[R-P] [A. Franzoia] CRISTINA Y LA PLAZA DE L PUEBLO

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Abr 2 13:44:53 MDT 2008


Cristina y la plaza del pueblo
Por Alberto  J. Franzoia



La convocatoria realizada por todos los sectores políticos, sociales y
sindicales que apoyan al gobierno de Cristina fue definitivamente un
golazo. No faltó nadie, por momentos las imágenes en vivo o
transmitidas por la televisión eran emocionantes. Tanto que los
periodistas de multimedios opositores debieron reconocer que desde
hace mucho tiempo no se veía semejante cantidad de micros y gente
atestando ingresos a Capital Federal, calles céntricas y desde luego
la Plaza de Mayo. Pero además de presencia se percibía serenidad ante
la difícil situación en que nos ha puesto una vez más la oligarquía y
convicción en el apoyo de los presentes. Es más, creo que la serenidad
iba de la mano de la certeza de que se estaba allí porque era
absolutamente necesario. Necesario para demostrar de qué lado está el
pueblo. Entendiendo por pueblo a todos aquellos sectores que se
encolumnan tras la defensa de los intereses generales de la Nación y
no tras mezquinos intereses individuales o de clases tan minoritarias
como aliadas históricamente al interés extranacional.

No fue esta una plaza de la revancha, sí de la justicia. Pero no
justicia para los que intentan reiterar el eterno circuito de
maximizar sus beneficios a partir de la especulación económica y la
permanente postergación de los sectores populares. Justicia para que
los fabulosos ingresos que los grupos que concentran la propiedad de
gran parte de las tierras más fértiles del mundo, se dignen a aceptar
que por lo menos una parte de esos beneficios vuelvan al pueblo.
Porque algo que la oligarquía no dice en los medios y ningún
periodista "independiente" les pregunta, es porque motivo se creen
propietarios absolutos de esa renta natural que producen  nuestras
tierras, las tierras de toda la Nación. Es decir, porqué habrían de
disfrutar solos de un beneficio que no ha sido el producto de sus
esfuerzos personales, sino de una condición nata de las tierras de la
pampa húmeda; tierras que por otra parte están bajo su propiedad
oligopólica gracias a las expropiaciones que ellos practicaron desde
los tiempos de la colonia y que continuaron a lo largo de gran parte
del siglo XIX, entre los años de derrumbe del sistema colonial y el
inicio de la época dorada de un patriciado convertido definitivamente
en oligarquía. Esto sin olvidar que a partir de la última etapa del
siglo XX, se empezaron a incorporar sistemáticamente en calidad de
grandes propietarios, sus socios de la burguesía imperialista.

La plaza de Cristina fue un éxito por la convocatoria, políticamente
organizada sí, pero no boba. La gente sabía muy bien porque estaba
allí. Porque la memoria colectiva transmitida de generación en
generación les permitió identificar rápidamente, aún en estos
complicados tiempos de la posmodernidad que promueven la insoportable
levedad del ser, para qué lado hay que patear en este partido
reiterado hasta el cansancio que se disputa en nuestra Patria desde
hace casi dos siglos. No se convoca semejante multitud así nomás en
pocos días.  Ahora bien, la pregunta que se impone es: ¿se aprovechó
dicha plaza con un discurso de claro contenido nacional y popular?
Entiendo que sólo a medias, Nada de lo dicho por Cristina constituye
un error político: el llamado a la ayuda del pueblo era
imprescindible, evitar agravios pero remarcar simultáneamente que no
se puede desabastecer  a una Nación por un reclamo sectorial también;
qué decir del necesario recordatorio acerca de dónde estaban ciertas
organizaciones agrarias en la fatídica etapa de mediados de los
setenta (una verdad no un agravio). Sin embargo lo dicho no fue
suficiente.

¿Qué le faltó a este discurso? Lamentablemente volvió a exhibir un
déficit que ha caracterizado al gobierno a lo largo del conflicto con
el heterogéneo sector agrario: no logra identificar con claridad al
enemigo, o se niega conscientemente a aceptar la existencia de clases
con intereses diferenciados y en algunos casos opuestos. Sigue
hablando de sectores, en este caso el campo, sin identificar, por lo
menos en público, cuáles son las clases que conforman dicho sector,
con cuáles nos identificamos, con qué otras se pueden y deben
construir alianzas (aunque sean trabajosas) y cuál o cuáles
constituyen el problema principal que se debe enfrentar con coraje.
Cristina utilizó un momento del discurso para señalar errores de los
pequeños productores, que por supuesto los tienen (hasta ahí todo
bien), pero: ¿no hubiera sido necesario al mismo tiempo iniciar un
trabajo de  seducción cultural para reforzar las medidas económicas
adoptadas recientemente para beneficiar a dicho sector? Por otra
parte, no dijo una sola palabra sobre el verdadero enemigo, la
oligarquía, ni contra el capital oligopólico multinacional (burguesía
de los países imperialistas). ¿Qué medidas concretas se tomarán para
poner coto a las ambiciones de estos grupos antinacionales? Ese es un
problema, porque una vez más por no identificar con claridad al
enemigo, terminamos involucrando a sectores que se equivocan, que son
claramente utilizados como títeres por los titiriteros, pero que con
una buena política económica dirigida específicamente hacia ellos (en
lo posible con su propia participación) y con un trabajo cultural de
largo aliento que apunte a modificar conciencias moldeadas por el
enemigo, se puede transformar en un importante y necesario aliado.
Debemos reiterarlo hasta el cansancio, en un país que enfrenta a las
poderosas fuerzas del bloque oligárquico-imperialista, la única
posibilidad de triunfo pasa por favorecer la construcción de un bloque
nacional-popular lo más amplio y cohesionado posible. Pues bien, la
pequeña burguesía agraria y los sectores medios tanto del campo (como
de los grandes centros urbanos), son indispensables para lograr dicho
objetivo. Y desde luego, no podemos ser tan ingenuos de creer que esto
se consigue sólo con disposiciones coyunturales.

En el discurso anterior, tratando de recomponer relaciones muy tensas
como producto de su primer discurso,  Cristina dijo: nosotros no
propiciamos la lucha de clases. Estimada compañera, la lucha de clases
ni se propicia ni se deja de propiciar, simplemente existe. ¿Cabe
alguna duda en Argentina, que la lucha contra entre la oligarquía y
las clases y sectores populares ha sido una constante, que generó no
pocas desestabilizaciones de gobiernos populares con resultados cada
vez más trágicos,  como lo certifica el último golpe de Estado de
1976? Por lo tanto, el no reconocimiento de esta verdad histórica, so
pretexto de que no somos clasistas, no sirve para resolver el problema
de fondo, porque la realidad no deja de existir simplemente cuando no
la pensamos. Como siempre digo: si no identificamos al titiritero
terminamos peleando contra los títeres, con un final claramente
anunciado. Desde luego que el apoyo al gobierno nacional y popular de
Cristina Fernández no sólo es necesario sino imprescindible para
seguir avanzando en esta lucha por revertir el modelo neoliberal que
hemos padecido desde la dictadura cívico-militar de 1976, pero debemos
señalar por dónde están pasando los límites claros que se observan si
no queremos perder lo conseguido. Algunos de esos límites deben ser
abordados en el mediano plazo porque ahora hay  urgencias, pero otros,
si no se plantean en el corto plazo, pueden traernos más de un dolor
de cabeza en días demasiado cercanos. No son tiempos estos  para
criticas puristas (como acostumbran ciertos izquierdistas trasnochados
o algunos peronistas nostalgiosos del 45) que generen, contra su
voluntad,  el clima ideal para que los amigos del pasado intenten
volver. Pero tampoco le haremos un favor a este proceso promisorio que
apoyamos, recurriendo a la obsecuencia del sí Cristina, obviando
errores imperdonables. Se comenta por ejemplo, que el  inexperto
equipo económico, desconocía cifras precisas en cuanto a la
distribución de la propiedad de la tierra antes de decretar las
retenciones indiferenciadas. La historia debe enseñarnos algunas
lecciones para no repetirla como farsa, y si es efectivamente así,
entre la crítica intransigente y indecorosa obsecuencia, hemos de
encontrar el justo camino para desarrollar un proyecto que exprese los
intereses concretos de un amplio bloque nacional y popular.

La Plata, 2 de abril de 2008


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