[R-P] Enrique Lacolla Sarkozy, el nuevo Tony Blair

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Dom Sep 23 09:16:13 MDT 2007


Perspectivas
Sarkozy, el nuevo Tony Blair
Enrique Lacolla
Periodista

El dato no es menor. Uno de los países centrales que más habían hecho sentir 
su capacidad para actuar como elemento moderador de los arrebatos 
imperialistas de Estados Unidos, Francia, acaba de cambiar abruptamente de 
conducta.

Las declaraciones de su ministro de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, 
se han alineado en un todo con la política norteamericana e israelí respecto 
de Irán, denunciando su presunto armamentismo nuclear y coincidiendo de 
manera categórica con las resonancias marciales de ese discurso.

Kouchner declaró que el mundo “debe prepararse para lo peor”, es decir, un 
conflicto armado con Irán para detener su carrera hacia la bomba. “No tengo 
miedo a las palabras; lo peor es la guerra”, dijo el ministro. Aunque 
después, como siempre ocurre, esas declaraciones hayan sido moderadas por 
quien las formuló, el peso de ellas es innegable y resulta indicativo de una 
inflexión política.

Es sorprendente, desagradable y sobre todo alarmante el giro que la nueva 
administración gala ha impreso a la política del Quai d’Orsay (Cancillería). 
Nicolas Sarkozy, recién advenido a la presidencia de su país, se había 
distinguido como un conservador en el plano interno y había captado gran 
parte de su apoyo electoral gracias a sus posiciones duras en materia de 
inmigración.

Pero en apariencia decidió sumar a esta faceta intransigente de su política 
interior un activismo exterior que va en línea opuesta a la de su antecesor 
Jacques Chirac y que arriesga poner a su país en el mismo papel de “caniche 
del Imperio” que había adoptado el ex primer ministro británico Tony Blair.

Kouchner declaró que el gobierno francés está dispuesto a actuar desde un 
marco euronorteamericano contra Irán, con lo cual puso una vez más a las 
Naciones Unidas al margen de una eventual decisión internacional que debería 
contar con su refrendo.

Mohamed el Baradei, titular de la Agencia Internacional de Energía Atómica 
(Aiea) que funciona bajo los auspicios del organismo mundial, manifestó de 
inmediato su preocupación por las expresiones del ministro francés.

Un puntapié al pasado. La irrupción de Sarkozy como adalid de una Francia 
campeona del antislamismo se contrapone en forma directa con la línea que 
había sostenido la diplomacia francesa a partir de la reestructuración de la 
nación realizada por Charles de Gaulle, luego de su segundo advenimiento al 
poder.

Un viraje de esta naturaleza es inquietante. Sarkozy se suma con él a la 
hilera de figurantes políticos europeos como el británico Tony Blair, el 
español José María Aznar y el italiano Silvio Berlusconi, que han hecho de 
coro servil a los mandatos de Washington, tirando por la borda cualquier 
veleidad de independencia respecto de las normas que Estados Unidos comenzó 
a aplicar en el escenario mundial después del hundimiento de la Unión 
Soviética y que pronunció tras los ataques del 11/S.

En ese despliegue, el actual ministro de Relaciones Exteriores francés tuvo 
su parte. Kouchner, socialdemócrata, apóstol de la ayuda humanitaria y 
fundador de la organización no gubernamental Médicos sin Fronteras, fue alto 
representante de la ONU en Kosovo de 1999 a 2001. En esa ocasión fue acusado 
de inflar los cargos formulados contra los serbios. El humanismo belicoso 
del ministro francés es un eco de ese pacifismo por la fuerza puesto de moda 
por Estados Unidos y que sirve de veladura transparente al belicismo puro y 
simple que el Primer Mundo despliega respecto del mundo periférico.

Al contrario de lo que podría suponerse, dadas las dificultades con que 
choca la política estadounidense hacia Medio Oriente, ésta parece haber 
encontrado un inesperado aliado justo en el seno del gobierno del país 
europeo que hasta aquí había tenido una conducta más independiente y más 
centrada en sus objetivos nacionales.

Hay actitudes que corroboran este giro. Las vacaciones de Sarkozy en 
Wolfeboro, New Hampshire, no fueron casuales: las complementó con un 
almuerzo con George W. Bush y este hecho no parece haber sido un mero 
ejercicio de sociabilidad.

De inmediato, Kouchner viajó a Bagdad y el gesto fue recibido con 
beneplácito por Washington, mientras que el ministro de Defensa expresó la 
voluntad de su gobierno de “reflexionar” sobre un retorno de Francia a todas 
las instancias de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), 
que abandonó en la presidencia de De Gaulle.

¿Qué cálculo hay detrás de estos sorprendentes movimientos? Sea cual fuere, 
el viraje es intranquilizante, tanto para los franceses como para un mundo 
cada vez más necesitado de fuerzas que compensen a las de la hiperpotencia 
desencadenada o al menos que contribuyan a moderarlas.

© La Voz del Interior

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