[R-P] [R. Wiener] El prisionero de García

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Sep 26 12:27:40 MDT 2007


García, carcelero de Fujimori
por Raúl Wiener
25.09.07

Alberto Fujimori es el prisionero al que Alan García quisiera liberar,
para formar con él, con Ántero Flores, Rafael Rey, Castañeda y otros,
la nueva derecha peruana. Las banderas de esta sociedad política son
conocidas y tienen que ver con la vigencia del modelo económico y las
condiciones de orden, basado en la mano dura, que vienen desde los
años 90.

 Irónicamente, García no sólo no puede rescatar a su mejor aliado,
sino que debe funcionar como su carcelero. Puede hablar de la "no
politización" del caso de un personaje absolutamente político, que usó
el poder para sus delitos; o comprender el dolor de hija de Keiko,
porque también él tuvo a su padre preso; o aceptar nuevas sugerencias
para mejorar la carcelería del único reo peruano con piso de alfombras
y agua caliente. Y callar reiteradamente sobre los asuntos de fondo.

Eso no va a evitar que la gente del ex dictador respire por un tiempo
por el lado de la herida y que insista en buscar temas para subrayar
una supuesta condición de víctima de su procesado líder. En su fuero
interno, a García le deben llegar altamente los deudos de La Cantuta y
Barrios Altos, como le importan un cuerno los de Cayara, Accomarca o
los penales. Y acepta a su lado a personajes como Giampietri, Favre,
Mantilla, a los que estima como víctimas de las campañas de denuncia,
que le hacen el juego a la subversión. ¿Por qué tendría quepensar
diferente de Fujimori?

Y sobre la corrupción, García debe reírse ampliamente y recordar los
consejos de su compadre Carlos Andrés Pérez que le decía que un
presidente debía asegurar los recursos para volver al poder. Mírese
nomás con quiénes trata el actual presidente en materia económica, que
son los mismos que lo hacían con Fujimori y Toledo y se comprenderá en
qué consiste todo esto.

 El problema es que no se puede decir estas cosas abiertamente. El
pensamiento íntimo del poder y el discurso oficial que viene del año
2000, están en profunda contradicción. Si García trata de imponer sus
planes a los consensos que se establecieron en el pasado, y de los que
se suponía que el APRA era parte, se arriesga a una seria crisis
política. Sólo le queda jugar el juego, y buscar el momento para meter
la trampa. Si se lo permitimos.


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