[R-P] Fw: EL URUGUAY COMO PROBLEMA

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Lun Sep 24 12:32:42 MDT 2007


Me lo envió Luis Vignolo a mi casilla personal, pero no creo que cometa una 
infidencia reenviandolo a la lista.
El tema lo merece.
También merece una reedición en la Argentina.
En Política contribuimos al homenaje, publicando algunos capítulos.

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Este artículo tiene el mérito de ser el primero que se publica conmemorando 
los 40 años de EL URUGUAY COMO PROBLEMA de Methol.
A la brevedad la Coordinadora Saravista organizará una Charla Debate en 
Homenaje a Methol y en particular a a los 40 años de su profético libro.
Un gran abrazo

             Luis

Diario La República

Editorial p11 Lunes, 24 de septiembre, 2007 - AÑO 8 - Nº2678
El Uruguay como problema
MARIO DE SOUZA Analista
Hace ya cuarenta años el profesor Alberto Methol Ferré, uno de fecundos 
pensadores que ha dado este pequeño solar, titulaba así un pequeño libro que 
debiera ser material de cabecera para todo interesado en política. Allí 
estaba claramente planteado el fin de una época, en los estertores de los 
años sesenta se preparaba la hecatombe de los setenta. El ciclo vacuno de 
"la estancia cuyo directorio está en Londres", a cuya gerenciación aspiraban 
todos los políticos salidos de las logias, luego de servir como directores 
del Ferrocarril Central, o hacer bien los deberes en bufetes del puerto. El 
agotamiento del modelo victoriano de país proveedor de carnes y lanas sería 
lento.
Pasarían décadas en que nos comportaríamos como una colonia que perdió el 
imperio sin darse cuenta.
Ese Uruguay con 10 vacunos y 24 lanares por habitante de comienzos del siglo 
XX, que sólo con las achuras de la faena pudo sostener esa mediocracia, que 
describe Mario Benedetti, ese país oficina, estaba agotado al final de los 
años cincuenta.
Todo el esfuerzo realizado por la generación que hizo la revolución del 
Quebracho, en 1886, los hacedores del país que se construiría a partir del 
900, de los cuales José Batlle y Ordóñez y Luis Alberto de Herrera puede 
decirse son íconos, partía de un consenso generacional que surgía de la 
consolidación del imperio británico, primer intento de globalización 
anglosajona. Batlle era hijo de la facción vencedora en esa globalización. 
Herrera era hijo de familia de federales vencidos.
Pero en el continente, el pensamiento federal se ha mantenido vivo, tal vez 
sea el brutal resultado de pensar en castellano. Y como decía Javier de 
Viana en uno de sus magistrales cuentos, cuando en los novecientos parecía 
que el aluvión gringo se lo tragaba todo, "la tierra hará de los gringos 
gauchos". Y es bien cierto que los hizo, puesto que de aquel aluvión gringo, 
mixturado con la tradición oral de la patria vieja, saldría la fuerza para 
nuevas patriadas. En el aluvión gringo del 900 vendrían tanos anarquistas, 
garibaldinos, que bajaban del barco con "la balota" colorada, gallegos 
comunistas, campesinos rusos expulsados por la revolución bolchevique, 
entreverados con vascos ovejeros, a un territorio en que las chinas y 
gauchos expulsados del campo se resistían a ser exterminados por la leva, el 
latifundio y el alambrado.
El Uruguay crece y se desarrolla en ese pequeño "recreo" del yugo imperial, 
que nos diera la primera guerra mundial. Si analizamos toda la obra 
institucional del período batllista podemos concluir que el mismo no se 
profundiza, apenas se mantiene, luego del fin de la primera guerra mundial 
en 1918, Batlle muere en octubre de 1929, un mes antes de la quiebra de las 
bolsas y el inicio de la "gran depresión" que signaría la década siguiente. 
El Partido Colorado se perfila como una coalición de grupos antagónicos, 
batllistas enfrentados a vieristas y terristas. El Partido Nacional se 
fisura en herreristas y blancos independientes que la segunda guerra mundial 
alinearía tras el panamericanismo impulsado por Washington. La inserción 
internacional del país sería el factor que dividiría a los partidos, más que 
la política interna obligada por las necesidades electorales. Ambos partidos 
se convierten en cooperativas de votos, en cuyo seno conviven antagónicas 
propuestas políticas, mutuamente mediatizadas por las concesiones 
preelectorales y las repartijas de ministerios subsiguientes. Podían 
mantenerse en el gobierno pero nadie podía salirse totalmente con la suya.
La guerra fría posibilitaría la gran alianza salvadora: la oligarquía 
liberal con el gran hermano del norte. "Hay cambios que no pueden hacerse en 
democracia", los liberales volverían de manos de los generales a hacerse 
cargo de la situación. Esto pudo posibilitar un realineamiento político más 
sincero: los liberales de proceso por un lado y los sectores que tenían una 
propuesta diferente. Pero eso no pudo ser, porque hasta en el propio partido 
militar se expresaban las viejas diferencias que venían de las coaliciones 
partidarias. La división entre liberales y conservadores fisura las mentes 
de toda la sociedad. A la salida de la dictadura no se pudo "barajar y dar 
de nuevo", porque se estaba jugando con viejos políticos, tahúres, que 
habían armado bien los "paquetes".
El viejo "Uruguay internacional", creado por la diplomacia inglesa para 
internacionalizar los ríos y obstaculizar la unidad americana, es la 
propuesta de los cipayos imperiales, que como el perro de la Víctor, están 
atentos a "la voz del maestro". Ellos sólo pueden proponer la reducción del 
país las necesidades del puerto. Para ese sector, la población, ese 
despreciado mercado interno, es un enemigo que compite con la demanda 
externa, al que no hay que darle oportunidades de vida.
Y no otra cosa quieren decir los contumaces que resisten todo cambio y 
siguen haciendo suyas las políticas que nos han arruinado.
El futuro es integración. Lo otro es cambiar de amo el apostadero naval que 
fundara Zabala para custodia de la boca del río y los mares del sur. * 





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