[R-P] 2 de abril
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Mie Abr 2 10:23:46 MDT 2008
[En actos de heroísmo, los argentinos hundieron al: Coventry,
Antílope, Ardent y Sir Galahad. El Sheffield y el Atlantic Conveyor
fueron hundidos por Exocet. También alcanzaron a 14 de las 23 unidades
británicas, entre ellos al Invencible. Hay testimonios fotográficos y
pictóricos de esos acontecimientos.
En lo personal, los dos que más me gustan, y que deberían distribuirse
permanentemente en los colegios, son las imágenes del soldado
argentino que está arreando un grupo de soldados usurpadores ingleses,
y la del oficial que mirando fijamente a la cámara le hace un corte de
manga al público que mira cómo la soldadesca imperialista, varias
semanas después, recibe a los prisioneros argentinos.
Él no se rindió. Patria y Pueblo, tampoco.]
Gentileza: Juventud Peronista de Paraná, Entre Ríos
Frente al colonialismo
Hace veintiséis años, los argentinos intentamos recuperar nuestras
islas por la fuerza, cumpliendo con una reivindicación nacional de
tenaces y profundas raíces en la sociedad argentina, más allá del
pésimo manejo y de la oscura motivación de los militares que
proyectaron el conflicto.
Emprendimos una lucha contra las principales potencias de Occidente,
contra Gran Bretaña, socio incondicional de los EE.UU., y toda la
OTAN, que se unirían en una descomunal campaña militar contra un país
que se había atrevido a retomar su soberanía y que contaba con la
solidaridad de otras naciones hermanas de toda Latinoamérica.
Las tropas argentinas, que un 2 de abril de hace 26 años, ocuparon las
islas, desalojaron al británico usurpador, y se enfrentaron, en una
corta pero sangrienta contienda, a una enorme Armada inglesa que vino
al Atlántico sur para recuperarlas.
Los épicos pilotos argentinos lograron hundir con sus bombas al
destructor "Coventry", a las fragatas "Antílope" y "Ardent", y al
buque de desembarco "Sir Galahad". El destructor "Sheffield" y el
buque transporte de aviones "Atlantic Conveyor" fueron hundidos por
misiles del tipo Exocet. También alcanzaron a otros 14 barcos de las
23 unidades de combate del núcleo de la Task-Force británica, entre
ellos al poderoso portaaviones "Invencible".
Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de
verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto
perdido de antemano declarado por un gobierno militar tambaleante, que
inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una
legitimación popular que no tenían, para mantenerse en el poder y que
no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas ante las que
se plantaba.
Batallas desiguales
Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra –hoy
"veteranos" o "ex combatientes"– libraron distintas batallas al mismo
tiempo: contra los británicos, asistidos por norteamericanos y los
chilenos de Pinochet, pero también contra los errores, el desconcierto
y la inoperancia del propio gobierno militar de facto.
La sociedad argentina acompañó generosamente la gesta emprendida, más
allá de la ilegitimidad del gobierno que decidió esa guerra y de la
contradicción entre la política de la dictadura, arrodillada frente
Estados Unidos que hacia de la Argentina un país dependiente, y su
intento de desafiar militarmente, sin conciencia cabal, el orden
mundial dirigido por la superpotencia, provocando a Gran Bretaña, su
principal aliado.
Los combates impusieron la fuerza de la OTAN y las islas volvieron al
dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en
desgracia con los Estados Unidos, que cambió su estrategia de apoyo
para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se
derrumbaron una a una.
"Desmalvinización"
Utilizando la reprobación que merecía la siniestra operatoria del
Proceso Militar, se montó la "desmalvinización", un deliberado
proyecto para demoler lo que había de digno en aquella causa justa.
Se deshonró la acción de las Fuerzas Armadas en el sur y se
banalizaron u oscurecieron los sacrificios cumplidos bajo su enseña,
al trazar una divisoria artificial y tajante entre oficiales y
soldados rasos.
A los oficiales, se los agravió de manera genérica, cualquiera hubiera
sido su rango y desempeño; a los soldados, se los rodeó de un aureola
de falsa compasión, viéndolos de modo exclusivo como a las víctimas de
la "locura" de sus superiores.
Como resultado de esa campaña, los argentinos borraron el tema con
dolor negador y además porque el genocidio de los '70 se impuso
naturalmente sobre este tema.
Y así fue cómo la sociedad argentina no asimiló cabalmente el suceso
de que era una nación derrotada, le daba vergüenza reivindicar la
"Causa Malvinas" y olvidó el hecho.
Ingratitud social
Con esa pobre compasión, el Estado y muchos medios de comunicación,
más buena parte de la opinión publica, le dieron la espalda a quienes
habían vuelto de la guerra en las islas.
Sin compensación por los sacrificios realizados y tocados por la
prédica que desvalorizaba la causa a la que se habían entregado,
muchos de aquellos jóvenes optaron por el suicidio. Cerca de 300,
según las últimas estimaciones. Una cifra casi igual a la mitad de los
que murieron en batalla.
Por supuesto que quienes se ocuparon de rebajar la causa nacional que
supuso la gesta malvinera, pusieron esa contabilidad en la cuenta de
la guerra. Pero es mucho más lógico pensar que no fue eso, sino la
ingratitud social, lo que empujó a tantos muchachos a terminar con sus
vidas.
Contra la dependencia
Hubo sectores "progresistas" que fomentaron la "desmalvinización"
porque estaban movidos por el anhelo cortoplacista de terminar con la
nefasta presencia castrense en la política argentina y no señalaron
las diferencias entre el golpe y la causa Malvinas.
Pero, la derrota de Malvinas suministró a la oligarquía local y a los
poderes foráneos (EE.UU. y Gran Bretaña) que siempre han tenido un
papel determinante, una oportunidad para rematar una tarea que venían
realizando desde la Revolución Libertadora de 1955 y que apuntaba a
destruir las ansias de independencia de nuestro país dentro de la
unidad latinoamericana.
Argentina ha demostrado siempre, a lo largo de su historia, una
marcada tendencia en su Pueblo a adoptar una actitud soberana y
acompañarla con logros concretos en la lucha contra la dependencia:
con Juan Manuel de Rosas, Hipólito Irigoyen y Juan Perón.
Por eso, humillarla, hundirla en la derrota y el desconcierto, era una
manera de aplicarle una lección para que no volviese a levantar
cabeza.
Al horrible castigo de los años de la sangrienta dictadura, se sumó la
"desmalvinización" y, con ella, la desarticulación de proyectos
esenciales para nuestro progreso tecnológico. La liquidación del Plan
Cóndor, de desarrollo misilístico; la paralización de los proyectos
nucleares y, luego, la hiperinflación que terminó de aterrorizar al
país, abrieron el camino al modelo neoliberal que liquidó la industria
y el empleo. Todas fueron etapas de un mismo proyecto.
Recuperación y valoración de la gesta
La actitud de reconocer la lucha de los sobrevivientes de Malvinas, es
una señal de que las cosas están cambiando.
En muchos aspectos, es demasiado tarde, pues no se puede volver a la
vida a quienes se alejaron desilusionados de ella, ni es posible
recuperar el tiempo perdido a causa de la destrucción de nuestra
infraestructura industrial.
Pero siempre es posible comenzar de nuevo. Porque veinticinco años
después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado.
La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con los
compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos que
sobrevivieron y con nuestros derechos a la soberanía en las Malvinas,
Sándwich y Georgias del Sur.
Escribe: Blas García
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Néstor Gorojovsky
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