[R-P] En Venezuela dicen adiós a Lenin... y demás nombres exóticos
Boletín Bambú
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Sab Sep 22 14:25:49 MDT 2007
En Venezuela dicen adiós a Lenin... y demás nombres
exóticos
Caracas/Humberto Márquez
Suplemento Fin de Semana / Diario Milenio
México
Una ley busca limitar el listado de nombres para los nuevos
nacidos venezolanos, en un país donde abundan personas
llamadas Max Donald, Kennedy, William del Espíritu Santo,
Supermán (por el vocablo Yes, I do).
16-Septiembre-07
Mientras Stalin marchaba en defensa de Nixon, al frente de
centenares de estudiantes, autoridades de Venezuela
preparaban una ley para impedir que los padres pongan a sus
hijos nombres inventados, difíciles de pronunciar en
español o extraños.
Fue apenas una casualidad que este año Stalin González,
presidente de la Federación de Estudiantes en la caraqueña
Universidad Central de Venezuela, dirigiese a quienes se
solidarizaron con su homólogo de la Universidad de Los
Andes, Nixon Moreno, joven opositor refugiado desde hace
meses en la Nunciatura Apostólica.
Política aparte, Venezuela se ha poblado en las últimas
décadas de personas llamadas Max Donald, Engelbert,
Cleiderman, Eisenhower, Kennedy, Edison y aun Supermán y
Hitler, junto a Yesaidú (Yes, I do), Yusnavy (US Navy) y
Yusleidy (US Lady), o bien Taj-Mahal, Temutchin o
Hochiminh.
Abundan las mezclas de los nombres de los padres, como
Yolimar (Yolanda y Mario), Ramcel (Ramón y Celeste),
Ligimat (Ligia y Mateo) y Johenry (Josefina y Henry), junto
a las menos explicables como Derbinson, Naily, Udemixon y
Hemeyer o combinaciones como Hitler Adonis y William del
Espíritu Santo.
El Consejo Nacional Electoral, a cargo de reorganizar el
registro civil de Venezuela, preparó un borrador de ley que
limita la inscripción y establece que a los bebés no se les
podrá colocar nombres “que los expongan al ridículo, sean
extravagantes o de difícil pronunciación en el idioma
oficial”.
Tampoco los que “contengan variantes familiares y
coloquiales que denoten una identificación confusa o que
generen dudas sobre la determinación del sexo”.
El registrador “ofrecerá como referencia un listado de los
nombres y apellidos más comunes, emanado de la oficina
nacional del Registro Civil”.
De la norma “quedan exceptuados los nombres de los niños,
niñas y adolescentes de las etnias indígenas del país, así
como los nombres de los hijos de los extranjeros, los
cuales se adaptarán a sus respectivas culturas”, señala el
proyecto de ley.
“No veo la utilidad ni la pertinencia de fastidiar a la
población con normas para socavar el derecho de cada quien
para designar a sus hijos con el nombre que mejor le
parezca”, dijo a IPS Stalin González, mientras se afanaba
en preparativos de asambleas para discutir el proyecto de
reforma constitucional propuesto por el presidente de
Venezuela, Hugo Chávez.
González, estudiante de leyes, cree que en vez de la nueva
disposición debe reformarse la norma para permitir el
cambio de nombre a las personas que lo deseen, algo vedado
en Venezuela desde que se separó el registro civil del
religioso hace más de 130 años.
Benito Bello, chofer en las riberas del occidental lago de
Maracaibo y padre de Edison, Edinxo y Edicso, considera que
“la madre y yo somos quienes tenemos derecho a poner el
nombre de nuestros hijos. Ningún registrador tendrá mejor
criterio que yo”.
Récord de nombres disonantes
La cuenca del lago de Maracaibo es la mayor fragua de
nombres disonantes con los del castellano común en
Venezuela. Sus habitantes son por naturaleza extrovertidos,
de hablar fuerte, emplean un “vos” con un toque nasal en
vez de “tú” o “usted”, y gustan de las formas de trato
llanas, directas e informales.
Fascinados por los nombres griegos y latinos para sus
varones, desde el siglo XIX los maracaiberos registraron a
miles de Virgilios, Eurípides, Euclides, Cástores,
Apolonios, Demetrios, Numas y Aristóteles.
Pero fue la industria petrolera la que avanzado el siglo XX
pobló sus hogares con nombres ingleses como John, William,
Marylin, Richard, Anna, Roland, Grace y Margaret, y luego
con combinaciones, derivados y diminutivos.
“El problema no es el derecho de los padres a poner el
nombre que deseen a sus hijos, que es básico, sino que sea
dentro de ciertos parámetros. Hay nombres que confunden el
sexo de los niños o aluden a órganos genitales, lo que es
infamante”, dijo Juan Carlos Pinto, director del Registro
Civil, al presentar el proyecto de ley.
La prensa y las organizaciones sociales mostraron hasta
ahora un interés limitado por la nueva ley de registro
civil, pero varios medios internacionales publicaron notas
sin demasiados miramientos para con los gestores de la
nueva normativa.
“Presentar esta propuesta como dirigida a cercenar el
derecho de los padres a escoger libremente el nombre de sus
hijos es una tergiversación y simplificación del esfuerzo
para modernizar el registro”, opina la presidenta del CNE,
Tibisay Lucena.
El nombre de Lucena era el de la amada del indígena
Murachí, combatiente contra los conquistadores españoles en
los Andes del sudoeste del país, según una leyenda recogida
y popularizada en el siglo XIX por el escritor Tulio Febres
Cordero.
El nuevo registro “otorgará un número único de identidad
que simplificará el registro de las actividades vitales,
automatizará procesos para permitir a los ciudadanos
acceder a su información registrada desde cualquier parte
del país y permitirá el cambio de nombre por vía
administrativa”, aseguró Lucena.
“Aunque el artículo polémico, uno entre 190, se hace ver
como contrario a la libertad particular de los padres, en
realidad garantiza el derecho a la identidad desde el
nacimiento y procura preservar el derecho a la dignidad y a
la integridad física, psíquica y moral de los niños y las
niñas”, agregó la funcionaria.
Más aún, dijo Lucena, las listas de nombres se adaptarán a
peculiaridades regionales, se ampliarán progresivamente y,
por último, sólo se trata de una propuesta, que no descarta
trocar la norma en mandato para una campaña educativa, al
estilo de la usada por la Iglesia católica para instar a
bautizar a los niños con nombres de su santoral.
El CNE presentó un estudio comparativo que da cuenta de
normas incluso más rígidas en países como Argentina, Chile,
Ecuador, España, Francia, Panamá, Perú y Suiza.
La propuesta ha cruzado líneas de columnistas en este país
políticamente polarizado. Ignacio Ávalos, a menudo
benevolente con el gobierno, dio cuenta de “un sofocón
principista”, pues “me resulta muy duro de tragar que un
burócrata sepa mejor que yo con cuál nombre mi hijo debe
pasearse por la vida”.
En cambio, el joven opositor Alonso Moleiro dijo coincidir
con el gobierno “por una vez en la vida: la secuencia de
nombres con los que diariamente nos topamos retratan una
sociedad con un filamento cultural desechable, un país sin
identidad, sin referentes”.
Si la ley pasa, deberá ser aprobada por parlamentarios
—todos oficialistas, pues la oposición boicoteó la elección
para la Asamblea Nacional en 2005— que lucen nombres como
Iroshima (sin H inicial), Earle, Desirée, Owee, Nagarith,
Briccio y Aristalco.
Su promulgación, además, deberán firmarla ministros que se
llaman Willian (con N), como es el caso de Lara, de
Comunicación e Información, Yuvirí Ortega, de Ambiente, y
Jesse Chacón, Telecomunicaciones e Informática.
Roberto Bardini
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