[R-P] Una nueva deposición de Mary Anastasia

juan maría escobar escobar45 en infovia.com.ar
Mar Abr 1 21:42:37 MDT 2008


Rebelión impositiva en Argentina
por Mary Anastasia O'Grady
31/mar/08, Wall Street Journal

La violencia invadió Buenos Aires la semana pasada cuando los manifestantes 
que protestaban contra el desabastecimiento y la inflación se vieron 
atacados por personas armadas con palos que apoyan a la Presidente Cristina 
Kirchner. Los atacantes estaban liderados por el archienemigo del sector 
privado, quien en el pasado ocupó un puesto oficial en el gobierno del ex 
presidente Néstor Kirchner. "Lo único que me motiva", dijo Luis D´Elía, 
después de que su agresión física a un manifestante fuera puesta al aire por 
las cámaras, y que sus acciones fueran justificadas por el jefe de gabinete 
de la Sra. Kirchner, "es el odio hacia la pu ta oligarquía". Luego anunció 
que él y sus hombres patrullarían las calles de la ciudad para defender su 
opinión de que los productores del campo son inmorales. La policía nacional, 
quien responde al presidente, no hizo nada por aplacar la violencia. 
Argentina ha estado creciendo muy rápido, más del 8% al año, desde 2003. 
Aunque en gran parte ha sido esto el resultado de la combinación de un 
rebote natural que siguiera a la crisis y al boom global de las commodities. 
Mientas tanto, latente bajo la superficie de la recuperación, permanece la 
contradicción fundamental que provocara la crisis económica de 2001. Es que 
aunque el peso fuerte hizo que los argentinos fueran prósperos en los 90s, 
era incompatible con la rígida economía cerrada. La situación de hoy es la 
misma: o se abre la economía, se flexibilizan los mercados laborales y 
mejora el clima comercial y de negocios, o el gobierno seguirá aferrado a 
una política de peso débil para compensar un modelo económico que no es 
competitivo y la inflación volverá. Hay que elegir. Al elegir esto último 
los Kirchner han ganado el apoyo de ese segmento de la economía argentina 
que es leal a los principios del fascista del siglo XX Juan Perón. Allí se 
incluyen a militantes gremialistas, burócratas del gobierno, el aparato 
político peronista y a gente como el Sr. D'Elía, cuyos matones actúan como 
informal policía de la Sra. Kirchner. Pero al generar inflación y provocar 
desabastecimiento la Kirchneconomía también alimenta el fuego del 
descontento generalizado. Y los problemas recientes comenzaron no en Buenos 
Aires sino en las provincias, donde la agricultura es la principal actividad 
económica. Los agricultores se rebelaron a comienzos de este mes cuando el 
gobierno anunció un aumento en los impuestos a las exportaciones de 
productos agrícolas. Las afirmaciones de que los nuevos niveles de 
"retenciones" del gobierno - alias, impuestos a la exportación - se parecen 
a la expropiación, tienen razón de ser. Tomemos por ejemplo la soja. El 
nuevo impuesto a la exportación se elevará de 35% a 44%, pero como los 
agricultores también tienen que pagar un impuesto a las ganancias de 35%, el 
impuesto efectivo es bastante más alto. "El agricultor termina pagando 
esencialmente un impuesto del 63% a los ingresos brutos", dice Pablo 
Guidotti, decano de la facultad de ciencias políticas en la Universidad Di 
Tella de Argentina. Si el precio de la soja aumenta, añade el Sr. Guidotti, 
la "retención" también aumenta, de modo que el gobierno puede acabar 
recaudando un 95% de todo aumento marginal en el ingreso bruto del 
agricultor. En respuesta a los aumentos impositivos los agricultores han 
bloqueado las rutas en unas 300 localidades del país, prometiendo que no 
permitirán que sus productos lleguen al mercado. Los efectos de esta acción 
se sienten en la capital, donde los manifestantes han salido a la calle para 
expresar su adhesión a los agricultores, en contra de lo que declaran es 
arrogancia por parte del gobierno. Esta es la tercera semana de la huelga. 
La Sra. Kirchner dice que el aumento del impuesto es un mecanismo de 
redistribución, sugiriendo que los agricultores y la gente del campo tendrá 
que compartir ahora su buena fortuna con los demás. Pero la gran motivación 
que hay detrás del aumento en el impuesto a las exportaciones es la 
inflación. Parece que el gobierno está dispuesto a hacer cualquier cosa con 
tal de reducir la inflación, con excepción de la única cosa que resolvería 
el problema: permitir que el peso se fortalezca. Ha impuesto controles de 
precios de productos, ha congelado y luego subsidiado los precios de la 
energía y prohibió también la exportación de carne. El último año despidió a 
la directora del instituto gubernamental de estadísticas porque se negaba a 
corregir y cambiar las cifras. Aún así los precios aumentaron 
aproximadamente 20% en 2007 y las expectativas para este año son igual de 
altas. Esto explicaría la nueva movida de aumentos confiscatorios en los 
impuestos a la exportación. Al desalentar a los agricultores que exportan el 
gobierno piensa que podrá aumentar la provisión de alimento en el mercado 
interno, para que los precios bajen. Al enfurecer a los agricultores y 
reducir el incentivo a la producción, no se trata el meollo de la cuestión: 
la razón de la inflación, que es la expansión monetaria y el fracaso de la 
economía para atraer inversiones y ampliar la capacidad productiva. Un peso 
fuerte y el compromiso de parte del gobierno por respetar la propiedad 
privada son lo que hace falta para poder confrontar la suba de precios. En 
cambio, como leales obsecuentes desesperados por tapar con el dedo las 
grietas en un dique a punto de romperse, el equipo económico de la Sra. 
Kirchner corre y da vueltas intentando compensar los muchos errores 
políticos de Kirchner sin liberar la economía. Y la crisis inflacionaria es 
solamente el último de os fiascos. Los subsidios, tras el nuevo impuesto a 
la exportación, no tardarán en llegar. Pero eso no importa. El poder de 
Kirchner no depende de un modelo económico racional. La idea de la primera 
pareja en cuanto a manejar la economía consiste en cobrar impuestos, 
prohibir, regular, subsidiar y manejar en el aspecto "micro" todo aspecto de 
la vida argentina para que no pueda tomarse ninguna decisión sin consultarla 
primero con ellos. Son, en el fondo, autoritarios sin reconstruir. Si lo 
duda, piense en el hecho de que el Sr. Kirchner ha pasado los últimos cinco 
años desmantelando mecanismos de equilibrio institucional para que cuando 
llegara el momento todo el poder estuviera en el palacio presidencial. Él y 
su esposa ahora controlan al poder judicial, al legislativo, al banco 
central, a la policía nacional y los fondos discrecionales de las 
provincias. El único camino que queda para expresar el disenso es la 
desobediencia civil. Y como vimos la semana pasada, este camino tal vez se 
esté cerrando también porque ahora los Kirchner tienen a sus propio ejército 
en las calles de Buenos Aires, liderado por el Sr. D'Elía. La ira y la 
envidia que mueven a esta turba son lo que el kirchnerismo ha sembrado desde 
2002. Quien se atreva a disentir, posiblemente solo encuentre que se topa 
con un salvajismo mayor. 




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