[R-P] bioseguridad
hhmanzolillo
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Sab Abr 5 09:40:20 MDT 2008
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Articulo publicado en Eco Portal.net del 5/4/08
México: La bioseguridad según Monsanto
02-04-08, Por
<http://www.ecoportal.net/content/advancedsearch/?SearchText=Ribeiro&SearchContentClassID%5B%5D=2&SearchContentClassAttributeID%5B%5D=193&SearchSectionID%5B%5D=1&SubTreeArray%5B%5D=211&SubTreeArray%5B%5D=231>Silvia
Ribeiro *
No es novedad que la Ley de Bioseguridad y
Organismos Genéticamente Modificados se redactó a
favor de las empresas transnacionales de los
transgénicos. Por eso se la conoce como Ley
Monsanto. El 24 de marzo entró en vigor el
reglamento de dicha ley, elaborado a puertas
cerradas, que retoma y empeora todos los aspectos
negativos de la ley, para facilitarle a las
trasnacionales los trámites para vender sus
semillas transgénicas en el país, legalizando así la contaminación.
No es novedad que la Ley de Bioseguridad y
Organismos Genéticamente Modificados se redactó a
favor de las empresas transnacionales de los
transgénicos. Por eso se la conoce como Ley
Monsanto. El 24 de marzo entró en vigor el
reglamento de dicha ley, elaborado a puertas
cerradas, que retoma y empeora todos los aspectos
negativos de la ley, para facilitarle a las
trasnacionales los trámites para vender sus
semillas transgénicas en el país, legalizando así la contaminación.
Como señaló Alejandro Nadal, si un agricultor
sufre daños por contaminación, no tendrá ninguna
defensa para exigir reparación por daños (ver La
Jornada, 26/10/2007). Aún peor: las víctimas de
la contaminación podrían ser demandadas por las
empresas por "uso indebido" de sus genes
patentados, tal como ya ha ocurrido en cientos de casos en Estados Unidos.
El reglamento establece también que las
decisiones podrán ser apeladas por las empresas,
pero nunca por la gente común, por ejemplo, los
campesinos e indígenas que verán su maíz
milenario contaminado. Es curioso, por decirlo de
alguna manera, que el único párrafo que nombra
los posibles impactos socioeconómicos (art
16.5.d), está referido a que las empresas pueden
presentar información adicional que será tenida
en cuenta por las secretarías. Monsanto, Syngenta
o DuPont pueden alegar lo positivos que serán los
cultivos frankenstein según su propia y
particular interpretación, pero los 100 millones
de habitantes de México que podrían mostrar que
los transgénicos enajenan la soberanía
alimentaria, empeoran sus condiciones de vida y
contaminan sus cultivos y alimentos no tienen derecho a apelación.
El aspecto central -y el más peligroso- del
reglamento es que se deja en manos de las propias
empresas solicitantes presentar, documentar y
analizar los riesgos, impactos ambientales, a la
salud, a la diversidad biológica, e incluso la
evaluación, monitoreo y control de los riesgos
que conllevarán sus cultivos transgénicos. O sea,
es la parte interesada que dirá si las semillas
que nos quieren vender tendrán algún problema.
Teóricamente, esto será revisado por una comisión
de expertos, pero las empresas ni siquiera tienen
que presentar la documentación de sus fuentes,
solamente indicarlas. A ello se suma que las
empresas definirán qué partes de la solicitud son
consideradas "confidenciales". Esto quiere decir
que ellas definen qué puede ver el público, pero
también, que lo marcado como confidencial ni
siquiera se distribuirá entre los miembros del
comité evaluador, solamente lo verá una sola
persona, que será quien coordina este comité.
Es posible entonces que una sola persona, basada
en las informaciones de la parte interesada por
razones de lucro, sea quien decida sobre la
experimentación con maíz transgénico en México,
el centro de origen del cultivo, producto del
trabajo, sabiduría y conocimiento de millones de
personas durante más de diez mil años.
Huelga decir que los argumentos de las partes
interesadas siempre serán parciales en su propio
beneficio. Por ejemplo, Monsanto, para lograr la
aprobación de la hormona transgénica rBGH que se
inyecta a las vacas para producir más leche,
reportó en la solicitud a las autoridades
regulatorias de Estados Unidos, que las vacas
sufrían más enfermedades y que tenían un aumento
significativo de otra hormona, la IGF-1. Pero sus
conclusiones afirmaban que eso no tendría ningún
impacto sobre la salud humana. Informes
científicos independientes posteriores mostraron
lo contrario, que el consumo de esa leche lleva a
aumentos de la hormona IGF-1 en humanos, lo que
está asociado a cáncer de seno, próstata y colon.
El mismo proceder tuvo Monsanto con experimentos
con ratas de laboratorio que indicaron graves
anomalías en los órganos internos y sangre, al
ser alimentadas con un tipo de maíz transgénico.
En las conclusiones presentadas a las autoridades
dice que son datos irrelevantes y que son
"variaciones normales entre ratas". Estos son
apenas algunos de los casos que salieron a la
luz. La verdad es que los comités de expertos
deberían pasar la vida estudiando y poder
realizar estudios independientes, para poder
realmente fiscalizar los datos de las propias
empresas, cosa que obviamente no sucederá. No
existen ni los recursos ni la voluntad política para que esto ocurra.
En su lugar, lo que hay es una vergonzosa farsa
leguleya para disimular que se entrega sin
condiciones la soberanía alimentaria y el
patrimonio genético más importante de México -el
maíz- para que las transnacionales de las
semillas puedan aumentar sus ganancias. De
ninguna manera es el último capítulo. Con o sin
reglamento, la resistencia social contra los
transgénicos continuará. <http://www.ecoportal.net/>www.ecoportal.net
*Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC
Publicado en La Jornada, 29 de marzo 2008
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