[R-P] China, el Tibet y Fidel
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Jue Abr 3 10:04:02 MDT 2008
[El 30 y 31 de marzo, el gobierno cubano difundió unas reflexiones de
Fidel sobre la situación china. Las transcribo. Son de gran utilidad.
Se podrían hacer varios comentarios (en especial sobre lo relacionado
a Rusia y el papel del stalinismo en China), pero no es eso lo
central.
De paso, Juan María, mirá esto:
"Al estallar la Primera Guerra Mundial... China se une a los aliados.
Para compensarla, le ofrecen que las concesiones alemanas en la
provincia de Shandong, le serían devueltas al finalizar la contienda.
Tras el Tratado de Versalles..., las colonias alemanas son
transferidas a Japón... Esta acción causó la protesta de miles de
estudiantes que se congregaron en la Plaza Tiananmen el 4 de mayo de
1919. Allí se inició el primer movimiento nacionalista que triunfó en
China. Se denominó "4 de Mayo". La pequeña burguesía y la burguesía
nacional lo compartían con los obreros y los campesinos."
Como diría Patoruzú: es una fecha en la que pasan cosas importantes...
Juá Juá Juá.]
Reflexiones del compañero Fidel
LA VICTORIA CHINA
Sin algunos conocimientos históricos elementales no se comprendería el
tema que abordo.
En Europa habían oído hablar de China. Marco Polo, en el otoño de
1298, contó cosas maravillosas del singular país al que llamó Catay.
Colón, navegante inteligente y audaz, estaba informado de los
conocimientos que poseían los griegos sobre la redondez de la Tierra.
Sus propias observaciones lo hacían coincidir con aquellas teorías.
Ideó el plan de llegar al Lejano Oriente navegando hacia el oeste
desde Europa. Calculó con excesivo optimismo la distancia, varias
veces mayor. Sin imaginarlo, se le atraviesa en su ruta, entre el
Océano Atlántico y el Pacífico, este continente. Magallanes
realizaría el viaje concebido por él, aunque murió antes de llegar a
Europa. Con el valor de las especias recogidas se pudo pagar la
expedición iniciada con varias embarcaciones, de las cuales sólo una
regresó, como preámbulo de futuras colosales ganancias.
Desde entonces, el mundo comenzó a cambiar con pasos acelerados.
Viejas formas de explotación volvieron a repetirse, desde la
esclavitud hasta la servidumbre feudal; antiguas y nuevas creencias
religiosas se extendieron por el planeta.
De esa fusión de culturas y hechos, acompañada por los avances de la
técnica y los descubrimientos de la ciencia, nació el mundo actual,
que no podría comprenderse sin un mínimo de antecedentes reales.
El comercio internacional, con sus ventajas y sus inconvenientes, se
imponía por las potencias coloniales, como España, Inglaterra y otras
potencias europeas. Estas, especialmente Inglaterra, pronto
comenzaron a dominar el suroeste, sur y sureste de Asia, así como
Indonesia, Australia y Nueva Zelandia, extendiendo su dominio por la
fuerza en todas partes. A los colonizadores les faltaba someter al
gigantesco país chino, de milenaria cultura y fabulosos recursos
naturales y humanos.
El comercio directo entre Europa y China se inició en el Siglo XVI,
después que los portugueses establecieron el enclave comercial de Goa
en India y el de Macao al sur de China.
El dominio español de Filipinas facilitó el intercambio acelerado con
el gran país asiático. La dinastía Qing, que gobernaba China, intentó
limitar todo lo posible este tipo de operación comercial no favorable
con el exterior. Lo permitieron solo por el puerto de Cantón, ahora
Guangzhou. Gran Bretaña y España tenían grandes déficits por la baja
demanda del enorme país asiático, relacionados con mercancías inglesas
producidas en la metrópoli, o productos españoles procedentes del
Nuevo Mundo no esenciales para China. Ambas habían comenzado a
venderle opio.
El comercio del opio en gran escala era dominado inicialmente por los
holandeses desde Jakarta, Indonesia. Los ingleses observaron las
ganancias que se aproximaban al 400 por ciento. Sus exportaciones de
opio, que en 1730 fueron de 15 toneladas, se elevaron a 75 en 1773,
embarcado en cajas de 70 kilogramos cada una; con él compraban
porcelana, seda, condimentos y té chino. El opio y no el oro era la
moneda de Europa para adquirir las mercancías chinas.
En la primavera de 1830, ante el desenfrenado abuso del comercio de
opio en China, el emperador Daoguang ordenó a Lin Hse Tsu, funcionario
imperial, combatir la plaga, y este ordenó la destrucción de 20 mil
cajas de opio. Lin Hse Tsu envió carta a la Reina Victoria pidiéndole
respeto a las normas internacionales y que no permitiera el comercio
con drogas tóxicas.
Las Guerras del Opio fueron la respuesta inglesa. La primera de ellas
duró tres años, de 1839 a 1842. La segunda, a la que se sumó Francia,
cuatro años, de 1856 a 1860. También se les conoce como las Guerras
Anglo-chinas.
El Reino Unido obligó a China a firmar tratados desiguales, por medio
de los cuales se comprometía a abrir varios puertos al comercio
exterior y a entregarle Hong Kong. Varios países, siguiendo el
ejemplo inglés, impusieron términos desiguales de intercambio.
Semejante humillación contribuyó a la rebelión Taiping de 1850 a 1864,
la rebelión Bóxer de 1899 a 1901 y, por último, a la caída de la
dinastía Qing en 1911, que por diversas causas -entre ellas la
debilidad frente a las potencias extranjeras- se había vuelto
sumamente impopular en China.
¿Qué ocurrió con Japón?
Este país, de antigua cultura y muy laborioso, como otros de la
región, se resistía a la "civilización occidental" y durante más de
200 años -entre otras causas por su caos en la administración interna-
se había mantenido herméticamente cerrado al comercio exterior.
En el año 1854, después de un viaje exploratorio anterior con cuatro
cañoneras, una fuerza naval de Estados Unidos al mando del Comodoro
Matthew Perry, amenazando con bombardear a la población japonesa
-indefensa frente a la moderna tecnología de aquellos buques-, obligó
a los shogunes a firmar, en nombre del Emperador, el Tratado de
Kanagawa, el 31 de marzo de 1854. Así se inició en Japón el injerto
con el comercio capitalista y la tecnología occidentales. Desconocían
entonces los europeos la capacidad de los japoneses para desenvolverse
en aquel campo.
Tras los yanquis, llegaron los representantes del imperio ruso desde
el Extremo Oriente, temiendo que Estados Unidos, a quienes vendieron
después Alaska el 18 de octubre de 1867, se les adelantaran en el
intercambio comercial con Japón. Gran Bretaña y las demás naciones
colonizadoras europeas arribaron rápido a ese país con los mismos
fines.
Durante la intervención de Estados Unidos en el año 1847, Perry ocupó
varias partes de México. El país perdió al final de la guerra más
del 50 por ciento de su territorio, precisamente las áreas donde se
acumulaban las mayores reservas de petróleo y gas, aunque entonces el
oro y el territorio donde expandirse, y no el combustible, eran el
objetivo principal de los conquistadores.
La primera guerra chino-japonesa fue declarada oficialmente el 1º de
agosto de 1894. Japón entonces deseaba apoderarse de Corea, un Estado
tributario y subordinado a China. Con armamento y técnica más
desarrollados, derrotó a las fuerzas chinas en varias batallas
próximas a las ciudades de Seúl y Pyongyang. Posteriores victorias
militares le abrieron el camino hacia territorio chino.
En el mes de noviembre de ese año, tomaron Port Arthur, actual Lüshun.
En la desembocadura del río Yalu y en la base naval de Weihaiwei,
sorprendida por un ataque terrestre desde la península de Liaodong, la
artillería pesada japonesa destruyó la flota del país agredido.
La dinastía tuvo que pedir la paz. El Tratado de Shimonoseki, que
puso fin a la guerra, fue firmado en abril de 1895. Se obligaba a
China a ceder Taiwán, la península de Liaodong y el archipiélago de
las Islas Pescadores a Japón "a perpetuidad"; pagar además una
indemnización de guerra de 200 millones de taeles de plata y abrir
cuatro puertos al exterior. Rusia, Francia y Alemania, defendiendo
sus propios intereses, obligaron a Japón a devolver la Península de
Liaodong, pagando en cambio otros 30 millones de taeles de plata.
Antes de mencionar la segunda guerra chino-japonesa, debo incluir otro
episodio bélico de doble trascendencia histórica que tuvo lugar entre
1904 y 1905 y no puede omitirse.
Después de su inserción en la civilización armada y las guerras por el
reparto del mundo impuestas por Occidente, Japón, que ya había librado
la primera guerra contra China antes señalada, desarrolló su poderío
naval lo suficiente como para asestar tan duro golpe al imperio ruso,
que estuvo a punto de provocar prematuramente la revolución programada
por Lenin al crear en Minsk, diez años antes, el Partido que
posteriormente desataría la Revolución de Octubre.
El 10 de agosto de 1904, sin previo aviso, Japón atacó y destruyó en
Shandong la Flota Rusa del Pacífico. El zar Nicolás II de Rusia,
exaltado por el ataque, ordenó movilizar y zarpar, rumbo al Extremo
Oriente, la Flota del Báltico. Convoyes de buques carboneros fueron
contratados para llevar a tiempo los cargamentos que necesitaba la
Flota mientras navegaba hacia su lejano destino. Una de las
operaciones de traspaso de carbón se tuvo que realizar en alta mar por
presiones diplomáticas.
Los rusos, al entrar en el sur de China, se dirigieron al puerto de
Vladivostok, único disponible para las operaciones de la Flota. Para
llegar a ese punto había tres rutas: la de Tsushima, su mejor
variante; las otras dos requerían navegar al este de Japón, e
incrementaban los riesgos y el enorme desgaste de sus naves y
tripulantes. Lo mismo pensó el almirante japonés: para esa variante
preparó su plan y situó sus barcos de modo que la Flota japonesa, al
dar la vuelta en "U", todas sus naves, en su mayoría cruceros,
pasarían a distancia aproximada de 6 mil metros de los buques
adversarios, con gran número de acorazados, que estarían al alcance de
los cruceros japoneses, dotados de personal rigurosamente entrenado en
el empleo de sus cañones. Como consecuencia de la larga ruta, los
acorazados rusos navegaban a sólo 8 nudos frente a los 16 de las naves
japonesas.
La acción militar se conoce con el nombre de Batalla de Tsushima.
Tuvo lugar los días 27 y 28 de mayo de 1905.
Participaron, por el imperio ruso, 11 acorazados y 8 cruceros.
Jefe de la Flota: Almirante Zinovy Rozhdestvensky.
Bajas: 4 380 muertos, 5 917 heridos, 21 barcos hundidos, 7 capturados
y 6 inutilizados.
El jefe de la Flota Rusa fue herido por un fragmento de proyectil que
le golpeó el cráneo.
Por el imperio japonés participaron: 4 acorazados y 27 cruceros.
Jefe de la Flota: Almirante Heichachiro Togo.
Bajas: 117 muertos, 583 heridos y 3 torpederos hundidos.
La Flota del Báltico fue destruida. Napoleón la habría calificado de
Austerlitz en el mar. Cualquiera puede imaginarse cuán profunda herida
causó el dramático hecho en el tradicional orgullo y patriotismo
rusos.
Después de la batalla, Japón pasó a ser una temida potencia naval,
rivalizando con Gran Bretaña y Alemania y compitiendo con Estados
Unidos.
Japón reivindicó el concepto del acorazado como arma principal en los
años venideros. Se enfrascaron en la tarea de potenciar la Armada
Imperial japonesa. Solicitaron y pagaron a un astillero británico la
construcción de un crucero especial, con la intención de reproducirlos
después en astilleros japoneses. Más tarde fabricaron acorazados que
superaban a sus contemporáneos en blindaje y poder.
No había sobre la Tierra ninguna otra nación que igualase a la
ingeniería naval japonesa de los años 1930 en diseño de buques de
guerra.
Eso explica la acción temeraria con que un día atacaron a su maestro y
rival, Estados Unidos, que a través del Comodoro Perry los inició en
el camino de la guerra.
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, China se une a los
aliados. Para compensarla, le ofrecen que las concesiones alemanas en
la provincia de Shandong, le serían devueltas al finalizar la
contienda. Tras el Tratado de Versalles, impuesto por el presidente
de Estados Unidos Woodrow Wilson a los amigos y a los enemigos, las
colonias alemanas son transferidas a Japón, un aliado más poderoso que
China.
Esta acción causó la protesta de miles de estudiantes que se
congregaron en la Plaza Tiananmen el 4 de mayo de 1919. Allí se
inició el primer movimiento nacionalista que triunfó en China. Se
denominó "4 de Mayo". La pequeña burguesía y la burguesía nacional lo
compartían con los obreros y los campesinos.
La corriente nacionalista había surgido a fines del siglo XIX y
principios del XX, y se consolidó con la fundación del Kuomintang, es
decir, Partido Nacional del Pueblo, encabezado por el doctor Sun
Yat-sen, intelectual y revolucionario progresista que estaba muy
influido por la Revolución Socialista de Octubre, con la cual reforzó
sus relaciones.
El Partido Comunista de China se funda en un congreso que tuvo lugar
entre el 23 de julio y 5 de agosto de 1921. Lenin envió
representantes de la Internacional a ese congreso.
El movimiento comunista se dedicó a reunificar China. Entre los
fundadores se encontraba el joven Mao Zedong. En los años 1923 y 1924
se conforma el Frente Único Antiimperialista entre el PCCh y el
Kuomintang.
En marzo de 1925 muere Sun Yat‑sen y Chiang Kai-shek toma el mando,
dedicándose a controlar bajo su rígida jefatura el sur de China, en
particular la zona de Shanghai.
Chiang no simpatizaba con la doctrina comunista, y en 1927 inició un
proceso represivo en gran escala contra los comunistas en las unidades
del Ejército Nacional Revolucionario, sindicatos y otras áreas
sociales del país, especialmente en Shanghai. También reprimió
fuertemente a la izquierda dentro del Kuomintang.
Después de 5 meses de ocupación militar de Manchuria, Japón estableció
en 1932 el estado del Manchukuo, lo que constituía una gran amenaza
para China. Chiang Kai-Shek lanzó cinco campañas de cerco y
aniquilamiento contra los comunistas, que se hicieron fuertes en las
bases constituidas al sur del país.
Con los que lograron escapar de la traición de Chiang Kai-shek en
1927, Mao Zedong dirigió en el área montañosa de las provincias de
Jiangsu y Fujian el establecimiento, en un amplio territorio, del
centro de resistencia armada con un fuerte núcleo de comunistas
consecuentes y bien organizados, que se calificó de República
Soviética de China.
Enfrentados a las fuerzas nacionalistas muy superiores de Chiang
Kai‑shek, alrededor de 100 mil combatientes chinos, bajo la dirección
de Mao, inician en 1934 la Gran Marcha hacia el noroeste, bordeando el
centro, un recorrido de más de 6 mil kilómetros, luchando
constantemente a lo largo de la ruta durante más de un año, lo que
constituyó una hazaña sin precedentes y convirtió a Mao en el líder
indiscutible del Partido y de la Revolución en China. La aplicación
de las ideas de Marx y Lenin a las circunstancias políticas,
económicas, naturales, geográficas, sociales y culturales de China, lo
consagraron como genial estratega político y militar de la liberación
de un país cuyo peso en el mundo actual no puede ser subestimado.
La segunda guerra chino-japonesa se inicia el 7 de julio de 1937. Los
japoneses provocaron deliberadamente el incidente que desató la
contienda. Un soldado nipón desaparece cuando su ejército realizaba
una parada militar en el puente Marco Polo, sobre un río situado a
unos 16 kilómetros del oeste de Beijing. Culpan al ejército chino,
situado al otro lado del río, de haber secuestrado al soldado, y se
provoca un combate de varias horas. Este aparece de nuevo, casi de
inmediato. Era falsa la denuncia, pero el comandante japonés ya
había ordenado atacar. Tokio exige condiciones inaceptables para
China, presentadas con la habitual arrogancia, y ordena el envío de
tres divisiones equipadas con sus mejores armas. En pocas semanas, el
Ejército japonés controló el pasillo este-oeste desde el Golfo de
Chihli -hoy Bo Hai- hasta Beijing.
De Beijing se dirige hasta Nanjing, sede del gobierno de Chiang
Kai-shek. Llevaron a cabo una de las campañas terroristas más
horrendas de las guerras modernas. La ciudad fue arrasada, igual que
otras similares; decenas de miles de mujeres fueron violadas y
cientos de miles de personas asesinadas brutalmente.
El Partido Comunista de China había priorizado la lucha por la unidad
nacional frente al plan japonés, cuyo objetivo era apoderarse del
enorme país con sus recursos naturales y someter a más de 500 millones
de chinos a despiadada servidumbre. Japón buscaba espacio vital. Su
conducta fue una mezcla de capitalismo con racismo: era la versión
japonesa del fascismo.
El Frente Unido Antijaponés estaba ya vigente ese propio año 1937.
Los nacionalistas estaban también conscientes del peligro. Japón
ocupó la mayoría de las ciudades costeras. Al finalizar la Segunda
Guerra Mundial, las bajas chinas sumarían millones.
Durante la épica contienda, los comunistas intensificaron su lucha
contra los invasores, ocasionándoles sensibles daños.
Estados Unidos prestó ayuda a los comunistas y a los nacionalistas.
Como veía que su entrada en la guerra era inminente, solicitó al
gobierno chino autorización para enviar una escuadrilla de
voluntarios. Se creó así la unidad aérea de los Tigres Voladores.
Roosevelt envió al capitán Lee Chenault, que estaba retirado y en el
desempeño de su tarea este expresaba su admiración por la disciplina,
las tácticas y la eficacia de los combatientes comunistas.
Después del ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, Estados
Unidos entró en la guerra. Sin embargo, en ningún momento Japón pudo
mover sus tropas élites de China, que al final de la contienda sumaban
un millón de soldados.
Chiang Kai-shek, convertido por la administración Truman -que en un
acto de terror usó las armas nucleares sobre la población civil de
Japón- en el hombre fuerte de Estados Unidos, reanuda la guerra civil
anticomunista, pero sus desmoralizadas tropas no podían resistir la
ola incontenible del Ejército Popular Chino.
Cuando terminó esa guerra, en octubre de 1949, los del Kuomintang,
apoyados por Estados Unidos, escaparon hacia Taiwán, donde
establecieron un gobierno anticomunista con pleno respaldo yanqui.
Chiang Kai-shek utilizó la Flota de Estados Unidos en su viaje hacia
Taiwán.
¿Es acaso China un oscuro rincón del mundo?
Antes de que se edificara Troya y circularan por las ciudades-estado
de Grecia la Ilíada y la Odisea, creaciones sin duda maravillosas de
la inteligencia humana, ya en las amplias márgenes del Río Amarillo se
desarrollaba una civilización que abarcaba millones de personas.
La cultura china tiene sus raíces en la dinastía Zhou, 2,000 años
antes de Cristo. Su escritura peculiar se basa en varios miles de
signos gráficos, que representan por lo general palabras o morfemas
del idioma, término de la lingüística moderna poco conocido por el
público no familiarizado con el tema. Todos estamos lejos de
comprender la misteriosa magia de esa lengua, cuyo aprendizaje
desarrolla la inteligencia natural de los niños chinos.
Muchos productos que surgieron de China, como la pólvora, la brújula y
otros, eran desconocidos por completo en el Viejo Continente. Si los
vientos soplaran en sentido inverso de la ruta seguida por Colón, tal
vez los chinos habrían descubierto a Europa.
Desde el año 2000, en Taiwán estaba gobernando un partido cuya
política neoliberal y proimperialista era peor todavía que la
tradicional del Kuomintang, partidario decidido de quebrar el
principio de una sola China, históricamente proclamado por el Partido
Comunista de China. Este espinoso asunto podía desatar una guerra de
imprevisibles consecuencias, como moderna espada de Damocles sobre las
cabezas de más de 1,300 millones de chinos.
La elección el pasado 23 de marzo del candidato del antiguo partido
que fue la base política de Chiang Kai-shek constituyó sin duda, en
los hechos, una victoria política y moral de China. Aleja del poder
en Taiwán a un partido que, habiendo gobernado durante casi ocho años,
estaba a punto de dar nuevos y funestos pasos.
Según informan las agencias, fue aplastante su derrota, al obtener
solo 4,4 millones de votos de los 17,3 millones de electores con
derecho a votar.
El nuevo Presidente tomará posesión el 20 de mayo. "Firmaremos un
Tratado de Paz con China", declaró.
Los cables informan que "Ma Ying-jeou es partidario de la creación de
un Mercado Común con China, principal socio comercial de la isla."
La República Popular China se muestra digna y cautelosa sobre el
espinoso asunto. El portavoz de la Oficina de Taiwán en el Consejo
Estatal de Pekín declaró que la victoria de Ma Ying-jeou prueba que
"la independencia no es popular entre los taiwaneses".
En este lacónico mensaje se dice mucho.
En obras elaboradas por prestigiosos investigadores de Estados Unidos,
se divulgó lo ocurrido en el territorio chino del Tíbet.
El libro La guerra secreta de la CIA en el Tíbet, de Kenneth Conboy
-University Press, de Kansas-, se describe la sucia entraña de la
conspiración. William Leary lo define como "un estudio excelente e
impresionante sobre una de las operaciones secretas de la CIA más
importantes durante la guerra fría".
En el curso de dos siglos, ni un solo país en el mundo había
reconocido el Tíbet como nación independiente. Lo consideraban parte
integrante de China. En 1950 India lo conceptuaba de esa forma,
después del triunfo de la revolución comunista. Inglaterra adoptó la
misma conducta. Estados Unidos hasta la Segunda Guerra Mundial lo
consideraba parte de China, e incluso presionaba a Inglaterra en ese
sentido. Tras la guerra, en cambio, lo vieron como un baluarte
religioso contra el comunismo.
Cuando la República Popular China aplicó la reforma agraria en los
territorios tibetanos, su élite social no aceptó que sus propiedades e
intereses fuesen afectados. Esto condujo a un levantamiento armado
en 1959. La rebelión armada en el Tíbet -a diferencia de la de
Guatemala, Cuba y otros países, donde actuaron con apremio- fue
preparada durante años por los servicios secretos de Estados Unidos,
según consta en las investigaciones mencionadas anteriormente.
Otro libro -que es apologético en este caso de la CIA-, Los guerreros
de Buda, cuyo autor es Mikel Dunshun, cuenta cómo la institución llevó
a cientos de tibetanos a Estados Unidos, condujo la rebelión, la
equipó, envió paracaídas con armamentos, los formó en la utilización
de los mismos, a la vez que se movían a caballo, como lo hacían los
guerrilleros árabes. El prólogo de la obra fue redactado por el Dalai
Lama, quien expresa: "Aunque tenga el profundo sentimiento de que la
lucha de los tibetanos sólo podrá triunfar por un enfoque a largo
plazo utilizando medios pacíficos, siempre he admirado a estos
combatientes de la libertad por su valor y su determinación
inquebrantables."
El Dalai Lama, condecorado con la Medalla de Oro del Congreso de
Estados Unidos, alabó a George W. Bush por sus esfuerzos en favor de
la libertad, la democracia y los derechos humanos.
La guerra en Afganistán fue calificada por el Dalai Lama como "una
liberación", la guerra de Corea como "semiliberación" y la de Viet Nam
como "un fracaso".
Hice apretada síntesis de datos tomados por Internet, del sitio
Rebelión especialmente. No incluí, por razones de espacio y tiempo,
las páginas de cada libro donde aparecen con precisión las palabras
textuales utilizadas.
Hay personas que padecen de chino-fobia, un hábito bastante
generalizado en muchos occidentales, acostumbrados, por educación y
cultura diferentes, a mirar con desprecio lo que viene de China.
Era yo niño prácticamente, cuando ya se hablaba del "peligro
amarillo". La revolución china parecía entonces un imposible; las
causas verdaderas del espíritu antichino eran en el fondo racistas.
¿Por qué tanto se empeña el imperialismo en someter a China, de forma
directa o indirecta, a un desgaste internacional?
Antaño, es decir, hace 50 años, para negarle las prerrogativas
heroicamente ganadas como miembro pleno del Consejo de Seguridad;
después, con motivo de los errores que condujeron a las protestas de
Tiananmen, donde se endiosaba a la Estatua de la Libertad, símbolo de
un imperio que es hoy la negación de todas las libertades.
La legislación de la República Popular China se esmeró en la
proclamación y aplicación del respeto al derecho y a la cultura de 55
minorías étnicas.
La República Popular China, a la vez, es sumamente sensible a todo lo
que se relaciona con la integridad de su territorio.
La campaña orquestada contra China es como un toque de clarín llamando
a degüello para deslucir el merecido éxito del país y su pueblo como
anfitriones de los próximos Juegos Olímpicos.
El Gobierno de Cuba emitió una declaración categórica de apoyo a China
respecto a la campaña contra ella vinculada al Tíbet. Fue correcta
esa posición. China respeta el derecho de los ciudadanos a creer o no
creer. Hay, en ese país, grupos de creyentes musulmanes, cristianos
católicos y no católicos y de otras creencias, y decenas de minorías
étnicas, cuyos derechos están garantizados en su Constitución.
En nuestro Partido Comunista, la religión no es obstáculo para ser militante.
Respeto el derecho a creer del Dalai-Lama, pero no estoy obligado a
creer en el Dalai-Lama.
Tengo muchas razones para creer en la victoria china.
Fidel Castro Ruz
30 de marzo de 2008, 7 y 35 p.m. / Marzo 31 de 2008, 5 y 15 p.m.
--
Néstor Gorojovsky
El texto principal de este correo puede no ser de mi autoría
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular