[R-P] 40 años de EL URUGUAY COMO PROBLEMA

Luis Vignolo lvignolo en gmail.com
Lun Sep 24 12:23:49 MDT 2007


Este artículo tiene el mérito de ser el primero que se publica
conmemorando los 40 años de EL URUGUAY COMO PROBLEMA de Alberto Methol
Ferré.
A la brevedad la Coordinadora Saravista organizará una Charla Debate
en Homenaje a Methol y en particular a los 40 años de su profético
libro.
Un gran abrazo

             Luis

Diario La República

Editorial p11 Lunes, 24 de septiembre, 2007 - AÑO 8 - Nº2678
El Uruguay como problema

MARIO DE SOUZA Analista


Hace ya cuarenta años el profesor Alberto Methol Ferré, uno de
fecundos pensadores que ha dado este pequeño solar, titulaba así un
pequeño libro que debiera ser material de cabecera para todo
interesado en política. Allí estaba claramente planteado el fin de una
época, en los estertores de los años sesenta se preparaba la hecatombe
de los setenta. El ciclo vacuno de "la estancia cuyo directorio está
en Londres", a cuya gerenciación aspiraban todos los políticos salidos
de las logias, luego de servir como directores del Ferrocarril
Central, o hacer bien los deberes en bufetes del puerto. El
agotamiento del modelo victoriano de país proveedor de carnes y lanas
sería lento.

Pasarían décadas en que nos comportaríamos como una colonia que perdió
el imperio sin darse cuenta.

Ese Uruguay con 10 vacunos y 24 lanares por habitante de comienzos del
siglo XX, que sólo con las achuras de la faena pudo sostener esa
mediocracia, que describe Mario Benedetti, ese país oficina, estaba
agotado al final de los años cincuenta.

Todo el esfuerzo realizado por la generación que hizo la revolución
del Quebracho, en 1886, los hacedores del país que se construiría a
partir del 900, de los cuales José Batlle y Ordóñez y Luis Alberto de
Herrera puede decirse son íconos, partía de un consenso generacional
que surgía de la consolidación del imperio británico, primer intento
de globalización anglosajona. Batlle era hijo de la facción vencedora
en esa globalización. Herrera era hijo de familia de federales
vencidos.

Pero en el continente, el pensamiento federal se ha mantenido vivo,
tal vez sea el brutal resultado de pensar en castellano. Y como decía
Javier de Viana en uno de sus magistrales cuentos, cuando en los
novecientos parecía que el aluvión gringo se lo tragaba todo, "la
tierra hará de los gringos gauchos". Y es bien cierto que los hizo,
puesto que de aquel aluvión gringo, mixturado con la tradición oral de
la patria vieja, saldría la fuerza para nuevas patriadas. En el
aluvión gringo del 900 vendrían tanos anarquistas, garibaldinos, que
bajaban del barco con "la balota" colorada, gallegos comunistas,
campesinos rusos expulsados por la revolución bolchevique,
entreverados con vascos ovejeros, a un territorio en que las chinas y
gauchos expulsados del campo se resistían a ser exterminados por la
leva, el latifundio y el alambrado.

El Uruguay crece y se desarrolla en ese pequeño "recreo" del yugo
imperial, que nos diera la primera guerra mundial. Si analizamos toda
la obra institucional del período batllista podemos concluir que el
mismo no se profundiza, apenas se mantiene, luego del fin de la
primera guerra mundial en 1918, Batlle muere en octubre de 1929, un
mes antes de la quiebra de las bolsas y el inicio de la "gran
depresión" que signaría la década siguiente. El Partido Colorado se
perfila como una coalición de grupos antagónicos, batllistas
enfrentados a vieristas y terristas. El Partido Nacional se fisura en
herreristas y blancos independientes que la segunda guerra mundial
alinearía tras el panamericanismo impulsado por Washington. La
inserción internacional del país sería el factor que dividiría a los
partidos, más que la política interna obligada por las necesidades
electorales. Ambos partidos se convierten en cooperativas de votos, en
cuyo seno conviven antagónicas propuestas políticas, mutuamente
mediatizadas por las concesiones preelectorales y las repartijas de
ministerios subsiguientes. Podían mantenerse en el gobierno pero nadie
podía salirse totalmente con la suya.

La guerra fría posibilitaría la gran alianza salvadora: la oligarquía
liberal con el gran hermano del norte. "Hay cambios que no pueden
hacerse en democracia", los liberales volverían de manos de los
generales a hacerse cargo de la situación. Esto pudo posibilitar un
realineamiento político más sincero: los liberales de proceso por un
lado y los sectores que tenían una propuesta diferente. Pero eso no
pudo ser, porque hasta en el propio partido militar se expresaban las
viejas diferencias que venían de las coaliciones partidarias. La
división entre liberales y conservadores fisura las mentes de toda la
sociedad. A la salida de la dictadura no se pudo "barajar y dar de
nuevo", porque se estaba jugando con viejos políticos, tahúres, que
habían armado bien los "paquetes".

El viejo "Uruguay internacional", creado por la diplomacia inglesa
para internacionalizar los ríos y obstaculizar la unidad americana, es
la propuesta de los cipayos imperiales, que como el perro de la
Víctor, están atentos a "la voz del maestro". Ellos sólo pueden
proponer la reducción del país las necesidades del puerto. Para ese
sector, la población, ese despreciado mercado interno, es un enemigo
que compite con la demanda externa, al que no hay que darle
oportunidades de vida.

Y no otra cosa quieren decir los contumaces que resisten todo cambio y
siguen haciendo suyas las políticas que nos han arruinado.

El futuro es integración. Lo otro es cambiar de amo el apostadero
naval que fundara Zabala para custodia de la boca del río y los mares
del sur. *



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