[R-P] [A. Zaiat] El pequeño paroductor

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Lun Abr 7 07:48:39 MDT 2008


Gentileza de Ezequiel Beer
Pagina 12-
05 de Abril de 2008
Pequeño paroductor - Por Alfredo Zaiat



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Gran parte de los pequeños productores del núcleo rico de la pampa
húmeda tiene comportamientos similares a los de la clase media urbana.
Aspira a poseer el status de vida de hacendados y a la vez trata de
imitar pautas de consumo de la clase acomodada. Expresa terror de
retroceder en esa escalera de ascenso social y por eso a veces
reacciona con virulencia hacia los integrantes del escalón inferior y
también hacia el Estado. Pero igualmente quiere y exige que ese Estado
lo proteja. Con sus contradicciones a cuesta, se siente acechado y
defiende su porción del capital frente a los enemigos que supone que
lo rodean. Tiene lo mejor y lo peor de la clase media emprendedora y
quejosa. En general, el problema es que por la forma en que ha
construido su conciencia de clase y la consiguiente ubicación en el
mundo económico confunde muchas veces la trinchera. En esas
oportunidades se vuelven reaccionarios y conservadores, instancia que
los grandes aprovechan para ponerlos al frente de sus propios reclamos
que, por esa peculiar alianza, pasan a ser compartidos, aunque los
ganadores terminarán siendo los mismos de siempre.

Es cierto que no ha habido interlocutores del Gobierno sagaces de
interpretar las necesidades de esos pequeños productores de la pampa
húmeda, que son privilegiados en relación con sus pares de otras áreas
agrícolas y de otras producciones no tan rentables. Pero tampoco es
sencillo construir esos puentes cuando los intereses de los grandes
jugadores del negocio agropecuario pasan a estar representados por los
pequeños. La soja ha sido el poroto aglutinador de realidades
económicas distintas. El extraordinario aumento del precio
internacional de esa oleaginosa junto a la aplicación de un paquete
tecnológico sencillo (siembra directa y glifosato) provocaron el
nacimiento de varios barones de la soja, que desplazaron del trabajo
de la tierra a pequeños productores mediante el arrendamiento. Esos
chacareros se transformaron en rentistas. Los que no alquilaron el
campo se volcaron por imitación a la soja, relegando otras
producciones, como la lechería y la ganadería, entre las principales
pero no únicas.

La reacción desproporcionada de un sector del campo estuvo en
correlación con la desproporción de la renta que ofrece la soja
respecto de otras producciones agropecuarias. El esquema de
retenciones móviles apuntó al núcleo de mayor creación y concentración
de riquezas de los últimos años, lo que expone la dificultad existente
para avanzar sobre grupos de poder. Esta intervención del Estado para
alertar sobre el proceso acelerado de sojización ha sido muy tarde,
aunque de todos modos imprescindible por varias razones, siendo una de
ellas la supervivencia de los pequeños productores. Esa injerencia vía
retenciones móviles debería haberse realizado hace un par de años. Y
apoyada por los pequeños productores, aunque parezca descabellado
teniendo en cuenta las pasiones expresadas en las últimas tres
semanas. El reclamo exitoso de recibir compensaciones por el aumento
adicional de retenciones para recuperar la rentabilidad previa,
aspecto destacado por el ministro Martín Lousteau y la presidenta
Cristina Fernández de Kirchner, ha sido un retroceso en el moroso
tránsito de frenar la peligrosa tendencia al monocultivo. La historia
ofrece muchos ejemplos de la extrema vulnerabilidad de países que
depositaron su suerte a una sola ficha. Un gobierno tiene que tener la
capacidad de comunicar e implementar esa estrategia de mediano y largo
plazo frente a las ambiciones de corto del mundo agrario.

La necesaria política de promoción y protección para el pequeño
productor no pasa por una serie de compensaciones para que siga en la
soja, sino que debería haber una estrategia más elaborada que incluya
apoyo para diversificar su producción, incrementar la productividad
lechera y ganadera, acceder a financiamiento y a nuevas tecnologías.
Las indispensables retenciones móviles son apenas un paso para frenar
la sojización. Existen medidas aún más audaces en ese objetivo, como
subsidios para que no se siembra soja, fijar límites de hectáreas de
arrendamiento para cultivar soja por parte los grandes grupos
económicos, inversores especulativos y pool de siembra, establecer
impuestos específicos para los excedentes de soja a partir de
determinar cuotas de producción, como hacen los países europeos y
Estados Unidos, que piensan una política agropecuaria como parte de
una de desarrollo global.

En estos días en los que la figura del pequeño productor ha pasado a
ocupar el centro de la escena del conflicto, la definición de quienes
integran esa categoría no es tan clara. Ni para los funcionarios que
prometieron compensarlos ni para los propios dirigentes del sector. En
un documento de trabajo del Proyecto de Desarrollo de Pequeños
Productores Agropecuarios, Revisión del concepto de ruralidad en la
Argentina y alternativas posibles para su redefinición, los
investigadores Hortensia Castro y Carlos Reboratti señalan en sus
conclusiones que "la problemática de la medición de la ruralidad es
evidente en el contexto actual de los cambios y modificaciones que
tienen lugar en el medio rural de la Argentina. Por un lado, contamos
con una definición de lo rural que se remonta a los primeros censos de
población del siglo XIX, levemente mejorada y actualizada en censos
posteriores. Por el otro, una gran cantidad de usuarios interesados
y/o partícipes de lo que sucede en el mundo rural no utilizan o
directamente desconocen la definición de rural, utilizando criterios
propios, definidos en función de situaciones particulares y obviamente
diferentes entre sí".

La complejidad de la definición de qué es ser pequeño productor queda
reflejada en los debates de investigadores preocupados por el tema.
Uno de los documentos más riguroso y amplio al respecto es Los
pequeños productores en la República Argentina. Importancia en la
producción agropecuaria y en el empleo en base al Censo Nacional
Agropecuario 2002, realizado por Edith S. de Obschatko, María del
Pilar Foti y Marcela E. Román. Esa investigación publicada a mediados
de 2006 plantea dimensionar el peso económico y laboral de ese sector,
con un alto nivel de desagregación por regiones agroeconómicas, por
provincias y por departamentos, para el total de pequeños productores
y para distintos "tipos" dentro de ese universo. "Es la primera vez
que se realiza en el país un estudio sobre la pequeña producción con
propósitos tan abarcadores. Una estimación sistemática y de cobertura
total de la participación de los pequeños productores en la producción
y empleo agropecuarios", explican las autoras. Para evitar discusiones
estériles definen que "las explotaciones agropecuarias de pequeños
productores son aquellas en las que el productor o socio trabaja
directamente en la explotación y no emplea trabajadores no familiares
remunerados permanentes".

A partir de esa definición, uno de los tantos datos relevantes que
surgen de ese estudio es que en 2002 (año del último Censo
Agropecuario) se registraban 218.868 pequeños productores en todo el
país, que significan dos tercios del total de explotaciones
agropecuarias. Estos están divididos entre los más capitalizados (el
21 por ciento del total), los que viven principalmente de su
explotación pero no logran evolucionar (27 por ciento) y los de
menores recursos productivos, que no pueden vivir exclusivamente de su
explotación (52 por ciento). La troika de investigadores aclara que
ese dato no puede compararse estrictamente con el Censo de 1988. De
todas maneras, señalan que, según otro estudio (de los investigadores
González y Pagliettini, Facultad de Agronomía –UBA—, de 1996), con una
definición bastante similar, registraron 245 mil de esas explotaciones
en 1988, un 10,9 por ciento más que en el 2002.

No son tan pocos ni tantos abandonaron sus campos en los últimos
veinte años. El desafío para el Gobierno es reconocerlos como un
sujeto importante del sector, que representa el 14 por ciento del área
de explotaciones agropecuarias, con medidas específicas de promoción.
Mientras, el pequeño productor debería reconocer cuáles son sus
intereses, sin confundirse con los de otros que no dudarán a la hora
de elegir el bocado para saciar el apetito de pez grande.

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-101890-2008-04-05.html

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Néstor Gorojovsky
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