[R-P] [A. Franzoia] MEMORIA. SOBRE "NACIONALISTAS"

Lizardo Sánchez lizardosanchezcordoba en yahoo.com.ar
Mie Abr 9 22:40:09 MDT 2008


Estimado Moderador:

No crea que con esto me hago opositor a su
Moderación, como usted sabe aqui soy oficialista,
solo que desde diferente racionalidad a la que
usa el compañero Franzoia.

De este hubiera esperado un fino análisis
marxista mas que una yuxtaposición de hechos
digna de un periodista que escribe en los
suplementos domingueros. Y lo digo en mi cabal
entendimiento de que no doy ni pa periodista
sabatino.

Hace un análisis de hechos puntuales, en ninguno
de ellos miente, por supuesto, pero no alcanza a
ver el hilván del pensamiento a lo largo de un
proceso de acumulación de conciencia. Organiza
esos datos puntuales sin hacer una ponderación de
la dinámica del proceso de elaboración de nuestra
conciencia nacional y popular.

¿Quién descubre la trampa de la historiografía
mitrista?: Adolfo Saldías, a quien podríamos
llamar prerrevisionista.

¿Qué significaba esa trampa historiográfica? Pues
en realidad un grupo que compartiendo una idea se
iba haciendo dueño del pasado y con ello dueño
del futuro. Y muy particularmente de la identidad
de todos nosotros.

¿Quiénes siguieron ese camino iniciado por
Saldías? Los consabidos Irazusta, Ibarguren,
Palacio, y revoloteándoles alrededor, quizás mas
en el plano de la literatura que es otro espacio
de construcción o esclarecimiento de la
conciencia: Lugones, Martínez Zuviría, Galvez,
Marechal y otros que no tengo ganas de recordar. 

Mientras oficialmente se decía que la Patria era
la libertad, algunos pensaban que era algo mas. Y
asi como los compañeros de la Izquierda Nacional
se respaldan en ideas elaboradas en Europa, ellos
también buscaron ideas por allá, solo que no las
mismas.

¿Alguien se piensa que es posible que Hernández
Arregui, Puiggros, Ortega Peña, Duhalde, Abelardo
Ramos, Fermín Chavez, o la gente de FORJA
hubiesen podido hacer lo que hicieron con la
trampa de la historiografía mitrista instalada a
pleno? Creo que no. Si bien no me gusta la
historia ficción creería que se hubieran visto
obligados a ponerse en lugar de Saldías y partir
de cero.

¿Acaso piensa el compañero Franzoia que se
hubiese podido poblar un nacionalismo despoblado
sin tener plena conciencia que el terreno lo
tenía comprado Mitre?

¡Ay mi Dios, que idealista es este chango!

En cuanto a los hechos concretos, da la
casualidad de que en el mayor grado de
organización que nuestro pueblo adquiere frente
al imperio tiene algo que ver un señor al que no
todos quieren, que fue presidente tres veces, y
que en 1930 estaba con los nacionalistas
despoblados tumbando al presidente del pueblo. 

Y no quiero entrar en etapas mucho mas confusas
tratando de entrever donde anclaba el
yrigoyenismo su pensamiento, pues aparte del
mismo Yrigoyen, sobrino del mazorquero fusilado,
debería mirar al menos hacia Ricardo Rojas, quien
hoy pasa por liberal pero en su época se lo
cobraron caro. Ta bien, él pagó.

Si uno mira la trayectoria de Tacuara no
pareciera surgir de ella inmovilidad alguna de
ideas. Dió pa todo. Desde las tres A hasta Joe
Baxter: tacuara, monto, erp, tupa y etc, etc. . .
Lo que no ve el compañero Franzoia es que él
llama inmovilismo al hecho de que siempre hay
alguno anclado en ideas de etapas anteriores,
pero también siempre hay quien va releyendo esas
ideas y en los hechos acompañando la experiencia
popular. Y como en todo camino histórico hay
también quien acompaña al enemigo. 

Los caminos de los pueblos no son limpios. Mire
que ni siquiera digo como suponía Compte que son
rectos, ni siquiera digo como Marx que son
sinuosos. Digo que son sucios, pues siempre digo
que los pueblos dejan en el mismo corchos,
botellas, pañales, tetrabriques, trapos, papeles,
…y bueno: también forros, corpiños y
lienzos. ¡Que le vamos a hacer, los pueblos saben
como vivir!!

En todos lados hay centros y periferias. Y en
todas las periferias hay arrabales malolientes y
marginales al centro. En parte real producto de
ese centro y en parte llegando desde otros
espacios a pura fuerza del peso de las ideas
centrales. Veamos sino al socialismo, al PC, a
los trotskos. Todos estos arrabales de un digno
centro de pensamiento que mucho viene aportando a
la construcción de nuestra identidad.

Patria somos todos.

Un abrazo, amigo Franzoia, muy posible lector
voyeur de esta lista. Sabes que me gusta echarte
piedras pero soy leal compañero y amigo tuyo.
Compartimos lo principal, al enemigo.

Un abrazo

Lizardo Sánchez


[Reenvío este texto de Alberto Franzoia, al que
hago un agregado que tiende a corroborar sus
planteos.

Franzoia pide en su nota, elaborada en 2007, que
"recordemos a Alberto Ottalagano o José López
Rega y las  Tres A, cuyas actuaciones en el
gobierno peronista durante el período 1973-1976
resultaron funcionales al enemigo, sin que esto
signifique olvidar los tremendos errores
políticos del accionar militar de Montoneros
(pero este no es el objeto de estudio de nuestro
trabajo)".

Sin entrar tampoco en un estudio detallado del
rol cumplido por Montoneros, no podemos olvidar
que en su cúpula original había una fortísima
influencia de estas ideologías del "nacionalismo"
de derecha, con toda su carga de "paternalismo" y
"sustitutismo" de la acción autónoma e
independiente de las masas... carga que
facilitaría enormemente el paso hacia la
"militarización". 

No se trata de acusaciones personales. No
coincidimos con la corriente de interpretación
que -basándose en la evidente relación entre esa
cúpula original y el Ministerio del Interior de
Onganía y ciertos hechos no del todo claros que
rodean la trayectoria del único sobreviviente de
esa cúpula- opina que Montoneros siempre fue un
agente de la contrarrevolución. Creemos que todo
el proceso es infinitamente más complejo y que el
significado histórico de Montoneros está lejos de
agotarse cuando se dice que era la forma más
clara en que se expresó la "reacción de las
clases medias a la disolución de la Argentina
británica".

Pero no podemos dejar de señalar, al menos y como
punto de partida de todo análisis serio del tema,
que toda esa cúpula original -y por cierto si
hubo relaciones con el Ministro del Interior de
Onganía tienen que haber pasado por este
meridiano- sostuvo fervorosamente los puntos de
vista básicos del "nacionalismo de derechas",
como dice Alberto Franzoia o, como mejor define
(a mi gusto) nuestro suscriptor Lizardo Sánchez,
del "nacionalismo despoblado".

Y que semejante reconocimiento, en momentos en
que a la Sociedad Rural le brotan aliados
"nacionalistas" y "trotskistas" en su lucha
contra
el gobierno argentino, no deja de tener su
importancia.

Más allá de este tema, el de Alberto es un aporte
muy importante y oportuno en momentos en que
conviene ir aclarando de qué lado está
cada uno. Más allá de los indudables límites y
errores del gobierno actual, quien dude ante su
defensa contra la trenza oligárquico -mediática
-imperialista se coloca del lado de la
antipatria. Lo haga en nombre de Francisco Franco
o de León
Trotsky...]


MEMORIA. SOBRE "NACIONALISTAS"
Alberto Franzoia


Hace más de un año publiqué un artículo
intentando desentrañar hasta qué punto se puede
sostener que el nacionalismo de derecha es
realmente nacional. Mi conclusión al respecto era
que nunca lo fue y probablemente nunca lo será.
Algunos compañeros consideraron que ese juicio
era demasiado duro y cerraba todas las puertas
para que este sector filosófico y político se
pudiera integrar al bloque nacional-popular.
Lamentablemente los acontecimientos que estamos
viviendo demuestran, una vez más, que la mayoría
de esos "nacionalistas" apuestan a la
desestabilización del gobierno elegido por el
pueblo. O lo que es lo mismo, fortalecen con su
prédica a la oligarquía parasitaria (y aliada del
imperialismo), la misma que mueve los hilos del
teatro de títeres que estamos observando para
rechazar los límites que el gobierno pretende
imponerle a su comportamiento especulativo. Me
pareció por lo tanto muy conveniente  recordar
que
fue lo que dije sobre estos grupos
nacionalistas", ya que si consultamos lo que
piensan ahora veremos que no es muy distinto a lo
que pensaron siempre, con las consecuencias por
todos conocidas. Un país y un mundo distintos
sólo se pueden construir con memoria.

La Plata 8 de abril de 2008
Lic. Alberrto J. Franzoia



¿ES NACIONAL EL NACIONALISMO DE DERECHA?*
Lic. Alberto J. Franzoia

*Publicado en "Investigaciones Rodolfo Walsh" y
en "Redacción Popular" en marzo de 2007

Partiendo del esquema dicotómico formulado por
Sarmiento, nuestra sociedad fue dividida en
civilización (todo lo vinculado con la cultura
"culta" de los países avanzados) y barbarie (la
cultura "atrasada" producida por los pueblos de
América Latina); de allí que todo intelectual que
se preciara de tal obviamente debía adherir a los
preceptos rectores de la civilización. Como bien
ha señalado Jauretche, en la civilización se
integraron intelectuales que aparentemente
expresaban ideologías contrapuestas, por ejemplo:
Martínez Estrada era la izquierda mientras Borges
representaba la derecha en la Argentina de
mediados del siglo XX. Pero ambas expresiones se
manifestaban conjuntamente como élite cuando los
sectores populares (la barbarie) trataban de
construir su camino de liberación
antiimperialista. Por supuesto, esta dicotomía no
ha sido superada, inclusive ha llegado a gestar
en la actualidad adhesiones grotescas, como la
del intelectual "progresista" Juan José Sebreli
al
político conservador Ricardo López Murphy en las
elecciones presidenciales de Argentina durante el
año 2003. El común denominador de estos
comportamientos es la visión del intelectual como
un ser diferenciado de la masa por su 
racionalidad, talento, originalidad y estudios,
visión que expresa la versión más elitista (la
peor versión por lo tanto) del iluminismo
europeo. En realidad, más allá de diferencias
ideológicas coyunturales, priva la identificación
con las ideas de la clase dominante, ya que estas
dos vertientes que nutren a la civilización
ejercen una división del trabajo que se asienta
en la aceptación, confesada o no, del país como
una semicolonia dirigida por los que consideran
que su status superior proviene exclusivamente de
sus talentos y estudios, nunca de un privilegio
social. Un intelectual de la izquierda civilizada
e internacionalista podrá objetar esta
observación presentándose como un luchador
revolucionario, sin embargo, su práctica
contraria a los movimientos populares gestados
por la realidad latinoamericana, a los que
frecuentemente ha identificado como expresiones
populistas y bárbaras, ha contribuido
objetivamente al debilitamiento de dichos
procesos favoreciendo acciones
contrarrevolucionarias. Es decir, más allá de sus
intenciones ha resultado funcional al
imperialismo.

Así como la postura que ubica al intelectual en
un lugar de privilegio por su carácter de
iluminado, ha servido a la consolidación de un
proyecto político anclado en una América Latina
dependiente de los sucesivos imperialismos
anglosajones (primero británico y luego
estadounidense), no ha sido superior la
perfomance de aquellos que han recogido la
herencia intelectual de otra corriente filosófica
también europea: la reacción romántico
conservadora. Esta corriente surgió para
confrontar con los planteos iluministas (basados
en la razón crítica aplicada a la observación
como soporte intelectual de la revolución
francesa) apoyándose en una reivindicación de la
intuición, la fe y una particular visión de las
tradiciones. Si bien los románticos produjeron
obras importantes en el campo artístico, fueron
absolutamente irrelevantes para el desarrollo de
un método científico para estudiar la realidad,
aunque algunos de sus conceptos filosóficos
fueron integrados por teorías sociológicas del
orden como el funcionalismo. Desde la perspectiva
política favorecieron procesos conservadores
(antirrevolucionarios) o, en ocasiones,
decididamente reaccionarios (intentos de regreso
al régimen aristocrático depuesto). 

Trasplantada en Latinoamérica, esta concepción
básicamente irracional sirvió para descalificar
la labor de los intelectuales "iluministas" a
quienes ha acusado sistemáticamente de ejercer
una racionalidad perversa, enemiga de la fe y la
tradición. Si bien durante el período
transcurrido entre las dos guerras mundiales los
herederos de la tradición romántica (conservadora
o reaccionaria) se manifestaron mediante posturas
tanto fascistas como nazis (que no han
desaparecido), la expresión más persistente se
vincula con un hispanismo de corte reaccionario,
reivindicatorio de la España negra, con
nostalgias por los tiempos del general Franco y
una defensa de los aspectos más oscuros del
catolicismo despojándolo de sus orígenes
populares. Desde ya estas expresiones del
totalitarismo nunca encontraron las condiciones
socio-económicas necesarias (los contenidos) para
manifestarse como en Europa, por lo que el
producto final, consecuencia de la acción de
sujetos que profesaban dichas ideas (las formas)
fue distinto al que se dio al otro lado del
atlántico. Debe quedar claro entonces que en
América Latina ha sido materialmente imposible el
desarrollo de regímenes nazi-fascistas o
incluso franquistas, pero sí han existido
individuos y grupos identificados con dichas
ideologías que terminaron gestando dictaduras
oligárquicas.

Mas allá de su identificación hispanista (siempre
en tonalidad negra), fascista o nazi, sin olvidar
la influencia del nacionalismo francés de
Maurras, se suelen presentar como "nacionalistas"
autóctonos y los une una visión tan irracional
como reaccionaria que identifica al intelectual
como un agente disgregador de la sociedad
tradicional, ya que todo proceso de
secularización (desarrollo de procesos
racionales)
es visto como una encarnación del mal. Se
presentan como enemigos del liberalismo y
neoliberalismo, sin embargo, cada vez que los
pueblos de América Latina se radicalizan en sus
posturas políticas, terminan objetivamente
aliados con la clase dominante (por lo tanto con
el liberalismo y neoliberalismo), pues su
verdadero enemigo es el nacionalismo democrático
y las izquierdas nacionales de Latinoamérica
a los que identifican en silencio o a viva voz
como desencadenantes del fantasma comunista. En
principio se manifiestan contrarios a los
"civilizadores" de la derecha liberal y de la
izquierda internacionalista, pero suelen ostentar
una postura ante las masas tan elitista como
ellos, aunque interpretan que dicha condición
emerge de un "orden natural"y estático, ya que
son adversarios del progreso racional postulado
por los liberales (tanto en su versión
oligárquica
clásica como en su variante izquierdista). Ellos
son por designio divino la conducción natural de
las masas; la presencia de éstas los incomoda
tanto como a uno de sus popes intelectuales, el
menos español de los españoles, José Ortega y
Gasset, autor de "La rebelión de las masas". Por
eso Jauretche incluye en la superestructura
cultural de la Argentina "civilizada" una tercera
variante que esta élite "natural" olvida
convenientemente: Julio Irazusta y su
nacionalismo de derecha.

Ante las masas adoptan una postura paternalista",
pero desconfían cuando ellas intentan caminos
independientes que podrían llegar a trascender
los límites del sistema que las mantiene en
condición de dominadas. Los nacionalistas de los
países capitalistas dominantes manifiestan una
ideología invariablemente expansiva como producto
de las condiciones materiales existentes allí
(los contenidos), por lo tanto su nacionalismo es
siempre imperialista. En los países dependientes
exhiben su postura crítica en el campo de la
historia lejana y de la cultura, postulando la
liberación respecto de los colonizadores de turno
a partir de la defensa de tradiciones
supuestamente atemporales (las formas), por lo
que podría constituir la plataforma para un
nacionalismo defensivo. Pero como en el plano
económico resultan de una inconsistencia
absoluta, porque nunca concretaron una crítica
seria de la infraestructura de América Latina
(sus contenidos), sus teorías desembocan en
experiencias políticas antinacionales, con una
lamentable participación (siempre subordinada)
en gobiernos dictatoriales de corte liberal y
neoliberal (como por ejemplo en Argentina tanto
durante la "revolución fusiladora" de 1955
como en el "proceso cívico-militar" que se dio
entre 1976 y 1983). Por otra parte hay que tener
mucho cuidado con las frecuentes simplificaciones
de la realidad, porque si bien muchos
nacionalistas han militado y lo siguen haciendo
en organizaciones críticas de los movimientos
populares de Latinoamérica, también pueden
hacerlo en su seno (como ha ocurrido con el
peronismo). Cuando esto se da y no asumen el
carácter necesariamente democrático que debe
tener todo movimiento nacional y popular, no
dejan de comportarse objetivamente como
nacionalistas de élite, participando en ellos no
por identificación con las masas, sino porque
consideran a estos movimientos como un freno para
el avance del eterno fantasma comunista. Tanto
que si en determinadas condiciones históricas se
produce una radicalización política en el
movimiento popular, entonces actúan dentro de él
como agentes de la coerción, apelando a la fuerza
(y no precisamente del "espíritu nacional" que
dicen defender).

Recordemos a Alberto Ottalagano o José López Rega
y las  Tres A, cuyas actuaciones en el gobierno
peronista durante el período 1973-1976 resultaron
funcionales al enemigo, sin que esto signifique
olvidar los tremendos errores políticos del
accionar militar de Montoneros (pero este no es
el objeto de estudio de nuestro trabajo).
Ottalagano, ex rector de la Universidad de Buenos
Aires, decía aún en 1983: 
"El fascismo es un sí a la vida, al pueblo, a la
guerra, un sí a la vida en sí".

En la década de los noventa los nacionalistas
incorporan un nuevo exponente del "pensamiento
nacional", por supuesto, una vez más, el pensador
fetiche (pero nunca intelectual porque es una
palabra maldita, como tantas otras) resulta ser
de origen europeo (como lo fueron los primeros
referentes de su formación intelectual: Franco,
Primo de Rivera, Maurras, Mussolini, Hitler y
Ortega y Gasset), su nombre y nacionalidad: Carl
Schmitt, alemán. Resulta pertinente destacar que
la teoría de este exponente del derecho público
fue un referente esencial para los nazis.
Sostiene el politólogo Hans Manfred Bock:
"Ahora bien, en Alemania el desmantelamiento del
Estado de derecho parlamentario burgués se llevó
a cabo de forma paradigmática al iniciarse la
serie de gabinetes presidencialistas, encabezadas
por el Brüning en marzo de 1930. Desde el punto
de vista teórico, este Estado de derecho ya fue
puesto en entredicho y atacado anteriormente por
uno de los principales maestros del derecho
público alemán: Carl Schmitt.

En unión de unos vulgares filósofos conservadores
y antiburgueses como Spengler, Span y Moeller van
den Bruck, que pueden ser incluidos en una
tradición restauradora del pensamiento que se
inició con el romanticismo alemán, dicho
pensamiento adquirió virulencia política en
la polémica entablada contra la democracia en
general, tildada de producto de importación y de
dictado occidentaloide, extraño a la
mentalidad germana..." (1).

Obviamente Schmitt no era un revolucionario que
pretendía superar el estado de derecho burgués
desde una concepción que favoreciera la real
participación popular, y obsérvese que en esta
caracterización se cita precisamente como
antecedente a los románticos reaccionarios a los
que aludíamos al comenzar el análisis... En
nuestro medio su pensamiento ha sido reivindicado
por "nacionalistas" de derecha como el ya
desaparecido Raúl Puigbó. Tampoco podemos olvidar
al francés Julien Freund, un intelectual muy
considerado en la España franquista (al igual que
Carl Schmitt), enemigo de la filosofía de
Rousseau, que se definía a sí mismo como "un
reaccionario de izquierda" (aunque quizá
le sobrara la última palabra) y es musa
inspiradora de nuestro conocido filósofo Alberto
Buela. Es más, sería interesante que muchos
investigaran la obra de Freund para constatar
hasta qué punto hay una llamativa influencia en
las producciones "originales" de nuestro
"filósofo gaucho".

Como se puede observar en esta breve recorrida, 
el nacionalismo de derecha está tan colonizado
como aquella "civilización" a la que dice
combatir en nombre del "pensamiento nacional". A
diferencia de los exponentes de la izquierda
nacional o latinoamericana (Hernández
Arregui, Spilimbergo, Ramos durante su etapa
revolucionaria, Puiggrós, Dos Santos, Galeano,
González Casanova y tantos otros) que apartándose
de la izquierda liberal, han utilizado el método
de los europeos Marx y Engels para construir
tanto una teoría concreta sobre nuestra
realidad como una práctica política popular a
partir de las especificidades de América Latina,
el nacionalismo de derecha sólo ha intentado
trasplantar (desde las formas) la realidad de los
países europeos a nuestra tierra, con el objetivo
de impedir todo avance revolucionario. La
descalificación en maza de los intelectuales
(extensiva a la totalidad de las capas medias
instruidas a las que tildan de progres y pequebu)
se vincula con una identificación teóricamente
primitiva, mediante la cual se relaciona a todos
ellos tanto con un racionalismo enemigo de la fe,
ajeno a los sectores populares, como con la
"civilización" colonizada de Sarmiento. El
concepto "intelectual" no está elaborado, se lo
utiliza arbitrariamente, de allí que los
"intelectuales nacionalistas" experimentan una
negación patológica de su propia identidad,
presentándose como algo distinto a lo que
realmente son. Podemos encontrarnos por ejemplo,
con el absurdo de historiadores, filósofos o
políticos nacionalistas sumergidos desde sus años
de juventud en el campo de las ideas (gente que
no realizó trabajo manual en su vida), que dicen
no ser intelectuales y que además son tan
elitistas como el que más. Sin embargo, estas
simplificaciones poco rigurosas constituyen un
grave error de conciencia y, además, demuestran
una mala lectura o directamente el
desconocimiento de los verdaderos pensadores
nacionales como Jauretche. Precisamente él marcó
una línea para delimitar los terrenos, señalando
la presencia de la intelligentzia, y
diferenciando a los pensadores nacionales de ese
"nacionalismo" mal entendido que cumple una
función contraria a la declamada. Es decir, las
intenciones manifestadas nunca coinciden con
las consecuencias que objetivamente generan, ya
que uno de los principales déficit que
manifiestan es su incomprensión de los vínculos
por un lado materialistas y por otro dialécticos
entre las ideas (las formas) y la infraestructura
de una totalidad social (los contenidos). Esta
incomprensión es en muchos casos una objetiva
limitación de clase, ya que no pocos de los
integrantes de grupos nacionalistas de derecha
provienen de la oligarquía o pertenecen a
sectores de las capas medias influenciadas por
sus valores y creencias. Por eso, sus aportes
innegables en el campo historiográfico, como bien
lo ha señalado Hernández Arregui, nunca
pudieron completarse con una visión de mundo
coherentemente nacional y con una práctica
política consecuente. Entonces, señala el mismo
autor: "El verdadero promotor del nacionalismo de
las masas terminó siendo Perón mediante su obra
defensiva de la economía nacional" (2).

Jauretche era indudablemente un intelectual,
ubicado en las capas medias de Argentina, que se
dedicó básicamente a pensar, escribir y
hacer política. Nada de eso constituye una
actividad manual, sin embargo, su labor fue
esencial para el desarrollo de la conciencia
nacional que, en un país dependiente, es la
primera manifestación de la conciencia de clase
de los oprimidos. Como intelectual se
identificó con los intereses de los sectores
populares enfrentando las ideas de la clase
dominante. Su definición de lo nacional era
inseparable de lo social, ya que una nación es
mucho más que su geografía y su historia más
lejana. La nación está estrechamente
vinculada con la vida concreta de quienes la
habitan en el presente, y esto es claramente
distinto a la adopción de posturas elitistas
(oligárquicas) escondidas tras el manto de una
espiritualidad atemporal que se eleva por sobre
todas las clases sociales existentes.
Como intelectual fue inspirador del grupo FORJA
(Fuerza de Orientación Radical de la Joven
Argentina), desarrollando ideas esenciales para
la
conciencia nacional y popular, que constituyeron
un puente entre el yrigoyenismo y el peronismo.
Más tarde se integró al movimiento conducido por
Perón, y cuando este cayó siguió luchando desde
su
especialidad, la producción de ideas alternativas
a las dominantes.

Desde ya no renegaba de su función ni de la
cumplida por otros intelectuales, compañeros de
ruta (como H. Arregui). Por ese motivo cuando se
refería al intelectual colonizado, formado en
ideas nuevas, o muy viejas, provenientes
invariablemente del mundo "civilizado",
entrecomillaba el concepto "intelectual" o
utilizaba otro concepto de origen ruso para
referirse a ellos: intelligentzia. No fue un
socialista de izquierda nacional pero sí un
nacionalista democrático, es decir vinculado a
las clases y sectores populares. Por eso la
diferencia fundamental y comprobable que tuvo con
los otros "nacionalistas" (porque esto no es
cuestión sólo de opiniones sino de datos), es que
mientras los intelectuales como él estaban
peleando contra los golpistas en 1955 y después 
del golpe fueron víctimas junto a su pueblo de
los dictadores de la "revolución fusiladora", el
nacionalismo antidemocrático de derecha trabajaba
para los golpistas.

Se podría sostener que fue un error y todo
nacionalista de derecha tiene derecho a una nueva
oportunidad. Pero no es así, ya que salvo en
casos individuales que festejamos, es una línea
política y filosófica grupal que se caracteriza
por la inmovilidad de sus ideas. Éstas se
reiteran en cada nueva encrucijada que enfrenta
nuestro país porque, hasta la fecha, han
resultado incapaces de incorporarse a los
sectores
populares democratizando su nacionalismo de
élites. Por eso en 1975 algunos apoyaban un golpe
de Estado "nacionalista" contra Isabel con
el argumento de evitar el golpe liberal de 1976.
Como si un golpe de Estado se pudiera dar
alegremente con las formas a las que alude
Gramsci pero sin los contenidos. Es decir, si uno
realmente no está con la oligarquía y el
imperialismo tiene que establecer vínculos
orgánicos con los trabajadores y sus aliados,
porque todo lo demás es cartón pintado. Sin
embargo, el nacionalismo de derecha no visualiza
(o no quiere explicitar en algunos casos) los
vínculos, también muy concretos, entre la
oligarquía y el capital financiero internacional,
porque está socialmente condicionado por su
pertenencia y/o posición de clase. Esta cuestión,
que resulta central para entender sus prácticas
políticas, llevó a muchos de esos nacionalistas a
integrarse finalmente en el "proceso de
reorganización nacional", porque una vez más
consideraron que el enemigo número uno de la
patria era el comunismo. Algunos habían apoyado,
o directamente integrado,  las TRES A y luego
pasaron a ser grupos de tarea o paramilitares a
las órdenes de los procesistas. Otros fueron
ideólogos o, en el mejor de los casos, dejaron
hacer la tarea "sucia" pero "necesaria". Y como
esta historia de desatinos "nacionalistas" no
tiene límites, ahora, cuando entre los gozos y
las sombras del gobierno de Néstor Kirchner"
estamos tratando de construir una alternativa
nacional y popular, los nacionalistas de derecha
se ponen en un terreno que pretende ser
neutral. No están con Kirchner pero tampoco con
la oposición De Macri, Blumberg, López Murphy y
Lilita Carrió. Es probable, pero me pregunto
¿a la luz de nuestra experiencia histórica, a
quiénes puede favorecer finalmente esta
neutralidad?  Además, si en 1955, estando Perón
como presidente y líder lo combatieron porque
"hizo enojar a los curas", que podemos esperar
ahora si las relaciones entre Kirchner y la
cúpula
de la Iglesia se tensan aún más. Si no aprendemos
de la historia la reiteraremos como comedia hasta
el hartazgo; y en esta farsa reiterada, los
nacionalistas de derecha, aquellos que fieles a
su
situación o posición de clase renunciaron a
establecer vínculos orgánicos con los 
trabajadores, siempre estuvieron objetivamente
enfrentados con el bloque nacional y popular,
inclusive cuando actuaron dentro de él (para
inmovilizarlo). Decía al respecto Jorge
Spilimbergo: "El nacionalismo de las clases
oligárquicas se manifiesta en la Argentina desde
las primeras décadas del siglo, no para emprender
una cruzada contra el imperialismo, sino como
respuesta a la clase trabajadora"(3).


La Plata, febrero de 2007

(1) Hans Manfred Bock, "El Fascismo", páginas 129
a 130, en "Introducción a la ciencia política" de
Wolfgang Abendroth y Kurt Lenk. Editorial
Anagrama

(2) Juan José Hernández Arregui, "La formación de
la conciencia nacional", página 280, Editorial
Plus Ultra.

(3) Jorge Spilimbergo, "Nacionalismo oligárquico
y nacionalismo revolucionario", página 19,
Editorial Amerindia






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