[R-P] [redial_s_bolivar] POR QUÉ TODAVÍA NO ME COMPRÉ UN DVD - Eduardo Galeano

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Sep 25 11:32:22 MDT 2007


POR QUÉ TODAVÍA NO ME COMPRÉ UN DVD

Eduardo Galeano

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo
tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente
sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una
función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de
los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra
ropita; los planchábamos, los doblábamos y los
preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y
ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus
propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda
(incluyendo los pañales). ¡Se entregaron
inescrupulosamente a los desechables!

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó
tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy
desechables! Y así anduvimos por las calles guardando
los mocos en el bolsillo y las grasas en los
repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las
arreglaban como podían con algodones para enfrentar
mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es
que en algún momento me distraje, me caí del mundo y
ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que
lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de
música una vez por año, el celular cada tres meses o
el monitor de la computadora todas las navidades. 

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de
látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un
viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de
los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con
los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se
compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban
para la vida de los que venían después! La gente
heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras
de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y
resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos
tenido más cocinas que las que había en todo el barrio
en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres
veces.

¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen
adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra
o se consume al poco tiempo para que tengamos que
cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias
suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún
colchonero escardando sommiers casa por casa? 

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador
o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros
o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto
producimos más y más basura. El otro día leí que se
produjo más basura en los últimos 40 años que en toda
la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40
años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi
casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo
menos de xx años! Todos los desechos eran orgánicos e
iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos
(y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el
plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y
las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales,
servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es
que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en
el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para
algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el
modelo nuevo'.

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los
hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez
por semana, sino que además cambian el número, la
dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a
mí me prepararon para vivir con el mismo número, la
misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya
si era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que
servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían
volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos
explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.
Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso)
guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el
diente del segundo, las carpetas del jardín de
infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.


¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se
desprende de su celular a los pocos meses de
comprarlo?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El
primer cajón era para los manteles y los repasadores,
el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto
para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo
guardábamos!! 

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo
para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante
de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y
enganchadas a una piola se convertían en cortinas para
los bares. Al terminar las clases le sacábamos el
corcho, las martillábamos y las clavábamos en una
tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de
fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros,
ondulines y agujas de primus. 

Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a
sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se
iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. 

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a
precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de
tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera,
lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el
resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar
encendedores que se tiraban al terminar su ciclo,
inventábamos la recarga de los encendedores
descartables. 

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se
convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y
nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas
de sardinas o del corned beef, por las dudas que
alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban
del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos
bien si había que darles calor o frío para que
vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se
terminara su vida útil, no podíamos creer que algo
viviera menos que un jazmín. 

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. 

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer
plantillas para las botas de goma, para poner en el
piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas
para envolver ¡Las veces que nos enterábamos de algún
resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! 

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de
los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y
las páginas del almanaque para hacer cuadros y los
cuentagotas de los remedios por si algún medicamento
no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque
podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la
otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se
convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las
cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y
posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con
tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué
intención, y los mazos de naipes se reutilizaban
aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en
una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.


Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos
de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo
albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su
otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la
muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas
generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar
de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto
a nada. Ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se
convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y
después tire la copita', nosotros dijimos que sí,
pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a
vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron
macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de
plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en depósitos de
acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las
primeras latas de cerveza en portalápices y los
corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los
valores que se desechan y los que preservábamos. 

¡Ah¡ No lo voy a hacer!

Me muero por decir que hoy no sólo los
electrodomésticos son desechables; que también el
matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos
con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va
perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando,
del pasado efímero. No lo voy a hacer. 

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo
perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron
perenne. 

No voy a decir que a los ancianos se les declara la
muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que
los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a
las personas que les falta alguna función se les
discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo
y glamour. 

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de
celulares. 

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que
plantearme seriamente entregar a la bruja como parte
de pago de una señora con menos kilómetros y alguna
función nueva. 

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la
reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane
de mano y sea yo el entregado.

Hasta aquí. 

Eduardo Galeano



"El lado oscuro, busca una víctima, lo sé, se siente, se sabe y se calla. Víctima, o victimario cómo saber de qué lado estamos. El lado oscuro de la luna no brilla pero atrae. En él podría ofrecerme y ser víctima de cada pensamiento impuro, ser poseída, penetrada, obligada, sometida, arrasada, quemada, hundida, destruida, humillada, irreal, o tal vez ganadora, domadora, desgraciada, malvada, perversa, morbosa, oscura, absurda, real. A cuántos amantes he arrancado desde las entrañas los más impuros pensamientos, vaciado el alma, perdido los sentidos, por cuántos yo he sentido eso? Será que soy un infinito vacío que llora desde el lado oscuro de la Luna, será que necesito una víctima, será que necesito un victimario...es como recordar un sueño incontable..."



      Los referentes más importantes en compra/ venta de autos se juntaron:
Demotores y Yahoo!
Ahora comprar o vender tu auto es más fácil. Vistá ar.autos.yahoo.com/




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular