[R-P] (PSI).- A 34 AÑOS DEL COBARDE ASESINATO DE JOSÉ IGNACIO RUCCI
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Mie Sep 26 16:21:21 MDT 2007
BUENOS AIRES, 25(PSI).- A 34 AÑOS DEL COBARDE ASESINATO DE JOSÉ IGNACIO
RUCCI. Hoy se cumplen 34 años del cobarde asesinato del histórico dirigente
sindical y titular de la Confederación General del Trabajo de la República
Argentina, José Ignacio Rucci, ejecutado por los criminales denominados
“Montoneros”.
El líder sindical había pasado la noche anterior a su asesinato en la
vivienda de la familia de su esposa, de la avenida Avellaneda (casi Nazca)
en el barrio de Flores. Rucci abandonó el lugar a las 12:10. Frente a la
casa lo esperaba su Torino rojo y muy cerca, los tres vehículos de la
custodia. El atentado comenzó exactamente cuando el gremialista cruzaba la
vereda rumbo al Torino.
José Rucci fue alcanzado inmediatamente por buena parte de esa
lluvia de balas, con una profunda herida en su cuello, además, por supuesto,
de numerosos impactos en todo su cuerpo. También fueron impactados por las
balas su chofer, ‘’Tito” Núñez, y Ramón Rocha, otro de los custodios.
El Conductor del Movimiento Nacional lloró por primera vez en
público durante el velatorio de José Rucci en la CGT, y dijo: "Me cortaron
las patas..."
Nacido el 15 de marzo de 1924 en la ciudad santafesina de
Alcorta, Rucci comenzó a formarse como sindicalista en 1946 y pronto se
constituyó en el prototipo de la generación que desplazó a la antigua
vanguardia gremial tras el golpe de septiembre de 1955, cuyo máximo
exponente fue el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.
Rucci fue íntimo colaborador de “El Lobo” en los años posteriores
al golpe que sufrió el peronismo en 1955 y que dio nacimiento a la fatídica
Revolución Libertadora. Rucci pasó su infancia y adolescencia en Rosario y
las necesidades familiares lo obligaron a abandonar los estudios secundarios
en el tercer año y, a los 18, en 1942, viajó a Buenos Aires en un camión
distribuidor de diarios y sin más equipaje que la ropa que llevaba puesta.
Trabajó como lavacopas en una confitería del barrio de Flores y
deambuló dos años por diversos empleos. En 1944 ingresó como operario en una
fábrica metalúrgica, participó activamente en la jornada del 17 de octubre
de 1945, y un año después, inició su tarea sindical en un pequeño taller.
Desde muy joven mostró sus dotes de buen organizador y de carácter
rígido. Rápidamente fue elegido delegado. La conformación de una comisión
negociadora paritaria le permitió conocer a su futura esposa, también
delegada obrera, Nélida Blanca Baglio, con quien tuvo dos hijos: Aníbal
Enrique y Claudia Mónica.
Poco después resultó electo delegado general en la fábrica
“Catita”, cuando se produjo la llamada Revolución Libertadora en 1955. Desde
entonces se sumó como miembro destacado a la Resistencia Peronista, proceso
a partir del cual se fue formando la nueva dirigencia sindical que
desembocaría al calor de la proscripción, persecución, amenaza y asesinato
contra los peronistas en la formación de “Las 62 Organizaciones”.
Obligado por los acontecimientos, el titular de la CGT, Hugo Di
Pietro, presentó su renuncia en noviembre de 1955. Desde entonces, una nueva
generación de dirigentes apareció en escena: Vandor, Rucci, José Alonso,
Agustín Tosco, Andrés Framini, Eleuterio Cardoso, Raimundo Ongaro, Armando
Cabo y Rosendo García, entre muchos otros jóvenes.
Rucci fue detenido por aquella época en dos ocasiones. Primero fue
encarcelado en un barco anclado en la Dársena Norte, donde también recalaron
Vandor, Framini, Alonso y Eustaquio Tolosa y, poco después de ser liberado,
soportó largos meses en Caseros.
Las 62 Organizaciones nacieron en junio de 1957 tras el fracasado
intento del gobierno de facto de normalizar la CGT con la proscripción del
peronismo. Ya se habían consumado los fusilamientos de civiles y militares
en los basurales de José León Suárez y en la vieja y desaparecida
penitenciaría de Las Heras.
En 1960 asumió la secretaría de Prensa de la Unión Obrera
Metalúrgica (UOM), acompañando a Vandor, Paulino Niembro, Avelino Fernández
y Lorenzo Miguel. Fue reelecto en el cargo y, en 1964, fue designado
interventor en la seccional San Nicolás, donde luego fue secretario general.
Rucci regresó al plano nacional el 3 de julio de 1970, ungido
como titular de la Confederación General del Trabajo. Desde allí vivió
acontecimientos fundamentales antes del regreso definitivo de Perón y se
transformó en uno de sus interlocutores más importantes.
Recordamos el mensaje que José Ignacio Rucci, en nombre del
Movimiento Obrero Organizado, iba a leer el 25 de septiembre en canal 13 de
televisión, con motivo de la victoria electoral que dos días antes, el 23 de
septiembre había consagrado por más del 62 por cientos de los votos la
tercera presidencia del General Perón, y que entre otras cosas decía:
“Ahora el fragor de las luchas ha pasado a convertirse en historia.
La realidad de nuestros días es la unión, el trabajo y la paz. Por primera
vez en 18 largos y sacrificados años se ha expresado sin limitación alguna,
con absoluta soberanía, la voluntad popular.
Ninguna sombra del pasado podrá interponerse ahora para que los
argentinos marchemos unidos y solidarios, hasta la construcción de la
Argentina potencia. Los trabajadores han contribuido al proceso de
liberación y a la modificación de las estructuras caducas y la destrucción
se ha operado no sólo en los aspectos materiales de lo que fuera una Nación
próspera y libre, sino en la conversión en una colonia empobrecida,
dependiente, opresora e injusta.
Hubo un proceso distorsionador en el ámbito espiritual y cultural,
cuyas consecuencias no han podido ser erradicadas del todo y aún las
seguimos viviendo y soportando. Significa esto que a la recuperación plena
del poder adquisitivo de los salarios, a la valorización del trabajo, a la
creación de nuevas riquezas, es necesario agregar la pacificación de los
espíritus, requisito indispensable para encarar un proceso de reconstrucción
y la reconquista de los valores nacionales, cuya vigencia absoluta asegurará
la elección de los mejores caminos para arribar al objetivo común.
Sólo por ignorancia o mala fe se pueden exigir soluciones
inmediatas para problemas que fueron profundizados durante tantos años; no
se puede apelar a la violencia rayana en lo criminal, en un clima de amplias
libertades e igualdad de posibilidades; no se puede seguir abrigando
ambiciones y privilegios, creando condiciones injustas, burlando las leyes,
impidiendo o saboteando la consolidación de un proceso que ha sido aprobado
por la mayoría del país.
En este aspecto, los delincuentes comunes que se resisten a
amalgamarse en una sociedad productora, son parangonables con los
delincuentes políticos y económicos, empeñados en defender un estado de
cosas que no puede seguir ya en vigencia.
También en este aspecto resulta tan perniciosa para la Nación la
subsistencia de pretensiones liberales injustas, como la acción de los
grupos de ultraizquierda o derecha, que en los países hermanos contribuyen
entre sí para abortar las posibilidades de una política popular. Nadie podrá
negar que ahora las leyes se apoyan indiscutiblemente en el consenso
mayoritario y, por tanto, no existe argumento alguno que justifique su
incumplimiento. Sólo el acatamiento estricto de la ley nos hará realmente
libres, pero el acatamiento deberá ser parejo, como parejas habrán de ser
las sanciones, a quienes pretenden seguir imponiendo sus convivencias
sectoriales por encima de las necesidades auténticas de la comunidad.
Las leyes emanadas del gobierno del pueblo, elaboradas por los
representantes del pueblo, habrán de regir la convivencia argentina,
asegurar los derechos de todos para frenar a cualquier acción ilícita y por
lo tanto antinacional y antipopular. Sólo de esa manera se garantizará la
paz y la unidad de los argentinos, y se cimentan las bases sobre las cuales
las nuevas generaciones, nuestra maravillosa juventud, irá produciendo el
indispensable trasvasamiento que la acercará al futuro y el logro de sus
mejores destinos.
Esa juventud comprende que la etapa de la lucha ha sido superada,
y hoy el campo de batalla se centra en la reconstrucción hacia la liberación
de la Patria y la realización integral del pueblo. Este es el pensamiento de
la clase trabajadora organizada.
Debemos lograr el robustecimiento de la unidad latinoamericana y
del Tercer Mundo, contra toda forma de imperialismos, la subordinación a las
centrales continentales o internacionales, quienes sirven a la política
imperialista de cualquier signo.
La reconstrucción de la Patria es una tarea común para todos los
argentinos, sin sectarismos ni exclusiones. La liberación será el destino
común que habremos sabido conquistar, con patriotismo, sin egoísmos,
abiertos mentalmente a una sociedad nueva, para una vida más justa, para un
mundo mejor”.- XXX
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