[R-P] Extraordinario documento sobre la cuestión agraria actual
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Abr 3 22:02:28 MDT 2008
Gentileza de Mirta Muragua
Algunos comentarios sobre el lock out agrario y la dinámica de la situación
La secuencia del conflicto es importante.
¿Cuándo estalla el conflicto agrario? Con la imposición de retenciones
móviles. Este es el centro del tema. No lo es el aumento de las
retenciones lo que detonó el conflicto –ya que efectivamente unas
subieron pero otras bajaron- sino el corte de las expectativas de
gigantescas ganancias a futuro recortadas por la aplicación de
retenciones móviles. Ahí arranca todo. Es importante tenerlo claro,
porque los problemas que tienen los pequeños productores hasta ese
momento no habían generado ningún movimiento significativo. Los cuatro
sectores de propietarios pasan a la acción fundamentalmente por lo de
las retenciones móviles: están disputando renta futura, que sería
apropiada mayormente por los grandes actores agrarios, y no por los
pequeños.
El gobierno no diferenció, al establecer las retenciones, entre
pequeños y grandes productores. ¿Y ellos, se diferenciaron? , o
salieron juntos a luchar por el mismo programa ¿Y ese programa, a
quien beneficia centralmente?
La división del trabajo al interior del lock out es clara.
La función de los pequeños en todo esto no es menor: son quienes
aportan la cara "genuina" del lock-out. Son los que trabajan en serio,
son los que cortan las rutas y ponen el cuerpo, son los que arrastran
a familias y vecinos, los que generan simpatía en los medios, porque
realmente necesitan ayuda y están realmente enojados. ¿Qué pone el
gran capital agrario en el lock-out?: nada menos que los principales
medios de comunicación escrita, oral y televisiva, algunas estructuras
partidarias (el ARI de Carrió, el PRO), apoyos urbanos variopintos,
incluído el de los rentistas que viven en la ciudad, y el certificado
de "blanquitud" de la protesta. No es lock-out sino "paro", no son los
propietarios sino "el campo", no son piquetes sino "cortes de ruta",
no son las retenciones móviles contra lo que luchan sino contra "la
soberbia", no son los precios internacionales increíblemente elevados
la fuente de super-ganancias sino "el esfuerzo de los productores".
La combinación es poderosa, y tiene capacidad para generar un cuadro
potencialmente grave: desabastecimiento y golpe inflacionario en las
ciudades, con el consabido malestar de la población (que usualmente no
entiende porqué ocurren estas cosas), violencia y eventuales muertes
en los cortes de ruta (con la exacerbación de pasiones que genera el
martirologio), crisis política en el partido gobernante (donde se
pondrían de manifiesto los aliados atados con alambre que supo juntar
el kirschnerismo).
¿Por qué los sectores más débiles del agro no luchan contra los otros
segmentos de la cadena que les estrujan la ganancia? ¿por qué
consideran natural que la sociedad subsidie el gasoil, la
electricidad, el tipo de cambio y otras transferencias directas? ¿por
qué son tan fáciles para manipular por el gran capital y la derecha?
Es una vieja historia vinculada a la configuración cultural e
ideológica de todos los sectores rurales del mundo. En los ´90, se
tomaron medidas que fundieron a 300.000 productores, y no hubo esta
combatividad, esta rebeldía contra la "opresión" y la "soberbia". Ojo
con las idealizaciones: porque produzcan efectivamente riqueza, o
porque sean los más débiles de los propietarios rurales, no se
transforman automáticamente en portadores de progreso, ni de
racionalidad, ni de solidaridad: ni piensan en el efecto de sus
piquetes sobre los débiles de la ciudad. Y están luchando,
puntualmente, por super ganancias.
Brilla –por su inexistencia- en esta "gesta" de los propietarios
rurales la nula referencia a la dependencia tecnológica de las
semillas transgénicas de las multinacionales, y de su dependencia de
un mercado comercializador oligopólico (en general, multinacionales).
Toda la lucha es contra el estado, como antes de la llegada del
menemismo… no aparece ningún otro actor que los afecte o perjudique.
Si se compara el conjunto de la problemática de los pequeños
productores –que es amplia y compleja- con el objetivo específico de
esta lucha, se observa que lo único que se encuentra expresado es la
demanda contra las retenciones móviles, contra el gobierno y contra el
estado. Este lamentable recorte de la problemática se inscribe en la
lógica ultraliberal que sostiene que es el estado la fuente de los
problemas, y que si se abstuviera de "meterse" con el sector privado
todo andaría estupendamente bien… No es nueva, pero no deja de
sorprender, la pobreza de miras de las dirigencias empresarias
argentinas.
Un triunfo hegemónico del sector agropecuario es su insistencia,
tomada acríticamente por los medios, en torno a una palabra:
productores.
Productores, en economía, son todos los que producen directa o
indirectamente riqueza. O sea, un porcentaje muy alto de la población.
En una economía compleja y moderna, no es aceptable (porque no existe
en la realidad) que se recorte –para resaltar sus méritos productivos-
un determinado componente del sistema económico de todo el resto, sin
el cual aquel no existiría. La única diferencia entre los que producen
alimentos, de aquellos que producen bienes industriales o servicios
necesarios (educación, salud, transporte, construcción, servicios
públicos, etc, etc.) es que quienes producen alimentos pueden privar
al resto de los mismos. Esto no habla de un atributo moral, de una
particular nobleza, sino de un atributo de poder. Todo trabajador que
cumple un rol importante en el proceso de producción y distribución de
la riqueza social puede privar a los otros de algo importante. Los que
poseen hoy los medios de producción en el agro privan de alimentos al
resto de los eslabones productivos.
¿Qué pasaría si ocurriera a la inversa, si se les negaran los
indispensables insumos industriales, servicios, etc.? ¿Qué pasaría si
se les cortaran la energía eléctrica, las telecomunicaciones, el
abastecimiento de combustibles, y todos los bienes urbanos
imprescindibles para que funcionen? ¿Hasta cuando seguirá esta
impostura de que son los únicos actores estratégicos de la producción?
Hace muchos años que la sociedad argentina viene arrastrando esta
rémora ideológica, y no la termina de superar. El "campo" es una parte
de Argentina, y no al revés. El país no le debe rendir una pleitesía
especial a ningún sector productivo. Es más, parte de nuestro actual
subdesarrollo tiene que ver con haberse quedado estancados en una
imagen atemporal de los beneficios de la mera agricultura. A esta
altura del siglo XXI es muy claro: no existen potencias agrícolas.
La fisiocracia, teoría económica arcaica superada hace más de 200
años, planteaba que sólo el agro producía valor, y el resto de las
actividades sociales eran "estériles". Adam Smith -no Carlos Marx-,
sostuvo en 1776, en "La riqueza de las naciones": Los terratenientes
son la única de las tres clases (se refiere también a los asalariados
y a los capitalistas) que percibe su renta sin que le cueste trabajo
ni desvelos, sino que la perciben de una manera en cierto modo
espontánea, independientemente de cualquier plan o proyecto propio
para adquirirla. Esa indolencia, consecuencia natural de una situación
tan cómoda y segura, no sólo les convierte a menudo en ignorantes,
sino en incapaces para la meditación necesaria para prever y
comprender los efectos de cualquier reglamentación pública.
La otra secuencia que hay que tener claro es que el endurecimiento
agropecuario, la radicalización desorbitada de la protesta, no se
produce después del discurso de Cristina Fernandez, sino antes. Toda
la argumentación sobre un supuesto discurso confrontativo, que
denigró, ofendió u ofuscó al sector es inaceptable, porque no están
luchando por estilos políticos. No hay nada que ofenda en el discurso,
salvo que argumentó y defendió una política pública. ¿Qué debe hacer
un jefe de estado que toma una decisión que considera correcta?
¿Retirarla ante la amenaza? ¿Pedir perdón por haberla tomado?
¿Lamentarse públicamente de defender el interés general, confesar que
se equivocó al hacerlo? Cuando desde ese mismo lugar institucional se
lanzó la frase (insólita en un país moderno) "Ramal que para, ramal
que cierra", no apareció ningún escandalizado de los actuales por la
soberbia y la dureza presidencial.
Ese argumento –la supuesta vocación ofensiva y confrontativa
presidencial- repetido al unísono por los representantes agrarios y
los medios busca el progresivo desgaste mediático de la figura
presidencial, en pos de su posterior desplazamiento.
El tema de la "soberbia" y la "provocación", sirven para crear un
clima emocional de enojo irracional con el gobierno, una suerte de
"ofensa inadmisible" que no estaría en las palabras, sino… "en el
tono". Parece demasiado poco como para justificar el pedido que empezó
a escucharse la semana pasada, a pocos meses de asumir, que se vaya.
¿Están negociando dos sectores, dos "bandos" equivalentes, como lo
presenta masivamente la prensa?
De la respuesta que se dé a esta pregunta dependen muchas cosas.
Si se cree que se trata de una negociación entre un interés sectorial
(propietarios agrarios) y la institución que representa al conjunto
del país, que es mucho más que la suma de sus partes (el estado), es
inadmisible cualquier intento de imposición de medidas de parte de la
primera sobre la segunda. Son dos niveles cualitativamente distintos,
y no puede sino prevalecer el segundo sobre el primero.
Si se contesta que son equivalentes, se toma al estado como una
facción más de intereses (como cualquier otra), o se eleva al sector
agrario a la categoría de poder político con capacidad constituyente
(establecer y aplicar leyes). En este último caso, se abre una puerta
a la total descomposición política e institucional. Los medios de
comunicación, masivamente, han contestado claro: son equivalentes.
Hay sectores económicamente poderosos (banqueros, industriales, agro,
servicios) acostumbrados a que el estado argentino no tenga poder, y
no pretenda ejercerlo. Aguantan un gobierno ajeno a sus filas si es
impotente o pusilánime. Si pretende gobernar –en el sentido de tomar
decisiones sin pedir su aprobación- empieza la retahíla de epítetos:
inmediatamente se sienten agredidos, avasallados, amenazados,
"peligran las libertades". Aparecen las alusiones, como si fueran
parte del cuerpo diplomático norteamericano, a Cuba, Chávez, y Evo
Morales: el universo oscuro e incontrolado.
Regulación, para ellos, es opresión. Libertad, en cambio, es el
ejercicio ilimitado de su poder, como si no existiera sociedad. Los
amenaza la regulación estatal, un gobierno que gobierne, que no sea un
mero transcriptor de demandas sectoriales como fue el menemismo y la
alianza. Más allá de este gobierno, los varios sectores de poder en
Argentina no soportan un estado autónomo. Están felices con el estado
capturado e impotente. El kirschnerismo ha hecho muy poco por
restaurar las capacidades del sector público, pero tiene cierta
autonomía decisional que en este caso les resulta intolerable a
algunos de los sectores dominantes. Si algo tienen en común las
fracciones propietarias (locales y extranjeras) en Argentina, es su
hostilidad a un estado eficaz y autónomo.
El caceroleo de las clases medias tiene diversos orígenes: ingenuos,
del tipo "salgo a defender al campo"; despistados, del tipo "está
subiendo todo, salgo y protesto"; políticos, del tipo "no los soporto
a los Kirshner, a los peronistas, no la soporto a esa tipa"; y hasta
festivos, del tipo "vamos a hacer un poco de ruido a la calle". El
análisis político tiene sus limitaciones: hay un espacio difuso en el
accionar colectivo, donde pueden converger múltiples y variopintas
sensibilidades en hechos sociales que no se controlan ni entienden.
Apoyan las causas imaginarias que flotan en sus cabezas, desconocen
los resultados concretos –políticos- de sus actos, y después se
desresponsabilizan y buscan a quien echarle la culpa: siempre se puede
salir a cantar "que se vayan todos".
¿Qué es lo que devela esta crisis? La debilidad del kirschnerismo como
construcción política, la debilidad del apoyo partidario y sindical
(PJ, FPV, CGT, 62 Organizaciones), la debilidad de la estructura
social que lo respalda (¿y los industriales dónde están? ¿y los muchos
otros beneficiados por la expansión de estos 5 años?), la debilidad de
los supuestos factores de poder "comprados", como los medios que
deberían ser "amigos". Una enorme endeblez que ha sido puesta de
manifiesto por la embestida de las entidades agropecuarias y sus
diversos aliados urbanos.
Debilidad que, por otro lado, no sería tal si el gobierno fuera capaz
de poner en movimiento al conjunto de sectores afectados por la
rebelión de los propietarios agropecuarios, que son muchos. ¿Quiere?
No quiere, porque implica establecer un compromiso programático.
Implica aceptar un monitoreo externo –aunque sea de aliados. Implica
interlocutores. No quiere. Por ahora.
Los acontecimientos encontraron al gobierno semi-desnudo. La presencia
de los militantes piqueteros en Plaza de Mayo cortó el día martes una
movilización de sectores medios porteños dispuestos a luchar por su
propia destrucción, por su propio empobrecimiento, por entronizar en
el gobierno a quienes los van a reprimir en serio.
La acción solitaria y decidida de los grupos de D´Elia y Pérsico
contrasta con el silencio abrumador de los sindicatos, la CGT, el
partido justicialista, y los militantes K, que brillaron por su
ausencia en una situación extremadamente fluida que a medida que
pasaban las horas se radicalizaba políticamente en contra de la Casa
Rosada. Es parte de la endeble construcción kischnerista, que fue
puesta a prueba (y lo seguirá siendo) por un bloque social inesperado,
cuya punta de lanza son los más débiles y enardecidos de los
propietarios rurales. El justicialismo, en el cual las convicciones
casi no existen, respeta a los líderes que garantizan posiciones de
poder. ¿Qué pasa cuando estos se tambalean? Lo que a Menem y a
Duhalde: a la basura, y busquemos otro. Dado que no es la lealtad
precisamente el atributo más abundante en la dirigencia justicialista,
bien puede haber mucha gente en este momento jugando internamente al
debilitamiento/derrota del kirscherismo para "reposicionarse".
La derecha argentina es antidemocrática. Lo ha sido sin tapujos en el
pasado, y no ha cambiado. No ha hecho nada sincero en materia de
discusión sobre su participación en la destrucción de las
instituciones democráticas y el asesinato de personas. Ninguna
fracción importante ha producido en su seno una ruptura seria con el
pasado. Ni ha surgido un líder de derecha convincentemente
democrático. A lo sumo, se callan la boca, y dicen que hay que "mirar
para adelante". Esta derecha ha estado relegada por las circunstancias
políticas luego del desastre provocado por sus ministros de economía,
que estalló en 2001. En las decisiones importantes, esta derecha
gobernó ininterrumpidamente desde 1989, pero luego de 2001 debió
esperar. Cuando uno lee su prensa, desde el comienzo de la asunción de
Kirschner, es clara su posición golpista. Ahí está el artículo de
Claudio Escribano en la tapa de La Nación diciendo que Kirschner era
presidente "por un año". Son golpistas, no toleran ni a un gobierno de
centro. Son autoritarios y no han podido intervenir políticamente
hasta ahora ya que han estado acotados por las condiciones políticas
locales e internacionales. Pero están buscando la brecha por la cual
irrumpir, para lo que necesitan, entre otras cosas, el fuerte desgaste
del poder presidencial –que disgregaría a la precaria coalición
política kirschnerista- para desplazarla cuanto antes.
Para eso hay que desagregar la coalición electoral kirschnerista,
alienándola de sectores sociales amplios: nada mejor que la agresión
inflacionaria. El kirschnerismo se viene mostrando impotente para
administrar una inflación en incesante aumento, y nada sería más
oportuno que darle un envión adicional a los precios mediante fuerte
incremento de los productos básicos. Ahí esta el lock-out agrario.
La derecha supo armar con una velocidad pasmosa un frente cívico que
aceleró en horas su protagonismo transmutando el tema del "campo" en
el tema del poder.
La derecha ha aprendido. Está usando en 2008 métodos de piquetes y
movilización popular para sus propios fines. Articula lucha económica,
política, mediática y cultural. Hasta aparecieron las típicas oleadas
de rumores de saqueos y violencia de 1989 y 2001. Y el "que se vayan
todos", y el "que renuncie". Alguien comparó la movilización y
caceroleo del martes con las jornadas de diciembre de 2001, pero en
diciembre de 2001 la clase media salió a reclamar por sus ahorros,
para que se los restituyeran. Hoy sale a pedir que la despojen
mediante un estallido inflacionario y el desfinanciamiento del estado.
Elisa Carrió contribuye al empobrecimiento del debate sobre los
fenómenos económicos y políticos. Su afirmación reiterada de que el
dinero recaudado por las retenciones iría a parar a Kirschner y De
Vido retrotrae la argumentación a aquel latiguillo que decía que
"Cuando Perón llegó a la Presidencia los pasillos del Banco Central
estaban abarrotados de lingotes de oro, y cuando se fue no había
nada". Conclusión para bobos: se los había robado. Reducir los debates
económicos a problemas de ladrones no sirve, y desvía de lo central.
Se debió debatir en su momento si la política económica peronista
llevaba o no a un callejón sin salida, y se debería debatir ahora si
ésta es una buena política económica o si es estéril para salir del
subdesarrollo. El eje ladrones/probos no contribuye a iluminar la base
de los problemas argentinos. La propia Carrió debería reflexionar
sobre su evolución política que la acerca cada vez más a las
perspectivas de los macro-ladrones financieros del país. Además, si la
derecha logra -con la colaboración militante de Carrió- el
desplazamiento del kirschnerismo, no van a ir a buscar después a una
señora que habla de equidad social, precisamente. Es difícil ver a los
vaciadores de la Argentina encolumnarse en la cruzada moral
republicana.
El enfoque resdistributivo del kirschenrismo es casi neoliberal: por
ósmosis, poco a poco, aparece trabajo, malo, mal pago, pero se reduce
el desempleo. Los componentes del salario indirecto brillan por su
ausencia, y el acceso a la vivienda está aún más lejano que en los
´90. El salario real está estancado, carcomido por una inflación seria
que el kirschnerismo se empeña –en un episodio de verdadera demencia
política- en negar. Esa debilidad no ayuda a construir lealtades
firmes en vastos sectores de la población. Esas lealtades firmes
harían más falta que nunca en un momento de confrontación con un actor
con poder como el que se está enfrentando.
Asusta la inmovilidad de la sociedad civil agredida por la crisis.
Parece que las asociaciones de consumidores no tienen nada que decir
sobre el desabastecimiento ni sobre las estrategias para enfrentar la
escalada de precios. Los sindicatos no tienen nada que decir, ni qué
defender, en relación a la caída del salario real. Su función parece
limitarse a pedir aumentos nominales de salario, y no a luchar para
mantener el poder de compra de los mismos. Recién a 19 días del paro,
uno de los aliados más nobles del gobierno, los organismos de derechos
humanos, sacaron un comunicado caracterizando acertadamente lo que se
está disputando en este momento. La pasividad de los sectores que
deberían mostrar autonomía y agilidad frente a hechos que los
involucran plenamente, contrasta con la acción tajante de los
propietarios agrarios y la derecha.
La lucha de clases por la riqueza generada es asimétrica en la
Argentina: los que quieren despojar a los más pobres no enfrentan un
contrapoder social que los equilibre, sino a un gobierno apoyado en
aparatos semivacíos, centrado en una construcción verticalista y
cerrada, que no quiere estar sometida a compromisos sociales que aten
su decisionismo. Los que van a ser despojados, mediante una caída real
y significativa en sus ingresos (el 80 % de la población), miran por
televisión, y en un 60 % apoya "al campo". Lo que está en discusión no
es si con el kirschnerismo se vive bien: lo que en estos días se puede
definir, es si pasaremos a vivir francamente peor.
Cuando surgió el kirschnerismo, allá por 2003, lo entendimos como una
postura que –insólita, inesperadamente- se ubicaba a la izquierda de
lo que era el promedio político de la sociedad argentina. Recordemos:
luego de 12 años de destrucción neoliberal, sus representantes sacaron
el 40% de los votos y la primera minoría electoral. Los otros
contendientes no tenían una misma posición. La ubicación en el
espectro político es siempre relativa, no es que el kirshnerismo tenga
un proyecto de liberación, pero la sociedad lo tiene menos aún.
¿Cuánto tiempo podía durar este fenómeno políticamente
"irrepresentativo"–en el mejor sentido de la palabra- de una agenda
pública dictada por el kirschnerismo? ¿No es razonable que la
estructura política "ajustara" en dirección a la verdadera correlación
de fuerzas? ¿y porqué no sería así, si no se hizo nada ni desde
adentro ni desde afuera del gobierno para que mejorara el nivel de
comprensión política de la sociedad?
Y al mismo tiempo nos preguntamos: ¿dónde parará el envión hacia la derecha?
¿Se correrá el fiel de la balanza institucional hacia un reflejo más
ajustado a lo que es esta sociedad, o seguirá corriéndose hacia la
derecha, aún más lejos?. ¿Porqué, una vez descubierta la debilidad del
kirschnerismo, habría que detenerse en doblegarlo solamente por el
tema de las retenciones? ¿No hay una amplia agenda de la derecha
política y económica aún insatisfecha?
Esto dejó de ser un problema económico-social, de puja distributiva, y
se transformó en un problema político, de poder. Según la correlación
de fuerzas, en el mejor de los casos, continuarán las retenciones
móviles. Si la dinámica política continúa como hasta hoy, domingo 30,
puede ser que las medidas que provocaron el lock-out sean retiradas,
con el consiguiente debilitamiento del gobierno, a favor de la
derecha. Si ésta aprovecha este momento de auge, ahora que están
expuestas las debilidades del poder kirschnerista, puede arrinconar al
gobierno, y obligarlo a entrar en una lógica de medidas antipopulares
que aceleren su degaste.
Ricardo Aronskind – Economista, investigador y docente
--
Néstor Gorojovsky
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