[R-P] [David Harvey - 3 de 3] Neoliberalismo y destrucción creativa
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Abr 10 07:10:56 MDT 2008
[tercera de 3 partes]
3. La administración y la manipulación de crisis
Más allá de la espuma especulativa y a menudo fraudulenta que
caracteriza gran parte de la manipulación financiera neoliberal, se
halla un proceso más profundo que involucra accionar la trampa de la
deuda como un medio primordial de acumulación por desposeimiento. La
creación, administración y manipulación de crisis en la escena mundial
se ha convertido en el fino arte de la redistribución deliberada de
riqueza de los países pobres a los ricos. Al aumentar repentinamente
las tasas de interés en 1979, Paul Volcker, en aquel entonces
presidente de la Reserva Federal de EE.UU. subió la proporción de
beneficios extranjeros que los países prestatarios tenían que invertir
en los pagos por intereses por deudas. Forzados a la bancarrota,
países como México tuvieron que aceptar el ajuste estructural.
Mientras proclamaba su papel como un noble líder que organiza rescates
para mantener la estabilidad y la dirección de la acumulación global
de capital, EE.UU. también pudo abrir la puerta para el saqueo de la
economía mexicana mediante el despliegue de su poder financiero
superior bajo condiciones de crisis local. El complejo Tesoro de
EE.UU./Wall Street/FMI se convirtió en experto en hacerlo por doquier.
El sucesor de Volker, Alan Greenspan, recurrió varias veces en los
años noventa a tácticas similares. Las crisis de la deuda en países
individuales, poco común en los años sesenta, se hizo frecuente
durante los años ochenta y noventa. Casi ningún país en desarrollo
dejó de ser afectado y en algunos casos, como en Latinoamérica, tales
crisis fueron suficientemente frecuentes como para ser consideradas
endémicas. Esas crisis de la deuda fueron orquestadas, administradas y
controladas tanto para racionalizar el sistema como para redistribuir
activos durante los años ochenta y noventa. Wade y Veneroso capturaron
la esencia de esa tendencia cuando escribieron sobre la crisis
asiática de 1997 y 1998 – provocada inicialmente por la operación de
fondos de alto riesgo basados en EE.UU.: Las crisis financieras
siempre han causado transferencias de propiedad y poder a los que
mantienen intactos sus propios activos y están en la posición de crear
crédito, y la crisis asiática no es una excepción... no cabe duda de
que las corporaciones occidentales y japonesas son los grandes
ganadores... La combinación de masivas devaluaciones impulsó a la
liberalización financiera, y la recuperación facilitada por el FMI
incluso podría precipitar la mayor transferencia de activos de
propietarios nacionales a extranjeros en tiempos de paz de los últimos
cincuenta años en cualquier parte del mundo, eclipsando las
transferencias de propietarios nacionales a estadounidenses en
Latinoamérica en los años ochenta o en México después de 1994. Se
recuerda la declaración atribuida a Andrew Mellon: "En una depresión
los activos vuelven a sus legítimos dueños." (18)
La analogía con la creación deliberada de desempleo para producir una
fuente de mano de obra excedente mal remunerada, conveniente para la
acumulación ulterior, es exacta. Valiosos activos pierden su uso y su
valor. Yacen inertes y durmientes hasta que capitalistas en posesión
de liquidez deciden apoderarse de ellos e insuflarles nueva vida. El
peligro, sin embargo, es que las crisis pueden descontrolarse y
generalizarse, o que surgirán revueltas contra el sistema que las
crea. Una de las funciones primordiales de las intervenciones
estatales y de las instituciones internacionales es orquestar crisis y
devaluaciones de manera que permitan que ocurra la acumulación por
desposeimiento sin provocar un colapso general o una revuelta popular.
El programa de ajuste estructural administrado por el complejo Wall
Street/Tesoro/FMI se ocupa de la primera función. Es tarea del aparato
comprador estatal neoliberal (respaldado por la ayuda militar de las
potencias imperialistas) asegurar que no ocurran insurrecciones en el
país que ha sido atracado. Sin embargo, emergieron señales de revuelta
popular, primero con el levantamiento zapatista en México en 1994, y
después con el descontento generalizado que informó a los movimientos
contra la globalización como el que culminó en Seattle en 1999.
4. Redistribuciones estatales
El Estado, una vez que se ha convertido en un conjunto neoliberal de
instituciones, se convierte en un agente primordial de las políticas
redistribuidoras, invirtiendo el flujo de las clases altas hacia las
bajas que había sido implementado durante la era precedente
socialdemócrata.
Lo hace en primer lugar mediante esquemas de privatización y recortes
en los gastos gubernamentales que debían apoyar el salario social.
Incluso si la privatización parece ser beneficiosa para las clases
bajas, los efectos a largo plazo pueden ser negativos. A primera
vista, por ejemplo, el programa de Thatcher para la privatización de
las viviendas sociales en Gran Bretaña pareció ser un regalo a las
clases bajas cuyos miembros ahora podían pasar de ser arrendatarios a
ser propietarios a un coste relativamente bajo, obtener el control de
un activo valioso, y aumentar su riqueza. Pero una vez que fue
completada la transferencia, entró en juego la especulación con la
vivienda, particularmente en ubicaciones centrales de primera,
terminando por sobornar u obligar a las poblaciones a partir a la
periferia en las ciudades como Londres, y convirtiendo a lo que eran
barrios de viviendas de clase trabajadora en centros de intenso
aburguesamiento. La pérdida de viviendas asequibles en áreas centrales
resultó en la falta de viviendas para muchos y en viajes
extremadamente largos para los que tenían trabajos mal remunerados de
servicio. La privatización de los ejidos (derechos de propiedad común
de la tierra bajo la constitución mexicana) en México, que se
convirtió en un componente central del programa neoliberal establecido
durante los años noventa, tuvo efectos análogos en el campesinado
mexicano, obligando a muchos habitantes rurales a irse a las ciudades
en busca de trabajo. El Estado chino creó toda una serie de medidas
draconianas mediante la cual activos fueron conferidos a una pequeña
elite en detrimento de las masas.
El Estado neoliberal también busca redistribuciones mediante una serie
de otras medidas como ser revisiones en el código tributario para
beneficiar a los rendimientos de inversiones en lugar de ingresos y
salarios, la promoción de elementos regresivos en el código tributario
(como ser impuestos a la venta), el desplazamiento de gastos estatales
y el libre acceso para todos mediante tarifas de usuarios (por ejemplo
en la educación superior), y la provisión de una vasta gama de
subsidios y beneficios tributarios a las corporaciones. Los programas
de asistencia que ahora existen en EE.UU. en los ámbitos federal,
estatal y local, equivalen a una vasta reorientación de los dineros
públicos para beneficiar a las corporaciones (directamente como en el
caso de subsidios a la agroindustria e indirectamente como en el caso
del sector militar-industrial), de un modo muy parecido a como opera
la deducción de los impuestos de la tasa de interés hipotecario en
EE.UU., como un masivo subsidio para los propietarios de casas de
altos ingresos y para la construcción industrial.
El aumento de la vigilancia y del mantenimiento del orden y, en el
caso de EE.UU., el encarcelamiento de elementos recalcitrantes en la
población, indican un rol más siniestro de intenso control social. En
los países en desarrollo, donde la oposición al neoliberalismo y a la
acumulación por desposeimiento puede ser más fuerte, el papel del
Estado neoliberal asume rápidamente el de represión activa incluso
hasta el punto de la guerra de baja intensidad contra movimientos
opositores (muchos de los cuales pueden ahora ser convenientemente
calificados de terroristas para obtener la ayuda militar y el apoyo de
EE.UU.) tales como los zapatistas en México o los campesinos sin
tierras en Brasil.
En efecto, informó Roy: "La economía rural de India, que sostiene a
setecientos millones de personas, está siendo agarrotada.
Agricultores que producen demasiado están necesitados, agricultores
que producen demasiado poco están necesitados, y los jornaleros
agrícolas sin tierra están sin trabajo porque grandes propietarios y
haciendas despiden a sus trabajadores. Todos atestan las ciudades en
busca de empleo." (19) En China, se calcula que por lo menos la mitad
de 1.000 millones de personas tendrá que ser absorbida por la
urbanización durante los próximos diez años si se quiere evitar el
caos y la revuelta en el campo. No se sabe lo que esos itinerantes
harán en las ciudades, aunque los amplios planes de infraestructura
física que están siendo implementados logren llegar a absorber en algo
los excedentes laborales liberados por la acumulación primitiva.
Las tácticas redistribuidoras del neoliberalismo son amplias,
sofisticadas, frecuentemente marcadas por estratagemas ideológicos,
pero devastadoras para la dignidad y el bienestar social de
poblaciones y territorios vulnerables. La ola de neoliberalización por
destrucción creativa que ha recorrido el globo no tiene paralelo en la
historia del capitalismo. Con razón ha generado resistencia y una
búsqueda de alternativas viables.
Alternativas
El neoliberalismo ha generado un conjunto de movimientos opositores
tanto dentro como fuera de su radio de acción, muchos de los cuales
son radicalmente diferentes de los movimientos basados en los
trabajadores que dominaron antes de 1980. Digo muchos, pero no todos.
Los movimientos tradicionales basados en los trabajadores no están de
ninguna manera muertos, ni siquiera en los países capitalistas
avanzados en los que han sido muy debilitados por el ataque
neoliberal. En Corea del Sur y Sudáfrica, vigorosos movimientos
sindicales aparecieron durante los años ochenta, y en gran parte de
Latinoamérica florecen los partidos de la clase obrera. En Indonesia,
un putativo movimiento sindical de gran importancia potencial lucha
por ser escuchado. El potencial de malestar laboral es inmenso aunque
impredecible.
Y no es evidente tampoco que la masa de la clase trabajadora en
EE.UU., que durante la última generación votó consistentemente contra
sus propios intereses materiales por motivos de nacionalismo cultural,
religión, y oposición a múltiples movimientos sociales, permanecerá
para siempre bloqueada en una política semejante por las maquinaciones
por igual de republicanos y demócratas. No hay motivos para excluir en
el futuro la resurgencia de una política basada en los trabajadores
con una fuerte agenda antineoliberal. Pero las luchas contra la
acumulación por desposeimiento están fomentando líneas bastante
diferentes de lucha social y política. En parte debido a las
condiciones peculiares que dan origen a esos movimientos, su
orientación política y modos de organización se diferencian
fuertemente de los que son típicos en la política socialdemócrata. La
rebelión zapatista, por ejemplo, no buscó la toma del poder estatal o
la realización de una revolución política. En su lugar postuló una
política inclusiva para trabajar a través del conjunto de la sociedad
civil en una búsqueda abierta y fluida de alternativas que
consideraran las necesidades específicas de diferentes grupos sociales
y les permitiera mejorar su suerte. Desde el punto de vista
organizativo, tendió a evitar el vanguardismo y se negó a adoptar la
forma de un partido político. En su lugar prefirió seguir siendo un
movimiento social dentro del Estado, intentando formar un bloque de
poder político en el que las culturas indígenas fueran centrales en
lugar de ser periféricas. Con ello trató de lograr algo similar a una
revolución pasiva dentro de la lógica territorial del poder estatal.
El efecto de tales movimientos ha sido transferir el terreno de la
organización política lejos de los partidos políticos y de las
organizaciones sindicales tradicionales hacia una dinámica política
menos enfocada de acción social a través de todo el espectro de la
sociedad civil. Pero lo que perdieron en enfoque lo ganaron en
relevancia. Sacaron sus fuerzas del arraigo en los trabajos diarios de
la vida y lucha de todos los días, pero al hacerlo a menudo les fue
difícil salirse de lo local y de lo particular para comprender la
macropolítica de lo que fue y es la acumulación neoliberal por
desposeimiento. La variedad de tales luchas fue y es simplemente
sorprendente. Es difícil llegar a imaginar conexiones entre ellas.
Fueron y son parte de una mezcla volátil de movimientos de protesta
que recorrieron el mundo y ocuparon crecientemente los titulares
durante y después de los años ochenta. (20) Esos movimientos y
revueltas fueron a veces aplastados con una violencia feroz, en la
mayor parte por poderes estatales que actuaban en nombre del orden y
la estabilidad. En otros sitios produjeron violencia entre etnias y
guerras civiles cuando la acumulación por desposeimiento condujo a
intensas rivalidades sociales y políticas en un mundo dominado por
tácticas de dividir para gobernar por parte de fuerzas capitalistas.
Los Estados clientes apoyados militarmente o en algunos casos con
fuerzas especiales entrenadas por las principales potencias
(encabezadas por EE.UU., y Gran Bretaña y Francia con un rol menor)
lideraron en un sistema de represiones y liquidaciones para bloquear
implacablemente los movimientos activistas que cuestionaban la
acumulación por desposeimiento.
Los propios movimientos han producido una abundancia de ideas respecto
a alternativas. Algunos tratan de desvincularse total o parcialmente
de los poderes abrumadores del neoliberalismo y del
neoconservadurismo. Otros buscan justicia social y medioambiental
globales mediante la reforma o disolución de poderosas instituciones
tales como el FMI y la OMC , y el Banco Mundial. Otras destacan una
recuperación de los bienes comunes, mostrando con ello profundas
continuidades con luchas de hace tiempo, así como con luchas libradas
a lo largo de la amarga historia del colonialismo y el imperialismo.
Algunas conciben una multitud en movimiento, o un movimiento dentro de
la sociedad civil global, para enfrentar a los poderes dispersos y
descentrados del orden neoliberal, mientras otros buscan de un modo
más modesto experimentos locales con nuevos sistemas de producción y
consumo animados por diferentes tipos de relaciones sociales y
prácticas ecológicas. También existen las que confían en estructuras
más convencionales de partidos políticos con el objetivo de obtener el
poder del Estado como un paso hacia la reforma global del orden
económico. Muchas de estas diversas corrientes se juntan ahora en el
Foro Social Mundial en un intento de definir su misión compartida y
edificar una estructura organizativa capaz de enfrentar las numerosas
variantes del neoliberalismo y del neoconservadurismo. Hay mucho que
admirar y para inspirar en esto. (21) Aunque ha sido efectivamente
disfrazado, hemos vivido toda una generación de lucha de clases
sofisticada por parte de las capas superiores por restaurar, o como en
China y Rusia por edificar, la dominación de clase.
Pero ¿qué tipo de conclusiones pueden ser extraídas de un análisis del
tipo que hemos estructurado? Para comenzar, toda la historia del
compromiso socialdemócrata y el subsiguiente giro hacia el
neoliberalismo indica el papel crucial jugado por la lucha de clases
para limitar o restaurar el poder de clase. Aunque ha sido
efectivamente disfrazado, hemos vivido toda una generación de lucha de
clases sofisticada por parte de las capas superiores por restaurar, o
como en China y Rusia por edificar, la dominación de clase. Esto
ocurrió durante décadas en las que muchos progresistas fueron
teóricamente persuadidos de que la clase era una categoría falta de
significado y en las que las instituciones desde las que se había
librado la lucha hasta entonces por cuenta de las clases trabajadores
estuvieron bajo un ataque feroz. La primera lección que debemos
aprender, por lo tanto, es que si algo parece lucha de clase y actúa
como lucha de clase, tenemos que llamarla por lo que es. La masa de la
población tiene que resignarse a la trayectoria histórica y geográfica
definida por el abrumador poder de clase o responder en términos de
clase.
Decirlo de esta manera no es deshacernos en nostalgia por alguna era
dorada en la que el proletariado estaba en movimiento. Tampoco
significa necesariamente (si alguna vez debiera haberlo hecho) que
podamos apelar a alguna simple concepción del proletariado como el
agente primordial (para no decir exclusivo) de la transformación
histórica. No existe un campo proletario de fantasía utópica marxiana
a la que podamos apelar. Señalar la necesidad e inevitabilidad de la
lucha de clase no es decir que la forma en la que la clase está
constituida es determinada o incluso determinable anticipadamente.
Los movimientos de clase se hacen a sí mismos, aunque no bajo
condiciones de su propia elección. Y el análisis muestra que esas
condiciones están actualmente bifurcadas en movimientos alrededor de
la reproducción expandida – en la que la explotación del trabajo
salariado y las condiciones que definen el salario social son temas
centrales – y los movimientos alrededor de la acumulación por
desposeimiento – en los que todo desde las formas clásicas de
acumulación primitiva mediante prácticas destructoras de culturas,
historias, y entornos, hasta las depredaciones producidas por las
formas contemporáneas del capital financiero constituye el centro de
resistencia. El encuentro del vínculo orgánico entre esas diferentes
corrientes de clase es una tarea teórica y práctica urgente. El
análisis también muestra que esto tiene que ocurrir en una trayectoria
histórico-geográfica de acumulación de capital que se basa en una
creciente conectividad a través del espacio y del tiempo, pero marcada
por acontecimientos geográficos disparejos cada vez más profundos.
Esta desigualdad debe ser entendida como algo que es activamente
producido y sostenido por procesos de acumulación de capital, no
importa cuán importantes puedan ser las señales de residuos de
configuraciones pasadas establecidas en el paisaje y en el mundo
social. El análisis también destaca contradicciones explotables dentro
de la agenda neoliberal. La brecha entre lo retórico (por el beneficio
común) y la realización (por el beneficio de una pequeña clase
gobernante) aumenta en el espacio y el tiempo, y los movimientos
sociales han hecho mucho por concentrarse en esa brecha. La idea de
que el mercado tenga que ver con una competencia honrada es negada
cada vez más por la realidad del extraordinario monopolio,
centralización e internacionalización por parte de los poderes
corporativos y financieros. El alarmante aumento en las desigualdades
de clase y regionales tanto dentro de los Estados (como en China,
Rusia, India, México, y en Sudáfrica) así como a escala internacional,
posa un serio problema política que ya no puede ser ocultado como algo
transitorio en el camino al mundo neoliberal perfeccionado. El énfasis
neoliberal en los derechos del individuo y el creciente uso
autoritario del poder estatal para sostener el sistema se convierten
en un punto álgido de discusión. Mientras más se reconoce que el
neoliberalismo es un proyecto fracasado, si no insincero y utópico,
que oculta la restauración del poder de clase, más se crea la base
para un resurgimiento de movimientos de masas que expresen
reivindicaciones políticas igualitarias, buscando justicia económica,
comercio justo, y mayor seguridad y democratización económica.
Pero la naturaleza profundamente antidemocrática del neoliberalismo
debería seguramente ser el principal centro de la lucha política.
Instituciones con enorme influencia, como ser la Reserva Federal de
EE.UU., están fuera de cualquier control democrático.
Internacionalmente, la falta de una responsabilización elemental, para
no hablar de control democrático, sobre instituciones como el FMI, la
OMC , y el Banco Mundial, para no hablar del gran poder privado de las
instituciones financieras, convierten en una burla cualquier
preocupación verosímil por la democratización. Volver a presentar
exigencias de gobierno democrático e igualdad y justicia económica,
política y cultural no es sugerir algún retorno a un pasado dorado ya
que los significados tienen que ser reinventados en cada instancia
para encarar condiciones y potencialidades contemporáneas. El
significado de la democracia en la Atenas de la antigüedad tiene poco
que ver con los significados que le tenemos que conferir en la
actualidad en circunstancias tan diversas como las prevalecientes en
Sao Paulo, Johannesburgo, Shangai, Manila, San Francisco, Leeds,
Estocolmo, y Lagos. Pero a través de todo el globo, de China, Brasil,
Argentina, Taiwán, y Corea a Sudáfrica, Irán, India, y Egipto, y más
allá de las naciones en apuros de Europa oriental hasta los centros
del capitalismo contemporáneo, grupos y movimientos sociales se unen a
reformas que expresan valores democráticos. Es un punto esencial de
muchas de las luchas que emergen actualmente.
Mientras mejor reconozcan los movimientos más claramente opositores
que su objetivo central tiene que ser enfrentar el poder de clase que
ha sido tan efectivamente restaurado bajo la neoliberalización, mejor
será la probabilidad de que tengan coherencia. Arrancar la máscara
neoliberal y denunciar su retórica seductiva, utilizada tan
apropiadamente para justificar y legitimar la restauración de ese
poder, tendrá un papel importante en las luchas contemporáneas. A los
neoliberales les costó muchos años establecer y realizar su marcha por
las instituciones del capitalismo contemporáneo. La lucha que viene no
será menor cuando presionamos en la dirección opuesta.
Notas
1. Vea el sitio en la Red : http://www.montpelerin.org/mpsabout.cfm.
2. G. W. Bush, "Securing Freedom's Triumph," New York Times, 11 de
septiembre de 2002, p. A33. The National Security Strategy of the
United State of America can be found on the Web site
www.whitehouse.gov nsc/nss. See also G. W. Bush, "President Addresses
the Nation in Prime Time Press Conference," 13 de abril, 2004,
http://www.whitehouse.gov/news/releases/2004/0420040413-20html.
3. Matthew Arnold es citado en Robin Williams, Culture and Society,
1780-1850 (London: Chatto and Windus, 1958), 118.
4. Antonia Juhasz, "Ambitions of Empire: The Bush Administration
Economic Plan for Iraq (and Beyond)," Left Turn Magazine 12
(February/March 2004): 27-32.
5. Thomas Crampton, "Iraqi Official Urges Caution on Imposing Free
Market," New York Times, 14 de octubre de 2003, p. C5.
6. Juan Gabriel Valdez, Pinochet's Economists: The Chicago School in
Chile (New York: Cambridge University Press, 1995).
7. Philip Armstrong, Andre Glynn, and John Harrison, Capitalism since
World War II: The Making and Breaking of the Long Boom (Oxford, UK:
Basil Blackwell, 1991).
8. Gerard Dumenil and Dominique Levy, "Neoliberal Dynamics: A New
Phase?" (Manuscript, 2004), 4. Vea también: Task Force on Inequality
and American Democracy, American Democracy in an Age of Rising
Inequality (Washington, DC: American Political Science Association,
2004), 3.
9. Daniel Yergin and Joseph Stanislaw, The Commanding Heights: The
Battle between Government and Marketplace That Is Remaking the Modern
World (New York: Simon & Schuster, 1998).
10. Thomas Byrne Edsall, The New Politics of Inequality (New York:
Norton, 1984); Jamie Court, Corporateering: How Corporate Power Steals
Your Personal Freedom (New York: Tarcher Putnam, 2003); y Thomas
Frank, What's the Matter with Kansas: How Conservatives Won the Heart
of America (New York, Metropolitan Books, 2004).
11. William K. Tabb, The Long Default: New York City and the Urban
Fiscal Crisis (New York, Monthly Review Press, 1982); y Roger E.
Alcaly and David Mermelstein, The Fiscal Crisis of American Cities
(New York, Vintage, 1977).
12. Joseph Stiglitz, Globalization and Its Discontents (New York: Norton, 2002).
13. David Harvey, The New Imperialism (Oxford, Oxford University Press, 2003).
14. World Commission on the Social Dimension of Globalization, A Fair
Globalization: Creating Opportunities for All (Geneva, Switzerland:
International Labor Office, 2004).
15. Harvey, The New Imperialism, chap. 4.
16. Arundhati Roy, Power Politics (Cambridge, MA: South End Press, 2001).
17. Peter Dicken, Global Shift: Reshaping the Global Economic Map in
the 21st Century, 4th ed. (New York: Guilford, 2003), chap. 13.
18. Robert Wade and Frank Veneroso, "The Asian Crisis: The High Debt
Model versus the Wall Street- Treasury-IMF Complex," New Left Review
228 (1998): 3-23.
19. Roy, Power Politics.
20. Barry K. Gills, ed., Globalization and the Politics of Resistance
(New York: Palgrave, 2001); Ton Mertes, ed., A Movement of Movements
(London: Verso, 2004); Walden Bello, Deglobalization: Ideas for a New
World Economy (London: Zed Books, 2002); Ponna Wignaraja, ed., New
Social Movements in the South: Empowering the People (London: Zed
Books, 1993); and Jeremy Brecher, Tim Costello, and Brendan Smith,
Globalization from Below: The Power of Solidarity (Cambridge, MA:
South End Press, 2000).
21. Mertes, A Movement of Movements; and Walden Bello,
Deglobalization: Ideas for a New World Economy (London, Zed Books,
2002).
Downloaded from http://ann.sagepub.com at BTCA Univ de Barcelona on
March 11, 2008 The ANNALS of the American Academy of Political and
Social Science http://ann.sagepub.com
http://ann.sagepub.com/cgi/content/abstract/610/1/21 (c) 2007 American
Academy of Political & Social Science. All rights reserved. Not for
commercial use or unauthorized distribution.
David Harvey es profesor distinguido en el Centro de Postgrado de la
Universidad de la City University of New York. Es autor de varios
libros, entre ellos: "A Brief History of Neoliberalism," " The New
Imperialism," "Spaces of Hope," " The Limits to Capital," y "The
Condition of Postmodernity."
Fuente: www.rebelion.org , 8/4/08
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Néstor Gorojovsky
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