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CÓNDORES EN MALVINAS
Andres Castillo y Dardo Cabo
Por Raúl de Sagastizabal
Montevideo, enero de 2004
El 28 de septiembre de 1966, un grupo de 18 jóvenes
peronistas --estudiantes, obreros y sindicalistas
argentinos-- desviaron un avión de Aerolíneas
Argentinas, aterrizaron en las Islas Malvinas e
hicieron flamear al viento malvinero, durante 36
horas, nuestra Enseña Patria.
Esta acción, bautizada por sus protagonistas
"Operación Cóndor", hizo vibrar el sentimiento
nacional en cada punto de nuestra Patria y conmocionó
al mundo.
Como expresara el periodista y escritor Roberto
Bardini al comentar un libro en preparación sobre
dicha operación, que se titulará Vuelo de cóndores: El
día que los muchachos peronistas hicieron flamear
banderas argentinas en las Islas Malvinas, "... deseo
que los nombres de aquellos 18 muchachos figuren con
letras destacadas en la historia argentina del siglo
XX, sin importar los senderos por los que se
bifurcaron sus vidas".
Rumbo a Malvinas
Alrededor de las seis de la mañana del miércoles 28 de
septiembre de 1966, dos hombres jóvenes armados con
pistolas, entraron a la cabina del vuelo 648 de
Aerolíneas Argentinas, que con 35 pasajeros a bordo
había despegado a las 0:34 horas del aeroparque Jorge
Newbery en vuelo regular a Río Gallegos, ordenándole
al piloto del Douglas DC-4, Comandante Ernesto
Fernández García, que pusiera rumbo "uno-cero-cinco".
La aeronave se encontraba en esos momentos
sobrevolando Santa Cruz.
El comandante intentó en primera instancia
convencerlos de que depusieran su actitud y hasta
alegó no tener combustible suficiente para la travesía
ordenada, pero finalmente obedeció y la aeronave viró
hacia las Islas Malvinas; se había iniciado la
"Operación Cóndor".
Los Cóndores
El vuelo 648 de Aerolíneas había sido tomado por un
grupo comando armado, de 18 jóvenes idealistas
argentinos, cuya jefatura ejercían Dardo Manuel Cabo,
apodado "Lito", de 25 años, periodista y afiliado a la
Unión Obrera Metalúrgica, y Alejandro Giovenco, de 21
años, a quien llamaban "El Chicato".
Los otros dieciséis integrantes de la patrulla patria
eran: María Cristina Verrier, de 27 años, periodista y
dramaturga, única mujer del grupo y tercera en la
cadena de mando; Ricardo Ahe, 20 años, empleado;
Norberto Karasiewicz, 20 años, metalúrgico; Aldo Omar
Ramírez, 18 años, estudiante; Juan Carlos Bovo, 21
años, metalúrgico; Pedro Tursi, 29 años, empleado;
Ramón Sánchez, 20 años, obrero; Juan Carlos Rodríguez,
31 años, empleado; Luis Caprara, 20 años, estudiante;
Edelmiro Jesús Ramón Navarro, 27 años, empleado;
Fernando José Aguirre, 20 años, empleado; Fernando
Lisardo, 20 años, empleado; Pedro Bernardini, 28 años,
metalúrgico; Edgardo Salcedo, 24 años, estudiante;
Andrés Castillo, empleado bancario y Víctor
Chazarreta, 32 años, metalúrgico.
En suelo malvinero
Un espeso manto de nubes cubría las Malvinas esa
mañana del 26 de septiembre, pero el piloto logró
encontrar las Islas y entre claros divisaron el
inconfundible suelo malvinero, localizaron la ciudad,
y luego de un par de giros de reconocimiento, la proa
del avión apuntó hacia tierra iniciando el aterrizaje.
Si bien desde 1942 existía en las Islas una emisora de
radio, la misma se dedicaba a transmitir programas de
la BBC de Londres, por lo que el enlace con el resto
del mundo y entre los distintos puntos poblados de las
Islas dependía de una red de radioaficionados. Fue
Anthony Ardí, uno de esos radioaficionados, el primero
en divulgar la noticia que conmovió a millones de
argentinos: a las 08:42 horas del 26 de setiembre de
1966, un avión DC-4 argentino había descendido en
Puerto Stanley utilizando como pista de aterrizaje la
embarrada pista de carreras cuadreras. Puerto Stanley
carecía entonces de aeropuerto.
La emisión de Anthony Ardí fue captada en Trelew, Río
Gallegos y Punta Arenas (Chile), y desde esas ciudades
retransmitida a Buenos Aires.
La operación preveía la ocupación de la residencia del
Gobernador británico, Sir Cosmo Dugal Patrick Thomas
Haskard, y del arsenal de la isla, pero estos
objetivos no pudieron cumplirse porque el pesado avión
enterró sus ruedas en el barro de la improvisada pista
y quedó muy alejado de la casa del Gobernador.
En ese entonces la seguridad de las Islas --cuya
población escasamente superaba el millar de personas,
y a quienes en Londres llamaban "kelpers" (algo así
como "recolectores de algas")-- estaba confiada a un
grupo de milicianos de la llamada Fuerza de Defensores
Voluntarios, reforzados por una veintena de Infantes
de Marina del Reino Unido, quienes entrenaban a los
voluntarios una o dos veces al año, existiendo además
un importante número de armas en poder de civiles.
Fue así que tras aterrizar, el avión argentino fue
rodeado por poco más de cien personas en armas, entre
Marines, milicianos y civiles armados, no obstante
ello, los Cóndores descendieron del avión y
desplegaron siete banderas argentinas que flamearon
gallardas en el irredento territorio malvinero, luego
de 133 años de usurpación británica.
Bajo una persistente lluvia y encandilados por
potentes reflectores colocados por las fuerzas
británicas en las inmediaciones del avión, los
comandos bautizaron el lugar como "Aeropuerto Antonio
Rivero", en homenaje a ese gaucho matrero, entrerriano
de origen, que el 26 de agosto de 1833 lideró un grupo
de peones argentinos que alzados contra el opresor
extranjero supo poner en jaque a los ingleses, al
punto que armados con boleadoras y facones tomaron un
establecimiento en el que arriaron la bandera
británica e hicieron ondear nuevamente en las islas
nuestro Pabellón Nacional.
En Puerto Stanley se encontraba entonces un sacerdote
católico, el Padre Rodolfo Roel, que hablaba algo de
español y que ofició de interlocutor, intercediendo
para que los pasajeros del avión --entre los que se
encontraban, entre otros, el gobernador del Territorio
Nacional de Tierra del Fuego, Contralmirante José
María Guzmán y Héctor Ricardo García, director del
diario Crónica-- fueran trasladados a la ciudad para
recibir alimentos y ser alojados en casas de
"kelpers", mientras los Cóndores permanecieron en el
avión.
Al atardecer del 28 de septiembre, Dardo Cabo solicitó
al padre Roel que celebrara una misa en la aeronave,
la que se inició a las 18:00 horas y concluyó con el
Himno Nacional Argentino entonado a viva voz por los
18 jóvenes patriotas.
A las 4:30 horas del 29 de septiembre, el Gobernador
inglés los intimó a rendirse, pero la respuesta del
jefe del operativo, Dardo Cabo, fue negativa.
Poco después de las 15:00 horas, el padre Roel se
reunió nuevamente con los Cóndores y procuró la
rendición de los mismos, pero sólo encontró respuestas
negativas. Finalmente, agotados y sin alimentos ni
agua, los comandos argentinos aceptaron deponer su
actitud con la condición de ser acogidos por la
Iglesia Católica, y quedar exclusivamente a cargo del
padre Rodolfo Roel, lo que fue aceptado por la
autoridad británica.
Aproximadamente a las 17:00 horas, los jóvenes
peronistas, con el comandante del avión de Aerolíneas
y el sacerdote Roel, formaron militarmente frente a un
mástil con la bandera argentina y procedieron a
arriarla, entonando nuevamente el himno patrio.
Concluida esta emotiva ceremonia entregaron sus armas
al comandante aviador Ernesto Fernández García, única
autoridad que reconocieron.
El retorno
Tres meses antes de la Operación Condor, un golpe de
estado había depuesto al Presidente de la Nación, Dr.
Arturo Humberto Illia, de la Unión Cívica Radical del
Pueblo, que había llegado al gobierno con poco más del
20 por ciento de los votos y con el peronismo
proscrito. Gobernaba el país el general Juan Carlos
Onganía, en nombre de la autotitulada "Revolución
Argentina".
El gobierno militar, de común acuerdo con la corona
británica, envió a Malvinas al transporte naval A.R.A.
Bahía Buen Suceso, al cual en horas del mediodía del
sábado 1 de octubre fueron transportados en una lancha
carbonera, los 18 comandos, la tripulación del avión y
los pasajeros, zarpando con destino al puerto de
Ushuaia, al que arribaron en la madrugada del 3 de
octubre.
Los Cóndores fueron detenidos en la Jefatura de
Policía de Tierra del Fuego, e interrogados por el
juez, se limitaron a responder: "Fuimos a Malvinas a
reafirmar nuestra soberanía".
El secuestro del avión de Aerolíneas Argentinas fue
uno de los primeros secuestros aéreos del siglo XX, y
como tal aún no estaba penalizado en Argentina, por lo
que los cargos que el Fiscal Federal de Tierra del
Fuego, Dr. Jorge Torlasco, imputó a los integrantes
del comando Cóndor fueron: "privación de la libertad,
tenencia de armas de guerra, delitos que comprometen
la paz y la dignidad de la Nación, asociación ilícita,
intimidación pública, robo calificado en despoblado y
piratería".
Finalmente, el 22 de noviembre de 1966, el Juez
Federal de Tierra del Fuego, Dr. Miguel Angel Lima,
los procesó por los delitos de "privación de la
libertad personal calificada y tenencias de armas de
guerra", delitos por los cuales resultaron condenados
a distintas penas el 26 de junio de 1967. Esta
sentencia fue confirmada por la Cámara Federal de
Bahía Blanca, el 13 de octubre de ese mismo año.
Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez
permanecieron tres años en prisión debido a sus
antecedentes político-policiales como militantes de la
Juventud Peronista, los quince restantes quedaron en
libertad luego de cumplir nueve meses de prisión.
María Cristina Verrier, hija de un juez de la Corte
Suprema, y Dardo Cabo, hijo de un dirigente gremial,
se casaron en la cárcel.
A la fecha, ningún libro de historia o manual escolar
recuerda esa hazaña de un grupo de patriotas
argentinos a quienes recordamos como los "Cóndores".
La justicia federal los consideró delincuentes, y el
gobierno del general Onganía los tildó de "facciosos",
pero lo cierto es que esta audaz acción constituyó la
primera gesta patriótica del siglo XX que reivindicó
los derechos soberanos argentinos sobre las Islas
Malvinas.
RS/
"El lado oscuro, busca una víctima, lo sé, se siente, se sabe y se calla. Víctima, o victimario cómo saber de qué lado estamos. El lado oscuro de la luna no brilla pero atrae. En él podría ofrecerme y ser víctima de cada pensamiento impuro, ser poseída, penetrada, obligada, sometida, arrasada, quemada, hundida, destruida, humillada, irreal, o tal vez ganadora, domadora, desgraciada, malvada, perversa, morbosa, oscura, absurda, real. A cuántos amantes he arrancado desde las entrañas los más impuros pensamientos, vaciado el alma, perdido los sentidos, por cuántos yo he sentido eso? Será que soy un infinito vacío que llora desde el lado oscuro de la Luna, será que necesito una víctima, será que necesito un victimario...es como recordar un sueño incontable..."
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