno de los sectores más
concentrados de la clase dominante argentina" son "sobredimensionadas,
extorsivas, objetivamente reaccionarias, y actuadas en muchos casos con un
discurso y una ideología proto-golpista, clasista y aun racista". Totalmente
de acuerdo. El sector de la clase dominante o, si usted prefiere, de la
clase dirigente o, para ahondar más la cuestión, del "establishment", de eso
que es, realmente, el Poder y no el Gobierno (con lo cual les señalamos a
ciertos progres, que creen estar luchando contra el Poder desde la "libertad
de prensa", que no lo están haciendo, ya que el Gobierno, lejos, muy lejos,
está de ser el Poder sino que sólo es el Gobierno), que está enfrentando al
Gobierno que preside Cristina F. es el sector agrario, encabezado por la
Sociedad Rural y utilizando como tropa a los llamados "pequeños productores"
que, al haberse encolumnado con los poderosos, revelan que son pequeños muy
a su pesar y que no lucharán contra los grandes sino que buscan ser como
ellos. Ninguno de los "pequeños" habría engrosado la manifestación de los
"grandes", ni siquiera un almacenero, si quisiera en verdad ser diferente de
los "dueños de la tierra", pero no. Quieren dejar de ser peones de los
grandes y pasar a ser patrones de sus peones propios. Actúan como clase
media que son. La clase media teme "bajar" y ser clase baja, negrada, clase
obrera o excluida social, quiere trepar y ser clase alta. La "unidad" del
2001 fue una ilusión hiper-momentánea. "Piquetes, cacerolas, la lucha es una
sola." No, la lucha no es una sola. La clase media juega a favor del
establishment porque ésa es su meta en la vida: trepar en la escala social.
La unidad con los piquetes del 2001 fue una medida coyuntural de
supervivencia. Ahora está donde quiere estar: caceroleando para los dueños
de la tierra, para la Sociedad Rural, dándole cuerpo a la protesta, espesor,
ruido y cierta masividad. (A propósito: olvidarse de la "cacerola". La
"cacerola" nació como instrumento de las señoras bien de Chile para derrocar
al comunista Allende y traer al democrático Pinochet. Nunca me gustó la
cacerola aquí, en el país. Siempre me olió a conchetaje chileno. A
septiembre de 1973. Al preludio de la masacre chilena, que fue el preludio
de la nuestra.) Grüner, creo, se equivoca cuando escribe: "En fin, no
estamos -hay que ser
claros- ante una batalla entre dos 'modelos de país'; el modelo del Gobierno
no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural". ¿No? ¿Y todo este
desmadre, entonces, por qué? Grüner dice que el proyecto del Gobierno y el
de la Sociedad Rural son sustancialmente no-distintos porque los dos son
capitalistas. Califica al Gobierno de "reformista-burgués". ¿Y qué podría
ser? ¿Lo que dice algún jovencito del PO, que acaba de leer el Manifiesto
Comunista? ¿Debería ser revolucionario socialista? Hoy, un gobierno
reformista burgués es mucho más de lo que la Sociedad Rural, todo el
establishment y los Estados Unidos están dispuestos a aceptar en América
latina. Al reformismo burgués le dicen populismo y, para ellos, es la peste.
Grüner (que está a infinita distancia intelectual de cualquier jovencito que
asoma al mundo de la politología) lo sabe y se rectifica a sí mismo. Lo que
aquí se juega es un choque entre "lo que hay" y "algo mucho peor". Entre un
gobierno populista, con tendencias a la distribución del ingreso y al
intervencionismo de Estado, y la más rancia, la más poderosa, la más
represiva derecha de América latina. Es cierto que "a lo que hay" hay que
pedirle que sea más. Pero no ahora. Ahora "lo que hay" es, para la derecha,
intolerable. Y busca desestabilizarlo, cuanto menos. De aquí que, Eduardo,
porque es mi amigo, es mi compadre aunque tengamos diferencias, que son
menores ante los monstruos que nos amenazan, aclara que no está a favor del
Gobierno sino en contra "de intentonas que a esta altura ya nadie puede
dudar (...) que son 'desestabilizadoras', 'golpistas', 'reaccionarias'". Y
aclara que no debemos equivocarnos "sobre dónde está el peligro mayor".
Inútil, Eduardo, que insistas tanto en decir que no estás "a favor" del
Gobierno. Sólo con lo que dijiste la ralea comunicacional y la derecha te
tildarán de "cristinista", "kirchnerista" y, lo siento, "peronista". Son
así.
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