[R-P] “¡Ni Cristina, ni Pino! ¡Poder obrero y campesino!"

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Sab Sep 22 15:28:49 MDT 2007


Acaba de llegar a mi correo un mensaje que transcribo más
abajo.

¡Basta de discusiones estériles! 

“El peor de los partidos obreros vale más que no tener
partido alguno" (Rosa Luxemburgo, carta a Rolland-Holst).

Mi postura ante las próximas elecciones es bien realista:
“¡Ni Cristina, ni Pino! ¡Poder obrero y campesino, con
participación de soldados y marinos!”.

En la coyuntura actual preguntémonos qué hubiera hecho un
gigante y un “constructor de partidos” (uno detrás de
otro), a quien el autor del siguiente trabajo denomina “un
marxista olvidado” y que, según Horacio Tarcus, entra en la
categoría de “lo trágico”.

* * * * *

Guillermo Pessoa: Nahuel Moreno. Tragedia y partido,
Investigación, en Razón y Revolución Nº 4, otoño de 1998,
reedición electrónica.

En las páginas de la revista, desde el Nº 1, viene
desarrollándose un intercambio sobre la izquierda
argentina, su actividad, sus figuras, etc. El texto que
aquí presentamos intenta rescatar a Nahuel Moreno desde un
ángulo que hoy está desvalorizado, en la medida que se
privilegia al intelectual frente al constructor de
partidos.

NAHUEL MORENO, TRAGEDIA Y PARTIDO
Guillermo Pessoa

A pesar de sus errores, qué duda cabe que fue un águila de
la revolución... (Lenin, a propósito de Rosa Luxemburgo)

La historia de nuestro partido no es más que la historia de
sus tremendos errores... El nuestro ha sido un "trotskismo
bárbaro" ( Nahuel Moreno)

La idea de este breve texto es recorrer parte de la
historia de la izquierda argentina y de una de sus figuras.
Reconocer y corregir los aciertos y errores cometidos
permite aprovechar las nuevas condiciones en que se plantea
la lucha por el socialismo, objetivo hoy más válido que
nunca ya que la "izquierda se  enfrenta a una oportunidad
histórica: luego de 60 años de reformismo fracasado, el
capitalismo no puede ocultar que se vea lo que siempre fue
y lo que la izquierda siempre dijo que era".

1 No es el propósito de este escrito hacer un pormenorizado
raconto de lo que es el "morenismo" (eso sería una tarea
necesaria pero que demandaría mucho más trabajo y
elaboración) sino dejar planteadas algunas dimensiones en
torno a la tarea de su fundador que, en la avalancha de
críticas que ha recibido últimamente, suelen ser pasadas
por alto. Moreno reunió dos grandes virtudes no siempre
presentes en buena parte de la izquierda argentina: 

1) el énfasis en la construcción del partido (para
nosotros, necesidad siempre vigente, más allá de reconocer
la importancia y las cualidades de otras organizaciones si
se quiere movimientistas); 

2) la voluntad de empalmar el partido con las prácticas
reales de las masas, especialmente en términos de un
lenguaje que la clase pueda entender y asimilar.

I. Para nosotros, ex militantes de la corriente morenista y
hoy sin filiación partidaria alguna, Moreno es también un
"marxista olvidado" a pesar de poseer ciertos "santuarios"
(los dos tomos de la Historia del trotskismo obrero en la
Argentina, editado por el MAS son una muestra). Creemos que
es así, pues no se lo ha valorizado (y criticado) lo
suficiente, y su figura (retomando el concepto utilizado
por Lukacs y empleado por Horacio Tarcus) entra, a nuestro
modo de ver, dentro de "lo trágico".

A principios de los `40, empapándose en las disputas que
vivían los primeros trotskistas en el país (Gallo y Justo
principalmente), Moreno ve la necesidad de la intervención
política y sindical a través de una organización (no por
casualidad su primer trabajo es "El partido") y de allí su
traslado a Villa Pobladora, con la perspectiva de activar
en los frigoríficos de la zona de Avellaneda (hecho este
que recalca y sobredimensiona la "tradición partidaria").
Paralelamente también incorpora análisis históricos y
teóricos, vinculando los clásicos del marxismo (y en
especial, la teoría de la revolución permanente de Trotsky)
con los rasgos característicos de la formación social en
Argentina, y el fenómeno político que empezaba a surgir: el
peronismo. Este criterio de "praxis", la teoría unida a la
práctica políticas creemos que es (con las debilidades que
el propio Moreno remarcó hasta su muerte) es una constante
a lo largo de las cuatro décadas que le tocó actuar.

La mayoría de sus críticos (fundamentalmente Coggiola y
Osvaldo Garmendia, por citar algunos) le achacan su
oportunismo político, un centrismo inveterado, desapego por
los aspectos teóricos y vicios de tipo burocrático en la
formación del militante y la estructura partidaria. Muchos
de estos aspectos, reiteramos, fueron vistos por el propio
Moreno, siendo puntualizados en más de una ocasión (la
"Carta al CC del PST argentino" de 1979, el documento
conocido como "Anti-identikit" de 1981 son algunos de
ellos) aunque no fueron suficientes para torcer rumbos y
metodologías fuertemente enraizadas en dirigentes mayores
(entre otros, él mismo), cuadros y en mucha base
partidaria.

Si bien no puede ser considerado un gran teórico clásico,
opinamos que no se vió atado a un marxismo "dogmático,
talmúdico". Teniendo en cuenta la distancia política e
intelectual que los separaba, se animó a revisar y
aggiornar aspectos de la teoría de la revolución
permanente, a la luz de nuevos hechos. Trabajó categorías
como la de régimen político, que no siempre (salvo
excepciones) el marxismo había estudiado en demasía. En una
de sus tantas polémicas con Mandel (ambos pertenecieron
mucho tiempo a la misma organización internacional) planteó
problemas concernientes a la vinculación del partido con la
clase y la conciencia, redefiniendo categorías leninistas
como agitación, propaganda, táctica, estrategia, etc..
Fruto de ello es "El partido y la revolución", de 1973, que
a nuestro juicio debe integrar el corpus teórico político
del marxismo actual.

Como todo trotskista, se vió sacudido por los primeros
levantamientos en los países del Este y trató de
interpretarlos, previendo líneas directrices que éstos
pudiesen tener en el futuro (dichos artículos fueron
recogidos en "Escritos sobre la revolución política"). En
otro terreno, su trabajo "Lógica Marxista y Ciencias
Modernas" incursiona en el tema de la epistemología y su
vinculación con la ciencia política abarcando autores como
Dalla Volpe, Sartre, Naville y Piaget.

En 1979 y en otra interesante polémica con Mandel,
respondiendo a un trabajo central de aquel como "La
democracia socialista", publica "La dictadura
revolucionaria del proletariado", en el cual, mediante un
profuso acopio de textos clásicos (en especial el Lenin
post 17 y Trotsky) plantea posiciones que considera
enroladas en la ortodoxia, ejerciendo un estilo punzante y
corrosivo, en la mejor tradición del marxismo clásico.
Ambos escritos forma sin duda alguna parte del acerbo
teórico político de dicha tradición. La subida del gobierno
"socialista" de Miterrand en Francia sacude y divide a toda
la izquierda internacional. Siguiendo a Trotsky, que veía
en el fascismo y los frentes populares "las últimas formas
de gobierno que se da la burguesía" con el riesgo de
capitulación de organizaciones revolucionarias a estos
últimos, Moreno escribe "La traición de la OCI"
(polemizando con una corriente trotskista francesa) en
donde repasa los orígenes del revisionismo marxista, desde
el posibilismo bersteiniano, la actitud de Stalin y Molotov
hacia el gobierno Kerensky, el POUM y España, hasta llegar
a Mao.

En el último tramo de su vida (años 83 a 86), en borradores
y cursos partidarios que "levantaron polvareda", trabajó el
concepto de revolución y reforma y trató de apoyarse en
Lenin ("su sano empirismo") contra Trotsky para definir y
contextualizar la figura de "situación revolucionaria", que
él veía como un proceso objetivo, que se daba aún sin la
existencia de sujetos políticos y sociales modélicos para
dicho proceso.

Un breve trabajo, publicado bajo el título "Las
revoluciones del siglo XX" da cuenta de dichos esbozos, que
se vieron interrumpidos con su muerte. El tema de la
democracia (recordemos el auge mundial que para esos años
el término tenía y tiene en la actualidad como concepto
sacrosanto) fue tratado en las tesis de elaboración del
Congreso Mundial de la LIT (embrión organizativo
internacional, fundado por Moreno en 1982). Retoma el
concepto leninista de democracia como dictadura de clase e
instala una categoría "frente contrarrevolucionario mundial
por la paz y la democracia" que abarca al imperialismo, la
burocracia de los estados en los cuales se expropió a la
burguesía, las direcciones de masas reformistas, etc.,
denunciando pactos claves, como Contadora en Centroamérica.
Más allá de lo inacabado de dichos planteos, creemos que
sierven (criticándolos, superándolos) para comprender una
de las problemáticas que los sectores explotados viven
desde los `80.

II. Moreno, como él mismo decía, fue "un hombre de partido
y lo volvería a ser" y en esa perspectiva hay que juzgarlo.
Su camino fue tortuoso y para algunos, el estado actual de
la organización por él creada, es el resultado ineluctable
de su práctica política. Si bien no lo liberamos de una
parte de culpa en dicho acaecer, decíamos al comienzo que
su figura también es trágica (como decía Peña, en el
sentido hegeliano de la acepción: sin salida). Trabajó por
construir una alternativa política para la clase (norte de
todo aquel que se diga trotskista) y hacia el final de su
vida (en un libro que sería su testamento político) afirmó
con cierto dejo de amargura: "en cuanto a las posibilidades
objetivas de la revolución, soy optimista, pero en cuanto
al factor subjetivo, debo reconocer que el panorama es poco
halagüeño". Y a modo deconclusión, remató: "... siempre he
bregado por el trabajo colectivo, la creación de equipos
... en ese sentido, la mejor dirección partidaria fue la de
fines de los `50, causas objetivas por un lado, y
subjetivas, particularmente errores míos, hicieron que se
rompiera: moriré con esa duda y esa pena."

Moreno es, pués, como todo fenómeno vivo, producto y
resultado de un proceso multicausal: inserto en un
movimiento obrero y popular con poca tradición teórica
marxista, nacido a la vida política en medio de una crisis
profunda de su punto internacional de referencia (la Cuarta
trotskista) y sacudido por un hecho nuevo en la realidad
nacional, el peronismo (que supo conceptualizar en sus
características básicas, lo que no le impidió más de una
capitulación). Incluso a nivel internacional el panaorama
distaba de ser agradable: un mundo de posguerra, en donde
al contrario de lo que había previsto Trotsky (ascenso
incontenible de la influencia cuartointernacionalista) lo
que se revitalizaba momentáneamente era el estalinismo y la
táctica guerrillerista, mientras el modelo trotskista
pasaba a ser casi una pieza de museo. Los finales de la
década del `60 (Primavera de Praga, Mayo Francés, resurgir
de conflictos obreros en Europa Occidental, el propio
Cordobazo en Argentina, la crisis del boom económico
capitalista, entre otros hechos) marcan el comienzo del
eclipse de las corrientes monolíticas estalinistas y
plantean la posibilidad de que otras agrupaciones puedan
hacer pie en movimientos reales de la lucha de clases.
Opinamos que este es el punto más alto dentro de la
producción política y organizativa del morenismo. La brecha
("el agudo contraste", decía Moreno) entre este cambio
objetivo de las relaciones entre las clases a nivel mundial
y el elemento subjetivo, la organización revolucionaria,
desgraciadamente seguía siendo inmenso: su muerte (como
también va a ser la de Mandel) amplían ese vacío y
desperdigan fuerzas revolucionarias, la mayor de las veces
convertidas en sectas autoproclamatorias, con estructuras
esclerosadas, repitiendo un supuesto "marco teórico" que se
mantiene igual a sí mismo desde 1938 y que parece poco
capaz de dar respuestas mínimamente correctas a los nuevos
acontecimientos que el mundo está viviendo.Precisamente, la
existencia de sectas o grupos bohemios intelectualizados no
niega, sino por el contrario, confirman, la necesidad
imperiosa de una organización revolucionaria que ni
reemplace ni se mimetice con las masas, sino que sea su
dirección conciente (su Estado Mayor como quería Lenin)
para la toma del poder y la construcción de un sociedad sin
clases. Moreno comprendió esa necesidad y a ella dedicó su
vida: con infinidad de errores y con una formación teórica
hecha "a los tumbos" pero apostando siempre a que, en un
mundo dividido en clases antagónicas, la única herramienta
que poseen los explotados es su partido político, ese
"príncipe moderno" gramsciano, único capaz de realizar la
tarea homérica de la revolución mundial para luego, sí,
disolverse en ella. Moreno, entonces, podía hacer suyas las
palabras de Rosa Luxemburgo, que en carta a Rolland-Holst
escribía: "No debemos quedarnos fuera de la organización,
sin contacto con las masas. El peor de los partidos obreros
vale más que no tener partido alguno."

El contacto con las masas fue la otra cara de la
construcción partidaria: desde la experiencia en Villa
Pobladora, pasando por el GOM, el PSRN, el entrismo en el
peronismo, la discusión con sectores pro guerrilleros antes
del Cordobazo, que llevaron a la ruptura dando origen al
PST primero y luego al MAS, son intentos (insistimos, no
exentos de errores, posibilidad de caer en el oportunismo,
vicios organizativos, etc.) por forjar una herramienta de
cambio revolucionario junto a la clase, con el riesgo para
militantes, cuadros y toda la organización partidaria, de
ceder a las presiones y prejuicios de un actor social que
casi nunca es lo que deseamos que sea. Su perseverancia en
"ir a las masas" no hacía más que hacer propia la
recomendación de la III Internacional en sus primeros
congresos y que llevaron a Trotsky a escribir en el
Programa de Transición: "El que no busca ni encuentra el
camino del movimiento de masas no es un combatiente sino un
peso muerto para el partido. Un programa no se crea para
las redacciones, las salas de lectura o los centros de
discusión, sino para la acción revolucionaria de millones
de hombres."






Roberto Bardini
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