[R-P] [David Harvey - 2 de 3] Neoliberalismo y destrucción creativa

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Jue Abr 10 07:10:10 MDT 2008


[segunda de tres partes]

Hacia la restauración del poder de clase

Si hubo movimientos para restaurar el poder de clase dentro del
capitalismo global, ¿cómo fueron implementados y por quién? La
respuesta a esa pregunta en países como Chile y Argentina fue simple:
un rápido, brutal golpe de estado, seguro de sí mismo, respaldado por
las clases altas. y la subsiguiente feroz represión contra todas las
solidaridades creadas dentro de los movimientos sociales sindicales y
urbanos que habían amenazado tanto su poder. En otros sitios, como en
Gran Bretaña y México en 1976, fue necesario el amable espoleo de un
Fondo Monetario Internacional, que todavía no era un feroz neoliberal,
para empujar a los países hacia prácticas – aunque de ninguna manera
un compromiso político – de recortar gastos sociales y programas de
asistencia para reestablecer la probidad fiscal. En Gran Bretaña, por
supuesto, Margaret Thatcher empuñó más tarde con tanta más furia el
garrote neoliberal en 1979 y lo blandió con gran efecto, a pesar de
que nunca logró superar por completo la oposición dentro de su propio
partido y nunca pudo cuestionar efectivamente temas centrales del
Estado de bienestar como el Servicio Nacional de Salud.

Es interesante que recién en 2004 el gobierno laborista haya atrevido
a introducir una estructura de pagos en la educación superior. El
proceso de neoliberalización fue entrecortado, irregular desde el
punto de vista geográfico, y fuertemente influenciado por estructuras
de clase y otras fuerzas sociales que se mueven a favor o contra sus
propuestas centrales dentro de formaciones estatales particulares e
incluso dentro de sectores en particular, por ejemplo, la salud o la
educación. (9) Es informativo considerar más de cerca cómo el proceso
se desarrolló en EE.UU., ya que este caso fue cardinal como influencia
en otras y más recientes transformaciones. Varias líneas del poder se
entrecruzaron para crear una transición que culminó a mediados de los
años noventa con la toma del poder por el Partido Republicano. Ese
logro representó de hecho un "Contrato con EE.UU." neoliberal como
programa para acción en el interior. Antes de ese desenlace dramático,
sin embargo, se dieron muchos pasos, que se basaban y reforzaban
mutuamente. Para comenzar, en 1970 o algo así, hubo un creciente
sentimiento entre las clases altas de EE.UU. de que el clima contrario
a los negocios y antiimperialista que había emergido hacia fines de
los años sesenta había ido demasiado lejos. En un célebre memorando,
Lewis Powell (a punto de ser elevado a la Corte Suprema por Richard
Nixon) instó en 1971 a la Cámara de Comercio de EE.UU. a montar una
campaña colectiva para demostrar que lo que era bueno para los
negocios era bueno para EE.UU. Poco después, fue formada una tenebrosa
pero influyente Mesa Redonda Empresarial que todavía existe y que
juega un importante papel estratégico en la política del Partido
Republicano. Comités corporativos de acción política, legalizados bajo
las leyes de financiamiento de las campañas electorales post Watergate
de 1974, proliferaron como un reguero de pólvora. Con actividades
protegidas bajo la Primera Enmienda como una forma de libertad de
expresión por una decisión de la Corte Suprema de 1976, comenzó la
captura sistemática del Partido Republicano como instrumento de clase
del poder corporativo y financiero colectivo (más que particular o
individual). Pero el Partido Republicano necesitaba una base popular,
y lograrlo fue más problemático. La incorporación de líderes de la
derecha cristiana, presentada como mayoría moral, junto con la Mesa
Redonda Empresarial, suministraron la solución a ese problema. Un gran
segmento de la clase trabajadora resentida, insegura, y en su mayor
parte blanca, fue persuadido para que votara regularmente contra sus
propios intereses materiales por motivos culturales (antiliberales,
antinegros, antifeministas y antigays), nacionalistas y religiosos. A
mediados de los años noventa, el Partido Republicano había perdido
casi todos sus elementos liberales y se había convertido en una
máquina derechista homogénea que conecta los recursos financieros del
gran capital corporativo con una base populista, la Mayoría Moral, que
era particularmente fuerte en el sur de EE.UU. (10) El segundo
elemento en la transición de EE.UU. tuvo que ver con la disciplina
fiscal. La recesión de 1973 a 1975 disminuyó los ingresos tributarios
a todos los niveles en una época de creciente demanda de gastos
sociales. Aparecieron déficits por doquier como un problema crucial.
Había que hacer algo respecto a la crisis fiscal del Estado; la
restauración de la disciplina monetaria era esencial. Esa convicción
otorgó poder a las instituciones financieras que controlaban las
líneas de crédito del gobierno. En 1975, se negaron a refinanciar la
deuda de Nueva York y llevaron a esa ciudad al borde de la bancarrota.
Una poderosa cabala de banqueros de unió al Estado para reforzar el
control sobre la ciudad. Eso significó refrenar las aspiraciones de
los sindicatos municipales, despidos en el empleo público, congelación
de salarios, recortes en las provisiones sociales (educación, salud
pública y servicios de transporte), y la imposición de pagos por los
usuarios (los gastos de matrícula fueron introducida por primera vez
en el sistema de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). El
rescate trajo consigo la construcción de nuevas instituciones que
tenían prioridad en los ingresos de impuestos de la ciudad a fin de
pagar a los poseedores de bonos, lo que quedaba iba al presupuesto de
la ciudad para servicios esenciales. La indignidad final fue un
requerimiento de que los sindicatos municipales invirtieran sus fondos
de pensión en bonos de la ciudad. Esto aseguró que los sindicatos
moderaran sus reivindicaciones para evitar el peligro de perder sus
fondos de pensión debido a la bancarrota de la ciudad.

Acciones semejantes representaban un golpe de estado de las
instituciones financieras contra el gobierno democráticamente elegido
de la ciudad de Nueva York, y fueron tan efectivas como la toma del
poder militar que había ocurrido anteriormente en Chile. Gran parte de
la infraestructura social de la ciudad fue destruida, y los
fundamentos físicos (por ejemplo, el sistema de tránsito) se
deterioraron considerablemente por falta de inversión o incluso
mantenimiento. La administración de la crisis fiscal de Nueva York
allanó el camino para prácticas neoliberales tanto en el interior bajo
Ronald Reagan como internacionalmente a través del Fondo Monetario
Internacional durante todos los años ochenta. Estableció el principio
de que, en el evento de un conflicto entre la integridad de las
instituciones financieras y los poseedores de bonos por una parte y el
bienestar de los ciudadanos por la otra, los primeros tuvieran la
preferencia. Dejó en claro el punto de vista de que el papel del
gobierno es crear un buen clima para los negocios en lugar de velar
por las necesidades y el bienestar de la población en general. En
medio de una crisis fiscal generalizada hubo redistribuciones fiscales
en beneficio de las clases altas.

Queda por ver si todos los agentes involucrados en la producción de
este compromiso en Nueva York lo vieron en la época como una táctica
para la restauración del poder de las clases altas. La necesidad de
mantener la disciplina fiscal es un asunto de profunda preocupación en
sí mismo y no tiene que conducir a la restitución de la dominación de
clase. Es poco probable, por lo tanto, que Felix Rohatyn, el banquero
mercantil de importancia crucial en el acuerdo entre la ciudad, el
Estado, y las instituciones financieras, haya pensado en la
reimposición del poder de clase. Pero ese objetivo fue probablemente
importante en los pensamientos de los banqueros de inversiones. Fue
casi con seguridad el objetivo del Secretario del Tesoro de aquel
entonces, William Simon, quien habiendo observado con aprobación el
progreso de los eventos en Chile, se negó a ayudar a Nueva York y
declaró abiertamente que quería que la ciudad sufriera tanto que
ninguna otra ciudad en la nación se volviera a atrever a aceptar otra
vez obligaciones sociales similares. (11) El tercer elemento en la
transición de EE.UU. conllevaba un ataque ideológico contra los medios
de información y las instituciones educacionales. Proliferaron los
"think tanks" independientes financiados por acaudalados individuos y
donantes corporativos – ante todo la Heritage Foundation – para
preparar una acometida ideológica orientada a persuadir al público del
sentido común de las propuestas neoliberales. Una inundación de
documentos y propuestas políticas y un verdadero ejército de
lugartenientes bien pagados, entrenados para promover ideas
neoliberales, en combinación con la adquisición corporativa de canales
mediáticos transformaron efectivamente el clima discursivo en EE.UU. a
mediados de los años ochenta. Proclamaron estruendosamente el proyecto
de "sacar al gobierno de por sobre las espaldas de la gente" y de
reducir el gobierno hasta que pudiera ser "ahogado en una bañera". A
este respecto, los promotores del nuevo evangelio encontraron una
audiencia dispuesta en el ala del movimiento de 1968 cuyo objetivo era
lograr más libertad individual del poder estatal y de las
manipulaciones del capital monopolista. El argumento libertario a
favor del neoliberalismo resultó ser una poderosa fuerza a favor del
cambio. Hasta el punto que el capital se reorganizó para abrir un
espacio para el empresariado individual y desvió sus esfuerzos para
satisfacer innumerables mercados nicho, particularmente los definidos
por la liberación sexual, que fueron generados por un consumismo cada
vez más individualizado, para que los hechos correspondieran a la
teoría.

Este cebo del empresariado y del consumismo individualizados fue
respaldado por el garrote blandido por el Estado y las instituciones
financieras contra la otra ala del movimiento de 1968 cuyos miembros
habían buscado justicia social mediante la negociación colectiva y las
solidaridades sociales. La destrucción por Reagan de los controladores
aéreos (PATCO) en 1980 y la derrota por Margaret Thatcher de los
mineros británicos en 1984 fueron momentos cruciales en el giro global
hacia el neoliberalismo. El ataque contra instituciones, como
sindicatos y organizaciones de derechos asistenciales, que trataban de
proteger y favorecer los intereses de la clase trabajadora fue amplio
y profundo. Los salvajes recortes en los gastos sociales y del Estado
de bienestar, y el paso de toda responsabilidad por su bienestar a los
individuos y sus familias avanzaron a paso acelerado. Pero esas
prácticas no se detuvieron en las fronteras nacionales, y no podían
hacerlo. Después de 1980, EE.UU., ya comprometido firmemente con la
liberalización y claramente respaldado por Gran Bretaña, trató,
mediante una mezcla de liderazgo, persuasión – los departamentos de
economía de las universidades de investigación de EE.UU. jugaron un
papel importante en la capacitación de muchos de los economistas de
todo el mundo en los principios neoliberales – y la coerción para
exportar la neoliberalización por todas partes. La purga de
economistas keynesianos y su reemplazo por monetaristas neoliberales
en el Fondo Monetario Internacional en 1982 transformó el FMI dominado
por EE.UU. en un agente de primera clase de la neoliberalización
mediante sus programas de ajuste estructural impuestos a cualquier
Estado (y hubo muchos en los años ochenta y noventa) que requería su
ayuda en el repago de la deuda. El Consenso de Washington, que fue
forjado en los años noventa, y las reglas de negociación fijadas bajo
la Organización Mundial de Comercio en 1998, confirmaron el giro
global hacia las prácticas neoliberales. (12) El nuevo concordato
internacional también dependía de la reanimación y de la
reconfiguración de la tradición imperial de EE.UU. Esa tradición había
sido forjada en Centroamérica en los años veinte, como una forma de
dominación sin colonias. Repúblicas independientes podían ser
mantenidas bajo la dominación de EE.UU., y actuar efectivamente, en el
mejor de los casos, como testaferros de los intereses de EE.UU. a
través del apoyo de hombres fuertes – como Somoza en Nicaragua, el
Shah en Irán, y Pinochet en Chile – y un séquito de seguidores
respaldados por la ayuda militar y financiera.

Se disponía de ayuda clandestina para promover el ascenso al poder de
dirigentes semejantes, pero al llegar los años setenta se hizo
evidente que se necesitaba algo más: la apertura de mercados, nuevos
espacios para inversiones, y que se abrieran campos en los que los
poderes financieros pudieran operar con seguridad. Esto implicaba una
integración mucho más estrecha de la economía global, con una
arquitectura financiera bien definida. La creación de nuevas prácticas
institucionales, tales como las que fueron fijadas por el FMI y la OMC
, suministró vehículos convenientes a través de los cuales se podía
ejercer el poder financiero y de mercado. El modelo necesitaba la
colaboración entre las principales potencias capitalistas y el Grupo
de Siete (G7), llevando a Europa y Japón a alinearse con EE.UU. para
conformar el sistema financiero y comercial global de maneras que
obligara efectivamente a todas las naciones a someterse. "Naciones
proscritas," definidas como las que no se ajustaban a esas reglas
globales, podían entonces ser encaradas mediante sanciones o la fuerza
coercitiva o incluso militar si resultaba necesario. De esta manera,
las estrategias imperialistas neoliberales de EE.UU. fueron
articuladas a través de una red global de relaciones de poder, uno de
los efectos de la cual fue permitir que las clases altas de EE.UU.
hicieran pagar tributos financieros y dispusieran de rentas del resto
del mundo como un medio para aumentar su control ya hegemónico. (13)
Neoliberalismo como destrucción creativa ¿Cómo resolvió la
neoliberalización los problemas del debilitamiento de la acumulación
de capital? Sus antecedentes reales en el estímulo del crecimiento
económico son pésimos. Las tasas de crecimiento agregado eran de unos
3,5% en los años sesenta e incluso durante los atribulados años
setenta cayeron a sólo un 2,4%. Las tasas subsiguientes de crecimiento
global de 1,4% y de 1,1% para los años ochenta y noventa, y una tasa
que apenas llega a 1% desde 2000, indican que el neoliberalismo ha
fracasado ampliamente en el estímulo del crecimiento global. (14)
Incluso si excluimos de este cálculo los efectos catastróficos del
colapso de la economía rusa y de algunas centroeuropeas después del
tratamiento de terapia neoliberal de los años noventa, el rendimiento
económico global desde el punto de vista de la restauración de las
condiciones de acumulación general de capital ha sido débil.

A pesar de su retórica sobre la cura de economías enfermas, ni Gran
Bretaña ni EE.UU. lograron un elevado rendimiento económico en los
años ochenta. Esa década perteneció a Japón, a los "tigres" del Este
Asiático, y a Alemania Occidental como motores de la economía global.

Esos países fueron tuvieron mucho éxito, pero sus sistemas
institucionales radicalmente diferentes dificultan la identificación
de sus logros con el neoliberalismo. El Bundesbank (Banco Central)
alemán había tomado una fuerte línea monetarista (concordante con el
neoliberalismo) durante más de dos décadas, un hecho que sugiere que
no existe una conexión necesaria entre el monetarismo per se y la
búsqueda de la restauración del poder de clase. En Alemania
Occidental, los sindicatos siguieron siendo fuertes y los niveles de
salario se mantuvieron relativamente elevados junto a la construcción
de un Estado de bienestar progresista. Uno de los efectos de esta
combinación fue que se estimuló una alta tasa de innovación
tecnológica que mantuvo a Alemania Occidental en las primeras filas en
el terreno de la competencia internacional. La producción impulsada
por la exportación hizo avanzar al país como líder global.

En Japón, los sindicatos independientes eran débiles o inexistentes,
pero la inversión estatal en el cambio tecnológico y organizativo y la
estrecha relación entre las corporaciones y las instituciones
financieras (un sistema que también demostró ser acertado en Alemania
Occidental) generó un sorprendente desempeño impulsado por la
exportación, en gran parte a costas de otras economías capitalistas
como ser el Reino Unido y EE.UU. Un tal crecimiento, como lo hubo en
los años ochenta (y la tasa de crecimiento agregado en el mundo fue
incluso más baja que la de los atribulados años setenta) no dependió
por lo tanto, de la neoliberalización. Muchos Estados europeos, por
ello, se resistieron a las reformas neoliberales y encontraron cada
vez más modos de preservar gran parte de su patrimonio socialdemócrata
mientras se movían, en algunos casos con bastante éxito, hacia el
modelo alemán occidental. En Asia, el modelo japonés implantado bajo
sistemas autoritarios de gobierno en Corea del Sur, Taiwán y Singapur,
demostró que era viable y concordante con una razonable igualdad de
distribución. Recién en los años noventa, la neoliberalización comenzó
a producir frutos tanto en EE.UU. como en Gran Bretaña. Esto sucedió
en medio de un prolongado período de deflación en Japón, y un relativo
estancamiento en la recién unificada Alemania. Queda por ver si la
recesión japonesa ocurrió como simple resultado de presiones
competitivas o si fue ingeniada por agentes financieros en EE.UU. para
postrar la economía japonesa.

De modo que ¿por qué entonces ante estos antecedentes desiguales si no
pésimos, tantos fueron persuadidos de que la neoliberalización es una
solución exitosa? Además y más allá de la corriente persistente de
propaganda que emana de los think tanks neoliberales y recarga los
medios de información, se destacan dos razones materiales. Primero, la
neoliberalización ha sido acompañada por una creciente volatilidad
dentro del capitalismo global. El que el éxito se materializara en
algún sitio oscureció la realidad de que el neoliberalismo fracasaba
en general. Episodios periódicos de crecimiento se entremezclaron con
fases de destrucción creativa, registradas usualmente como severas
crisis financieras. Argentina fue abierta al capital extranjero y a la
privatización en los años noventa y durante varios años fue la
favorita de Wall Street, sólo para derrumbarse hacia el desastre
cuando el capital internacional se retiró a fines de la década. El
colapso financiero y la devastación social fueron rápidamente seguidos
por una prolongada crisis política. La turbulencia financiera cundió
por todo el mundo en desarrollo y en algunos casos, como en Brasil y
México, repetidas olas de ajuste estructural y austeridad llevaron a
la parálisis económica.

Por otra parte, el neoliberalismo ha sido un inmenso éxito desde el
punto de vista de las clases altas. Ha restaurado la posición de clase
de las elites gobernantes, como en EE.UU. y Gran Bretaña, o creado
condiciones para la formación de la clase capitalista, como en China,
India, Rusia, y otros sitios. Incluso países que sufrieron ampliamente
por la neoliberalización han presenciado el masivo reordenamiento
interno de las estructuras de clase. La ola de privatización que llegó
a México con el gobierno de Salinas de Gortari en 1992, generó
concentraciones de riqueza sin precedentes en las manos de unos pocos
(Carlos Slim, por ejemplo, que se hizo cargo del sistema telefónico
estatal y se convirtió instantáneamente en multimillonario).

Con medios dominados por los intereses de la clase alta, podía
propagarse el mito de que ciertos sectores fracasaron porque no fueron
suficientemente competitivos, preparando así la escena para aún más
reformas neoliberales. Se necesitaba más desigualdad social para
alentar el riesgo y la innovación empresariales, y éstas, por su
parte, confieren ventajas competitivas y estimulan el crecimiento. Si
las condiciones entre las clases bajas se deterioraban, era porque no
mejoraban su propio capital humano mediante la educación, la
adquisición de una ética protestante de trabajo, y su sumisión a la
disciplina y flexibilidad laboral por defectos personales, culturales
y políticos. En un mundo spenceriano, decía el argumento, sólo los más
aptos debían y podían sobrevivir. Los problemas sistémicos fueron
camuflados bajo una tempestad de pronunciamientos ideológicos y una
plétora de crisis localizadas. Si el principal efecto del
neoliberalismo ha sido redistributivo en lugar de generativo, había
que encontrar modos de transferir activos y canalizar la riqueza y los
ingresos sea de la masa de la población hacia las clases altas o de
países vulnerables a los más ricos. En otro sitio presento un informe
sobre estos procesos bajo la rúbrica de acumulación por
desposeimiento. (15) Con eso, quiero decir la continuación y
proliferación de prácticas de acumulación que Marx había designado
como "primitivas" u "originales" durante el ascenso del capitalismo.

Estas incluyen (1) la conmodificación y privatización de la tierra y
la expulsión forzada de poblaciones campesinas (como recientemente en
México e India); (2) la conversión de diversas formas de derechos de
propiedad (común, colectiva, estatal ,etc.) en derechos exclusivamente
de propiedad privada; (3) la supresión de derechos a las áreas
públicas; (4) la conmodificación del poder laboral y la supresión de
formas alternativas (indígenas) de producción y consumo; (5) procesos
coloniales, neocoloniales, e imperiales, de apropiación de activos
(incluyendo los recursos naturales); (6) la monetización de los
intercambios y de la tributación, particularmente de tierras; (7) la
trata de esclavos (que continúa, particularmente en la industria del
sexo); y (8) la usura, la deuda nacional y. lo más devastador de todo,
el uso del sistema crediticio como un medio radical de acumulación
primitiva.

El Estado, con su monopolio de la violencia y de las definiciones de
la legalidad, juega un rol crucial en el respaldo y la promoción de
estos procesos. A esta lista de mecanismos, podemos agregar ahora una
armadía de técnicas adicionales, tales como la extracción de rentas de
patentes y derechos de propiedad intelectual y la disminución o
cancelación de varias formas de propiedad comunitaria – tales como
pensiones estatales, vacaciones pagas, acceso a la educación y a la
atención sanitaria – conquistadas en una generación o más de luchas
socialdemócratas. La propuesta de privatizar todos los derechos a la
pensión estatal (aplicada por primera vez en Chile bajo la dictadura
de Augusto Pinochet) es, por ejemplo, uno de los objetivos predilectos
de los neoliberales en EE.UU. En los casos de China y Rusia, podría
ser razonable referirse a recientes acontecimientos en términos
"primitivos" y "originales", pero las prácticas que restauraron el
poder a elites capitalistas en EE.UU. y otros sitios son mejor
descritas como un proceso continuo de acumulación mediante el
desposeimiento que creció rápidamente bajo el neoliberalismo. A
continuación, aíslo cuatro elementos principales.

1 . Privatización

La corporatizacion, conmodificación, y privatización de activos
públicos anteriormente públicos han sido características emblemáticas
del proyecto neoliberal. Su principal objetivo ha sido abrir nuevos
campos para la acumulación de capital en terrenos que anteriormente
eran considerados como fuera de límites para los cálculos de
rentabilidad. Servicios públicos de todo tipo (agua,
telecomunicaciones, transporte), suministro de asistencia social
(viviendas sociales, educación, atención sanitaria, pensiones),
instituciones públicas (tales como universidades, laboratorios de
investigación, prisiones), e incluso la guerra (como lo ilustra el
"ejército" de contratistas privados que operan junto a las fuerzas
armadas en Iraq) han sido todos privatizados en algún grado en todo el
mundo capitalista.

Derechos de propiedad privada establecidos a través del así llamado
acuerdo ADPIC (Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual
relacionados con el Comercio) dentro de la OMC , define como propiedad
privada a materiales genéticos, plasmas de semillas, y a todo tipo de
otros productos. Entonces se pueden extraer rentas por su uso de
poblaciones cuyas prácticas han jugado un papel crucial en el
desarrollo de esos materiales genéticos. La biopiratería es rampante,
y el pillaje de las reservas de recursos genéticos del mundo ha
avanzado en beneficio de unas pocas grandes compañías farmacéuticas.

La escalada del agotamiento de los bienes comunes medioambientales del
globo (tierra, aire, agua) y la proliferación de las degradaciones del
hábitat que imposibilitan todo lo que no sean modos de requerimiento
intensivo de capital para la producción agrícola han resultado
asimismo de la conmodificación de la naturaleza en todas sus formas.

La conmodificación (a través del turismo) de las formas culturales,
historias, y de la creatividad intelectual, involucra desposeimientos
generalizados (la industria de la música es tristemente célebre por la
apropiación y explotación de la cultura y la creatividad de base).

Como en el pasado, el poder del Estado es utilizado frecuentemente
para imponer esos procesos incluso contra la voluntad popular. El
retroceso de los marcos reguladores diseñados para proteger a las
fuerzas laborales y al entorno contra la degradación ha conllevado la
pérdida de derechos. La reversión hacia el dominio privado de los
derechos de propiedad común conquistados durante años de duras luchas
de clase (el derecho a una pensión estatal, a la asistencia, a
atención sanitaria nacional) ha sido una de las políticas de
desposeimiento más atroces proseguidas en nombre de la ortodoxia
neoliberal.

El neoliberalismo no ha demostrado su efectividad en la revitalización
de la acumulación global de capital, pero ha logrado restaurar el
poder de clase

La corporatización, conmodificación, y privatización de lo que hasta
ahora eran activos públicos han sido características insignes del
proyecto neoliberal. Todos estos procesos equivalen a una
transferencia de activos de los campos público y popular a los
dominios privados y de privilegios de clase. La privatización,
argumentó Arundhati Roy respecto al caso indio, involucra "la
transferencia de activos públicos productivos del Estado a compañías
privadas. Los activos productivos incluyen recursos naturales: tierra,
bosques, agua, aire. Estos son los activos que el Estado mantiene en
fideicomiso para el pueblo que representa...

Arrancárselos y venderlos como valores a compañías privadas es un
proceso de bárbaro desposeimiento en una escala que no tiene paralelo
en la historia." (16)

2. Financialización

La poderosa ola financiera que comenzó después de 1980 ha estado
marcada por su estilo especulativo y predatorio. El volumen diario de
transacciones financieras en los mercados internacionales, que era de
2.300 millones de dólares en 1983, había aumentado a 130.000 millones
de dólares en 2001. Este volumen anual de 40 billones de dólares en
2001 se compara con el cálculo de 800.000 millones de dólares que
serían necesarios para apoyar el comercio internacional y los flujos
de inversiones productivas. (17) La desregulación permitió que el
sistema financiero se convirtiera en uno de los centros principales de
actividad de redistribución mediante la especulación, la depredación,
el fraude, y el robo. Las promociones de acciones; estafas Ponzi;
destrucción de productos financieros estructurados mediante la
inflación: liquidación de activos mediante fusiones y adquisiciones; y
la promoción de incumbencias de deuda que redujo a poblaciones
enteras, incluso en los países capitalistas avanzados, a la esclavitud
por deudas – para no hablar del fraude corporativo y el desposeimiento
de activos, tales como el robo de fondos de pensiones y su
aniquilamiento por colapsos de acciones y de corporaciones mediante
manipulaciones crediticias y bursátiles – son todas características
del sistema financiero capitalista.

El énfasis en los valores de acciones, que surgieron después de juntar
los intereses de propietarios y administradores de capital mediante la
remuneración de estos últimos con opciones en acciones, condujo, como
sabemos ahora, a manipulaciones en el mercado que crearon inmensa
riqueza para unos pocos a costas de los muchos. El espectacular
colapso de Enron fue emblemático para un proceso general que privó a
muchos de su subsistencia y derechos a pensión. Más allá de eso,
también debemos considerar los robos especulativos realizados por
fondos de alto riesgo y otros importantes instrumentos del capital
financiero que formaron la verdadera vanguardia de la acumulación por
desposeimiento en la escena global, incluso aunque supuestamente
conferían el beneficio positivo para la clase capitalista de "repartir
los riesgos."

[sigue en 3 de 3]

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Néstor Gorojovsky
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